viernes, 14 de agosto de 2026

La Fantasía Femdom (parte IV)

 





   Si un grupo de extraterrestres apareciera de pronto y nos preguntara de qué forma obtenemos el máximo placer sexual posible, le responderíamos sin dudar Con la Dominación Femenina. Si nos miraran con expresión de incógnita, podríamos profundizar el concepto diciendo que somos mujeres y hombres iguales y libres pero que gozamos en la intimidad jugando a simulacros de esclavitud…y creo que entonces sí podríamos hacernos entender.

   Para un observador que desconoce este mundo tan particular, los rituales a menudo complejos de la dominación femenina son actos de abuso y violencia pero si se mira con atención, descubrirá que sus condiciones son controladas y casi siempre se desarrollan en el plano simbólico. Las Dóminas y nuestros esclavos adoradores construimos con palabras y actos una mascarada ficticia de sometedoras y sometidos cuyo goce nace de negar la realidad en la que vivimos aunque no está totalmente desvinculada de la misma. El sado Femdom siempre implica una evasión de la realidad. Dejamos de ser sujetos de derechos del siglo XXI para correr tras un espejismo de ficciones esclavistas.

   La Venus sádica y dominante y los seres de todos los sexos que gozan sometiéndose a ella no sólo conformamos un conjunto de sibaritas sexuales acostumbrados a degustar exquisiteces eróticas. El sadismo controlado y ritualizado de las sesiones nos ayuda a acomodar en los cajones de nuestra personalidad a ciertos fantasmas surgidos de lo más profundo de nuestro ser, que de ser liberados sin controles, nos complicarían la vida con sus apetitos destructores y el fuego de las pasiones. Las sesiones Femdom donde esos fantasmas cobran vida actúan a veces como una purga benéfica. Todos aquellos instintos sexuales que en la vida real deben ser reprimidos de acuerdo a la moral, las leyes y a nuestra propia conciencia, encuentran su derecho a la existencia en nuestras privadas mazmorras donde nos convertimos a piacere en azotadoras crueles, proxenetas de mucamas travestidas, sodomizadoras sádicas de colegialas….y la lista sigue. La sesión sado es libertad en cadenas; nos permite construir un refugio privado, preservado de miradas extrañas, donde la imaginación nos permite ser individuos soberanos de nuestros propios destinos sin correr riesgos.

   Por esa misma razón, la dominación femenina no es ni podrá ser jamás una mera variante dentro de la diversidad, un ingrediente más en un coctel de sexualidades que busca el reconocimiento público y la visibilización, como lo proponen muchos teóricos del género y la sexualidad. Porque la experiencia del placer en el sado Femdom se obtiene gracias a la inteligencia de quienes lo viven, a la riqueza con que dialogan, la imaginación con que fabulan y a la sabiduría con que se autocontrolan pero nunca por como se incluyen en el mundo real, que por otra parte no les excita en lo más mínimo. A nadie le importa como vive la Dómina cuando no calza las botas ni empuña el látigo porque no es su vida personal sino su poder de persuasión y su capacidad de provocar la magia de la ficción lo que determina su valor ante los ojos y oídos de sus esclavos adoradores. Dominar es un arte y cuando se evalúa una obra de arte, es muy poco relevante la vida personal de quien firma el cuadro.

   La dominación femenina actúa en nuestra conciencia como un llamado de las sirenas que nos tienta a escapar de la realidad. Los rituales, los contratos de esclavitud, las vestimentas fetichistas, todo ese travestirse de lo que no somos pero querríamos ser, sucede en una región que no es el de la sexualidad convencional pero tampoco es pura fantasía. Ama y esclavos saben que lo que están viviendo no es estrictamente verdad pero el truco funciona porque esa ficción erótica complementa la experiencia sexual humana con aquello que es imposible de encontrar en la vida real, que nos emancipa de ella y nos permite por momentos gozar en un mundo creado por la imaginación, que sabemos que no existe y que por esa misma razón deseamos y soñamos.








