Mostrando entradas con la etiqueta Sardax. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sardax. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de diciembre de 2017

Asumir el poder






   Hace un par de años, concurrí a una fiesta BDSM en Buenos Aires en donde una sumisa, preciosamente trajeada en su uniforme de mucamita, ofrecía con una bandeja algunos bocados y tragos a los participantes. La combinación de un piso irregular con una iluminación escasa es la mejor receta para accidentes que arruinen cualquier pretensión de femineidad glam. En un momento dado, muy cerca de donde yo estaba, la chica tropezó y todo lo que llevaba en la bandeja terminó en el suelo.

   En ese momento, los roles desaparecieron. La rodeamos y le dijimos que no importaba, que no se preocupe. Ella se disculpó lo mejor que pudo, dejó la bandeja a un lado y se agachó para limpiar y juntar lo que había caído. Pero mi marido esclavo y otro sumiso que estaba a su lado se lo impidieron. Limpiamos nosotros que para eso estamos, fue la frase de mi esclavo. Así ocurrió. Al ver que ella insistía en colaborar, tuve que intervenir para detenerla. No te preocupes princesa. Ellos están siempre disponibles para todo lo que sea limpieza y servicio.

   A veces, un episodio inesperado sirve como la anécdota perfecta para ejemplificar de qué estamos hablando cuando hacemos referencia al morboso placer antiigualitario que genera la estricta división de roles en el BDSM. La chica de la bandeja estaba claramente sirviendo en el rol de sumisa pero en mi presencia y ante una situación de necesidad, los esclavos varones debieron ponerse a su servicio de inmediato. Y lo hicieron disfrutando de su esclavizada situación. Ellos son hombres y saben que primero están las Mujeres. Así funcionan los estamentos cuando están claramente diferenciados y determinados por una deliciosa arbitrariedad biológica. Sexismo puro y duro. Ginarquía.

   Pero a veces las diferencias no pueden establecerse tan claramente. En una fiesta de temática BDSM, casi siempre es posible apartarse del ruido ambiente y encontrar un rincón en donde fluya la armonía de la desigualdad Femdom. Pero las discos swinger de Buenos Aires son diferentes. Pese a que se manejan otros códigos, me gusta establecer estándares de dominación entre hombres y mujeres que no están habituados a convivir con la dominación femenina y así ver hasta donde puedo llegar en mi propósito. Muchas veces fracaso en el intento por someter pero las ocasiones en que tengo éxito pagan de sobra por las malas noches.

   Cuando puedo armar en un reservado swinger alguna sesión colectiva – espontánea que incluye a hombres y travestis, me gusta disponer las cosas de manera tal que ellas gocen de alguna autoridad sobre ellos. Si tuvieron el valor de asumirse y de montarse como señoritas putas para vivir su noche, quiero que den el paso siguiente y asuman el poder que es propio de toda mujer seductora, sin importar que sean bellas o no o que cosa tengan en la entrepierna. Puede ser mediante el juego verbal o las posturas sexuales pero siempre busco que las mujeres seamos las reinas, las travestis las princesas y los hombres los caballeros al servicio de todas. Tristemente estoy acostumbrada a que sean las mujeres biológicas las menos dispuestas a jugar el juego y a asumir el poder inherente a su condición femenina. Se les nota demasiado a muchas de ellas que no están ahí por fantasía o placer sino porque han aceptado mansamente ser moneda de intercambio entre hombres.

   Maquiavelo sostenía que la existencia del poder no requiere legitimaciones éticas. Si existe un poder, ese poder se legitima a sí mismo por su propia existencia. Las mujeres con poder sexual no necesitamos de la proclamación de ningún derecho que nos avale ni la construcción de artefactos dialécticos que nos justifiquen. Somos mujeres, somos deseadas y debemos hacerlo valer. Asumamos el poder que nos corresponde, hagámoslo por nosotras y también por ellos, que son tan felices cuando llevan a una Queen a su lado, incluso cuando deben arrodillarse para limpiar.








miércoles, 18 de octubre de 2017

Delicias de Sodoma





   El uso del catsuit por parte de las Dóminas no sólo aporta una deliciosa imagen fetichista que recuerda a las superheroínas de comics. Tiene un significado oculto, una connotación social escondida. El catsuit estiliza la figura femenina y permite toda clase de libertad de movimientos pero además les impide a los hombres concretar el coito.

