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jueves, 27 de junio de 2024

Adulterio Femdom (parte VI)









    Se suele decir que en el alma de todo marido con fantasías sumisas, existe un cornudo consentido en potencia. Invirtiendo la carga de la prueba y poniendo el énfasis en la mujer, yo afirmo que en el vestidor sedoso y sensual de una esposa sexy, suele agazaparse un fetichista que espera el momento de verla con otro hombre. Porque si no fuera así, no la hubiera elegido por esposa.

   La fantasía de él crece y crece: sueña con que ella se vaya transformando en el mismísimo demonio hecho mujer. Un peligro en tacos altos cuyo comportamiento represente la pesadilla de cualquier hombre convencional, una fatalidad sádica de maléfica sonrisa perfectamente capaz de llegar a los extremos de degradarlo, sodomizarlo, travestirlo y por supuesto: engañarlo deliberada y conscientemente con otros hombres delante de él. Para la mirada de los demás, ella lo ha hechizado con sus encantos y abusa del enamoramiento que ese hombre siente por su dama fetiche, lo que lo vuelve absolutamente incapaz de reaccionar ante los evidentes ultrajes recibidos. Para él, ella es todo lo que desea y más también.

   Una de las tantas mitologías que navegan por los suburbios del sexo es la de la esposa insaciable que necesita siempre más hombres. Se la ha llamado cuckoldress. Mujer madura, o no tanto, (si es casada y con familia mejor) que ha decidido reventar muchas noches de su vida en un livin' la vida loca de sexo y placeres bajo la mirada de su esposo devenido en una mezcla polleruda de chofer y lacayo, ubicado en una posición deliberadamente oscura cuya única actividad parece limitarse a pagar sus gastos y caprichos sin reclamar jamás contraprestación alguna.

   Este tipo de vida suele levantar polvareda en los sitios de Internet que se especializan en temáticas BDSM. Se la cataloga de abuso, se la pone fuera de lo permitido, se la niega o se la subestima. Nótese la inexistencia de acciones físicas sobre el sumiso, las acciones que los sumisos suelen consensuar para que el dominante termine haciéndoles lo que ellos desean. Por el contrario, podríamos decir que la presencia física del sumiso es ignorada. Puñalada artera y letal para todos aquellos que han construido edificios teóricos para sustentar prácticas sexuales o sadomasoquistas entre complementarios cuyos cimientos son un cincuenta - cincuenta consensuado entre dominante y sumiso. Yo me dejo hacer esto pero vos me presentás con un collar y me hacés esto y esto otro. Por el contrario, la Dómina cuckoldress no necesita aprender técnicas de flagelación o castigo para satisfacer fantasías masoquistas sin cometer errores ni tampoco está sujeta a compromisos con sumiso alguno. Solamente se dedica a gozar la vida y a darse los gustos, sensual, egoísta y altaneramente.

   Alguna vez leí en una editorial de la revista fetichista Leg show una frase que me impactó por su poder de sintetizar algo muy complejo ...se trata del hombre arrastrado por una fuerza superior a él mismo y a su propio instinto de conservación. La editorialista, Dian Hanson, una experta en fetichismo y pornografía, se refería al deseo incontrolado que ese hombre sentía por una mujer que lo excitaba a punto tal que no le alcanzaba con desearla sexualmente. Ese hombre sentía la necesidad de entregarse de una forma total y sin reservas a causa del poder sexual que emanaba de ella y ante el cual se sentía absolutamente impotente pero a la vez, si ella lo consentía y aceptaba someterlo, su felicidad era total e incomparable frente a cualquier otra experiencia.

   Para muchos expertos en BDSM, dicha situación bordea los límites del abuso y la falta de respeto. Pero para otros, una minoría selecta y a menudo silenciosa, es la más sublime de las delicias, el anhelo fetichista más acariciado. Nosotras, las dominatrices esposas adúlteras somos las más grandes putas de la historia y no somos fantasía. Somos realidad, ellos lo saben y no se conformarán con ninguna otra.




jueves, 25 de agosto de 2022

Cornudito. Cuckolding gráfico argentino

   Buscar por Internet dibujantes eróticos a veces ofrece sorpresas. En El blog del loco Dao, propiedad de Miguel Dao, experto en historieta argentina, encontré este verdadero tesoro que hará las delicias de los fans argentinos del cornudismo, tecnicamente llamado en BDSM y Femdom como cuckolding

   Dice Miguel Dao: En los corrillos de coleccionistas de hace décadas se solía mencionar una revista de humor prácticamente inconseguible, que había anticipado en mucho la línea desenfadada de Satiricón. Si bien se sospechaba que Divito había tenido que ver con ella, su editor y dibujante del personaje que le daba título se refugiaba tras un seudónimo que nunca más apareció en otras publicaciones. Me estoy refiriendo a Cornudito, revista de humor fácil, firmada por Cricket. Se decía, además, que la revista se vendía poco menos que clandestinamente, debido a su contenido altamente escandaloso en materia sexual, y que había sido reiteradamente clausurada por distintos gobiernos, y vuelta a abrir una y otra vez. 

   La expresión de Cornudito cuando "descubre" a su esposa con su amante es tan genial como la originalidad de sus frases.  


























martes, 12 de abril de 2022

Fragonard y The Swing. Foot fetish y cuckolding de alto nivel.


