sábado, 23 de mayo de 2020

La fantasía Femdom





   La fantasía Femdom es un conjunto de mitos y ensoñaciones que suelen incluirse dentro del universo BDSM, creo que a falta de un lugar mejor. El BDSM entendido como un conjunto de prácticas y de juegos eróticos consensuados es un líquido fácil de adaptar a cualquier botella que se quiera llenar mientras que la fantasía Femdom es agua pesada; no es fácil adaptarla al envase de la corrección política y se requiere mucha atención para manejarla. 

   La fantasía Femdom es un mundo con reglas propias en donde reinan con altanería las villanas fetichistas que gustan de humillar y someter a sus víctimas masculinas sin darles la menor oportunidad de negarse. Lo que más llama la atención es que casi toda esa imaginería fue iniciada y desarrollada hasta el detalle por las mismas víctimas, yendo en contra de sus instintos sexuales y de conservación más básicos.

    Lo primero que salta a la vista en el Femdom es el atuendo fetichista que suelen lucir las dominatrices. A lo largo de los años, la dominación femenina se ha asociado tan fuertemente con el look fetichista que ambos se han vuelto indistinguibles. Pero si fuera sólo por la ropa y el arreglo, cualquier prostituta de cierto nivel podría invertir en cuero y latex y hacerse cargo de la fantasías de los hombres sumisos ganando así mucho más dinero y de hecho muchas chicas lo hacen. Pero lo que ellos fantasean va mucho más allá del aspecto exterior de la mujer a la que aspiran someterse porque los deseos de sumisión de los hombres suelen apelar a niveles más profundos de la consciencia. 

   A veces se olvida que si la fantasía Femdom estuviera realmente basada en deseos femeninos y pusiera en primer plano el placer de las mujeres, la mayoría de nosotras interpretaríamos que vamos a ser atendidas y halagadas por verdaderos caballeros especialistas en dominar las artes del cortejo y dedicados las veinticuatro horas a hacernos más agradable la existencia. Quizás las más osadas fantasearían con tener amantes a voluntad pero me permito dudar si lo concretarían en la realidad. Pero de lo que estoy segura es que lo último en que la mayoría de nosotras sueña cuando piensa en hombres es en feminizarlos como a sissies mariquitas, sodomizarlos por la fuerza contra su voluntad, pisarlos con zapatos de taco, ponerles bridas de caballo para usarlos de pony o negarles el placer del orgasmo mediante dispositivos de castidad.  





   Si excluimos a un reducido número de mujeres consideradas pervertidas y que por lo tanto suele mantener su gustos sexuales en secreto, este es uno de los terrenos en donde las diferencias entre mujeres y hombres se vuelven abismales. Lo que ellos fantasean cuando se refieren a someterse al placer femenino no tiene relación frente a lo que ellas consideran sus verdaderos placeres. Esta divergencia sin remedio obliga al candidato con fantasías de esclavo a esforzarse mucho para encontrar una mujer fetiche dispuesta a cumplir con el rol complementario al que él aspira. Dichas mujeres son (somos) una especie muy difícil de hallar. 

   La sexualidad que expresa la fantasía Femdom está muy alejada de lo que las mujeres fantaseamos cuando pensamos en sexo. Es por esta razón que los pretendientes al goce del eterno sufrimiento enfrentan un obstáculo económico adicional. Como todo en la vida, un bien deseado y escaso se hace valer y cuesta caro. El camino que los conduce a su tan deseada torturadora personal suele estar tapizado de billetes y tarjetas de crédito porque las Señoras dispuestas a calzarse las botas de taco con el látigo en la mano saben cotizar muy bien su rara condición de soberanas castigadoras. Si desde la imagen erótica ellas proponen a su multitud de seguidores las más sensuales fantasías fetichistas, también disfrutan sádicamente del poder de volverse gélidas y distantes cuando sus exigencias no son satisfechas hasta el detalle. 

   El mundo de las dominatrices profesionales suele ser silencioso y discreto pero provoca expresiones de incredulidad cuando trascienden las cifras que un hombre es capaz de pagar para ser tratado como un esclavo por la mujer que lo seduce. En serio que hay hombres que encima pagan para que una mina les haga esas cosas? es la frase más común que escucho de parte de conocidas. Sí que pagan, y ustedes no pueden imaginarse cuánto…suele ser mi respuesta. Las que lo saben hacer, llevan una vida de princesa gracias a sus esclavos. Y muchos de ellos ni siquiera le piden sexo.