   El poder en el sexo es el gran tema alrededor del cual gira todo el BDSM y la penetración peneana no puede ser separada culturalmente de lo que significa como herramienta histórica de sometimiento y poder. Si la penetración es un acto patriarcal mediante el cual la mujer es dominada por el sexo, el catsuit, al impedirlo, refuerza la imagen de poder femenino y de independencia frente a los deseos del hombre.

   El juego simbólico se vuelve mucho más explícito si la mujer no sólo está cerrada en su entrepierna sino que porta un amenazante falo plástico. Ella te anuncia que no sólo no va a someterse al mandato histórico sino que va a invertirlo. Por las buenas o por las malas. Lo que sigue no es sólo una sesión de adoración fetichista. Con esa mujer, la sumisión va a ser mucho más profunda, va a ir mucho más adentro….

   Del otro lado del dildo, la excitación del hombre sumiso al ser sodomizado por una dominatriz es más que el deseo de sentirse físicamente sometido, carnalmente entregado. La sodomía es una acción BDSM sobrecargada de simbolismos. Todo acto de sodomía arrastra consigo una perspectiva histórica de milenios, un correlato de violencia ritualizada que se remonta a los tiempos bíblicos. No sólo entre individuos sino entre los pueblos, la mitología hace del sodomizador un vencedor y del sodomizado un vencido, degradado hasta la derrota total. Les ganamos, les rompimos bien el culo.

   Esta noche te voy a romper el culo. Es que el culo se rompe, debe romperse, para acceder al goce sodomita. El culo del sumiso debe ser en parte entregado por él y en parte violado por ella. Las mujeres hijas de Sodoma que gozamos por la puerta de atrás no somos tan conscientes del enorme alcance de ese juego simbólico. Como lo conté en esta columna tiempo atrás, gozamos por el culo, nos gozan por el culo y ahí termina la cosa. En cambio, cuando el esclavo se entrega ante el poder fálico de la Mistress, lo que está gozando no es sólo el placer físico sino su propia rendición, su vicio antisocial y prohibido.

   Como en ninguna otra experiencia, la sodomización del esclavo carga consigo con ese componente tribal y primitivo de sometimiento violento, de rendición, de derrota incondicional. Para la mujer fálica, es imposible apartarse del simbolismo de la histórica revancha de género. El hombre sodomizado puede sentir que retorna a una edad de oro de su vida, cuando era un ser absolutamente vulnerable y estaba bajo el control y el poder de una mujer. Esa vulnerabilidad es la que lo hace sentirse profundamente querido y amado mientras ella avanza centímetro a centímetro, deeper and deeper....

   Si la mujer arriba en el coito convencional, cabalgando al hombre, es un signo histórico de poder femenino y ha hecho correr ríos de tinta en el feminismo, cuantos más simbolismos palpitan y laten en un culo sodomita? Ahí vuelve a hacerse valer con todo su poder erótico el viejo y querido verbo coger. Porque en la sodomía no vale el eufemismo tan políticamente correcto de tener sexo. Cuando una mujer fálica sodomiza a su esclavo, no quedan dudas de que alguien coge y alguien es cogido.










jueves, 29 de septiembre de 2016

Derechos y consensos en BDSM





   En los sitios de Internet y las comunidades BDSM, nunca falta un grupito de hombres que dicen ser dominantes y se consideran investidos de una misión: impartir enseñanzas. Uno de los temas que más suele preocuparles es la aparente vulnerabilidad de los sumisos en las relaciones de dominación y sumisión. Esta gente dominante supone que del otro lado, del lado sumiso, hay sólo observadores ingenuos que deben ser educados y advertidos de los riesgos que están corriendo.

   La doctrina oficial del BDSM que suelen enarbolar como bandera afirma que dominar implica un ejercicio responsable por parte del dominante de un poder cedido por la parte dominada. No existe un poder propio del dominante; el dominante sólo puede ejercer el poder que el sumiso le ha concedido, de forma voluntaria y consciente. Así es como la parte sumisa conserva la potestad de permitir sólo lo que le agrada.