   The Swing (El Columpio), pintado entre 1767 y 1769 por el francés Jean-Honoré Fragonard (1732-1806) es un símbolo del movimiento conocido como Rococó que se caracterizaba por el exceso en los adornos y el refinamiento. The Swing es una obra maestra que apenas cuenta 81 por 65 centímetros. Se visualiza a una coqueta joven que se balancea en un columpio entre dos hombres, en medio de un jardín verde y suntuoso. La composición puede parecer a primera vista una cursi escena de amor; sin embargo, observada a través del cristal del simbolismo que entraña, se adquiere una nueva perspectiva sobre la provocación que implica. Porque todo en The Swing es provocación fetichista, un fetichismo de alto nivel pictórico y cultural.





   Jean-Honoré Fragonard fue un prolífico artista cuyas obras se caracterizaron por representar la alegría y el espíritu hedonista propio de la corte versallesca francesa. Así fue como aceptó el pedido del barón Louis-Guillaume Baillet de Saint-Julien que quería un retrato de su amante y le pidió específicamente que la pintara empujada en un columpio mientras él miraba por debajo de su vestido. Es evidente que Fragonard no tuvo reparos en cumplir con el encargo del barón; la pintura desborda en un éxtasis erótico incomparable. La protagonista, ataviada con un pomposo vestido rosa, se balancea con aire despreocupado en un elegante columpio de almohadones rojos a través del follaje y hace volar su zapatilla por los aires, exhibiendo su pie desnudo y dejando que el caballero recostado a sus pies mire por debajo de su falda.

   A fines del siglo XVIII, los columpios en los jardines de las mansiones eran considerados una provocación propia de la decadencia moral de la época; un símbolo de sensualidad y coquetería femenina propio de cortesanas que seguramente estaba en la cabeza del barón al encargar la pintura. La interpretación de esta escena es que la joven es casada y es su marido cornudo quien empuja el columpio para que ella se exhiba ante su amante. Ella deliberadamente patea su zapatilla y deja que su admirador vea sus piernas porque está iniciando abiertamente un coqueteo adúltero con la complicidad de su marido. El amante muestra una expresión de arrebato, como si hubiese recibido una revelación, en este caso puramente terrenal. La muchacha le corresponde mirándolo fijamente. La zapatilla rosa vuela en dirección a una estatua de mármol alada que es Cupido, el dios romano del amor y el deseo, como si Fragonard quisiera confirmar que ese romance adúltero cuenta con la aprobación del amor pagano.





   La aparente contradicción en The Swing es que la zapatilla vuela dibujando el perfecto arco del pie de la chica que disfruta la situación de exhibirse pero él, en lugar de prestar atención al pie desnudo, la mira por debajo del vestido. Mientras tanto, detrás de la escena principal y en un claroscuro, como una perfecta analogía de lo que es el cuckolding, el marido sonríe con complicidad mientras al empujar el columpio, desencadena toda la situación; la zapatilla vuela y el vestido se levanta. Así, esta obra enmascara con los colores verde y rosa, asociados a la naturaleza y a la inocencia, unos gustos sensuales refinados que esconden una verdad de un poco más turbia. Voyeurismo, adulterio consentido y foot fetish envueltos en el ropaje rococó.




   Otro símbolo a tener en cuenta en The Swing es el pequeño perro que se encuentra en primer plano a la derecha. En las pinturas, el perro es tradicionalmente un motivo de fidelidad y aquí está ladrando en dirección a la dama coqueta, como buscando advertir a su dueño, quien empuja el columpio, pero él no lo oye o finge no oírlo. Un detalle técnico que ayuda a definir la situación de cada uno de los hombres es que el marido está en las sombras mientras que el amante está mucho más iluminado. La escena se completa con dos estatuas que se encuentran detrás del columpio y que miran hacia Cupido, quien levanta un dedo a sus labios para silenciarlos mientras el juego adúltero sigue su curso.

   El instante que retrata la obra es el momento del máximo balanceo del columpio que enseguida volverá hacia atrás, hacia el hombre de mayor edad, representando así un segundo de arrebatamiento erótico, tan voluptuoso y frágil como el Rococó mismo, en palabras de la historiadora de arte alemana Eva Gesine Baur.





   El adulterio consentido era una transgresión propia de las altas sociedades de la época y muy criticada por los religiosos que veían deteriorarse la moralidad a medida que se ascendía en la estructura jerárquica. Las damas que jugaban en los columpios encarnaban la cima de todas las lujurias posibles, tanto como las célebres cortesanas. Una relación cuckold en donde la mujer casada se divertía con un amante contando el consentimiento del marido no era algo inverosímil. Confieso sentirme muy representada por la chica del columpio (y por supuesto, a mi esclavo marido le fascina el personaje del cornudo que en las sombras sonríe mientras la empuja).

