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jueves, 12 de agosto de 2021

Historias lesbianas. Colette



   Cuando murió, recibió el homenaje de un funeral de Estado pero la iglesia se negó a honrarla a causa de su vida licenciosa y por estar divorciada, no una sino dos veces. Es fácil imaginar que a ella no le habría quitado el sueño. Conoció el éxito en vida, fue admirada por coetáneos como Proust y Cocteau y por los jóvenes talentos de la postguerra que la reconocían como una maestra de la transgresión y la irreverencia como Truman Capote, su rendido admirador que logró conocerla poco antes de morir. Cautivó al público y a la crítica, fue condecorada por el gobierno francés con la Legión de Honor y fue la primera mujer admitida como miembro por la Academia, que acabaría presidiendo. Mientras tuvo salud, disfrutó plenamente de la vida y el sexo sin plegarse a ninguna de las imposiciones de la sociedad. Porque Sidonie Gabrielle Colette, uno de los grandes orgullos de las letras francesas, no dejó de ser nunca la escandalosa desclasada que exhibía su bisexualidad sin tapujos y se contoneaba con los pechos desnudos en los cabarets de Montmartre. 



Colette



   La historia de Colette, nacida en 1873 y fallecida a los ochenta y un años en 1954, se cruza varias veces con la historia oculta del uso político – feminista de los pantalones por parte de las mujeres. Para 1905, ya está divorciada de su primer marido, Henry Gauthier Villars a causa de las frecuentes infidelidades de él. Sin embargo, Henry fue importante para impulsar la carrera literaria posterior de Colette ya que supo descubrir su talento escondido de escritora. Así nació Claudine, la protagonista de una serie de novelas que escandalizaron y a la vez fascinaron a toda Francia. Claudine sería uno de los grandes personajes de Colette. Sus aventuras y su vida se reflejan en la propia Colette; la búsqueda del placer dentro del amor romántico es su principal razón de ser.  

   Mientras escribía las novelas de Claudine, Colette vivió sin ningún recato ni temor un comentado menage a trois con Henry y una amante común, Georgie Duval. Pero su matrimonio ya tenía fecha de salida. Luego de su separación y casi de inmediato, Colette se empareja con Mathilde de Morny, una escandalosa drag king de la época. Sobrina de Napoleón III y separada sin divorciarse del conde de Malbeuf, Mathilde era apodada Missy y se vestía con pantalones y trajes masculinos, arriesgándose a ser multada o encarcelada de acuerdo a las leyes de la época. Para 1906 ambas actúan en los teatros de París y su vida privada se vuelve pública. Missy aparece siempre de hombre y no tiene escrúpulos en besar a Colette en la boca. Las salas comentan, el escándalo recorre toda la ciudad. Durante una escena de la obra El Sueño de Egipto, el Moulin Rouge explota: Colette es una momia egipcia, que despierta gracias a los ardientes besos de Missy. Luego Colette, como una diosa egipcia revivida, baila casi desnuda en el escenario. El prefecto de París exige que la obra sea retirada o al menos modificada o de lo contrario cerrará la sala. La amenaza se cumple cuando en una obra posterior de temática similar, El Sueño de Oriente, Colette y Missy vuelven a amarse en el escenario. El escándalo lésbico recorre toda la ciudad. 

   Missy y Colette comenzaron a ser ridiculizadas en las caricaturas de la época. Pero a ninguna de las dos les quitaba el sueño el qué dirán. A pesar de que el atuendo masculino estaba prohibido para las mujeres, Missy siempre se mostraba en trajes masculinos de tres piezas y con el cabello corto. Y no renunció a ello ni cuando por sus ropas le negaron la compra de una vivienda en Bretaña. Fue Colette quien tuvo que firmar las escrituras. Tras cinco años de relación, rompieron y Colette se quedó a vivir allí. En esa casa escribió La vagabunda, en la que relata sus aventuras en el mundo del espectáculo, y  Los zarcillos de la vid.