   El punto débil de la doctrina oficial es que nadie ignora que existen personas dueñas de un poder seductor que son capaces de ejercer una fuerte atracción sexual sobre otras. A diferencia del anterior, este poder no es consensuado pues el seducido no tiene argumentos para consensuar sobre la seducción de la que es objeto. Si el seducido es un hombre por una mujer, dichas mujeres suelen ser catalogadas como minas lindas, mujeres bellas, minones que están muy fuertes, diosas, gatos, etc.Toda la vasta mitología que endiosa a la femme fatale en la literatura, en el cine y en la música tiene su punto de apoyo en el innegable poder erótico que emana de muchas mujeres, una letal combinación de belleza, desprejuicio y sex appeal, que su dueña lleva consigo dondequiera que va, ejerciéndolo de la forma en que se le antoja.

   El ejercicio de un poder así, desde su naturaleza arbitraria y sádica, suele ser etiquetado peyorativamente como manipulación. Con la excusa de que el sumiso debe ser protegido de eventuales abusos de las susodichas minones (parece que son tontitos que no se dan cuenta en donde se están metiendo), todo ejercicio de dominación femenina que no esté pautado bajo reglas de consenso es considerado por el grupito de maestros del BDSM como manipulación y está asociado al abuso. Si no hay consenso es abuso, repiten una y otra vez, como papagayos bien entrenados.

   Muchas mujeres dominantes consideramos que avasallar y someter son los aderezos sádicos sin los cuales la dominación perdería lo más delicioso de su sabor. También usamos Internet a nuestro antojo sin aceptar moderaciones ni reglas, proclamando nuestra convicción de que así es como nos gusta. Esto último les resulta especialmente desagradable al grupito de maestros y no me extraña pues lo que siempre ha resultado insoportable en Sade no es la descripción morbosa de las torturas y las orgías sino la explícita reivindicación de una ética del mal.

   Los sumisos varones manipulados o simplemente seducidos no están obligados a caer bajo los encantos de las mujeres Dommes. Son adultos y conocen los riesgos que corren. Nadie los obliga a jugar pero si quieren hacerlo, Nosotras establecemos las reglas. Tu juego como sumiso o sumisa puede empezar sólo cuando entendés que perdiste todos tus derechos menos el de retirarte. Creo que no hace falta aclarar que si decidiste retirarte, será muy difícil que puedas volver a entrar. Te quedará como consuelo intentar suerte con alguna de las amas que aceptan las pautas y las reglas inventadas por los amos del consenso.




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Adulterio Femdom (parte II)

  



Es una cosa maravillosa encontrar en la propia y honesta mujer las delicias sensuales que generalmente se encuentran sólo con libertinas o con prostitutas.

Leopoldo Sacher Masoch


Renuncia a esa estúpida pequeño-burguesa idea, poco valiosa en ti, que es malo traicionar a tu esposo y tener otros amantes cuando tengas ese deseo.

Leopoldo Sacher Masoch


   En el adulterio Femdom, todas las definiciones nos hablan de una naturaleza salvaje en donde la hembra busca el macho más potente y mejor dotado para aparearse con él. Los amantes se llaman studs (padrillos, potros sementales) o bulls (toros) mientras que el marido cornudo es el cuckold, la denominación inglesa para una especie de ave que suele criar en su nido a hijos que no son propios. Las definiciones no son para nada técnicas: nos golpean de lleno en lo animalesco, en lo primitivo y nos remontan al milenario temor del macho humano a ser engañado por la hembra que encuentra el placer sexual en un competidor.


   En la alternativa opuesta al cuckolding, el adulterio del hombre es consentido por una esposa sumisa que se llama cuckquean. Su escasa relevancia pone en evidencia que la raíz del juego del adulterio reside en un tabú que en el caso de las cuckqueans no existe. No hay tabú y no puede haberlo cuando las esposas han consentido a las amantes de sus maridos durante siglos y cuando solamente las mujeres podemos asegurar que el hijo que parimos es nuestro.


