El Magazine Femdom de Mistress Roxy
jueves, 7 de diciembre de 2017
Asumir el poder
miércoles, 18 de octubre de 2017
Delicias de Sodoma
jueves, 29 de septiembre de 2016
Derechos y consensos en BDSM
miércoles, 7 de septiembre de 2016
Adulterio Femdom (parte II)
Es una cosa maravillosa encontrar en la propia y honesta mujer las delicias sensuales que generalmente se encuentran sólo con libertinas o con prostitutas.
En el adulterio Femdom, todas las definiciones nos hablan de una naturaleza salvaje en donde la hembra busca el macho más potente y mejor dotado para aparearse con él. Los amantes se llaman studs (padrillos, potros sementales) o bulls (toros) mientras que el marido cornudo es el cuckold, la denominación inglesa para una especie de ave que suele criar en su nido a hijos que no son propios. Las definiciones no son para nada técnicas: nos golpean de lleno en lo animalesco, en lo primitivo y nos remontan al milenario temor del macho humano a ser engañado por la hembra que encuentra el placer sexual en un competidor.
En
la alternativa opuesta al cuckolding, el adulterio del hombre
es consentido por una esposa sumisa que se llama cuckquean. Su escasa
relevancia pone en evidencia que la raíz del juego del adulterio reside en un tabú que en el caso de las cuckqueans no existe. No hay tabú y no puede haberlo
cuando las esposas han consentido a las amantes de sus maridos durante siglos y cuando solamente las mujeres podemos asegurar que el hijo que parimos es nuestro.
El cuckolding se caracteriza por la actitud sumisa del marido ante los deseos de su
esposa antes, durante y después del acto sexual adúltero. Cuckolding no es
poliamor, swinging o pareja abierta, todas formas de sexo no monogámico en donde los integrantes de la pareja
coordinan su vida sexual desde un plano de igualdad. Hay un
componente de humillación en el cuckolding: debe existir un carácter sometedor por parte de
la mujer casada y en ese sometimiento viven y prosperan las sensaciones de placer. Esa humillación no suele ser tal en la realidad; es más bien una
sensación vista desde el afuera porque todos los maridos cuckolds que conocí (empezando por el mío) están orgullosos y felices de su condición. Ellos aman a sus tigresas, las acompañan en
sus correrías y están siempre listos a brindarle todo lo necesario para que
ella disfrute libremente de todos los amantes que desee tener.
A
nivel fantasioso, el cuckolding suele emparentarse con la sissificación. Para
un marido cornudo, el ser obligado a presenciar el coito del stud con su esposa
mientras está vestido de mujer, refuerza la humillación y la destrucción de su
imagen viril. De la misma forma, el uso de dispositivos de castidad masculinos
que extienden el celibato del marido, explotan al máximo el desprecio por su
aptitud para el coito.
En
mi caso, disfruto con mi marido sumiso de la sissificación pero solamente en la
intimidad. No mezclo cuckolding con sissificación. En mis prioridades de esposa cuckoldress, él debe cumplir una función
práctica como custodio, sirviente y chofer porque para eso lo necesito. Tampoco me interesa ponerlo en castidad pues jamás me privaría del sexo amoroso que él me brinda. El
único ritual que exijo luego de un encuentro es una larga sesión de sexo
oral para que él sienta con su lengua el aroma del condón que usó el stud.
Estas son mis definiciones de lo que es y no es el adulterio Femdom. No son definiciones redactadas desde un punto de vista moral, al estilo de los clásicos decálogos del BDSM (El Amo debe velar por la integridad de la sumisa y blah, blah, blah) sino que son consideraciones prácticas, basadas en años de experiencia, que entiendo que deben cumplirse para que el cuckolding conserve el sabor de lo transgresor, su conciencia de tabú milenario y su esencia sexista.
- Cuckoldress y cuckold deben tener una relación estable y sólida ante la sociedad. Si incluye matrimonio formalizado e hijos en común, mejor.
- La cuckoldress debe alardear frente al cuckold de sus encuentros con los studs y debe hacerlo partícipe de cómo se viste y se maquilla lo más sexy posible para atraer studs.
- El stud debe ser más atractivo sexualmente que el cuckold, tanto por su físico como por el tamaño de su pene.
- La cuckoldress debe dominar al cuckold mediante el adulterio. El adulterio Femdom es una técnica de sometimiento del hombre porque resalta el poder sexual de la mujer. El cuckold debe ser sumiso y sostener la actitud inherente a ese rol. No es un wifewatcher o un swinger.
- No es recomendable que la cuckoldress tenga un stud fijo. Los roles pueden llegar a confundirse.
- La cuckoldress puede o no humillar verbal o físicamente al cuckold durante el coito con el stud.
