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Angelina Jolie, embrujada |
I don’t need to dress up. Halloween is every day of
my life.
Keith Richards,
31/08/1994, (onstage in Oakland, USA).
Halloween
en mi vida argenta no representaba nada más que algo gringo importado hasta que
fui adentrandome en la historia de las tradiciones y su contenido pagano. Me di
cuenta que todos los pueblos necesitan de un Halloween, llámese como se llame. Lo
primero pasa por la aceptación de la existencia de un espiritu del
mal, algo oscuro, algo implicitamente vivo que se resiste a morir, la libido,
lo oscuro de desear lo indefectiblemente deseable. Así como no hay una
historia única sino que cada uno lleva la suya a cuestas, todos llevamos un Halloween
personal que descubrir, celebrar y expiar.
En algunos de nosotros el espiritu de
Halloween es muy intenso. No se reduce a un premeditado encuentro anual sino a
periódicos estados de paganismo erótico que superan toda la moralina almacenada
en los cánones de los libros sobre la sexualidad de los vivos para anclarse en
el prohibido placer del más allá. El sádico Marqués y la Venus de Masoch, la osadía
de Marlene y el andar de Catwoman, la inocencia sissificante que transmiten
Marilyn y Caperucita Roja, el arte audiovisual de la expresión de Madonna
y la carcajada del Joker. Y por supuesto, en primerísimo plano, mi
más amada sonrisa de Bettie Page. Es como si estos elementos envenenados
nacidos bajo el estigma de cientos de sacrilegios surgieran en
la vida real de alguna forma u otra en cada sesión, en cada encuentro, en
cada texto y comentario de este blog, en cada contacto escrito con mis
conocidos foreros o facebookeanos.
La
noche pone su gracia y tiñe desde adentro Mi necesidad de conexión sádica con esa
mínima parte de la humanidad que
comprende que en esta vida, ésta, la
única que tenemos, es donde realmente podremos expresar nuestro deseo por la
sensualidad. Negar ese Halloween que se agita dentro de nosotros sería
como conducirnos a la fiesta de los vivos, pero mirarla desde afuera. Pues
Halloween se planta desde la anti-santidad, el duelo de lo anhedónico, desde el
repudio a la norma inquisidora, una cristalización de los miedos internos. El
temor a caer en aquel peor de los pecados borgianos: el de no haber sido
feliz.
Yo
siento que este Halloween es Femenino. Es una historia altamente Persefonense,
es Proserpina, es volver al Hades a través de un ritual tan pagano como
seductor. Es conectarse con la tierra, para volver a ella
purificados. Explorando mi espíritu sado, sensual y femenino, me encuentro
con el ávido sentimiento de Halloween que vive en el otro. Es un
camino que tiende a cerrar ciclos antes que mueran y a abrir ciclos antes que den a luz. Es Stevenson reescribiendo a una Mistress Hyde de entre las piernas de Dr Jekyll.
Es vivir en naranja, negro y morado. Un Carnaval del carnaval. Un
ponerle una máscara a la máscara. Un juego de roles que se la juega en la vida
misma. Raros hasta la médula, los fetichistas rendimos culto a nuestro
erotismo fuera de todo molde, lejos de todo oráculo, actores de la acción. Sin
comernos el verso de tanto relato ficticio y tanto comercio con nuestras
fantasías que se hacen realidad periódicamente y siempre con la mente en estado
de celebración de las emociones sexuales.
Porqué
negarlo, nada nos alcanza, somos insaciables. Queremos siempre más. Buscamos
vampiros para entregarnos voluntariamente, pues definimos nuestro estado vital
como No doy más, Lo que daría por esto, Si no lo hago voy a morirme, Prefiero
morir que vivir sin esto o aquello, entre tantos disparos al morbo
enjaulado. Dejar fluir la gracia femenina, la curva peligrosa, el demonio
de los ojos cerrados, el multiorgasmo, la risa muejejeje, el traje de
lentejuelas, lo perverso del lenguaje, el charol de tacos altos, el fulgor de
un escote pronunciado, el masoquismo, el triskel celta, la felina sensación
sedosa de una espalda de mujer. Un Halloween sin duelos, una festividad del
placer.
Sado,
Sensual y Femenino es Halloween. Mi vida es Halloween. Un mundo de
caretas, noches, tratos, cultos, renaceres, trucos, endiosamiento,
diabluras, cosechas. Los invito a que se reencuentren con su Halloween con esa
víspera de su propia santidad. El rol somos nosotros. Cuando somos Halloween,
somos Venus y el Marqués. Pues ser sado puede ser tu vida y el ser vainilla,
esa disciplina que a veces hay que practicar.