   Tras la ruptura con Missy, Colette volvió a encontrar el amor en un viejo amigo, Henry de Jouvenel. En 1911 se casaron y nació su única hija. El matrimonio duró doce años y finalizó con otro escándalo muy propio de Colette: mientras Henry escribía crónicas desde el frente de la primera guerra mundial, ella vivía un fogoso romance con su hijastro Bertrand. Ella ya había cumplido los cuarenta, él apenas diecisiete. Al igual que durante su relación con Missy, Colette ignora las críticas y los rumores que circulan a su alrededor. A ella sólo le importa su placer. La sociedad parisina por un lado se escandaliza y por el otro corre a las librerías a comprar Cheri, la obra en la que Colette novela su propia pasión por Bertrand. Cheri es la historia de un jovencito que cae en brazos de una seductora mujer madura. De nuevo la vida de Colette imita al arte. 

   Luego de su inevitable segundo divorcio, Colette comienza a frecuentar a otra célebre lesbiana de París: la norteamericana Natalie Barney. Rica y culta, Natalie dirige un salón literario que muy pronto se transforma en la guarida lésbica parisina por excelencia. La llamaban la amazona. Natalie fue una transgresora audaz que hizo del lesbianismo novelesco y romántico una forma de vida. En su mansión, hizo construir un teatro de formas griegas en honor a Safo al que llamó El Templo de la Amistad donde Colette y otras mujeres de su círculo representaban obras, bailaban y se expresaban con total libertad. Natalie solía masculinizarse por diversión, como una forma de disfraz, de representación de un personaje. Pero en su grupo, a diferencia de Missy, no solía haber mujeres masculinizadas. Las chicas que se reunían en el salón de Natalie eran lesbianas y bisexuales que disfrutaban en reconocerse de acuerdo a la femineidad de la época. Emparejándose por igual con hombres o mujeres, masculina o femenina según sus momentos, Colette es tan libre como los personajes femeninos de sus novelas y no acepta ningún mandato. Por esa causa es que apenas se mezcla con las muchas mujeres norteamericanas que se instalan en París en los años veinte en busca de libertad artística y sexual. No comparte su feminismo militante, al que identifica con mirada de visionaria como otra prisión del pensamiento y la libertad. 

   Para 1932 y como recordando a su antiguo amor, Colette comienza a referirse a ella misma y a Missy en algunas de sus novelas y ensayos. Describe con lujo de  detalles propio de una consumada fetichista a las prendas de vestir masculinas de Missy y de otras amazonas de París. Como buena documentalista, Colette sabe hasta que punto la ropa y el gesto son para las mujeres un medio de expresión y una identidad. Tu vestimenta es tu mensaje. El pantalón femenino de las drag kings como Missy es el símbolo de una nueva era.

   Casada por tercera y última vez con un hombre dieciséis años más joven, una artritis paralizante la castigó cruelmente obligándola a permanecer casi encerrada durante sus dos últimas décadas de vida. Pero su entusiasmo literario y sus ganas de vivir no decaen y en 1944 publica su obra más famosa, Gigi. La historia de la joven aprendiz de cortesana es un éxito de ventas y además triunfa en Broadway y en Hollywood. La adaptación de Vincent Minelli con Leslie Caron como protagonista gana nueve Oscars, incluido el de mejor película.

   Aquella joven lesbiana que enseñaba los pechos en espectáculos de music hall se había convertido en la escritora más importante de Francia. Cómo un último honor terrenal, su cuerpo hoy descansa en el cementerio de Père Lachaise, cerca de ilustres como Oscar Wilde, otro incomprendido genial también perseguido a causa de su sexualidad. Qué maravillosa vida he tenido! Ojalá me hubiera dado cuenta antes... escribió poco antes de morir. No creo que muchas mujeres puedan afirmar algo tan rotundo y con tanta claridad.







Fuentes:

https://www.revistavanityfair.es/cultura/entretenimiento/articulos/colette-la-escandalosa-vida-de-la-mujer-mas-libre-de-francia-keira-knightley/32719

Christine Bard: Historia política del pantalón, Tusquets Editores.


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