   El tiempo de los placeres del rococó finalizó con la Revolución Francesa, que condenó a todo el movimiento y a sus pintores como un símbolo decadente de la odiada realeza. Fragonard debió huir de París y su obra cayó en el olvido. Redescubierta con los años, The Swing es hoy considerada un símbolo del encantador romance frívolo e incluso se ha vuelto parte de la cultura pop pero pocos prestan atención al profundo sentimiento fetichista Femdom que subyace en su mensaje. The Swing se encuentra expuesto en un museo de Londres, la Wallace Collection, junto con una gran colección de arte de aquella época. Si están de paseo por allá, no se lo pierdan. La entrada es gratuita. 




domingo, 20 de marzo de 2022

Adulterio Femdom (parte V)

 




   Las sociedades educan a los hombres a través de múltiples procesos para que aspiren a una relación monógama con una mujer como una forma beneficiosa de convivencia para ambos, evitando las formas de sexualidad denominadas pervertidas. Pero al mismo tiempo, la naturaleza ha dotado al hombre de una carga lujuriosa de deseo sexual que supera varias veces a la femenina (siempre hay excepciones, claro) y que resulta difícil de sobrellevar durante toda la vida si la monogamia es la única opción permitida.

   Salir cada tanto de putas es una forma controlada con que muchos hombres soportan dicha carga y suele ser tolerada por muchas mujeres que lo saben y miran para otro lado mientras se evite la vergüenza de que se haga pública. Los servicios sexuales on line son cada vez más utilizados; en su inmensa mayoría por hombres. De tan natural que se considera, el sexo pago nunca será visto como una perversión a menos que las chicas sean menores de edad. La sociedad también lo admite en voz baja, o cada vez más alta; sobre todo cuando algún famoso es descubierto con los pantalones bajos, la chica se vuelve mediática, el mundo finge escandalizarse, luego él se muestra arrepentido, al final su esposa lo perdona y el circo de la hipocresía sigue rodando.

   Como alternativa a toda esta mentira institucionalizada, las relaciones abiertas (entre ellas, el clásico swinger) van de a poco ganando lugar: allí se pretende priorizar la sinceridad por sobre la moral monogámica convencional. Esta forma de sexo tiene mucha prensa, suena muy chic pero aún está a prueba de que pueda conformar un modelo de relación sostenida en el tiempo que compita con la monogamia.

   Existe además una tercera forma, más controvertida, casi subterránea de tan negada y prohibida, que un hombre encuentra para gozar del sexo durante todo el matrimonio y evitar la tan temida monotonía conyugal. Es casarse con una mujer promiscua que lo domine a través del adulterio. Una mujer que busque el sexo con una intensidad mayor a la de él y que no se conforme con la cama matrimonial. Esta fantasía sí que entra directamente en la categoría de lo perverso. Siempre fue y siempre será una perversión, con la peculiaridad sexista que la pervertida es ella y él parece ser la víctima de su perversión.

   Cuando ocurre que una forma de sexualidad como por ejemplo el adulterio femenino / cuernos consentidos es catalogada como pervertida? Por ejemplo, suele ocurrir que personas angustiadas por no aceptarse a sí mismas ni a su sexualidad van a confesarse a un diván de terapeuta. He conocido a crossdressers que han atravesado esta dolorosa experiencia. Cada tanto se publican libros o se dan conferencias que recopilan estas confesiones y se establece de forma más o menos general cuales son las tendencias sexuales que generan la angustia. Esas formas son denominadas perversiones. Son sexualidades alejadas de la norma, formas de relación que provocan daño a las personas que caen en las mismas. La otra forma común de saber qué es una perversión es cuando llega al nivel de la obsesión y genera conductas autodestructivas o criminales y entonces el sexo aparece como móvil en alguna investigación policial.

   La conclusión a la que yo llego es que nunca nos enteraremos de cuantos gozan con formas de sexo de las que se clasifican como perversas si lo viven en su intimidad, con felicidad, sin conflictos psicológicos ni generando conductas delictivas. Si su sexualidad pervertida es tan privada como la de aquellos que sólo practican el coito misionero en silencio y con la luz apagada, nunca sabremos qué hacen ni cómo lo hacen.

   Si hablamos de cuernos consentidos como una de las perversiones por excelencia, cuando la pervertida es una mujer como yo y la víctima cornuda es un hombre como mi esclavo esposo que lo disfruta en silencio, jamás se escribirán libros de sexualidad describiendo nuestras actividades enfermas ni tampoco seremos una pareja que aparezca en las noticias policiales. Lo vivimos felices y privadamente. Para comunicarnos, escribimos y sostenemos este blog con continuidad desde hace diez años como un testimonio de quienes somos y cuál es nuestro estilo de vida de dominación conyugal femenina. Mejor dicho, de felicidad conyugal, debido a que en nuestra pareja, la pervertida soy yo.






sábado, 30 de octubre de 2021

Adulterio Femdom (parte IV)

 




   En La Venus de las Pieles, la obra cumbre de la literatura Femdom, Leopold Sacher-Masoch pone en palabras de su protagonista Severin la idea de que poseer conjuntamente a una mujer con otros hombres es una aberración. Somos celosos como nuestro Dios, le dice Severin a Wanda, reforzando el carácter religioso del sentimiento posesivo monogámico. El nombre de la admirable Friné, la célebre cortesana griega, se ha convertido para nosotros en una injuria. Los hombres buscan para el amor a una pobre y pálida jovencita que sólo sea para ellos y no una Venus antigua, por muy hermosa que pueda ser.

   Severin termina la frase con una advertencia, que más que una advertencia parece una invitación a abandonar la moral cristiana y seguir por el camino del placer a una pagana y promiscua deidad femenina: Si la naturaleza triunfa en nosotros, si nos entregamos en un acceso de pasión a semejante mujer, su alegría de vivir nos parece satanismo, crueldad, y vemos en nuestra delicia un pecado que debemos expiar.

