En estos días,
Londres se ha vuelto la high heeled city por excelencia. La periodista Francia Fernández escribe sobre dos exposiciones londinenses que exaltan la
belleza y la seducción que transmite el calzado femenino. Una de ellas explora cómo los zapatos pueden
representar status y erotismo y la otra recorre la historia de una marca británica
que supo seducir a varias generaciones de mujeres desde fines del siglo XIX.
Zapatos de amor, dolor y obsesión
Ni amor forzado ni zapato apretado, dice un refrán. En estos días, dos galerías de
Londres rinden tributo a uno de los accesorios más codiciados por las mujeres,
en todo el mundo. En el Victoria & Albert Museum (V&A) se exhiben,
hasta el 31 de enero próximo, más de 200 pares de calzados históricos y
contemporáneos, como parte de la muestra Shoes: Pleasure and Pain (Zapatos:
Placer y Dolor), que explora el poder transformador de los zapatos: tanto
la euforia que despiertan como su faceta doliente. Además de seleccionar modelos de hombres y mujeres, de la rica colección del
museo, que suma unos dos mil pares provenientes de Oriente y Occidente, y que
cubre un espectro de tres mil años, la curadora Helen Persson hurgó en colecciones
internacionales y armarios privados para desplegar un muestrario impresionante.
Éste va desde sandalias decoradas con láminas de oro originarias del antiguo
Egipto hasta ejemplares futuristas creados con impresoras 3D.
Los zapatos son uno de los aspectos de la vestimenta que más hablan. Objetos
bellos, esculturales; también son indicadores de género, status, identidad,
gusto e incluso de preferencias sexuales. Nuestra elección de los zapatos puede
ayudar a proyectar la imagen de lo que queremos ser, comenta Persson, a
propósito de piezas entre las que se cuentan algunas asociadas a figuras como Marilyn
Monroe, la reina Victoria y Sarah Jessica Parker, así como zapatos
famosos, como los de ballet diseñados para Moira Shearer, la protagonista de la
premiada película Las zapatillas rojas (1948).
En la planta baja del museo se abordan tres temas: transformación, status y
seducción. Transformation presenta los zapatos al centro de mitos y
leyendas, con diferentes interpretaciones de Cenicienta o Pulgarcito, por
ejemplo. Igualmente se refiere al marketing contemporáneo de las zapatillas y
de los botines de fútbol, y a conceptos de diseños que proponen
transformar mágicamente la vida de quien los usa.
Status muestra
cómo el calzado se ha usado para representar estilos de vida privilegiados, con
diseños, formas o materiales a menudo inadecuados para caminar (hay zapatos
indios masculinos con dedos gordos larguísimos o las famosas plataformas de Vivienne
Westwood con que Naomi Campbell desfiló en 1993). En esta sección se
ilustra también cómo históricamente las modas se originaban en las cortes
europeas, mientras que hoy el foco está puesto en los diseñadores famosos: a
zapatos tipo Pompadour, que usaban las mujeres que marcaban tendencia en
la corte francesa del siglo XVII, le siguen los de Alexander McQueen y Sophia
Webster.
El poder sexual de los zapatos o su función fetichista, en tanto, puede verse
en Seduction: con zuecos o plataformas japonesas, tacones altísimos y
botas de cuero acordonadas de caña alta, como ejemplos de estilos eróticos.
Para tomar contacto con el proceso del diseño y la creación de zapatos, desde
el comienzo de una idea hasta el concepto final, el público sube al primer
piso, donde también se proyectan entrevistas a diseñadores y artesanos, y se
examina el futuro del diseño de calzado, con experimentaciones en materiales y
formas, molduras y plásticos.
Por otra parte y al mismo tiempo, en el Fashion and Textile Museum, a
través de unos cien pares de zapatos, la muestra Rayne shoes for stars (Zapatos
Rayne para las estrellas) recorre la historia y la producción de la marca
británica Rayne, que usaron estrellas como Vivien Leigh, Elizabeth Taylor,
Brigitte Bardot y figuras de la nobleza como Lady Di y la reina
Isabel, incluidos los zapatos que esta última llevó en su boda real. Trabajos
de Norman Hartnell, Bruce Oldfield y Mary Quant, la creadora de la minifalda,
desfilan junto con modelos de Roger Vivier y de Laurence Dacade, actual
diseñadora de la firma.