   Casi siempre ellas se quedan pensativas.




viernes, 15 de mayo de 2020

Fantasías de lectores. Una chica en mi jardín



   No te esfuerces demasiado en buscar a una Dómina. Es Ella quien va a encontrarte. Esa suele ser mi respuesta en tantos debates en donde un hombre con tendencias sumisas pregunta como conseguir Ama. Esta historia que hoy posteo revivió en mí esa vieja sentencia. Es que yo no busqué escribirla, la historia me encontró a mí. Es una historia de ficción, obra de la pluma de mi fiel comentarista Princesa  e inspirada en una foto en donde luzco una remera escotada que homenajea las tetas de Jayne Mansfield. Me gusta creer que Jayne inspiró a un diseñador que a su vez me inspiró a Mí, que a su vez inspiré a Princesa a escribir esta fantasía. Y a su vez cuando yo espero inspiración de una musa, el círculo se cierra y me llega desde la fantasía de Princesa una hermosa historia tan bien escrita que su único destino posible era ser columna de este blog.





   Yo la imagino en Su jardín, tomándose unas fotos con esa magnífica remera escotada y esos maravillosos guantes negros. Una chica joven que camina por la vereda, alcanza a verla a través de las rejas. Se detiene un momento algo impactada por Su imagen. Sé pocas cosas sobre la joven. Me alcanza con saber que es bonita, heterosexual, sin conocimientos acerca de nada que tenga que ver con el BDSM. Alguna vez ha tenido fantasías lésbicas pero no les ha dado importancia porque cree que nunca las llevaría a cabo en la vida real.

   Está claro que sabe que está haciendo algo muy inocente, una travesura de fisgona. A través de los arbustos, observa a una bella mujer madura en lo que parece una sesión de fotos que le realiza quién seguramente es Su marido. Por un instante se pregunta a sí misma si es posible que esa Señora ejerza alguna atracción sobre ella. Rápidamente se ríe de su ocurrencia, esa mujer es atractiva pero a la vez podría ser su madre. Es ridículo, a ella le gustan los chicos jóvenes, no las mujeres maduras.

   Cuando está por seguir su camino, Usted, Mistress Roxy, la advierte. Cuando nota que está por irse, tira de su remera un poco hacia abajo. Sus grandes tetas quedan ajustadas a la remera de un modo más impactante. Entonces la joven emite una pequeña exclamación. Usted aprovecha para mirarla sin disimulo, como si acabara de descubrir su presencia. La chica, muy avergonzada, reinicia su camino para alejarse de esa incómoda situación. Entonces Usted se dirige a ella, suave pero altaneramente.

- Que maleducada, espiando en una casa ajena y cuando te descubro, en vez de pedir disculpas, te vas corriendo.

   La joven se detiene helada y por su mente se cruzan muchas cosas. Sabe que lo más prudente sería seguir caminando y alejarse. Piensa a la vez que la señora tiene razón, que no le cuesta nada volver sobre sus pasos y disculparse. Menos conscientemente y aunque no lo quiera reconocer, el tono imperativo de la mujer y su sensualidad dominante empiezan a hacerla sentir sumisa. Retrocede unos pasos.

 - Tiene razón Señora. Es que Su jardín es muy hermoso y me detuve a admirarlo.

   Usted, Mistress Roxy, sonríe suavemente al ver que Su presa se muestra indefensa. Con tono de voz y mirada, extremadamente provocativos, la ataca nuevamente. La mira directamente a los ojos y mientras le sonríe, tira de Su remera hacia abajo nuevamente dejando Sus hermosas tetas casi al aire.

 - A qué te referís con mi jardín? 

   La chica no puede creer la situación. Mira a Su esclavo marido que parece estar atento solo a la cámara, como si la revisara, completamente prescindente de la situación. Casi en shock, la joven siente que no puede articular palabra. Lo que es peor, demora varios segundos en darse cuenta que no puede apartar su vista del escote. Cuando levanta sus ojos, Mistress Roxy la mira con sadismo triunfante.

 - Seguís mirando mí jardín?

   Con la cara roja y lágrimas asomando a sus ojos, la chica apenas si puede susurrar una disculpa.

- Perdóneme Señora, no sé lo que me pasa, Usted tiene toda la razón, soy una maleducada, de verdad, no sé lo que me pasa, ya me voy, le pido disculpas otra vez.

   Entonces es cuando Usted, Mistress Roxy, adopta la expresión que se ve en la foto. Su enguantada mano derecha apoyada en Su espléndido cuerpo con encantadora femineidad. El dedo índice de la izquierda señalando Su escote en un gesto provocador e irresistible. Seductora y firme a la vez, se dirige a la chica.

- No me parece bien que te vayas, creo que lo correcto es que entres y te disculpes como corresponde.

   Su esclavo marido no necesita oír más para acercarse a la puerta de rejas, abrirla y franquearle el paso a la joven. Ella está azorada, una Diosa madura la está seduciendo y dominando descaradamente y lo peor es que se siente completamente imposibilitada de evitarlo. Mira fijamente Su pose y se siente como hipnotizada. Sin saber lo que está haciendo, camina como una autómata. A un metro de distancia de Usted, Mistress Roxy,  se detiene y balbucea.

- Lo siento mucho Señora, dígame qué tengo que hacer para que me perdone.

