Los principales datos que poseemos
sobre la vida de Leopold Sacher–Masoch provienen de su secretario y del libro que escribió sobre él su esposa, Aurora Rumelin, quien adoptó el nombre de Wanda, la
heroína de La Venus de las Pieles (Wanda von Sacher–Masoch,
Confession de ma vie) en donde ella presenta una imagen demasiado
inocente de sí misma y así como se ha pretendido encuadrar a Masoch
como un masoquista, se pretendió que ella fuese sádica en la vida
real.
Leopold
von Sacher–Masoch nació en Lemberg, hoy es Ucrania, pero en aquel
momento era Galitzia, en 1835. Sus ascendencias fueron eslavas,
españolas y bohemias. Influye en toda su obra literaria el problema
de las minorías, las nacionalidades, los movimientos revolucionarios
y las cuestiones sociales: son frecuentes las descripciones de la
organización de los pequeños pueblos, los campesinos y sus
conflictos con la administración del Imperio Austrohúngaro. Se
desempeña primero como profesor de historia en Graz, y comienza su
carrera literaria escribiendo novelas históricas con las que obtiene
un éxito inmediato. En Francia, las editoriales publicarán
traducciones de sus novelas y cuentos. Una de sus traductoras llegó
a presentarlo como un moralista severo, autor de novelas folclóricas
e históricas, sin aludir en lo más mínimo a la entraña erótica
de su obra. Es evidente que, atribuidos al alma eslava, sus fantasías sexuales no incomodaban tanto.
Masoch habla un lenguaje en el que lo
folclórico, lo histórico, lo político, lo místico y lo erótico,
lo nacional y lo perverso se mezclan íntimamente, formando una
nebulosa que oculta por momento a los azotes y los fetiches. No le
agrada pues, ver a Krafft–Ebing servirse de su nombre para designar
una perversión sexual. Masoch fue en su tiempo un autor célebre y respetado. Hizo un
viaje triunfal a París en 1886, donde se lo condecoró y recibió la
entusiasta acogida de Le Figaro y de La Revue de Deux Mondes.
De
acuerdo a lo que se ha escrito sobre él, son célebres los gustos
eróticos de Masoch: jugar al oso o al bandido; hacerse cazar, atar,
infligir castigos, humillaciones e incluso intensos dolores físicos
por parte de una mujer opulenta envuelta en pieles y empuñando un
látigo; vestirse de criada, multiplicar fetiches y disfraces;
publicar avisos clasificados, firmar contratos de esclavitud con la
mujer amada e incluso llegar a prostituirla. Una primera aventura
con Anna von Kottowitz inspira La mujer divorciada; otra con Fanny
von Pistor es la semilla de La Venus de las Pieles. Aurore Rümelin
adopta el seudónimo de Wanda y se casa con Masoch en 1873. Será su
compañera más famosa; dócil, exigente y desbordada, todo a la vez.
Como en sus personajes, la suerte de Masoch en el amor es la
decepción, como si el poder del disfraz fuese también el del
malentendido. En 1887, Sacher–Masoch se casa con la institutriz de
sus hijos. Una novela de Myriam Harry, Sonia en Berlín, hace un
interesante retrato de Masoch en su retirada final. Muere en 1895,
víctima del olvido en el que ya había caído su obra.
Esta
obra sin embargo es importante e insólita. El destino de Masoch es
doblemente injusto. No porque su nombre haya servido para designar el
masoquismo, al contrario; sino ante todo porque, a la par que ese
nombre entraba en la circulación corriente, su obra iba cayendo en
el olvido. Es indudable que sobre el sadismo se publican libros que
no revelan ningún conocimiento de la obra de Sade. Pero la reflexión
clínica sobre el sadismo se beneficia singularmente de la reflexión
literaria sobre Sade. En cuanto a Masoch, la ignorancia de su obra
resulta sorprendente, aun en los mejores libros sobre el masoquismo.
Sin embargo... no ha de pensarse que Masoch y Sade son algo más que
simples casos entre otros, y que ambos tienen algo esencial que
enseñarnos, uno sobre el masoquismo tanto como el otro sobre el
sadismo?
Una
segunda razón redobla la injusticia de la suerte de Masoch. La que
afirma que Masoch sirve de complemento a Sade. No es este el motivo
por el que quienes se interesan por Sade no manifestaron interés
especial por Masoch? Demasiado de prisa se entiende que basta trocar
los signos, invertir las pulsiones y figurarse la gran unidad de los
contrarios para obtener un Masoch a partir de Sade. El tema de una
unidad sadomasoquista, de una entidad sadomasoquista, fue muy
perjudicial para Masoch. Este no sólo padeció un olvido injusto
sino también una injusta complementariedad, una injusta unidad
dialéctica. Porque en cuanto se lee a Masoch, se siente cabalmente que
su universo no tiene nada que ver con el de Sade. No se
trata sólo de técnicas, sino de problemas, inquietudes y proyectos
en extremo diferentes. No vale objetar que el psicoanálisis mostró
hace tiempo la posibilidad y la realidad de las transformaciones
sadismo–masoquismo. Lo que está en cuestión es la unidad misma de
lo que se da en llamar sadomasoquismo.
Puesto que el
juicio clínico está repleto de prejuicios, hay que volver a empezar
todo por un punto situado fuera de la clínica, el punto literario, la lectura de Sade y Masoch, la obra literaria, desde donde fueron nombradas aquellas perversiones por primera vez.
Extraído
de Lo frío y lo cruel, Gilles Deleuze