jueves, 3 de noviembre de 2016

Catsuits vintage


   Mientras preparaba con mi marido sumiso la última edición de videos de mis 10 Sensuales y Femeninas. Felinas en Catsuit, dedicada a las diosas que vistieron catsuits en los años sesenta y en los primeros setentas, me entretuve recopilando fotos de los afiches que promocionaban las películas protagonizadas por mis algunas de mis diez elegidas. De entre todas, encontré imágenes de Mamie Van Doren, Brigitte Bardot, Rosanna Podestá, Mónica Vitti, Ursula Andress, Diana Rigg y Marianne Faithfull. Quise compartirlas con mis lectores en forma de calendario. En octubre de 2016, sigamos disfrutando de los catsuits de los recordados años sesenta.




Enero. Rossana Podestá



Febrero. Brigitte Bardot




Marzo. Diana Rigg


Abril. Ursula Andress



Mayo. Marianne Faithfull




Junio. Mamie Van Doren



Julio. Diana Rigg




Agosto. Marianne Faithfull



Septiembre. Mónica Vitti




Octubre. Rossana Podestá




Noviembre. Marianne Faithfull



Diciembre. Diana Rigg

jueves, 27 de octubre de 2016

Femdom en la noche de Buenos Aires. Halloween y el bouquet de la vampira





   En la Europa antigua, las novias eran consideradas un símbolo de buena suerte en su día de bodas. Era costumbre que los asistentes a la fiesta se llevaran un trozo de su vestido como talismán. Como no todas las novias aceptaban de buena gana que su vestido fuera destrozado al finalizar la fiesta de bodas, empezaron a regalar las flores de su arreglo a las invitadas para compartir su suerte con ellas. De allí viene la costumbre de entregar el bouquet floral.

   The Victorians, who were fascinated by the meanings of different blooms, popularized the wedding rose, which represents true love. Also in Victorian ages, the bride originally tossed her bouquet to a friend as she left the festivities to keep that friend safe (by warding off evil spirits, of course) and to offer her luck; this came to mean that the single woman who caught the bouquet would marry next.






   Las fiestas de Halloween en Anchorena SW Club eran una buena oportunidad para sacar a pasear el fetiche sado de una forma más o menos legal sin que el resto de las parejas me mirara raro cuando me aproximaba a ellas con la explícita intención de someter a la mujer. Arropada de vampira punk gótica, como me describió una de mis conocidas habitués de aquellas noches, y bien acompañada por mi marido sumiso, él moviéndose siempre entre lo discreto y lo opaco, supuse que mi estilo de dominatriz no iba a resultar tan chocante como lo es casi siempre.   
   Los organizadores anfitriones habían propuesto un concurso A la brujita más bella. Damas de diferentes edades habían improvisado escobas, lucían labios sombreados de negro y sus pestañas recargadas de rimmel resaltaban miradas de hechiceras que me seducían y me excitaban. Sus cabellos sedosos bajo los rústicos bonetes de magas y sus vestimentas de encaje que exhibían las partes más sensuales de una mujer me conectaban con lo primordial del sexo, con lo atávicamente femenino.

   A mí en particular no me interesaba el certamen pero sabía que era una oportunidad de esas que se dan muy de vez en cuando de aprovechar el destape de alguna de estas alborotadas herejes y sacar provecho de sus excitaciones. Mujeres algo más calientes que lo habitual, sensualidades coqueteando con lo sádico y el fetiche de lo diabólico - carnal; una mezcla tentadora aunque la mitad de aquellas damas no tenían ni idea de qué significa en realidad el Halloween o directamente habían ignorado la consigna y se presentaban vestidas de normal. Entiéndase normal por apenas algo más sexy que un casual.

   Cuando empezó el concurso, las chicas más caracterizadas se fueron al escenario a desfilar entre los poledance con el fin de ganar el premio a la brujita más aplaudida por la audiencia. Simultáneamente en el reservado de parejas, latía el sexo pero siempre en intercambio cruzado heterosexual. Pero yo sabía que al costado de ese reservado, se abría una habitación más pequeña que los habitués llamaban trencito, allí solía haber otro tipo de acción, más subterránea y prohibida. Predominaba el apretujamiento y el toqueteo al azar pero como yo llevaba a mi marido sumiso bien pegado a mí por detrás, no me importaban demasiado los acercamientos de los demás machos, al mismo tiempo que tenía mis manos y mi boca libres para acercarme a sus hembras, a las que no les resultaba fácil escapar de mí. En realidad, yo tampoco las forzaba demasiado. Aprendí con los años que la mujer con el lesbo reprimido, cuando se siente arrinconada por otra que no le da opción, casi siempre se deja llevar y se entrega a mí.

