Para millones de personas en todo el mundo, el
Lido de París simboliza el placer de vivir noches refulgentes y espectáculos
maravillosos. Casi que es un sinónimo de todo aquello que hace de París la
ciudad sensual por excelencia. Ha sido definido, durante décadas, como el
espectáculo nocturno más vistoso del mundo. Las razones no son difíciles de
entender: belleza femenina, atavíos deslumbrantes, originalidad en las puestas
de escena, gracia y precisión en sus coreografías.
El Lido fue fundado en 1947, en esa Europa que intentaba levantarse por sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Si bien es heredero de la gran tradición del cabaret francés, no guarda una historia comparable a la del Moulin Rouge o el Folies Bergere. Su alma mater, Pierre Louis Guerin afirmó una vez "Aposté en cierta ocasión a que yo era capaz de ofrecer el espectáculo más caro del mundo al precio más bajo del mundo. Y gané la apuesta". Guerin siempre contaba que a los 20 años, pudo ver en escena a la célebre Mistinguette, la primera vedette del varieté francés y quedó electrizado por su gracia, su belleza y la sensualidad del atavío de plumas y joyas con que se adornaba. Así abandonó su primera vocación de estudiar medicina e ingresó al Conservatorio de Música de París para aprender violoncello pero con la secreta aspiración de ingresar al gran mundo del espectáculo.
Guerin adquirió el Lido cuando éste era un establecimiento de baños turcos que tomaba su nombre de su por entonces deteriorado y envejecido decorado veneciano. El supo que la solución para revitalizar la decaída escena nocturna parisina, por entonces en decadencia, era hacer las cosas a lo grande. Nombró como director a René Fraday, que había alcanzado notoriedad por haber montado fastuosos espectáculos en los Estados Unidos. Dieron su primera función en junio de 1947, una revista titulada Made in Paris. En una entrevista concedida y publicada por el Reader's Digest en julio de 1970, Fraday dijo "Nuestro sistema es muy sencillo. Concebimos algo que parezca imposible de hacer..y eso es lo que hacemos".
Pero Guerin y Fraday fueron reconocidos por algo más que sus hazañas técnicas para montar revistas con grandiosas coreografías: para ellos era fundamental que el gran público pudiera presenciarlas a un precio razonable. Y allí también supieron triunfar contra todos los pronósticos agoreros. Ellos adivinaron que un mundo entero que salía de la pesadilla de la guerra (tanto hombres como mujeres) necesitaba del Lido. No quizás del Lido propiamente dicho pero sí de lo que el Lido iba a significar como concepto. Fraday y Guerin apostaron grandes sumas a lo imposible pero su imposible estaba aderezado con una alta dosis de conocimiento y sentido común, que puede resumirse en una sola frase. La belleza y gracia femeninas elevadas al cenit del glamour son las llaves que abren la puerta del éxito en cualquier emprendimiento que tenga que ver con la noche y el sexo. Porque pese al eterno discurso mediocre que relativiza el poder del atractivo sexual frente a otros valores femeninos supuestamente superiores (o peor aún, lo niega en nombre de una supuesta liberación), ellos, como todos los que han recorrido algo de mundo y han sabido observarlo, supieron que la gran noche es y será por naturaleza el dominio por excelencia de las damas bellas y de aquellos hábiles tramoyistas que en silencio y al costado de los focos, se consagran a exaltarlas. Su mérito indiscutible fue haber sido eficaces y precisos a la hora de diseñar lujosos escenarios y los más suntuosos atuendos para lucir a sus vedettes, las célebres Bluebell Girls, elegidas de entre las mejores y más hermosas bailarinas.
Muchas veces se ha acusado a la revista de ser un género frívolo, de escaso nivel artístico y que suele degenerar en bajas pasiones y denigración de la mujer. Pero para Pierre Louis Guerin y para muchos otros que piensan y actúan como él lo hizo al crear el Lido, una revista lujosa no se trata sólo de un show banal y frívolo sino que es una propuesta que tiene mucho de dignidad y nobleza. Un espectáculo esplendoroso y sexy le brinda a muchos hombres y mujeres de todas las clases la posibilidad de escapar de una realidad muchas veces gris y desagradable y gozar, aunque sea por un par de horas, de un mundo pleno de refinamiento y fantasía. Un mundo más feliz y más hermoso, como el que los fetichistas solemos recrear en nuestras paganas celebraciones Femdom. Estoy segura que si Pierre Louis hubiera sido sumiso, nos hubiéramos llevado muy bien.