   Entre todas las prácticas de la dominación femenina, el adulterio femenino (técnicamente denominado cuckolding) no es una práctica más, como podría ser una azotaina o una adoración de botas. Es la perversión por excelencia porque en su raíz, en su esencia, late un tabú. El más básico de los instintos masculinos es mantener a su compañera lejos de las acechanzas sexuales de otros hombres. Cualquier biólogo evolucionista lo confirma: el macho de la especie mantiene a la hembra lejos de sus competidores porque así se asegura que las crías que protege provienen de sus propios genes. En el caso del macho humano, el celo suele ser posesivo cuanto más joven (y por lo tanto más fértil) es la hembra. Una postura de cuernos a esa edad puede redundar en la peor catástrofe posible para cualquier hombre. Un reflejo de ese tabú milenario y darwinista es la frase trillada pero aún efectiva que afirma que las mujeres con fama de ligeras siempre son deseadas para el sexo pero no para formar pareja. Las mamás siempre recomendaban No seas loca. Nada de sexo en la primera cita. Si nos hacíamos fama de fáciles, adiós matrimonio.

   No dudo que mucha gente continúa pensando así pero también existen muchos hombres que desafían la ancestral lógica de esos consejos, desean ardientemente casarse con mujeres sensuales y fantasean que les sean infieles. Su naturaleza no sigue los dictados de Darwin, sigue los de Wanda y Severin. Si la naturaleza triunfa en nosotros, si nos entregamos en un acceso de pasión a semejante mujer, su alegría de vivir nos parece satanismo, crueldad, y vemos en nuestra delicia un pecado que debemos expiar. Puede que después les vaya mal, se arrepientan y sientan que deben expiar el pecado pero eso es otro cantar. La frase de Sacher-Masoch es reveladora: el adulterio de ella es visualizado como una forma de alegría de vivir.

   El clímax del éxtasis para esta clase de hombre es lograr ver a su esposa gozar hasta el orgasmo con un macho más atractivo y mejor dotado que él. Algunos llevan el morbo hasta el detalle: se excitan imaginando que al lamer la vagina o el culo de su esposa, la preparan para el sexo mientras palpitan como ella calienta al stud con su talento de felatriz. Una típica interpretación freudiana dice que los hombres con estas fantasías de cornudos están expresando una faceta de homosexualidad reprimida frente a los amantes de su esposa o que son proxenetas potenciales que viéndola revolcarse con otros, se sienten en la posición de poder del chulo frente a la prostituta. Lejos de estas interpretaciones y buscando el placer primario del espectáculo, la legión de voyeuristas busca regodearse con el porno en vivo pero protagonizado por sus esposas. Nunca faltan las sissies que fantasean con mirar la acción feminizados por sus corneadoras; un caso especial son las que participan como las fluffers de las películas porno que hacen mamadas a los actores fuera de cámara para que lleguen bien armados a la acción. 

   Puede que en algunos casos se cumplan estas premisas, combinadas entre sí o con infinidad de otras, dada la riqueza de la sexualidad humana pero en todos se cumple que la fantasía pasa por tener de esposa a un putón sexy que se enganche en todas las fiestas.

   A mí me interesan en especial aquellos casos en los que la fantasía masculina del cornudo está relacionada con un tipo muy especial de sumisión. Un hombre con tendencias sumisas va a buscar siempre que su esposa sea su reina y sólo gozará con ella si logra que en el sexo se manifieste la asimetría del poder. Qué mejor que una forma de sexo en donde ella disponga de todas las libertades y él ninguna? Qué mejor que una forma de sexo en donde el poder de ella y el sometimiento de él sean explícitos para ambos y para quienes los observan? Sumisos tímidos, acostumbrados desde chicos a conformarse con ser mirones y a no llamar la atención de las chicas, suelen desarrollar de adultos un lado oculto exhibicionista y fantasean con casarse con mujeres del tipo escandaloso, que gusten de vestirse sexy, los sometan en la cama y sean promiscuas en el sexo. Siempre catalogados de enfermos o pervertidos, sospecho que esta clase de hombres son muchos más que los que la gente común piensa.

   Este conjunto de fetiches y fantasías relacionados con el adulterio femenino suele parecernos extraño a las mujeres que fuimos criadas en una cultura moralista en donde parecía que celarnos era una forma de querernos pero tiene su lógica para el mundo masculino si somos capaces de ver más allá del tabú darwiniano. Porque entre ellos, se sabe que cualquiera es capaz de satisfacer a una mosquita muerta pero muy pocos demuestran ser capaces de conquistar el amor de una Venus y ponerle el anillo. Ese es su mayor orgullo.







miércoles, 17 de marzo de 2021

Adulterio Femdom (parte III)

 



   

   El pilar básico de la organización de la sociedad es el derecho a la herencia. Así es como la sociedad organiza el drama de la muerte de sus individuos y la continuidad jurídica de sus sucesores. Todo este edificio social se apoya en una piedra fundamental: los padres reconocen a los hijos porque saben que son suyos.

   Quienes insisten en proponer una absoluta igualdad en las relaciones entre hombres y mujeres, olvidan o quieren olvidar que en lo más profundo de nuestra biología late el viejo poder del sexo procreador que nos recuerda que sólo nosotras las mujeres sabemos que nuestros hijos son realmente nuestros.
 