- El cuckold puede o no estar sissificado por la cuckoldress como mecanismo de humillación o para reforzar el rol masculino del stud.
- El cuckold puede o no estar sometido a períodos de celibato y castidad como parte de los mecanismos de humillación.
- Esté o no sissificado, el cuckold puede o no darle sexo oral al stud para facilitarle la erección. Pero la penetración es privilegio de la cuckoldress por más que el cuckold también desee ser cogido por el stud. El stud sólo sirve a la cuckoldress.
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Adulterio Femdom (parte I)
jueves, 18 de julio de 2013
La importancia de las ficciones (parte I)
Durante una conferencia que brindó en Cartagena de Indias, Mario Vargas Llosa describió así al personaje de Emma Bovary, la protagonista de la gran novela de Gustave Flaubert. Ella quiere que la vida sea pasiones extraordinarias que hacen vivir grandes aventuras, que la vida sea el placer de la elegancia, del derroche, de la sensualidad; el placer del exceso sentimental, de la pasión, y eso es lo que quiere materializar con las cosas que hace. ¿Y qué encuentra a su alrededor? Mediocres, pobres diablos incapaces de vivir a la altura de la sensibilidad, de la imaginación educada en ella por la ficción. Ése es el maravilloso simbolismo de Madame Bovary. Es lo que hace que Madame Bovary no sea una novelita realista, sino una novela que expresa un elemento fundamental de la condición humana: la incapacidad de nosotros, seres humanos, de aceptar la realidad tal como es, la necesidad tan profunda de vivir de otra manera, de no tener esa única vida que tenemos, que es por lo que leemos novelas, por lo que leemos ficciones. Y a lo largo de la historia ha habido gentes como el Quijote, como Madame Bovary, que han querido hacer realidad de la ficción.
En nuestras paganas celebraciones Femdom, nosotras también transformamos ficciones en realidades porque necesitamos de una ficción para disfrutar de una sexualidad más plena. No soy mentirosa, voy de frente con mis verdades pero no por eso dejo de ser mujer. En tren de confesiones, reconozco que en mi vida sexual hago muchas veces uso y abuso de las ficciones (o directamente las llamaré mentiras) para lograr mis fines. Quienes participan, lo adivinan y saben que es parte del encanto. Mucho de mi emocionalidad también se basa en saber escuchar. Escuchar, al igual que dominar, es un arte. Y a partir de la escucha, nace el otro arte, el del saber desarrollar una narración, una ficción, que embelese al oyente. Algo que las mujeres dominamos muy bien ya desde los tiempos de Sheherezade.
El tan conocido Pegame y decime Marta es un deseo elevado a la calidad de mentira. Una invitación al amor falaz. El es muy hombrecito pero arma un equipo conmigo para jugar a un jueguito desigual, cargado de ficciones. Le pego fuerte pero sé que no le duele. Lo llamo con nombre de mujer y él es varón. Le digo que nunca gocé tanto y que será mío por toda la eternidad pero apenas lo conozco. El promete poner el mundo a mis pies pero a lo mejor ni siquiera tiene un buen empleo. Y así vamos juntos hacia gloriosos orgasmos.
La liturgia de la celebración Femdom suele extraviarme en las fantasías más profundas; lo que provoca que muchas veces me vea arrastrada en la superficie por realidades banales y superfluas porque en esa sabia combinación de superficies y profundidades, yo encuentro la diversión. La falsedad y la injuria por un lado y las ganas de ser humillado por el otro pueden llegar a conformar un combo de lujuria invencible si la Dómina sabe administrarlos. Un juguete más pero muy sofisticado y de mecanismos muy sensibles. Yo a veces hago gozar diciendo crueldades, otras simplemente siguiendo la corriente de las mentiras y en muchas más soy yo la que goza cuando les pongo el cuerpo para protagonizarlas.
Ser una sacerdotisa pagana investida con los hábitos del Marqués implica la decisión de hacerse cargo de las expectativas generadas y entrar en el confesionario de un templo pagano en donde los altares reverencian a divinidades bautizadas con los nombres de Wanda, Safo, Bettie y Marilyn. En esas ceremonias íntimas aprendemos a escuchar confesiones, testimonios e historias de variada índole. Muchas me aburren pero muchas me interesan y de todas he aprendido. Muchas son verdades pero muchas son sólo fantasías. Ese acto testimonial es un estorbo innecesario para la mayoría de las mujeres (a veces para míِ también lo es) pero siento que debo aceptarlo como una expresión de la confianza que un alma sincera puso en Mí.
domingo, 27 de mayo de 2012
Brindo por tu orgullo sumiso
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Dominación femenina por Sardax |