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martes, 8 de febrero de 2022

Thierry Mugler


Yo promocioné al máximo el erotismo y la sexualidad, la animalidad de mujeres y hombres. Para mí, el ser humano es el animal más bello del mundo. Y yo siempre he visto la sexualidad como algo positivo y alegre. Fue un escándalo, porque dignifiqué materiales que solo se encontraban en los sex shops.

                   Thierry Mugler


   Thierry Mugler, fallecido la semana pasada, no sólo fue un diseñador que marcó una época porque no se puede hablar de la moda en los años noventa sin hablar de Mugler. Porque Thierry Mugler le dio forma en aquellos años, a la par de los videos de Madonna y el éxito del personaje de Catwoman interpretado por Michelle Pfeiffer en Batman returnsa un concepto de femineidad fetichista asociada al poder que perdura hasta hoy. Para bien o para mal, Mugler contribuyó a formar desde la pasarela de sus famosos shows, a muchos aspectos que caracterizan y estereotipan a la dominatriz contemporánea.

    Mi verdadera vocación es el espectáculo, solía decir en tono de broma. Y vaya que eran espectaculares sus desfiles. La comodidad no es mi prioridad respondía con idéntico sentido del humor a las críticas que le llovían por presentar a las supermodelos de entonces, aquellas divas inolvidables, envueltas y apretadas en la más fastuosa moda fetichista como jamás se había visto. 

    En este calendario están algunas de las célebres modelos de los noventa junto con chicas del siglo XXI que descubrieron y reciclaron aquella moda fabulosa. Las originales son Eva Herzigova, Emma Sjoberg con el famoso corsette motocicleta, Nadja Auermann en corsette y guantes metalizados, Jerry Hall en vestido sirena y Simonetta Gianfelici como Venus naciendo a la Botticelli. Las nuevas son Cardi B, Beyoncé e Irina Shayk. Las últimas dos son fotos son para recordar a Thierry cómo a él le gustaba: junto a dos de sus divas favoritas: Jerry Hall y Diana Ross.  




Enero. Cardi B



Febrero. Eva Herzigova




Marzo. Emma Sjoberg



Abril. Beyoncé





Mayo. Nadja Auermann



Junio.Irina Shayk




Julio. Jerry Hall



Agosto. Irina Shayk




Septiembre. Simonetta Gianfelici



Octubre. Cardi B




Noviembre. Jerry Hall y Thierry Mugler




Diciembre. Diana Ross y Thierry Mugler


martes, 5 de noviembre de 2019

Nadja Auermann by Luigi and Iango


   Alguna vez fue bautizada como la doncella de hielo, por su estilo étereo al desfilar en las pasarelas del mundo las más lujosas prendas de Chanel, Mugler o Versace. Nadja Auermann nació en Alemania en 1971, tuvo una triunfal carrera como modelo de pasarela y en su espléndida madurez continúa siendo la musa de muchos fotógrafos, entre ellos Luigi Mureno y Iango HenziComenzaron a trabajar juntos en 2013 como Luigi and Iango y se consagraron con sus shots fetichistas sobre diosas como Madonna, Rihanna y Jennifer Lopez entre otras. Esta sesión corresponde a la edición alemana de Vogue de noviembre de 2014. 

   Como las rubias de pelo corto son una de mis más morbosas atracciones, apenas vi estas fotos de Nadja, no pensé otra cosa que en traerlas ya a mi blog. La combinación de lencería fetish con pieles de esta sesión es exquisita pero no valdría nada si una cámara experta no hubiera sabido capturar esa mirada azul y glacial de Nadja Dominatrix. 




Enero




Febrero




Marzo




Abril




Mayo




Junio




Julio




Agosto




Septiembre




Octubre




Noviembre




Diciembre


domingo, 10 de abril de 2016

Corsettes. Una historia ajustada






   A principios del siglo veinte, Paul Poiret era considerado el rey de la moda parisina y sus diseños marcaban los gustos y las tendencias. Poiret, nacido en 1879 y fallecido en 1944, es hoy considerado el responsable de la eliminación del corsette tras siglos de tiránico reinado oprimiendo cinturas femeninas. Nunca se sabrá si Poiret quiso realmente liberar a las mujeres de aquella ancestral opresión o simplemente las formas afinadas en el talle interferían con la línea de sus novedosos diseños enfatizados en los hombros que serían los predominantes durante los años veinte.