   El cuckolding se caracteriza por la actitud sumisa del marido ante los deseos de su esposa antes, durante y después del acto sexual adúltero. Cuckolding no es poliamor, swinging o pareja abierta, todas formas de sexo no monogámico en donde los integrantes de la pareja coordinan su vida sexual desde un plano de igualdad. Hay un componente de humillación en el cuckolding: debe existir un carácter sometedor por parte de la mujer casada y en ese sometimiento viven y prosperan las sensaciones de placer. Esa humillación no suele ser tal en la realidad; es más bien una sensación vista desde el afuera porque todos los maridos cuckolds que conocí (empezando por el mío) están orgullosos y felices de su condición. Ellos aman a sus tigresas, las acompañan en sus correrías y están siempre listos a brindarle todo lo necesario para que ella disfrute libremente de todos los amantes que desee tener.


   A nivel fantasioso, el cuckolding suele emparentarse con la sissificación. Para un marido cornudo, el ser obligado a presenciar el coito del stud con su esposa mientras está vestido de mujer, refuerza la humillación y la destrucción de su imagen viril. De la misma forma, el uso de dispositivos de castidad masculinos que extienden el celibato del marido, explotan al máximo el desprecio por su aptitud para el coito.


    En mi caso, disfruto con mi marido sumiso de la sissificación pero solamente en la intimidad. No mezclo cuckolding con sissificación. En mis prioridades de esposa cuckoldress, él debe cumplir una función práctica como custodio, sirviente y chofer porque para eso lo necesito. Tampoco me interesa ponerlo en castidad pues jamás me privaría del sexo amoroso que él me brinda. El único ritual que exijo luego de un encuentro es una larga sesión de sexo oral para que él sienta con su lengua el aroma del condón que usó el stud.








   Estas son mis definiciones de lo que es y no es el adulterio Femdom. No son definiciones redactadas desde un punto de vista moral, al estilo de los clásicos decálogos del BDSM (El Amo debe velar por la integridad de la sumisa y blah, blah, blah) sino que son consideraciones prácticas, basadas en años de experiencia, que entiendo que deben cumplirse para que el cuckolding conserve el sabor de lo transgresor, su conciencia de tabú milenario y su esencia sexista. 

 

  • Cuckoldress y cuckold deben tener una relación estable y sólida ante la sociedad. Si incluye matrimonio formalizado e hijos en común, mejor.
  • La cuckoldress debe alardear frente al cuckold de sus encuentros con los studs y debe hacerlo partícipe de cómo se viste y se maquilla lo más sexy posible para atraer studs.
  • El stud debe ser más atractivo sexualmente que el cuckold, tanto por su físico como por el tamaño de su pene.
  • La cuckoldress debe dominar al cuckold mediante el adulterio. El adulterio Femdom es una técnica de sometimiento del hombre porque resalta el poder sexual de la mujer. El cuckold debe ser sumiso y sostener la actitud inherente a ese rol. No es un wifewatcher o un swinger.
  • No es recomendable que la cuckoldress tenga un stud fijo. Los roles pueden llegar a confundirse.
  • La cuckoldress puede o no humillar verbal o físicamente al cuckold durante el coito con el stud. 
  • El cuckold puede o no estar sissificado por la cuckoldress como mecanismo de humillación o para reforzar el rol masculino del stud.
  • El cuckold puede o no estar sometido a períodos de celibato y castidad como parte de los mecanismos de humillación.
  • Esté o no sissificado, el cuckold puede o no darle sexo oral al stud para facilitarle la erección. Pero la penetración es privilegio de la cuckoldress por más que el cuckold también desee ser cogido por el stud. El stud sólo sirve a la cuckoldress.


Entradas relacionadas.
Adulterio Femdom (parte I)





jueves, 18 de julio de 2013

La importancia de las ficciones (parte I)



    Durante una conferencia que brindó en Cartagena de Indias, Mario Vargas Llosa describió así al personaje de Emma Bovary, la protagonista de la gran novela de Gustave Flaubert. Ella quiere que la vida sea pasiones extraordinarias que hacen vivir grandes aventuras, que la vida sea el placer de la elegancia, del derroche, de la sensualidad; el placer del exceso sentimental, de la pasión, y eso es lo que quiere materializar con las cosas que hace. ¿Y qué encuentra a su alrededor? Mediocres, pobres diablos incapaces de vivir a la altura de la sensibilidad, de la imaginación educada en ella por la ficción. Ése es el maravilloso simbolismo de Madame Bovary. Es lo que hace que Madame Bovary no sea una novelita realista, sino una novela que expresa un elemento fundamental de la condición humana: la incapacidad de nosotros, seres humanos, de aceptar la realidad tal como es, la necesidad tan profunda de vivir de otra manera, de no tener esa única vida que tenemos, que es por lo que leemos novelas, por lo que leemos ficciones. Y a lo largo de la historia ha habido gentes como el Quijote, como Madame Bovary, que han querido hacer realidad de la ficción.