El Lido fue fundado en 1947, en esa Europa que intentaba levantarse por sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Si bien es heredero de la gran tradición del cabaret francés, no guarda una historia comparable a la del Moulin Rouge o el Folies Bergere. Su alma mater, Pierre Louis Guerin afirmó una vez "Aposté en cierta ocasión a que yo era capaz de ofrecer el espectáculo más caro del mundo al precio más bajo del mundo. Y gané la apuesta". Guerin siempre contaba que a los 20 años, pudo ver en escena a la célebre Mistinguette, la primera vedette del varieté francés y quedó electrizado por su gracia, su belleza y la sensualidad del atavío de plumas y joyas con que se adornaba. Así abandonó su primera vocación de estudiar medicina e ingresó al Conservatorio de Música de París para aprender violoncello pero con la secreta aspiración de ingresar al gran mundo del espectáculo.
Guerin adquirió el Lido cuando éste era un establecimiento de baños turcos que tomaba su nombre de su por entonces deteriorado y envejecido decorado veneciano. El supo que la solución para revitalizar la decaída escena nocturna parisina, por entonces en decadencia, era hacer las cosas a lo grande. Nombró como director a René Fraday, que había alcanzado notoriedad por haber montado fastuosos espectáculos en los Estados Unidos. Dieron su primera función en junio de 1947, una revista titulada Made in Paris. En una entrevista concedida y publicada por el Reader's Digest en julio de 1970, Fraday dijo "Nuestro sistema es muy sencillo. Concebimos algo que parezca imposible de hacer..y eso es lo que hacemos".
Pero Guerin y Fraday fueron reconocidos por algo más que sus hazañas técnicas para montar revistas con grandiosas coreografías: para ellos era fundamental que el gran público pudiera presenciarlas a un precio razonable. Y allí también supieron triunfar contra todos los pronósticos agoreros. Ellos adivinaron que un mundo entero que salía de la pesadilla de la guerra (tanto hombres como mujeres) necesitaba del Lido. No quizás del Lido propiamente dicho pero sí de lo que el Lido iba a significar como concepto. Fraday y Guerin apostaron grandes sumas a lo imposible pero su imposible estaba aderezado con una alta dosis de conocimiento y sentido común, que puede resumirse en una sola frase. La belleza y gracia femeninas elevadas al cenit del glamour son las llaves que abren la puerta del éxito en cualquier emprendimiento que tenga que ver con la noche y el sexo. Porque pese al eterno discurso mediocre que relativiza el poder del atractivo sexual frente a otros valores femeninos supuestamente superiores (o peor aún, lo niega en nombre de una supuesta liberación), ellos, como todos los que han recorrido algo de mundo y han sabido observarlo, supieron que la gran noche es y será por naturaleza el dominio por excelencia de las damas bellas y de aquellos hábiles tramoyistas que en silencio y al costado de los focos, se consagran a exaltarlas. Su mérito indiscutible fue haber sido eficaces y precisos a la hora de diseñar lujosos escenarios y los más suntuosos atuendos para lucir a sus vedettes, las célebres Bluebell Girls, elegidas de entre las mejores y más hermosas bailarinas.
Muchas veces se ha acusado a la revista de ser un género frívolo, de escaso nivel artístico y que suele degenerar en bajas pasiones y denigración de la mujer. Pero para Pierre Louis Guerin y para muchos otros que piensan y actúan como él lo hizo al crear el Lido, una revista lujosa no se trata sólo de un show banal y frívolo sino que es una propuesta que tiene mucho de dignidad y nobleza. Un espectáculo esplendoroso y sexy le brinda a muchos hombres y mujeres de todas las clases la posibilidad de escapar de una realidad muchas veces gris y desagradable y gozar, aunque sea por un par de horas, de un mundo pleno de refinamiento y fantasía. Un mundo más feliz y más hermoso, como el que los fetichistas solemos recrear en nuestras paganas celebraciones Femdom. Estoy segura que si Pierre Louis hubiera sido sumiso, nos hubiéramos llevado muy bien.