    La cintura ajustada volvió a ponerse de moda para finales de la década del treinta cuando contra los pronósticos de Poiret, los corsettes y los soutiens con ballenas y tiras volvieron a ponerse de moda como parte de un renacimiento victoriano popularizado por el cine a través de películas como Gone with the wind (la escena en donde Vivien Leigh exige que le ajusten las tiras del corsette hasta alcanzar la cintura deseada es hoy un ícono del fetichismo). El triunfo final de la mujer con figura de reloj de arena llegaría en 1947 con el New Look de Christian Dior y el ejemplo arquetípico es el famoso Bar, la chaqueta de estrecha cintura diseñada por Dior. Por entonces, el corsette había regresado transformado en bustier y comenzó a utilizarse en la mayoría de los vestidos de noche de los años cuarenta y cincuenta.







   Pero fue recién en la década del setenta cuando la madrina del punk, Vivienne Westwood, se convirtió en la primera diseñadora del siglo veinte en utilizar el corsette en su forma original desde los tiempos en que Poiret lo había rechazado. Su singular enfoque, tanto artístico como teatral, estableció una nueva tendencia en la moda contemporánea. La genial percepción de Vivienne sobre la corsetería se convirtió en el centro de sus trabajos y diseños logrando que en lugar de ser un símbolo de opresión, el corsette le devolviera a las mujeres una sensación de glamour y distinción imposible de obtener mediante otras prendas. Para 1980, otros diseñadores ya seguían su camino; genios contemporáneos como Jean Paul Gaultier y Thierry Mugler hicieron del corsette la armadura sensual de una mujer fetiche que parecía salida de una historieta de ciencia ficción. Ellos frotaron la lámpara y liberaron al genio que nunca más pudo volver a su encierro.



Nadja Auermann by Mugler


    Al igual que las botas altas o los guantes largos, el corsette lleva implícito un significado social que oscila entre lo artístico y lo teatral y que nos habla de la sexualidad de una mujer erotizada que pone el placer de la seducción en el primer sitio de sus prioridades. Paul Poiret se asombraría si supiera que las mujeres hemos sabido transformar al corsette en un arma de dominación. Si hubiera visto a Madonna masturbándose en escena con el famoso bustier de Gaultier durante su gira Blond Ambition, quizás se hubiese tomado la cabeza entre las manos ante semejante exhibición de encorsetado poder femenino. Desde entonces, el corsette ha sido la prenda fetiche de Gaultier y hasta sus perfumes se venden en una encantadora botellita con forma de reloj de arena.




Madonna by Gaultier


   A lo largo de todo el siglo veinte y en lo que va del ventiuno, el corsette ha podido mutar en bustiers, soutiens o bodies pero ha mantenido siempre indeleble la fantasía de una halagadora silueta femenina desde la estética visual pero mucho más desde lo simbólico. El corsette expresa mensajes contradictorios: es la constricción y la libertad, es la dominación y la sumisión. Al igual que cuando se suben a sus altos tacones, las chicas crossdressers quieren sentir ese sacudón erótico de vivirse como mujeres ajustando sus tiras y abrochando sus cierres, comprimiendo con ansiedad sus cuerpos de origen masculino que desean ganar esa curva sensual que las lleva de viaje al mundo soñado de la femineidad. Cuanto más aprieta el corsette, más libera toda clase de fantasías eróticas porque celebra la eterna e imperecedera sensualidad de los pechos, las cinturas y las caderas de sus poseedoras. 

   En medio de un constante vértigo de novedades y cambios que propone una cultura en donde sólo parece prevalecer lo efímero, el corsette sigue siendo un elemento intemporal de seducción. Es el recordatorio de que nuestro sexo sigue siendo dueño de un pasado glorioso de cortesanas y cabareteras, de bellas putas refinadas en todas las gracias y todos los placeres; un pasado que está grabado en nuestro inconsciente desde los montmartreanos años de oro del Moulin Rouge y las pinturas de Toulouse-Lautrec.

