sábado, 7 de julio de 2018

Fotografía de un fetiche






   Las mujeres fetichistas somos una rareza por definición. Nuestra historia de vida puede resumirse en una composición de sensaciones personales y anécdotas combinadas con imágenes paganas, imágenes que provocan la explosión de un deseo. Esas imágenes son las fotografías fetichistas de nosotras mismas.

   Una fotografía de mi misma carga con el destino de ser criticada por muchos que la acusarán de ser exagerada o antinatural. Declara a los cuatro vientos mi deseo de seducir y excitar para tomar por asalto el deseo de otra persona. Cuando me enfundo en algún accesorio o prenda fetichista, con sólo mirarme al espejo, descubro imágenes que me parecen sobrenaturales. Fotografías que buscan provocar una fantasía erótica de poder y femineidad. Por sí mismas, no sólo me excitan. También me enamoran. Me invade un deseo de masturbarme con mi propia imagen. De gozarme a mí misma. Mi romanticismo exacerbado, mi amor por lo femenino nace de allí, de mí misma . 

   Contaré una trivial pero auténtica anécdota que ilustra como es éstod e vivir siendo una buscadora de imágenes fetichistas.

   Hace unas semanas, mi manicurista me preguntó Qué color de esmalte elegís para que te pinte  las uñas? (y me daba  casi cien opciones). Yo le respondí Poneme uno que nunca hayan elegido. Ella me sonrió y me dijo Con vos, me atrevo a proponerte un blanco leche, como usan las minitas zarpadas de la televisión de ahora. Casi nadie lo usa para que no las acosen en la calle con groserías. Tomé con mis manos el frasco de esmalte, lo hice girar entre mis dedos, fruncí mis labios pintados hacia ella dibujando un mohín mimoso y le dije Hacémelas de blanco leche. Y sobre el final de la palabra leche, dejé bailar la e final de un modo tan sugerente que las dos empezamos a reírnos sin necesidad de explicarnos de qué. Estaba sobreentendido.

   La estampa de la puta es demasiado fuerte como para evadirla del inconsciente colectivo de cualquier sociedad occidental. Adorada o rechazada, a ninguna mujer le es indiferente. Aquellas que se basan en un estereotipo y así terminan viendo lo que esperan ver (si se maquilla con colores fuertes es puta, si se sube a los tacos altos es puta, si usa calzas ajustadas y brillantes es puta) terminan cerrando el círculo de la profecía autocumplida porque  lo más probable es que, aunque no sea una puta, ella maneje los mismos códigos y esté emitiendo imágenes fetichistas en forma voluntaria. Mis uñas, como mi melena larga  de guerrera altiva que me niego a cortar, la mirada cargada de rimmel o la ropa sensual que se supone que una mujer mi edad ya no debería usar, son mucho más que elecciones de colores o prendas. Son las imágenes que representan el fetiche de una MILF, de una cougarYo acerco mi realidad humana a esas fotografías fetish. 

   Al pedir pintarme las uñas con ese blanco leche que caracteriza a las minitas zarpadas de la televisión, no estoy diciendo que soy una de ellas pero que de alguna forma, transmito que lo que ellas hacen o aparentan me agrada. Mis uñas son una de mis tantas fotografías de mis fetiches. Relaciono esta anécdota tan trivial surgida del color de un esmalte de uñas con aquella frase brillante de la genial Susan Sontag, que mucho antes de las redes sociales profetizó que en nuestra realidad todo existe para terminar en una fotografía. 

   




Había en ella una suerte de deslumbramiento infantil ante lo nuevo y bello que rayaba el fetichismo. 
Señora de rojo sobre fondo gris.
 Miguel Delibes. (1991)

6 comentarios:

  1. Tremendo fetiche el de las uñas pintadas en una mujer, y por tanto en una sissy como yo. El tomarse su tiempo y pintarse las uñas, tal cual lo hace una mujer, es una tarea totalmente recomendable para una sissy, doy fe. O probar a ponerse unas mega-uñas postizas, maquillarse, sobre todo pintarse los labios con mucho rouge, con las uñas puestas. Acariciar una polla con unas mega-uñas hasta ponerse dura, es una sensación maravillosa, muy recomendable para toda sissy que se precie.
    Un post divino, querida Mistress Roxy
    Muacsss

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    1. Perfectamente dicho, querida. Las uñas largas y su asociación con el sexo. En estos fetiches, las sissies y Nosotras las Dommes somos las GUARDIANAS de la femineidad sensual.

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  2. me encantan Mistress, divinas sin duda. Lo de hacerse las uñas es algo que nunca me he atrevido , si me he puesto postizas como dice Merce y me he hecho los pies alguna vez, pero el paso de las manos...Está muy de actualidad aquí, ayer un rapero (bad bunny) un hombre, no una sissy, quiso hacerse las uñas en un centro de estetica y lo echaron POR SER HOMBRE!!! No veas la de post que ha dado el tema, el chico se quedo pasmado y dijo que no entendía que a estas alturas todavía pasará esto ( y ni siquiera debe de ser gay) así que imaginate...Preciosas uñas Mistress.

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    1. La mayoría de las sissies que conozco (mi marido incluido) usan guantes femeninos para evitar el problema de ponerse y sacarse las uñas postizas. Hacerse las uñas es todo un acto de valor para cualquiera que haya nacido hombre. Espero más comentarios de mis valientes atrevidas.

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  3. Eso me llamo la atención de New York: las minas (onda laburantes de oficinas, cajeras, administrativas) todas con unas uñotas larguísimas!!! Tanto que observaba atentamente a la cajera de Sam Ash (una tienda de instrumentos) en la 34 para ver si la pifiaba con las teclas. Alli entendí porque hay taaantos negocios de "tanning nails" , casi como las peluquerias. Que se yo.

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    1. A mí me pasa lo mismo con las negras que atienden las cajas en las tiendas de Londres. Quizás sea por su raza pero usan unas uñas tremendas y nada frágiles que me hacen mirarlas y admirarlas con deseos que debo disimular. Gracias por tu comentario, Stiefel.

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