   El uso masivo de profilaxis y anticonceptivos no ha conseguido apagar la hoguera del ancestral temor masculino a la bastardía y el consecuente rechazo social que persigue a la mujer cuya conducta sexual genera sospechas. Un panorama demasiado tentador para que las maestras del morbo no incluyamos esta bomba explosiva en nuestro arsenal de armas sádicas. A su vez, la potencia de la explosión es demasiado violenta para que no excite a aquellos endiablados capitanes de la fantasía; me refiero por supuesto a los esposos sumisos fetichistas. Ellos han desarrollado con su fantasía de cornudos un capítulo aparte en el BDSM, quizás el más controvertido de todos, que está alejado de toda técnica de castigo, restricción o disciplina pero crece arraigado en uno de los más profundos mitos sexuales: el de la mujer casada y con hijos que a la vez se comporta como una devoradora de sexo que nunca tiene suficiente. Pobrecito, él está casado con una esposa puta. Para la sociedad que lo rechaza, su goce es un no – goce, es una carencia que predispone a compadecerlo por su evidente falta de autoestima.

   Una discoteca swinger que permite el sexo en sus reservados puede ser el escenario perfecto para que una esposa puta cometa sus crímenes de sexo y erotismo en forma semipública para goce de su marido cornudo y humillado sin arriesgarse en citas clandestinas. La vista de los demás es esencial para el placer de la práctica porque lo más desafiante y atractivo tanto para el cornudo como para ella, es el rechazo social que provoca el cuckolding. Un rechazo que abarca a las comunidades BDSM cuyas líneas de conducta suelen estar determinadas por los amos varones, siempre reacios a aceptar las experiencias que vienen del lado Femdom. También al ambiente swinger, casi siempre cerrado a todo lo que no sea el intercambio cruzado entre parejas hetero.

   No es mi intención promover el cuckolding como un ideal de relación sexual para parejas jóvenes. Cada mujer sabrá hasta donde llegar en el juego fantasioso. Me consta que mi esclavo marido y yo tenemos una relación mucho más profunda desde que nos aventuramos en ese territorio. Ellos no son nuestras víctimas. Son amantes embelesados por las artes eróticas de sus damas que los seducen desde su pornográfica forma de vivir el sexo. Ellas son las multiamantes multiorgásmicas y ellos son los elegidos para el verdadero amor. El placer físico es todo de ella pero él lo comparte desde su mirada cómplice. Nunca figura en los pensamientos de una esposa cuckoldress el humillar y herir a su marido delante de otros hombres. Por más que parezca lo contrario, la esposa adúltera y su cornudo son muy felices justamente porque así han construido su relación y su vida sexual. Detrás de la fiesta del libre sexo recreativo por parte de la mujer casada, se esconde una personalísima forma de relacionarse en pareja estimulando el diálogo y el autoconocimiento.

   El cuckolding no es humillación. Es otra forma de amor. Es amor adúltero.

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Adulterio Femdom (parte I)




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Adulterio Femdom (parte II)

  



Es una cosa maravillosa encontrar en la propia y honesta mujer las delicias sensuales que generalmente se encuentran sólo con libertinas o con prostitutas.

Leopoldo Sacher Masoch


Renuncia a esa estúpida pequeño-burguesa idea, poco valiosa en ti, que es malo traicionar a tu esposo y tener otros amantes cuando tengas ese deseo.

Leopoldo Sacher Masoch


   En el adulterio Femdom, todas las definiciones nos hablan de una naturaleza salvaje en donde la hembra busca el macho más potente y mejor dotado para aparearse con él. Los amantes se llaman studs (padrillos, potros sementales) o bulls (toros) mientras que el marido cornudo es el cuckold, la denominación inglesa para una especie de ave que suele criar en su nido a hijos que no son propios. Las definiciones no son para nada técnicas: nos golpean de lleno en lo animalesco, en lo primitivo y nos remontan al milenario temor del macho humano a ser engañado por la hembra que encuentra el placer sexual en un competidor.


   En la alternativa opuesta al cuckolding, el adulterio del hombre es consentido por una esposa sumisa que se llama cuckquean. Su escasa relevancia pone en evidencia que la raíz del juego del adulterio reside en un tabú que en el caso de las cuckqueans no existe. No hay tabú y no puede haberlo cuando las esposas han consentido a las amantes de sus maridos durante siglos y cuando solamente las mujeres podemos asegurar que el hijo que parimos es nuestro.


   El cuckolding se caracteriza por la actitud sumisa del marido ante los deseos de su esposa antes, durante y después del acto sexual adúltero. Cuckolding no es poliamor, swinging o pareja abierta, todas formas de sexo no monogámico en donde los integrantes de la pareja coordinan su vida sexual desde un plano de igualdad. Hay un componente de humillación en el cuckolding: debe existir un carácter sometedor por parte de la mujer casada y en ese sometimiento viven y prosperan las sensaciones de placer. Esa humillación no suele ser tal en la realidad; es más bien una sensación vista desde el afuera porque todos los maridos cuckolds que conocí (empezando por el mío) están orgullosos y felices de su condición. Ellos aman a sus tigresas, las acompañan en sus correrías y están siempre listos a brindarle todo lo necesario para que ella disfrute libremente de todos los amantes que desee tener.