   




viernes, 25 de septiembre de 2015

High heels in London. Placer y dolor





   En estos días, Londres se ha vuelto la high heeled city por excelencia. La periodista Francia Fernández  escribe sobre dos exposiciones londinenses que exaltan la belleza y la seducción que transmite el calzado femenino. Una de ellas explora cómo los zapatos pueden representar status y erotismo y la otra recorre la historia de una marca británica que supo seducir a varias generaciones de mujeres desde fines del siglo XIX.

Zapatos de amor, dolor y obsesión 

   Ni amor forzado ni zapato apretado, dice un refrán. En estos días, dos galerías de Londres rinden tributo a uno de los accesorios más codiciados por las mujeres, en todo el mundo. En el Victoria & Albert Museum (V&A) se exhiben, hasta el 31 de enero próximo, más de 200 pares de calzados históricos y contemporáneos, como parte de la muestra Shoes: Pleasure and Pain (Zapatos: Placer y Dolor), que explora el poder transformador de los zapatos: tanto la euforia que despiertan como su faceta doliente.

   Además de seleccionar modelos de hombres y mujeres, de la rica colección del museo, que suma unos dos mil pares provenientes de Oriente y Occidente, y que cubre un espectro de tres mil años, la curadora Helen Persson hurgó en colecciones internacionales y armarios privados para desplegar un muestrario impresionante. Éste va desde sandalias decoradas con láminas de oro originarias del antiguo Egipto hasta ejemplares futuristas creados con impresoras 3D.

   Los zapatos son uno de los aspectos de la vestimenta que más hablan. Objetos bellos, esculturales; también son indicadores de género, status, identidad, gusto e incluso de preferencias sexuales. Nuestra elección de los zapatos puede ayudar a proyectar la imagen de lo que queremos ser, comenta Persson, a propósito de piezas entre las que se cuentan algunas asociadas a figuras como Marilyn Monroe, la reina Victoria y Sarah Jessica Parker, así como zapatos famosos, como los de ballet diseñados para Moira Shearer, la protagonista de la premiada película Las zapatillas rojas (1948).

  En la planta baja del museo se abordan tres temas: transformación, status y seducción. Transformation presenta los zapatos al centro de mitos y leyendas, con diferentes interpretaciones de Cenicienta o Pulgarcito, por ejemplo. Igualmente se refiere al marketing contemporáneo de las zapatillas y de los botines de fútbol, y a conceptos de diseños que proponen transformar mágicamente la vida de quien los usa.

   Status muestra cómo el calzado se ha usado para representar estilos de vida privilegiados, con diseños, formas o materiales a menudo inadecuados para caminar (hay zapatos indios masculinos con dedos gordos larguísimos o las famosas plataformas de Vivienne Westwood con que Naomi Campbell desfiló en 1993). En esta sección se ilustra también cómo históricamente las modas se originaban en las cortes europeas, mientras que hoy el foco está puesto en los diseñadores famosos: a zapatos tipo Pompadour, que usaban las mujeres que marcaban tendencia en la corte francesa del siglo XVII, le siguen los de Alexander McQueen y Sophia Webster.

   El poder sexual de los zapatos o su función fetichista, en tanto, puede verse en Seduction: con zuecos o plataformas japonesas, tacones altísimos y botas de cuero acordonadas de caña alta, como ejemplos de estilos eróticos.

   Para tomar contacto con el proceso del diseño y la creación de zapatos, desde el comienzo de una idea hasta el concepto final, el público sube al primer piso, donde también se proyectan entrevistas a diseñadores y artesanos, y se examina el futuro del diseño de calzado, con experimentaciones en materiales y formas, molduras y plásticos.






