El Magazine Femdom de Mistress Roxy
miércoles, 31 de octubre de 2012
Halloween. Dame tu cuello
viernes, 19 de octubre de 2012
Tributo a mis primeras botas
I've got you, under my skin (Te llevo bajo mi
piel)
Cole Porter
Me acordaba de esta vieja canción que inmortalizó Sinatra
cuando por estos días me tocó abrir un placard de mi casa de fin de semana que estaba
cerrado desde el verano, por temas de obras y refacciones y me las encontré a
ellas, llenas de polvo, gastadas, pero con la dignidad intacta.
Fueron a parar ahí hace años, cuando decidí que ya era el momento de pasarlas a retiro. Fueron mis girls favoritas durante años y no puedo quejarme que me hayan fallado ni una sola noche. Mis primeras botas fetichistas. Las compré en una galería del barrio de Once en momentos en que el dinero no sobraba, cuando de todas formas no se veía aún en las vidrieras el lujo y el glamour que llegaron años después en la moda para botas de taco alto. Tenían puntera redondeada, típicas de aquel año, puntera que nunca me gustó demasiado (las miro hoy y esa puntera sigue sin convencerme). Eran de plástico, como de plástico eran el taco aguja y las plataformas. La gran mayoría de las clientas de ese local compraban botas durante el día para usarlas en el duro trabajo de la noche. Fueron reparadas y pegadas varias veces y cada marca y cada cicatriz cuenta una historia. Cada una de esas historias tiene varios protagonistas y testigos pero sólo aparecieron en uno o en algunos episodios. Sólo yo soy y seré la única dueña de la totalidad de la historia.
Ellas conocieron y se estremecieron con mis orgasmos. Durmieron muchas veces tiradas bajo la cama porque no tenía fuerza para guardarlas y ahí abajo quedaban algunos días. Reposaron en cajas y estantes superiores de placards gracias a las dotes de mi marido sumiso para acomodar un volumen cada vez mayor de prendas femeninas en el mismo espacio.
Supieron de viajes a la costa, de vacaciones, escondidas entre
barrenos y juguetes infantiles. Sus tacos desgarraron algunas de mis sábanas, marcaron espaldas, clickearon por flamantes pisos flotantes de madera pese a
las advertencias de algunos señores muy severos que recelaban de las
marcas que podían dejar, caminaron por shoppings y galerías elegantes para delicia de voyeurs fetichistas y miradas desaprobadoras de señoras formales
pero también conocieron de adoquines imposibles, se enredaron en caños de
poledance, entraron a hoteles frecuentados por travestis y a reservados swingers, posaron
para una vieja cámara analógica pisando barro (mud fetish), apretando los pedales del auto (pedal pumping), y aplastando juguetes
(crushing). Como falos
despiadados, los clavé en culos abiertos de hombres y mujeres. Eyaculé gracias a ellas.
Fueron lamidas y besadas por chicos jóvenes que se iniciaban así, conmigo
y con ellas, en la dominación fetichista. También las adoraron algunos maridos swingers, que descubrieron ese placer
prohibido de ser sometidos por una desconocida, frente a la mirada
desaprobadora de sus esposas, muy dispuestas a un convencional y vainillesco
intercambio de parejas pero nunca para ver un espectáculo así. Señoras madres
de familia se desnudaron para montarlas
inundándolas con sus flujos en cabalgatas lésbicas inolvidables, desatando
pasiones y lujurias que, confesión posterior en el baño de mujeres, nunca antes
habían vivido.
Limpiadas y vueltas a ensuciar
una y mil veces, sé que jamás podría tirarlas. Por eso, como un especial
homenaje a mis amadas de tanto años, estas son fotos personales tomadas hace muchos años, calzándolas con placer. Son como carne para mí, ellas me llevan bajo su piel y me
envuelven. Les limpio la suciedad, las acaricio, las beso y las guardo en una
caja. Yo sé y ellas saben que nunca nos separaremos.
lunes, 15 de octubre de 2012
Mis maestros sumisos
Una vez escribí en un sitio BDSM que ya no existe: Hubo una vez un tiempo en que yo no era una Dominatriz con libertad. Hasta que algunos valientes sumisos se atrevieron a cruzar el foso del castillo y liberaron a la Dominatriz que estaba encerrada en la torre de su pudor y prejuicios. Fueron esos mosqueteros valientes quienes en lugar de luchar contra los dragones de sus fantasías, me buscaron y decidieron arder en el fuego de Mis Dominios eróticos.
Tengo claro que yo no me hice dominatriz para ellos para Mí pero ellos contribuyeron a que yo sea lo que Soy. Yo no fui a ninguna escuela, ni seminario ni bootcamp de Femdom. Lo que observé en otras Amas en sesiones colectivas no resultó ser, salvo excepciones, otra cosa que el clásico BDSM con reglas dictadas por hombres pero interpretado por mujeres. Los mismo códigos, las mismas reglas pero con los sexos cambiados.
Si bien nunca descuido la parte erótica de mi personalidad de mujer, sé que si quiero avanzar para encarnar una obra única en el mármol, debo aprender a esculpir pero debo saber primero que existen las esculturas de mármol y aprender de los escultores capaces de hacerlas surgir de la piedra y no los albañiles chapuceros que sólo saben recitar las mismas fórmulas de siempre sin siquiera saber quien las escribió.
He tenido una Femdom partime a mi lado que es la Señora Suerte de estar quizás en el momento oportuno en el lugar correcto pero la otra parte la hice yo misma asistiendo a clases que la misma vida me ha dado, observando a los hombres sumisos en situaciones sexuales, escuchándolos de primera voz, sin darle importancia a la típica mediocridad pedagógica que recita el librito antiFemdom power. Ese pasquín berreta, ese mismo librito nefasto que descalifica las fantasías, el sexo carnal, el poder de la belleza, la parafernalia fetichista; todo lo lindo, lo bello, lo atractivo, lo placentero, en nombre de una supuesta dominación femenina real sin estereotipos.
Me puse encima todo el sado, no del librito del sano, seguro y consensuado sino el Hacer lo que quiero, donde, cuando y a quien quiero. Y yo no sé si fue casual, pero conocí a quienes se prestaron a mi lección más de lo que yo misma hubiera querido aprender. A más gente sesionaba, más aprendía de mi misma y del poder que nace de Mí.
Quizás tenga una visión muy personal y subjetiva pero he descubierto que siendo yo sádica y actuando sádicamente con quienes gozan de mi sado, la mayoría de ellos no son masoquistas. O lo son pero se lo olvidan por un rato para seguirme en mi juego, para gozar de mi sadismo. Ese sadismo transgresor es el pupitre en el que apoyo Mi libro, pero no es el contenido del libro. El contenido es el sumiso o la sumisa que está ahí, abajo, gozando a la par.
La sensualidad no la aprendí enfrente del espejo, allí puedo hacerme más bella, pero es la respuesta del otro lo que me fue enseñando qué me va mejor o qué me empeora. Muchas veces no fui consciente del poder que irradiaba de mí en determinadas posturas o situaciones pero fue la respuesta del sumiso la que potenció ese poder hasta el límite, especialmente en el caso de las mujeres bisexuales.
Los sumisos me adoran así; sádica y morbosa. Adoran verme reír, verme gozar gracias a ellos. Les gusto caprichosa, desafiante, con vida propia. Les gusta ir descubriendo en Mí, las distintas facetas eróticas de una mujer sexual. Ya me rescataron, ahora disfrutan gozando y además son mis valientes escuderos que me defienden de los feos y mediocres dragones que me acechan.


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