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viernes, 7 de agosto de 2026

Joan Collins Domme AI

 

   Stabled Diffusion es un generador de imágenes por AI que les ha permitido a los fans de las estrellas de Hollywood hacer volar la fantasía y convertirlas en diosas fetichistas a puro leather, rubber y botas de tacón. Por supuesto que una de las favoritas de los AI fetishists es Joan Collins, en su rol de Alexis Carrington en Dynasty, dado que su personaje reune todas las características deseables de la bella sádica tirana por la que desearían ser esclavizados. El rostro no está del todo bien logrado pero dejémos ese detalle de lado y celebremos este calendario en donde te saluda la Alexis AI y te invita a soñar con encontrártela en alguna caliente fantasía. 



Enero






Febrero




Marzo




Abril




Mayo




Junio



Julio



Agosto



Septiembre



Octubre



Noviembre



Diciembre



viernes, 31 de julio de 2026

Bonnie Tyler, diosa leather

 



   Bonnie Tyler fue por encima de todo una cantante muy carismática, que junto a otras marcó los años ochenta con éxitos inolvidables pero gracias a su estilo personal fue capaz de romper con ese marco puramente musical. Sobre los escenarios, la rubia galesa demostraba que voz y talento le sobraban pero también que poseía una fuerte personalidad para lucir sus looks de modo tal que se convirtió en un ícono de la moda y la sexualidad. En ese campo tan sinuoso y difícil de definir, Bonnie Tyler es la chaqueta de cuero con hombreras. La combinación de esa prenda con pantalones ajustados, minifaldas o minivestidos, fue su señal al mundo, un aquí llego yo y voy a ser inolvidable. Bonnie le agregaba su célebre melena rubia que llameaba ferozmente voluminosa, haciendo aún más vistosos sus bellos ojos azules y más dramáticas las interpretaciones de sus power ballads con su inconfundible timbre vocal. El resultado hizo historia: Bonnie Tyler fue uno de los más grandes símbolos de poder femenino que haya pisado un escenario.







   Bonnie fue una chica leather cuando el cuero ya había salido de las mazmorras del sadomaso, del ghetto gay y de las reuniones de motoqueros y ganaba cada vez más adeptas en todo el mundo. Pero fue gracias a las mujeres del espectáculo como ella, que el fetiche de la ropa de cuero se universalizó y resignificó. Todas las chicas alrededor del mundo podíamos reflejarnos en cantantes como Bonnie Tyler y sentirnos bellas y sensuales imitando su look. La moda fetichista femenina expandida en videoclips musicales generó así toda una cosmovisión estética de la vida y la sexualidad en donde la vestimenta, el peinado y la actitud enviaban claramente un mensaje de poder erótico. 

   Las chicas de mi generación que adoptamos como modelo a musas como Bonnie Tyler fuimos muy diferentes en el sexo a las demás, más recatadas, y por supuesto, a la generación de nuestras madres. 




 








   Gracias por todo Bonnie. Vuela feliz en tus alas leather.



viernes, 24 de julio de 2026

Sacher - Masoch. Lo frío y lo cruel.

 




   Los principales datos que poseemos sobre la vida de Leopold Sacher–Masoch provienen de su secretario y del libro que escribió sobre él su esposa, Aurora Rumelin, quien adoptó el nombre de Wanda, la heroína de La Venus de las Pieles (Wanda von Sacher–Masoch, Confession de ma vie) en donde ella presenta una imagen demasiado inocente de sí misma y así como se ha pretendido encuadrar a Masoch como un masoquista, se pretendió que ella fuese sádica en la vida real.

   Leopold von Sacher–Masoch nació en Lemberg, hoy es Ucrania, pero en aquel momento era Galitzia, en 1835. Sus ascendencias fueron eslavas, españolas y bohemias. Influye en toda su obra literaria el problema de las minorías, las nacionalidades, los movimientos revolucionarios y las cuestiones sociales: son frecuentes las descripciones de la organización de los pequeños pueblos, los campesinos y sus conflictos con la administración del Imperio Austrohúngaro. Se desempeña primero como profesor de historia en Graz, y comienza su carrera literaria escribiendo novelas históricas con las que obtiene un éxito inmediato. En Francia, las editoriales publicarán traducciones de sus novelas y cuentos. Una de sus traductoras llegó a presentarlo como un moralista severo, autor de novelas folclóricas e históricas, sin aludir en lo más mínimo a la entraña erótica de su obra. Es evidente que, atribuidos al alma eslava, sus fantasías sexuales no incomodaban tanto. 