   A nivel fantasioso, el cuckolding suele emparentarse con la sissificación. Para un marido cornudo, el ser obligado a presenciar el coito del stud con su esposa mientras está vestido de mujer, refuerza la humillación y la destrucción de su imagen viril. De la misma forma, el uso de dispositivos de castidad masculinos que extienden el celibato del marido, explotan al máximo el desprecio por su aptitud para el coito.


    En mi caso, disfruto con mi marido sumiso de la sissificación pero solamente en la intimidad. No mezclo cuckolding con sissificación. En mis prioridades de esposa cuckoldress, él debe cumplir una función práctica como custodio, sirviente y chofer porque para eso lo necesito. Tampoco me interesa ponerlo en castidad pues jamás me privaría del sexo amoroso que él me brinda. El único ritual que exijo luego de un encuentro es una larga sesión de sexo oral para que él sienta con su lengua el aroma del condón que usó el stud.








   Estas son mis definiciones de lo que es y no es el adulterio Femdom. No son definiciones redactadas desde un punto de vista moral, al estilo de los clásicos decálogos del BDSM (El Amo debe velar por la integridad de la sumisa y blah, blah, blah) sino que son consideraciones prácticas, basadas en años de experiencia, que entiendo que deben cumplirse para que el cuckolding conserve el sabor de lo transgresor, su conciencia de tabú milenario y su esencia sexista. 

 

  • Cuckoldress y cuckold deben tener una relación estable y sólida ante la sociedad. Si incluye matrimonio formalizado e hijos en común, mejor.
  • La cuckoldress debe alardear frente al cuckold de sus encuentros con los studs y debe hacerlo partícipe de cómo se viste y se maquilla lo más sexy posible para atraer studs.
  • El stud debe ser más atractivo sexualmente que el cuckold, tanto por su físico como por el tamaño de su pene.
  • La cuckoldress debe dominar al cuckold mediante el adulterio. El adulterio Femdom es una técnica de sometimiento del hombre porque resalta el poder sexual de la mujer. El cuckold debe ser sumiso y sostener la actitud inherente a ese rol. No es un wifewatcher o un swinger.
  • No es recomendable que la cuckoldress tenga un stud fijo. Los roles pueden llegar a confundirse.
  • La cuckoldress puede o no humillar verbal o físicamente al cuckold durante el coito con el stud. 
  • El cuckold puede o no estar sissificado por la cuckoldress como mecanismo de humillación o para reforzar el rol masculino del stud.
  • El cuckold puede o no estar sometido a períodos de celibato y castidad como parte de los mecanismos de humillación.
  • Esté o no sissificado, el cuckold puede o no darle sexo oral al stud para facilitarle la erección. Pero la penetración es privilegio de la cuckoldress por más que el cuckold también desee ser cogido por el stud. El stud sólo sirve a la cuckoldress.


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miércoles, 30 de enero de 2013

Adulterio Femdom (parte I)





   Con mi dominado marido solemos tener largas discusiones acerca de la sumisión masculina. Siempre me ha resultado fascinante por lo contradictoria, la intensidad con que tantos hombres fantasean con ser sometidos por una mujer altamente sexuada pero a la vez, pretenden arreglar a esa mujer de acuerdo a sus propios gustos (como si fuera posible). No me cabe duda que existen algunos hombres que son sumisos puros, es decir, varones que desean entregar el poder (con límites o no) a una mujer porque disfrutan de esa cualidad sumisa de su personalidad que es tan propia de ellos como su estatura o las dimensiones de su pene. O suele suceder, como el caso de mi sumiso marido, que yo soy su Ama porque soy su fantasía de toda la vida. Así es más fácil. 

   La práctica del cuckolding (el adulterio de la esposa consentido por el marido) por definición pone a la mujer en un lugar central, en donde su goce sexual es la única variable a tener en cuenta. El hombre disfruta de la puesta de cuernos a un costado, como invisible, fuera de los focos o detrás de los cortinados, siempre atento a que todo marche bien. Pero siempre o caso siempre, él ha estado involcrado desde el principio y lo que ella hace es en gran parte su fantasía.

   Para que el cuckolding marche bien, debe haber pareja constituida en donde la mujer goce de una libertad sexual absoluta. Y si está constituida bajo la órbita de la sociedad convencional, el morbo es mucho mayor. Cuando lo que se le propone a una mujer es justamente un universo de placeres sensuales sobre los cuales ella reinará como señora soberana, cuesta decir que no. Claro que a veces, ellos, en el apuro por concretar su calentura, no toman en cuenta que no todas las mujeres tienen la madera para crecer y desarrollarse para ser las reinas fetichistas de su fantasía de cornudo. El más diestro artesano no podrá hacer gran cosa sin la materia prima correcta. Un gran orfebre no puede obtener demasiado brillo si se dedica a pulir un diamante falso. 

   Es que sólo a partir de la aceptación de la mujer de que su condición de Ama nace de su propio poder y no de una construcción ajena, es que puede nacer y desarrollarse una pareja con sexualidad Femdom. Nunca al revés. La sexualidad femdom no es ni podrá ser jamás una construcción masculina. La decisión fundamental llega cuando la mujer entiende y se hace carne en ella de que ese placer que el hombre le propone e imagina inmenso para ambos va a ser la piedra fundamental de su vida sexual y no es un accesorio más.

