jueves, 16 de febrero de 2017

Juegos de seducción en BDSM







   Los juegos de seducción previos al sexo me resultan a veces más atrapantes y excitantes, más eróticamente satisfactorios como preludio a un acto sexual que el acto mismo. Me fascina la seducción, la idea de seducir, la estrategia desplegada como juego de poder. No me interesa la idea de tener que consensuar entre dos o más cómo va a ser la entrega de la parte sumisa. Tampoco me gusta mandonear porque mi ejercicio del poder femenino no se resuelve en forma tajante de arriba hacia abajo. Siento que el poder fluye mediante relaciones de fuerza variadas y simultáneas en donde la seducción siempre resulta la fuerza decisiva. 

   Nosotras sabemos que tenemos poder pero también sabemos que nuestro poder enfrenta resistencias. Las relaciones de poder que establecemos se reflejan también en las resistencias que encontramos a ese poder. La seducción femenina siempre se puede resistir, es lo que diferencia la seducción del abuso pero si la seductora sabe desplegar sus armas sobre la presa correcta, ésta se encuentra en un estado ambivalente, se resiste y teme ceder pero al mismo tiempo desea en su interior que se venza esa resistencia porque sabe que no podrá culparse por haber cedido ante una fuerza irresistible.

   Cuando se describe esta femenina manera de dominar en forma pública y se la ilustra con testimonios verídicos, nunca falta un entendido en BDSM que se preocupa por aclarar que al no haber consenso explícito ni establecimiento de límites, no estamos en el terreno de la dominación sino de la manipulación. En los foros de debate, la palabra manipulación está siempre asociada a abusos y arrastra connotaciones tan negativas que muchos prefieren hablar de persuasión o de convencer. Por mi parte, además de preocuparme muy poco por como otros etiquetan lo que hago, sostengo lo que alguna vez dijo mi amigo Hugo, El Sombrerero. Deberíamos reconocernos abiertamente como manipuladores en lugar de elegir eufemismos políticamente correctos para describir una acción que nos es tan propia.




   Somos personas manipuladoras y somos personas con deseos de ser manipuladas. Si blanqueamos esta condición, creo que podríamos acercarnos un poco más a un BDSM sincero y profundizar en él con algunas certezas en la mano.

El Sombrerero





   Dedicada a mi amigo El Sombrerero, en la semana de su cumpleaños.


jueves, 9 de febrero de 2017

Fiesta mixta para un gato de Cheshire entre botas





   Noche de miércoles en Buenos Aires, barrio de Almagro, calle Castro Barros. Fiesta mixta en Class. El ala femenina en la noche de hoy está casi por entero integrada por travestis, arregladas y maquilladas para vivir su fantasía. La banda masculina son los solos, que dan vueltas por la pista y por los reservados del primer piso, juntando valor para encarar a estas tigresas de la noche. Las travestis se arremolinan en la barra, coquetean bajo las luces ensayando pasos de baile en tacos altos y cada tanto suben la escalera hacia los reservados con un aire de topmodels, entre seductoras y distraídas.

   Mi favorita se llama, por ponerle un nombre, Lorena. Alta y esbelta, a Lorena le encanta bailar semidesnuda, en top y bombachita colaless, con una cartera clutch en la mano y siempre montada sobre unas tremendas botas con tacones de quince centímetros que le hacen unas piernas y una cola fantásticas. Cuando nos juntamos en algún sillón, la caña de sus botas es casi el doble de largas que las mías. Me gusta bailar con Lorena en el poledance de la pista de Class pero más me gusta encontrármela en algunos de los reservados.

   Esa noche, después de vagabundear un rato olfateando el panorama y concluido el show de la stripper, opté por llevarme a dos muchachos para divertirme en mi playground. Enseguida llegaron otros pero prefirieron mantenerse a distancia, algo temerosos. A mi lado apareció Lorena, contoneándose, entre intrigada y mimosa, con una mirada llena de morbo bajo sus pestañas de rimmel. Sin pensarlo dos veces, la tomé de la cintura y la atraje hacia mí; lo que hacía con mis dos Romeos no me iba a privar de gozar los atributos de mi princesa viril, mientras mi sumiso se arrodillaba entre las piernas de las dos, extasiado entre los tacones y las cañas de nuestras cuatro botas de vikingas en celo.