   En nuestras paganas celebraciones Femdom, nosotras también transformamos ficciones en realidades porque necesitamos de una ficción para disfrutar de una sexualidad más plena. No soy mentirosa, voy de frente con mis verdades pero no por eso dejo de ser mujer. En tren de confesiones, reconozco que en mi vida sexual hago muchas veces uso y abuso de las ficciones (o directamente las llamaré mentiras) para lograr mis fines. Quienes participan, lo adivinan y saben que es parte del encanto. Mucho de mi emocionalidad también se basa en saber escuchar. Escuchar, al igual que dominar, es un arte. Y a partir de la escucha, nace el otro arte, el del saber desarrollar una narración, una ficción, que embelese al oyente. Algo que las mujeres dominamos muy bien ya desde los tiempos de Sheherezade.


   El tan conocido Pegame y decime Marta es un deseo elevado a la calidad de mentira. Una invitación al amor falaz. El es muy hombrecito pero arma un equipo conmigo para jugar a un jueguito desigual, cargado de ficciones. Le pego fuerte pero sé que no le duele. Lo llamo con nombre de mujer y él es varón. Le digo que nunca gocé tanto y que será mío por toda la eternidad pero apenas lo conozco. El promete poner el mundo a mis pies pero a lo mejor ni siquiera tiene un buen empleo. Y así vamos juntos hacia gloriosos orgasmos.


   La liturgia de la celebración Femdom suele extraviarme en las fantasías más profundas; lo que provoca que muchas veces me vea arrastrada en la superficie por realidades banales y superfluas porque en esa sabia combinación de superficies y profundidades, yo encuentro la diversión. La falsedad y la injuria por un lado y las ganas de ser humillado por el otro pueden llegar a conformar un combo de lujuria invencible si la Dómina sabe administrarlos. Un juguete más pero muy sofisticado y de mecanismos muy sensibles. Yo a veces hago gozar diciendo crueldades, otras simplemente siguiendo la corriente de las mentiras y en muchas más soy yo la que goza cuando les pongo el cuerpo para protagonizarlas.


   Ser una sacerdotisa pagana investida con los hábitos del Marqués implica la decisión de hacerse cargo de las expectativas generadas y entrar en el confesionario de un templo pagano en donde los altares reverencian a divinidades bautizadas con los nombres de Wanda, Safo, Bettie y Marilyn. En esas ceremonias íntimas aprendemos a escuchar confesiones, testimonios e historias de variada índole. Muchas me aburren pero muchas me interesan y de todas he aprendido. Muchas son verdades pero muchas son sólo fantasías. Ese acto testimonial es un estorbo innecesario para la mayoría de las mujeres (a veces para míِ también lo es) pero siento que debo aceptarlo como una expresión de la confianza que un alma sincera puso en Mí.


domingo, 27 de mayo de 2012

Brindo por tu orgullo sumiso

   


   Uno de los temas más comunes tratados en los sitios web referidos al BDSM es la demanda de muchos hombres casados que desean ser iniciados en la dominación femenina por sus esposas. Nunca dejaré de agradecerles a estos valientes caballeros su contribución en la cruzada para sacar al sado de los sótanos oscuros donde habitan los crueles castigadores y las doncellas místicas para llevarlo a los luminosos dormitorios de las personas comunes que lo utilizamos para una vida sexual más plena y feliz. Pero no puedo negar que me llama la atención la abrumadora mayoría de hombres que manifiestan sus deseos de comenzar a ser dominados por sus parejas frente al relativo bajo número de mujeres casadas que desean dominarlos.

   La mayoría de las autoras que han tratado este tema (Elise Sutton, por ejemplo) generalmente exponen la brecha que existe entre los deseos masculinos de ser dominado (fantasías) y por otro lado, la necesidad de la mujer de alcanzar una sexualidad plena de pareja (realidad). Si ambos mundos presentan coincidencias, fantástico. El problema más común se plantea cuando la mujer encuentra desagradables las fantasías de sumisión masculinas.