   Esa construcción sexual que él nos tiene preparada y que nosotras perfeccionamos cuando la hacemos nuestra, tiene muchísimo de verdadero y romántico amor. Seguramente no es el la expresión de amor que nos enseñaron a valorar desde chicas pero es mucho más sincero y visceral. Ellos nos imaginan gozando de todas las formas posibles, sin límites ni contraprestaciones, dándonos todos los gustos. Si esto no es amor, no sé que es.

   Una verdad de esas que duelen reza los hombres sólo se muestran como son cuando van con una puta. Es que solamente el dinero puesto en la mesita de luz empareja la situación de mostrarse tal cual son, con sus fantasías y debilidades. Y somos Nosotras, las Señoras Adúlteras, las más grandes putas de la historia, las que nos apropiamos de todos los secretos del sexo, las exquisitas amantes que sabemos recorrer los más íntimos recovecos de las fantasías, las que sabemos usar como nadie las armas de la seducción y el poder. Somos Nosotras las que terminamos de romper de una vez todas sus cadenas para hacerlos libres y que ellos puedan mostrarse como realmente quieren ser. 




lunes, 3 de septiembre de 2012

Goces de Tigresa Blanca. Una visión mística del adulterio femenino


   El taoísmo, antigua doctrina religiosa china fundada por Lao - Tsé, se centra en la noción de Tao, palabra que significa camino, principio productor del universo. El Tao posee una naturaleza propia originaria llamada Te, que representa la armonía entre las facultades humanas, la vitalidad del cuerpo y las relaciones armoniosas con todos los seres y con todas las cosas. El Tao con su Te conduce al hombre a recorrer el camino apropiado. Esta concepción permite entender al hombre y al mundo como una unión que debe funcionar armoniosamente: si se obedecen las leyes naturales de manera apropiada, se logra una relación armónica que se revela internamente como salud y vitalidad.

   Las Tigresas Blancas son un grupo de mujeres taoístas cuyo objetivo en la vida es restaurar su juventud y conseguir la inmortalidad espiritual. Creen que este objetivo sólo se puede conseguir a través del sexo. Para el taoísmo, el sexo es la energía más poderosa y es posible aprender a utilizar esa energía para que resulte beneficiosa. El secretismo que envuelve esta sociedad mítica de mujeres es extremo y por eso hasta hace muy poco sabíamos muy poco de ellas.

   Hsi Lai es un escritor que ha estudiado en detalle muchos aspectos de la filosofía taoísta. Es el autor de Enseñanzas sexuales de la Tigresa Blanca, un libro en el cual devela algunos secretos que han sido mantenidos en el misterio durante siglos. En los años ochenta, Hsi Lai tomó contacto en Taipei con Madame Lin, una matriarca de uno de los tantos linajes de Tigresas Blancas, ganó su confianza y pudo dedicarse al estudio de la ideología y las prácticas de las maestras taoístas. Las enseñanzas contenidas en un singular Manual de la Tigresa Blanca (propiedad de Madame Lin y escrito en 1748 aunque se sabe que está basado en otros anteriores que se remontan hasta los tres mil años de antiguedad) contienen explicaciones sobre cómo una mujer puede absorber la energía sexual masculina, intensificar el orgasmo, recuperar la belleza, recobrar la energía de la juventud e infundir vida a los órganos sexuales. En palabras de la propia Madame Lin, que prologa el libro de Hsi Lai La energía sexual es el trampolín que nos proyecta hacia un estado de vida repleto de juventud y espiritualidad.

Mediante el coito, la mujer concibe un hijo carnal.
Mediante el sexo oral, vuelve a engendrar las tendencias de su niñez.

   Lo que este verso dice es que mediante felaciones, una mujer puede recuperar y revivir su juventud. Por esta razón, la Tigresa Blanca es básicamente una felatriz. O sea, dicho en palabras de un blog español Por muy chocante que nos resulte en Occidente, estas maestras de la espiritualidad oriental, en vez de orar con el rosario en la mano lo hacen con la polla en la boca. Para la Tigresa Blanca, el proceso de rejuvenecimiento avanza cuando el monte de Venus queda casi sin vello, la cintura se le afina (se le llama Cintura de Sauce), los labios se vuelven rojos y la cabellera negra, larga y lisa. Además, las Tigresas suelen llevar uñas largas y pintadas de rojo. La Tigresa Blanca es una mujer universalmente considerada joven y atractiva por los hombres que elije como posibles candidatos para que le entreguen la energía sexual que esta vampiresa oriental necesita, eyaculando en su rostro y en sus senos.