   Invito a una pareja a sumarse, atraída por la posibilidad de que otra mujer participe en mi festín. Ella declina con una sonrisa. A él, le digo sin reparos Te perdiste la posibilidad de adorar mis botas. Al final de la noche, se me acercará intrigado y me confesará que nunca hubiera imaginado semejante ofrecimiento por parte mía. Es que nunca estuviste cerca de una dómina, le contesto.

   Terminada la acción con los muchachos cumplidores, les agradecí y me volví hacia Lorena. Mientras la besaba, levanté la vista a la audiencia de hombres y travestis curiosas y dije en voz bien alta Esta belleza es mi muñeca Barbie. No sé que habrán pensado porque en ese momento vi aparecer la sonrisa de mi sumiso, cheshirecat, que asomaba la cabeza para respirar, casi enterrado en nuestro inframundo de vinilo, tacos aguja y medias de red. No me olvidaré nunca de su sonrisa, pienso en voz alta mientras tipeo esta columna y cada tanto me divierto leyendo algunos mensajes que me entran en la notebook, la mayoría de hombres que se dicen dominantes, que alardean de su poder sobre su sumisa pero que nos envían toda clase de señuelos a las Femdoms, desesperados por sostener una asexuada amistad cibernética, lo que parece ser su máxima aspiración.

   El reservado de Class fue esa noche mi chaise longue de Diosa Sádica. Mi esclavo sigue ahí abajo, en el suelo, en el último eslabón de la cadena de la dominación, bajo las miradas de intriga de los que no aciertan a entender que hace este tipo? o la más clásica como puede ser que le guste estar ahí? Parece pequeño frente al poder fetichista de la ampulosidad femenina que lo vuelve casi invisible. Aparece y desaparece, cual gato de Cheshire en el País de las Maravillas. Y de vuelta en casa, cuando le pregunto como fue eso de estar ahí, adorando nuestras piernas y pisoteado por nuestras botas, bien en el bottom de nosotras dos, él me contesta. Con un bottoming así, quien querría ser top?





jueves, 2 de febrero de 2017

Mistress Eve. Una diosa fetish en el Brompton Cemetery


   I am Mistress Eve, the ultimate professional London Mistress, the London's most beautiful, sensual, glamorous and dominant Mistress. I'm in many circles described as Sado Beauty, Glaminatrix, Sex Goddess and The Original Sin. 

   Así se presenta en su página web esta belleza londinense que vive y sesiona sus esclavos en su mazmorra ubicada en el elegante y cosmopolita barrio de Earl's Court. Para esta sesión de fotos, Mistress Eve eligió el Brompton Cemetery que es mucho más que un histórico cementerio. Es además un jardín lleno de reliquias administrado por los Royal Parks y que suele ser utilizado por los vecinos como un paseo para ir y venir entre Earl's Court y Chelsea.  Un escenario entre gótico y sensual, ideal para que Mistress Eve despliegue todo su glamour fetichista.

   Espero que te hayas dado cuenta que amo a Londres y que también amo a la Sex Goddess Mistress Eve.

   https://www.eves-place.com/


Enero




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Julio



Agosto




Septiembre





Octubre





Noviembre




Diciembre

jueves, 26 de enero de 2017

La historia de la bota femenina. André Courrèges






   Algunas prendas de vestir se han transformado en fetiches que parecen llevar consigo derechos de autor. Así es como se habla de los guantes negros a la Rita Hayworth o del catsuit como el de Gatúbela. Pero a veces ese copyright intuitivo no corresponde a una diva o a un personaje sino a un diseñador. Si de lo que se habla es de un par de botas blancas de media caña que suelen combinarse con un minivestido o una minifalda, de lo que estamos hablando es de un par de botas Courrèges.