   Esa noche, mientras recorría el trencito entre gemidos, caricias y besos de chicas excitadas, mi marido sumiso me susurró al oído No te pares, seguí para el fondo, hay buen material. Al fondo, contra el tabique de madera que nos aislaba de la pista de baile que quedaba justo detrás, me encuentro con dos bellezas rubias intentando sin demasiado éxito algún tipo de acción entre sus parejas o con las parejas vecinas. Me fui acercando hasta ponerme justo frente a ellas y las saludé con un Hola chicas, yo soy la vampira e inmediatamente me hice el centro de la acción. Para qué explicar el morbo que desperté a mi alrededor. El espíritu de Halloween se hizo presente. Lancé el bouquet de la novia sado y ellas lo atraparon al instante.

   Mi esclavo marido me ayudó a sentarme entre ellas, en el sillón que se extendía a lo largo de la pared y se arrodilló en el piso frente a mí, sosteniendo mis piernas con sus manos mientras besaba apasionadamente los tacos de las botas. Esa es la usual forma en que él se ingenia para quedar al margen de toda acción que no sea la de estar sometido ante Mí. Mientras los hombres lo miraban sorprendidos por su actitud (suponían que él debería haber intentado algo con las chicas), yo atraje a mis dos bellas víctimas y comencé a profanarlas sexualmente. Creo que nuestro encuentro habrá durado media hora, un tiempo mágico en donde no nos detuvimos hasta saciarnos de nosotras mismas. Recuerdo en especial a una de ellas, masturbándome con la mirada enfebrecida para luego lamerse sus dedos con mis jugos y ponérselos en la boca a la otra que, 
trepada encima mío casi me asfixiaba con sus tetas en la cara y sus besos de lengua, diciéndole probala, probala, la vampira está recaliente!

   Esa noche, Halloween se me presentó en todo su esplendor de ritual pagano y me reclamó sus víctimas sacrificiales. Ellas fueron mis corderos y yo lo fui de ellas; todas compartimos un ritual en donde nos devoramos a nosotras mismas con la misma pasión con que las damas de compañía se disputan el bouquet floral de la novia de la fiesta. Yo fui la novia y ellas gozaron cada parte de mi cuerpo de vampira, cada pétalo del bouquet de mi sexo. Así debía ser desde el momento en que mi siempre atento esclavo decidió presentarme en la penumbra para que mis anónimas adoradoras me rindan culto; ese culto tan atávico como sado, tan lujurioso como sensual, tan lésbico como femenino.






   Que vos también tengas un feliz Halloween y si esta noche ves una vampira, no te olvides de ofrecerle tu cuello y de reclamarle tu parte del bouquet. 


jueves, 20 de octubre de 2016

Absolutamente irresistible





   Si algo he aprendido a admirar luego de años de escuchar a los varones sumisos es la maravillosa capacidad que tienen para transformar en lujuria masturbatoria la tragedia personal de sentirse muchas veces incomprendidos y solos. Ellos reformulan y traducen al idioma de las fantasías el desprecio que las mujeres comunes expresan hacia los deseos varoniles de vivir eróticamente sometidos bajo un poder sensual y femenino. La humillación del rechazo se transforma en humillación erótica. Muchas fantasías de sumisión, sissificación y adulterio consentido han podido crecer y desarrollarse en ese desierto de desencuentros. Mi respeto total hacia ellos.

   Los fetiches de los varones sumisos son las piedras de sacrificio sobre las que son inmoladas todas sus chances con las mujeres cuando ellas los rechazan debido a sus gustos sexuales. Al mismo tiempo, son las piedras basales sobre las cuales ellos construyen, con talento y dedicación digna de eximios arquitectos, un templo dedicado a la Mujer Erótica que ellos anhelan conocer. Esa mujer dominante que quizás les resulta inalcanzable pero no por eso dejan de soñar con ella. Con someterse a sus deseos. Esa mujer a la que ellos imaginan como absolutamente irresistible.

