martes, 10 de marzo de 2015

Señora adúltera se busca




   Se suele decir que en el alma de todo marido con fantasías sumisas, existe un cornudo consentido en potencia. Invirtiendo la carga de la prueba y poniendo el énfasis en la mujer, yo afirmo que en el vestidor sedoso y sensual de una mujer sexy se agazapa, lujurioso y jadeante, un consumado fetichista que siempre pide más.

   El Everest de esa demanda, el punto extremo de ese pedir más es desear que ella sea o se vaya transformando en el mismísimo demonio hecho mujer. Un peligro en tacos altos cuyo comportamiento represente la pesadilla de cualquier hombre convencional, una fatalidad sádica de maléfica sonrisa perfectamente capaz de llegar a los extremos de degradarlo, sodomizarlo, travestirlo o lo que es peor (o mejor) engañarlo deliberada y conscientemente con otros hombres delante de él. Para la mirada de afuera, ella lo ha hechizado con sus encantos y abusa del enamoramiento que ese hombre siente por su dama fetiche, lo que lo vuelve absolutamente incapaz de reaccionar ante los evidentes ultrajes recibidos.

   Una de las tantas mitologías que navegan por los suburbios del sexo es la de la esposa insaciable. Se la ha llamado cuckoldress.  Mujer madura, o no tanto, (si es casada y con familia mejor) que ha decidido reventar muchas noches de su vida en un livin' la vida loca de sexo y placeres bajo la mirada de su esposo devenido en una mezcla polleruda de chofer y lacayo, ubicado en una posición deliberadamente oscura cuya única actividad parece limitarse a pagar sus gastos y caprichos sin reclamar jamás contraprestación alguna.

   Este tipo de vida suele levantar polvareda en los sitios de Internet que se especializan en temáticas BDSM. Se la pone fuera de lo permitido, se la niega o se la subestima. Nótese la inexistencia de acciones físicas sobre el sumiso, las acciones que los sumisos suelen consensuar para que el dominante termine haciéndoles lo que ellos desean. Por el contrario, podríamos decir que la presencia física del sumiso es ignorada. Puñalada artera y letal para todos aquellos que han construido edificios teóricos para sustentar prácticas sexuales o sadomasoquistas entre complementarios cuyos cimientos son un fifty - fifty consensuado entre dominante y sumiso. Yo me dejo hacer esto pero vos me presentás con un collar y me hacés esto y esto otro. Por el contrario, la Dómina cuckoldress no necesita aprender técnicas de flagelación o castigo para satisfacer fantasías masoquistas sin cometer errores ni tampoco está sujeta a compromisos con sumiso alguno. Solamente se dedica a gozar la vida y a darse los gustos, sensual, egoísta y altaneramente.

   Alguna vez leí en una revista fetichista una frase de Dian Hanson que me impactó por su poder de sintetizar algo muy complejo "...el hombre arrastrado por una fuerza superior a él mismo y a su propio instinto de conservación". Hanson se refería al deseo incontrolado que ese hombre sentía por una mujer que lo excitaba a punto tal que no le alcanzaba con desearla o con el sexo, ese hombre sentía la necesidad de entregarse a ella de una forma total y sin reservas a causa del poder sexual que emanaba de ella y ante el cual se sentía absolutamente impotente.

   Para muchos militantes del BDSM, dicha situación bordea los límites del abuso y la falta de respeto. Pero para otros, una minoría selecta y a menudo silenciosa, es la más sublime de las delicias, el anhelo fetichista más acariciado. Nosotras, las dominatrices adúlteras somos las más grandes putas de la historia y no somos fantasía. Somos realidad, ellos lo saben y no se detendrán hasta conseguir casarse con la suya.





2 comentarios :

  1. Muy en la línea del sadismo redactor, sangras los párrafos, incluso el primero.

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