Michael Pick, curador de la exhibición, define a Rayne como el punto culminante
del diseño británico y fabricante del calzado de lujo de fama mundial. ¿Y
cuáles son las piezas más notables de la muestra? Los zapatos más antiguos
que se muestran datan de 1900, raros sobrevivientes, así que realmente son
especiales. También dimos con el maletín de maquillaje de un actor alrededor de
la misma fecha que fue producido por Rayne, que entonces diseñaba vestuario
teatral. La exhibición despliega algunos estilos que son similares a los que
usaban las damas de la familia real británica, al igual que zapatos que
pertenecieron a Ginger Rogers y Marlene Dietrich, enumera
Pick.
El negocio comenzó en 1885, cuando Henry y Mary Rayne fundaron una empresa
dedicada al diseño teatral, con cuatro aspectos distintivos: atención al
detalle, telas de calidad, diseños innovadores y trabajo artesanal. Con una
fábrica en Waterloo, en el sur de Londres, cerca de la actual sede del museo,
entre sus primeros clientes se contaron bailarines rusos como Vaslav Nijinsky y
Anna Pavlova. Luego sumaron zapatos a su catálogo y en los años 20, con la
apertura de una tienda en la ultraelegante Bond Street, el calzado se convirtió en su
producto estrella. En 1936, la reina Victoria concedió a Rayne una
autorización real como proveedor oficial de zapatos. Lo propio ocurrió
con la reina madre Elizabeth, consorte de Jorge VI, en 1952.
El diseñador Edward Rayne, hijo de Mary, se puso a la cabeza de la compañía en
1950 y se convirtió en una celebridad de la moda por derecho propio. Entonces,
quien tenía blasón llevaba zapatos Rayne. En 1958, el renombrado diseñador
teatral Oliver Messel rediseñó la tienda de Bond Street, la cual atrajo el
glamour. Para el cine, Rayne hizo los zapatos de dos Cleopatras: Vivien
Leigh (César y Cleopatra, 1945) y Elizabeth Taylor (Cleopatra,
1963). También, los tacones que usó Karen Allen en la escena de víboras de
Los cazadores del arca perdida (1981). Rayne fue la primera marca de
zapatos que incorporó Wedgwood (una cerámica especial) en sus tacos, elemento
característico que puede apreciarse tanto en esta exposición como en la del
V&A.
Nombrado caballero por la reina Isabel en 1988, Edward murió en 1992, y la
compañía cesó sus operaciones un año después. Sólo dos décadas más tarde se
relanzó en la famosa tienda Selfridges de la concurrida Oxford Street. Hoy, Rayne
conjuga la calidad tradicional con un aire más contemporáneo y fresco, que le
imprime la diseñadora Laurence Dacade. Los zapatos cuestan de 400 a 1000
libras. Su diseño, simple y elegante, con detalles florales, brillos glamorosos
o pequeños lazos, ha conquistado a mujeres como Keira Knightley y Sienna
Miller.
Gracias a que el Bata Shoe Museum, de Toronto, Canadá, rescató los archivos del
esplendor que la firma vivió en los años 50 y 60, y donó parte del material al
V&A, en Shoes: Pleasure and Pain también pueden verse algunos de los
mejores exponentes de Rayne, como esbozos y moldes creados para la princesa
Diana. Para los fanáticos del calzado actual, allí también se exhiben
creaciones femeninas y masculinas de setenta renombrados diseñadores, entre los
que se cuentan Manolo Blahnik, Christian
Louboutin, Jimmy Choo y Prada.
Francia Fernández
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| Nadja Auermann by Helmut Newton. |
La foto es parte de la colección Shoes: Pleasure and Pain (V&A Museum)
Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/1825179-zapatos-de-amor-dolor-y-obsesion