   No te quieren a vos, quieren la imagen que das, quieren el estereotipo de la dominatriz, me susurra al oído alguna resentida. Yo le contesto que en ese estereotipo tan criticado, ellos nos visualizan como la reencarnación de las diosas más hermosas y deseables que pueblan el Olimpo de sus fantasías. No son tontos, no les interesa la mujer con cara de nenita tonta en busca del patético daddy dom, con el dedito en la boca y disfrazada de ingenua, copia burda de la extraordinaria Marilyn. Ellos nos buscan desde lo más profundo de nuestro gineceo de poder, de nuestra femenina fortaleza, tan alejada de las falsas virginidades infantiloides como de la agresividad y del maltrato.

   Los varones con fantasías sumisas nunca esconden sus huellas cuando van por la vida porque lo que desean es ser cazados pero a la vez exigen lo mejor de sí a la cazadora. Si ella muestra su poder, él estará indefenso, a merced de su voluntad y ella podrá jugar con él como lo desee. El límite es el cielo. Pero a la vez, si ella aspira a ser la reina pero no guarda el comportamiento ni las formas que se esperan de una soberana, deberá resignarse con lo que encuentra en lugar de elegir lo mejor. Porque así de cruel es la lucha en la selva femenina. C'est la vie, ma cherie!

   Absolutamente irresistible no es sólo un exquisito perfume de Givenchy. También puede ser una mujer. Vos.


Las imágenes fetichistas de esta columna pertenecen a Gene Bilbrew.





sábado, 15 de octubre de 2016

Las alumnas de la Escuela Sissy. Ivanna




   

   Cuando en la entrevista personal le pregunté su nombre y me contestó Ivanna, con voz sensual y una respetuosa caída de ojos, supe que esta sissy me iba a dar grandes satisfacciones. Ivanna fue educada en el rigor de la petticoat discipline británica, la línea cultural más ortodoxa del sissismo. Esta clase de sissies, criadas bajo la versión british rule de la feminización que se remonta a los castigos humillatorios de la época victoriana, son muy aficionadas a los protocolos ceremoniales y a las reverencias. No pueden concebir al sissismo sin asociarlo a vestimentas y normas de conducta que simbolicen su condición inferior frente a las Mujeres que ellas adoran servir.

   Desde el primer momento, me quedó claro que Ivanna no es una sissy fetichista. No se siente cómoda en el clásico rol de french maid, de putita provocadora que se pavonea con el plumerito en la mano. Sus compañeras adoran las cabareteras medias de red pero ella las prefiere opacas. La altura de sus tacos es la justa y necesaria para otorgarle un andar femenino pero no para inducir llamadas sexuales de apareamiento. Ivanna es una señorita bien educada que usa guantes largos porque sabe que son la mejor opción para feminizar sus antebrazos. No se deja llevar por el placer de sentirse enguantada sino por su afán de cumplir con la estricta rule inculcada por su institutriz. Su vestido encorsetado, lleno de volados y con enaguas por debajo no busca generar sensualidad sino que es el uniforme correcto que remarca su condición de petticoated sissy, sometida y servicial.

   Ivanna llegó a mi escuela con una formación muy sólida y no fue necesario esforzarse demasiado en entrenarla. Cumple sus tareas con la máxima eficiencia; ella es la sissy clásica por excelencia y domina todo el repertorio de prácticas sumisas a la perfección. Sin embargo, no parece demasiado interesada en el sexo. Si de ella dependiera, parece que llevaría una vida de sometimiento en castidad. Jamás pide permiso para masturbarse. Por supuesto que se muestra muy accesible a toda mujer sádica que desee sodomizarla o prostituirla pero es su sumisión interna la que la lleva a entregarse. Para que Ivanna abra su oculto tesoro, es necesario forzarla con suavidad y firmeza a la vez. Ella sólo goza del sexo si lo relaciona con algún tipo de sacrificio ritual al que no puede negarse. 

   Esta es Ivanna, una de las mejores alumnas de mi Sissy School.








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