   Por lo general, se expone como primer paso indispensable para lograr transformar a una esposa convencional en una Dominante, que el hombre renuncie a sus fantasías más concretas. Vestir a su dama con las prendas más sexies para adorarla, facesitting, feminización, sodomización, flagelación, fetiches diversos, adulterio consentido, todo aquello que motivó ensoñaciones y masturbaciones, todo, todo, todo a la basura. O por lo menos, dejado de lado. Me resulta particularmente irónico que se postule que el primer paso para una sexualidad feliz en la pareja sea que una de las partes renuncie a sus más profundos deseos. Por otra parte, las dóminas profesionales que cobran por sus servicios podrían explicarles a estas expertas hasta donde es capaz de llegar un hombre fantasioso y fetichista y cuanto es capaz de pagar con tal de cumplir sus sueños.

   El segundo paso recomendado suele ser dedicarse a complacer a la mujer. Poner a la mujer en primer plano como ella desea de ser tenida en cuenta. Las autoras te aconsejan conocer los gustos de tu esposa, complacerlos, agasajarla, atenderla, ocuparte de tareas domésticas. Así se supone que ella le tomará el gusto a ser dominante y poco a poco irá tomando cada vez más las riendas de la vida en pareja. Lo que olvidan decir es que, si bien para ese entonces las fantasías primordiales del hombre que lo motivaron a iniciarse como sumiso están en el tacho de basura, eso no significa que hayan muerto. Siguen gozando de buena salud. Sólo que para entonces, parece que él se ha alejado más todavía de su ideal. Una cosa es que alguien te diga No a tus deseos. Otra cosa es que te digan que debes cambiar tus deseos por otros.

   Cuando leo estas cosas pienso, sólo los hombres sumisos son tan caballeros y buenos maridos? Un hombre vainilla que ama a su esposa pero sin siquiera tener la más remota idea de lo que es la Dominación Femenina, no cumpliría perfectamente con dichos requisitos? Todo marido atento y amoroso con su esposa es un sumiso?

   Por otra parte, y yendo más profundo, podríamos preguntar: la concreción de una relación doméstica Mujer Dominante / hombre sumiso es un fin en sí mismo, un objetivo a lograr como quien logra concretar un ascenso o debe ser una manera de ser más felices ambos gozando de la sexualidad y el amor? Cómo puede un hombre ser feliz junto a su pareja si sus fantasías sexuales más acariciadas han sido dejadas de lado?

   Yo estoy segura que si la mujer realmente confía y cree en el amor de su marido y analiza el tema sin prejuicios superando ese miedo que la inmoviliza, la mayoría de las fantasías que los hombres suelen presentar en este terreno (siempre hay excepciones, por supuesto) implican un abrirse a su compañera con respecto a sus deseos más profundos. El está intentando establecer con ella una ligadura mucho más fuerte que la que tenía hasta ese momento. Ella puede partir de ese punto para iniciar una maravillosa aventura en donde la Dominación puede ser mucho más que sexual. Una mujer inteligente no debería descartar ninguna fantasía de sumisión por disparatada que le parezca si cree firmemente que está impulsada por un genuino sentimiento amoroso sino que puede aprovecharla para llevar a ese hombre hacia la sumisión para luego profundizar juntos un camino que aumentará sensiblemente la comunicación y el romance.

   El argumento generalmente utilizado para descartar las fantasías propuestas por el hombre es que para ser un buen sumiso, y mucho más en el terreno de la dominación doméstica, el hombre debe despojarse de su orgullo. Yo creo que este diagnóstico es equivocado. Quizás torpemente pero con sinceridad, además de abrirnos su alma, ellos están expresando algo muy importante. Su aspiración es convertirnos en las damas de su fantasía. Nos están predestinando al sitial más alto que un hombre destina a una mujer, el sitial de la amante ideal. A través de ese deseo no nos están diciendo otra cosa que cuanto nos aman y cuanto más desean amarnos.

    Alzo mi copa y brindo por tu orgullo de varón indómito, a los pies de Ella.



  
Dominación femenina por Sardax

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...