   Por otra parte y al mismo tiempo, en el Fashion and Textile Museum, a través de unos cien pares de zapatos, la muestra Rayne shoes for stars (Zapatos Rayne para las estrellas) recorre la historia y la producción de la marca británica Rayne, que usaron estrellas como Vivien Leigh, Elizabeth Taylor, Brigitte Bardot y figuras de la nobleza como Lady Di y la reina Isabel, incluidos los zapatos que esta última llevó en su boda real. Trabajos de Norman Hartnell, Bruce Oldfield y Mary Quant, la creadora de la minifalda, desfilan junto con modelos de Roger Vivier y de Laurence Dacade, actual diseñadora de la firma.

   Michael Pick, curador de la exhibición, define a Rayne como el punto culminante del diseño británico y fabricante del calzado de lujo de fama mundial. ¿Y cuáles son las piezas más notables de la muestra? Los zapatos más antiguos que se muestran datan de 1900, raros sobrevivientes, así que realmente son especiales. También dimos con el maletín de maquillaje de un actor alrededor de la misma fecha que fue producido por Rayne, que entonces diseñaba vestuario teatral. La exhibición despliega algunos estilos que son similares a los que usaban las damas de la familia real británica, al igual que zapatos que pertenecieron a Ginger Rogers y Marlene Dietrich, enumera Pick.

   El negocio comenzó en 1885, cuando Henry y Mary Rayne fundaron una empresa dedicada al diseño teatral, con cuatro aspectos distintivos: atención al detalle, telas de calidad, diseños innovadores y trabajo artesanal. Con una fábrica en Waterloo, en el sur de Londres, cerca de la actual sede del museo, entre sus primeros clientes se contaron bailarines rusos como Vaslav Nijinsky y Anna Pavlova. Luego sumaron zapatos a su catálogo y en los años 20, con la apertura de una tienda en la ultraelegante Bond Street, el calzado se convirtió en su producto estrella. En 1936, la reina Victoria concedió a Rayne una autorización real como proveedor oficial de zapatos. Lo propio ocurrió con la reina madre Elizabeth, consorte de Jorge VI, en 1952.

   El diseñador Edward Rayne, hijo de Mary, se puso a la cabeza de la compañía en 1950 y se convirtió en una celebridad de la moda por derecho propio. Entonces, quien tenía blasón llevaba zapatos Rayne. En 1958, el renombrado diseñador teatral Oliver Messel rediseñó la tienda de Bond Street, la cual atrajo el glamour. Para el cine, Rayne hizo los zapatos de dos Cleopatras: Vivien Leigh (César y Cleopatra, 1945) y Elizabeth Taylor (Cleopatra, 1963). También, los tacones que usó Karen Allen en la escena de víboras de Los cazadores del arca perdida (1981). Rayne fue la primera marca de zapatos que incorporó Wedgwood (una cerámica especial) en sus tacos, elemento característico que puede apreciarse tanto en esta exposición como en la del V&A.

   Nombrado caballero por la reina Isabel en 1988, Edward murió en 1992, y la compañía cesó sus operaciones un año después. Sólo dos décadas más tarde se relanzó en la famosa tienda Selfridges de la concurrida Oxford Street. Hoy, Rayne conjuga la calidad tradicional con un aire más contemporáneo y fresco, que le imprime la diseñadora Laurence Dacade. Los zapatos cuestan de 400 a 1000 libras. Su diseño, simple y elegante, con detalles florales, brillos glamorosos o pequeños lazos, ha conquistado a mujeres como Keira Knightley y Sienna Miller.

   Gracias a que el Bata Shoe Museum, de Toronto, Canadá, rescató los archivos del esplendor que la firma vivió en los años 50 y 60, y donó parte del material al V&A, en Shoes: Pleasure and Pain también pueden verse algunos de los mejores exponentes de Rayne, como esbozos y moldes creados para la princesa Diana. Para los fanáticos del calzado actual, allí también se exhiben creaciones femeninas y masculinas de setenta renombrados diseñadores, entre los que se cuentan Manolo Blahnik, Christian Louboutin, Jimmy Choo y Prada.


Francia Fernández


Nadja Auermann by Helmut Newton. 
La foto es parte de la colección Shoes: Pleasure and Pain (V&A Museum)


Fuente: 
http://www.lanacion.com.ar/1825179-zapatos-de-amor-dolor-y-obsesion


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