sábado, 14 de febrero de 2026

Spanking (V). Jean Jacques Rousseau (parte II)

 



   Hostigado largo tiempo sin saber por qué, devoraba con ardientes ojos a las mujeres bellas que se presentaban a mi fantasía con insistencia, sin otro objeto que gozar a mí singular manera, convirtiéndolas en otras tantas mademoiselles Lambercier…por lo tanto, he alcanzado poca cosa, aunque no he dejado de gozar mucho a mi manera; esto es, imaginariamente...esta locura, unida a mi natural timidez, me ha quitado toda osadía con las mujeres, privado de decirlo todo o de satisfacer mi pasión; no pudiendo la especie de goce, que para mí era un preliminar indispensable, ser adivinado por la persona que podía dispensármelo.

   La especie de goce que para mí era un preliminar indispensable..allí Jean Jacques Rousseau se refiere claramente a su condición de impotente sexual a menos que sea azotado por una spanker femenina como una vez lo hizo su amada institutriz, mademoiselle Lambercier, en un episodio de castigo infantil que lo marcó para toda su vida.

   Queda muy claro que lo que Rousseau confiesa es que debió recurrir durante toda su vida a la masturbación debido a que le costaba alcanzar la erección sin azotes de por medio. En su mente ya quedaba claro que el coito, si ocurría, debía ser acompañado de actos de spanking, o por lo menos fantasear con los mismos. Sin el aderezo del castigo en las nalgas, la cópula era imposible y hasta le desagradaba (...no solamente no tuve una idea clara de la unión de sexos hasta la adolescencia, sino que esta idea confusa siempre se me representaba bajo una imagen odiosa y repugnante...). Hoy el sexo BDSM es parte de la diversidad sexual y es sabido que muchas personas no pueden gozar, ni les interesa el sexo a menos que esté integrado dentro de la dominación y la sumisión. También hemos aprendido que es inútil pretender que gocen de otra manera.

   En vez de desvanecerse con el tiempo mi antigua afición de niño, de tal suerte se asoció a la que me enseñaron los sentidos ya despiertos, que nunca pude separarlas.

   El paso de los años no liberó a Rousseau de sus imperiosas fantasías de ser flagelado hasta el punto clave que dichas fantasías y el acto mismo del sexo quedaron indisolublemente unidos, como hoy pueden testimoniar muchos adeptos al sexo con condimentos BDSM o los aficionados a travestirse. A la vez, su temperamento tímido (quizás también motivado por la vergüenza que sentía ante sus secretos deseos, otra característica clásica del fetichista de todos los tiempos) y las pacatas costumbres sexuales de la época le impedían ser directo y claro sobre sus gustos y por lo tanto se presume que de adulto, recurría a fantasear que era azotado por la misma mujer a la que intentaba penetrar, única forma de consumar la relación.

   Así fue cómo dotado de un temperamento ardiente, lascivo, precocísimo, no sólo pasé la pubertad sin anhelar y sin conocer más placeres de los sentidos que aquellos cuya idea me había inocentemente sugerido mademoiselle Lambercier...no atreviéndome a declarar mi afición, la entretenía por medio de conexiones que despertaban su recuerdo en mi alma: Estar a los pies de una mujer imperiosa, obedecer sus mandatos y tener que pedirle mil perdones, eran para mi placeres inefables, y cuanto mayor impulso comunicaba mi viva imaginación a mi sangre, tanto más parecía un amante tímido.

   En este testimonio que data de siglos atrás, late la tragedia actual de muchos hombres sumisos que combinan un carácter tímido con una extrema tendencia a un fetiche. Su naturaleza ha convertido una experiencia iniciática, quizás traumática en su momento, en el único camino posible que conduce al goce sexual. Entonces frente a la represión que sufren y buscando el amor en mujeres que nunca los comprenderán, el teatro de la mente se vuelve la tabla de salvación de su naufragio afectivo. Lo he escuchado más de una vez: hombres casados con mujeres vainillas y que fracasan una y otra vez en la expectativa que el amor conyugal y la institución familiar contribuyan a curar lo que consideran que es una perversión, no tienen otra opción que representar en su imaginación la escena que los excita para lograr la erección sin que la mujer sospeche de lo que realmente pasa por su mente. A veces el vainillismo extremo de ellas, que prefieren hacerlo con la luz apagada y en silencio, colabora sin saberlo con las imágenes que habitan en la mente de ellos.

   Las Confesiones de Rousseau tuvieron una enorme repercusión en la sociedad del siglo XVIII dado que por primera vez y con la firma de alguien incuestionable y poseedor de un enorme prestigio intelectual y moral, se iluminaba el oscuro terreno de la sexualidad infantil. En el siglo posterior, fueron citadas por médicos y pedagogos que alertaban sobre el peligro que significaba aplicar azotes en las nalgas como herramienta educativa dado que en lugar de castigar, despertaban en algunos casos una precoz excitación que condicionaba la vida sexual futura. Las Confesiones figuran como antecedente en los textos y los estudios de los fundadores del psicoanálisis de inicios del siglo XX como Freud y Krafft Ebbing y hoy se las considera una de los primeras obras literarias que intenta explicar el placer de la sumisión spankee en el BDSM.





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