   Nacido en 1923 y piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial, André Courrèges comenzó a trabajar en París después de la guerra en la casa Balenciaga. En 1961 lanzó junto a su esposa su propia maison y en 1965 presentó en París una colección innovadora que rompería con todo lo visto hasta entonces.

   La propuesta de Courrèges incluía botas blancas y grandes gafas de sol como accesorios complementarios de diseños atrevidos, con una fuerte tendencia a las líneas geométricas que jugaban sobre el cuerpo de sus modelos. Nunca antes se había visto algo parecido. El estilo de ropa femenina que Courrèges proponía era vistoso, renovador, otorgaba una gran libertad de movimientos a la mujer y a la vez creaba una nueva y atrevida sensualidad. Su propuesta tuvo un efecto instantáneo: en cuestión de meses, toda la parte femenina y joven del mundo occidental comenzó a vestir y a interesarse cada vez más en esa nueva moda tan atractiva que irrumpía desde las revistas, el cine  y los shows de televisión.









   Contemporáneo de Mary Quant, las colecciones de Courrèges siempre incluían a desinhibidas chicas en minifalda. Quien de los dos fue el primero en subir las faldas bien arriba de la rodilla; esa es una discusión que nunca llegará a zanjarse por completo. André siempre reivindicó la minifalda como una creación suya, denunciando que Quant se había limitado a comercializarla con éxito aprovechándo astutamente el ambiente rockanrolero y revolucionario que rodeaba a su local de  King's Road en Chelsea.

   De las calles, las botas saltaron a la dance floor. Las botas Courrèges fueron rebautizadas go-go boots, porque así se llamaban las discotecas de moda de los sesentas. La primera de ellas fue el legendario Whiskey a Go Go, en el Sunset Strip de Los Angeles. Las chicas bailaban y se divertían en minifalda y botas blancas, luciendo piernas y botas a la vez. Había nacido la bota fashion tal cual la conocemos hoy. Rápidamente comenzaron a aparecer nuevos diseños, nuevos tacones, nuevos colores y nuevas texturas para satisfacer los deseos de las nuevas mujeres. Nancy Sinatra, Diana Rigg y Brigitte Bardot serían sus mejores embajadoras.  


Nancy Sinatra


   En las décadas anteriores, la bota era un calzado utilitario con fines militares, para tareas rurales o los días de lluvia. No había diferencia entre las botas de hombres y las de mujeres, las botas parecían no tener sexo. La aparición de la femenina bota de Courrèges lo cambió todo. André no sólo innovó en los diseños sino también en los materiales. Fue un pionero en el trabajo con polímeros, como el vinilo y el spandex. El uso del plástico permitió abaratar los costos de fabricación y volvió a las botas más accesibles a todas las que quisieran usarlas. Las nuevas botas formaron parte de una revolución que promovió una moda mucho más democrática. Subterráneamente, también contribuyeron al quiebre generacional entre las chicas que las calzaban y sus madres, apegadas al zapato conservador de la posguerra. Las botas Courrèges fueron, junto a la minifalda y los discos de los Rolling Stones, un canto a la libertad.  









  Ya pasó un año desde el último enero, que será por siempre recordado como el mes en que perdimos a David Bowie. En ese mismo enero, casi que pasó desapercibida la partida de otro genio de la creación y la vanguardia. André Courrèges murió el siete de enero de 2016 a los noventa y dos años, después de treinta años de lucha contra el cruel mal de Parkinson. Las damas fetichistas que hoy amamos andar de botas por la vida y nos gusta elegir un bello par de nuestra colección para vivir una noche especial, no debemos olvidarnos, al subir el cierre o al pisar firme sobre los tacones, que hoy podemos gozar de nuestro fetiche porque André, hace más de cincuenta años, se atrevió a soñarlo y tuvo el talento para hacerlo realidad. 





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