   Masoch habla un lenguaje en el que lo folclórico, lo histórico, lo político, lo místico y lo erótico, lo nacional y lo perverso se mezclan íntimamente, formando una nebulosa que oculta por momento a los azotes y los fetiches. No le agrada pues, ver a Krafft–Ebing servirse de su nombre para designar una perversión sexual. Masoch fue en su tiempo un autor célebre y respetado. Hizo un viaje triunfal a París en 1886, donde se lo condecoró y recibió la entusiasta acogida de Le Figaro y de La Revue de Deux Mondes.

   De acuerdo a lo que se ha escrito sobre él, son célebres los gustos eróticos de Masoch: jugar al oso o al bandido; hacerse cazar, atar, infligir castigos, humillaciones e incluso intensos dolores físicos por parte de una mujer opulenta envuelta en pieles y empuñando un látigo; vestirse de criada, multiplicar fetiches y disfraces; publicar avisos clasificados, firmar contratos de esclavitud con la mujer amada e incluso llegar a prostituirla. Una primera aventura con Anna von Kottowitz inspira La mujer divorciada; otra con Fanny von Pistor es la semilla de La Venus de las Pieles. Aurore Rümelin adopta el seudónimo de Wanda y se casa con Masoch en 1873. Será su compañera más famosa; dócil, exigente y desbordada, todo a la vez. Como en sus personajes, la suerte de Masoch en el amor es la decepción, como si el poder del disfraz fuese también el del malentendido. En 1887, Sacher–Masoch se casa con la institutriz de sus hijos. Una novela de Myriam Harry, Sonia en Berlín, hace un interesante retrato de Masoch en su retirada final. Muere en 1895, víctima del olvido en el que ya había caído su obra.

   Esta obra sin embargo es importante e insólita. El destino de Masoch es doblemente injusto. No porque su nombre haya servido para designar el masoquismo, al contrario; sino ante todo porque, a la par que ese nombre entraba en la circulación corriente, su obra iba cayendo en el olvido. Es indudable que sobre el sadismo se publican libros que no revelan ningún conocimiento de la obra de Sade. Pero la reflexión clínica sobre el sadismo se beneficia singularmente de la reflexión literaria sobre Sade. En cuanto a Masoch, la ignorancia de su obra resulta sorprendente, aun en los mejores libros sobre el masoquismo. Sin embargo... no ha de pensarse que Masoch y Sade son algo más que simples casos entre otros, y que ambos tienen algo esencial que enseñarnos, uno sobre el masoquismo tanto como el otro sobre el sadismo?

   Una segunda razón redobla la injusticia de la suerte de Masoch. La que afirma que Masoch sirve de complemento a Sade. No es este el motivo por el que quienes se interesan por Sade no manifestaron interés especial por Masoch? Demasiado de prisa se entiende que basta trocar los signos, invertir las pulsiones y figurarse la gran unidad de los contrarios para obtener un Masoch a partir de Sade. El tema de una unidad sadomasoquista, de una entidad sadomasoquista, fue muy perjudicial para Masoch. Este no sólo padeció un olvido injusto sino también una injusta complementariedad, una injusta unidad dialéctica. Porque en cuanto se lee a Masoch, se siente cabalmente que su universo no tiene nada que ver con el de Sade. No se trata sólo de técnicas, sino de problemas, inquietudes y proyectos en extremo diferentes. No vale objetar que el psicoanálisis mostró hace tiempo la posibilidad y la realidad de las transformaciones sadismo–masoquismo. Lo que está en cuestión es la unidad misma de lo que se da en llamar sadomasoquismo. 

   Puesto que el juicio clínico está repleto de prejuicios, hay que volver a empezar todo por un punto situado fuera de la clínica, el punto literario, la lectura de Sade y Masoch, la obra literaria, desde donde fueron nombradas aquellas perversiones por primera vez.


Extraído de Lo frío y lo cruel, Gilles Deleuze





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