El Dragón, al agazaparse la Tigresa ante él
se siente arrastrado hacia su boca
El Loto Rojo de la Tigresa se apodera
de la preciosa perla del Dragón
y ella se escapa de un brinco
llevándose su presa

   La única función de los hombres denominados Dragones Verdes es aportarle a la Tigresa su semen y con él, su energía sexual, su chi. El Loto Rojo es la lengua de la Tigresa, que ella usa para lamerlo y chuparlo, excitándolo hasta la eyaculación. Previamente, lo seduce y excita mostrándose como una joven atractiva y deseosa de relaciones orales furtivas. El hombre ideal para ser Dragón Verde es aquel capaz de eyacular semen blanco y espeso. Según las antiguas tradiciones, ella lo seduce y le practica felaciones sin dejarlo marcharse hasta lograr tres orgasmos sucesivos en una sola sesión. Sólo se le permite a la Tigresa mantener nueve de estas sesiones para evitar que el Dragón se apegue demasiado a ella y comience a desear realizar coitos en lugar de felaciones. Pasadas seis semanas, si él se comporta bien, se podrá reiniciar otro ciclo de nueve encuentros. Así se evita que el Dragón Verde quede demasiado apegado a la Tigresa, se le permite recuperar su energía sexual y a la vez, se busca que extrañe los placeres que recibe de ella.

   Aunque el hombre no sepa que está siendo utilizado como Dragón Verde, hay algunas reglas generales que la Tigresa le hace cumplir.

La Tigresa rechazará a todo Dragón Verde que exija en forma agresiva concretar coitos.
La Tigresa rechazará a todo Dragón Verde que insista es quedarse con la Tigresa o querer iniciar una relación con ella o que se queje que otro hombre la está observando o está presente.
La Tigresa rechaza a todo candidato a Dragón Verde que sea bebedor o consuma drogas.

Para que la Tigresa ruja, debe remontar el vuelo con el Dragón
Cuando la esencia del Dragón cae sobre la Tigresa
se convierte en jade
Entonces ella se vuelve indestructible
y puede deambular a voluntad por la morada celestial

   Desde tiempos remotos, los chinos han considerado que el jade es el semen de los dragones que cae a la tierra y se coagula. El jade verde oscuro simboliza la longevidad. En el caso de la hembra (la Tigresa y la Tierra), el semen del macho (el Dragón, el Cielo) debe coagular sobre ella para producir el elixir del jade, que garantiza salud y longevidad.

   El Dragón de Jade es el compañero de la Tigresa durante los años de prácticas. Ella busca siempre su contacto y su encuentro para asegurarse protección física, seguridad económica y apoyo emocional. Ella siempre le recuerda que es a él a quien ama y no a los Dragones Verdes. El Dragón de Jade es un sumiso privilegiado porque en la intimidad goza de una amante perfecta en toda clase de técnicas sexuales y disfruta de los intensos placeres voyeuristas que le brindan los encuentros entre su Tigresa y los Dragones Verdes. El Dragón de Jade no puede masturbarse ya que también debe conservar su energía para contribuir al poder que su Tigresa va ganando.

   Hasta aquí, una muy breve semblanza de lo que Hsi Lai nos cuenta. La China milenaria taoísta, lejana y exótica. Prácticas sexuales y espirituales fuera de todo contexto social occidental. Pero a medida que con mi marido sumiso íbamos leyendo el libro, nos resultaba cada vez más sorprendente la similitud entre las formas de actuar de las Tigresas con los Dragones Verdes y el Dragón de Jade y la forma en que yo manejo a mi marido cornudo y al resto de mis amantes. Mi forma de dominar, tan entroncada en el vampirismo sexual tiene muchos puntos en contacto con las propuestas de estas exóticas damas, si bien las enseñanzas de la Tigresa abarcan una completa filosofía de vida y el estudio sistemático de varias disciplinas.

   Cuando sólo por mi propio placer hedonista, provoco y seduzco a varios varones en sesiones de bukkake que finalizan en eyaculaciones sobre mi piel, me siento libre y energizada además de erotizada. Pero con ellos, la relación no avanza más allá del encuentro sexual, ellos me entregan su tributo seminal sin otra pretensión que la de complacerme, disfrutando de un momento único con una mujer felina, dominante y dispuesta a vampirizarlos. No son solo sesiones de sexo oral por mutuo placer, yo siempre siento que existe un poder y una energía que fluye y que me diferencia de mis eventuales compañeras de aventuras, la mayoría de las cuales mantienen una actitud pasiva, de adoración fálica, tan típica de la mujer occidental.

   Para las enseñanzas de la Tigresa Blanca, es muy importante que los hombres se liberen de los celos y de su tradicional actitud posesiva porque lo que mejor resultado le da al hombre es depender exclusivamente de la sexualidad de una mujer altamente erotizada y no de la suya propia. De allí que un Dragón de Jade sólo mantiene relaciones sexuales con su Tigresa, en contraposición absoluta al promiscuo comportamiento sexual de ella. En mi caso, mi marido cumple fielmente su rol de Dragón de Jade. El sabe la clase singular de esposa adúltera, de Tigresa, que lleva del brazo a una sesión de sexo. Disfruta inmensamente de la excitación voyeurista y me brinda la protección y la compañía que me hace sentir segura. Siempre recurro a él para los goces íntimos, profundos, verdaderos.

   Tigresas y dragones, cielo y tierra, ying y yang. Hombres que sirven sexualmente a mujeres seductoras que adquieren poder rompiendo tabúes monogámicos, acompañadas y protegidas por compañeros sumisos. Las enseñanzas de la Tigresa Blanca, aunque sean aplicadas parcialmente, son otro collar de gemas, quizás las más exóticas, en el sensual joyero de la señora adúltera.


Fuente: Hsi Lai Enseñanzas sexuales de la Tigresa Blanca.

(Los párrafos en verso corresponden a citas del Manual de la Tigresa Blanca)



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