   Usted sonríe, se acerca hasta que quedan casi pegadas. Con el dorso de Su mano derecha enguantada le acaricia la mejilla, limpiándole una lágrima que queda en uno de los dedos. Lo acerca a la boca de la chica que se siente completamente trastornada. Entiende que debe chuparlo y dócilmente comienza a hacerlo. La textura del guante entre sus labios y su lengua, la enloquece aún más.  Usted, Mistress Roxy, la mira a los ojos con sádica ternura.

- No te preocupes, sólo tendrás que hacer todo lo que Yo te diga.

– Por supuesto Señora.

– Me llamo Mistress Roxy.

- Sí Mistress Roxy, haré todo lo que Usted mande.

   La voz de la joven tiembla. Usted en un gesto altanero, le señala sus altas botas de cuero negro y suelas rojas y ella comprende de inmediato. Se arrodilla, llorando en total sumisión y actuando como si no tuviera voluntad alguna. Completamente entregada a su nueva Diosa, empieza a lamer la caña de Sus botas. Su lengua es pura docilidad y sus ojos parecen perdidos y extasiados. Usted, Mistress Roxy, cierra los suyos, se entrega al placer y se acaricia los pechos con ambas manos enguantadas.

- Lo vas a disfrutar mucho querida.





jueves, 7 de mayo de 2020

Las mujeres usamos cartera






Una no nace mujer, se llega a serlo.

   La frase es de Simone de Beauvoir, tiene décadas de historia y ha movido ríos de tinta en el feminismo. Apunta a que ser mujer es algo mucho más complejo que un destino de haber nacido hembra humana. Ser mujer implica asumir la construcción de un yo femenino a través de la educación en modales y conductas.

   Quizás sin haber sabido nunca de dicha frase, las travestis, crossdressers y sissies son las mejores y más aplicadas alumnas en aplicar ese concepto. Quienes no nacieron mujeres y aspiran a ser reconocidas como tales, suelen ser las más dedicadas constructoras de autofemineidad.

   Entre todos los elementos que hacen a esa construcción femenina, un accesorio del que poco se habla pero que yo juzgo fundamental, es la cartera. Porque somos las mujeres quienes usamos carteras. Las mujeres podemos definirnos como los seres humanos que usamos cartera.


Kate Moss by Versace


   Las mujeres, cuando nos preparamos con cierto cuidado para salir, nos preocupamos por elegir la cartera. A lo largo de nuestro aprendizaje de niñas a mujeres, debimos aprender a elegir la cartera correcta para cada situación. Nuestra presentación en sociedad tiene mucho que ver con la cartera que llevamos.

   La cartera es un accesorio que marca el nivel de la mujer que lo usa. Es mucho más un símbolo de status que un accesorio utilitario. La cartera habla de estilo, gustos, posición social y poder. Cuando una mujer llega a una fiesta en sociedad y no se quita la cartera por un largo rato, es de mal gusto invitarla a que la deje en el guardarropa. Esa mujer le está mostrando el mundo quien es y qué lugar ocupa en esa fiesta mediante la exhibición de su cartera.

   Los nacidos varones y decididos a convertirse total o parcialmente en mujeres pueden aprender a lookearse con sus modelos de rol ideales, imitando el estereotipo universal de la mujer bella y sensual. Con dominio y práctica, he visto con admiración como se mueven sobre tacones altos con la elegancia de las mejores topmodels y como han aprendido hasta la excelencia el arte del maquillaje. Pero yo siento que recién cuando agregan una cartera y saben llevarla como si fuera una parte de ellas mismas, es que ellas y yo estamos en la misma sintonía femenina. Quizás lo mío sea un resabio de aquella educación femenina que recibí desde chica y de la observación y la imitación que hice de las grandes damas que tuve el honor de contemplar.


Angelina Jolie


   Una dama siempre está atenta a su cartera, tanto si sale con amigas como si tiene una cita con un caballero. No sólo es una cuestión social, también existe una razón de movimiento. A veces las travestis están tan fijadas en feminizar al detalle el movimiento de sus piernas y de su cola que olvidan prestarle atención a la parte superior de su cuerpo. Y así como los tacos altos formatean tus piernas y te llevan irresistiblemente a ganar un andar más femenino, llevar cartera feminiza instantáneamente tus brazos porque obliga a tus manos a moverse con cierta cadencia y te impide los movimientos bruscos. La cartera, como los tacos altos, son restrictivos. En esa restricción de movimiento de las manos y los brazos, como en la restricción que provoca la pretensión de andar en alturas, reside uno de los secretos del enorme placer que provoca la femineidad. 

   Entonces, querida nena sissy o cross, además de hacer todo eso que tanto le gusta a tu corazoncito de viciosa como acomodarte la peluca, llenarte los brazos y las manos de bijouterie, mover la cola caminando en tacos y maquillarte bien exagerada, no olvides el consejito de esta Mistress que sabe más por madura que por Mistress.


Nunca pero nunca te olvides de llevar cartera.







viernes, 1 de mayo de 2020

Goddess Hiliana



   La Diosa que hoy llega a mi blog es alemana y comenzó en el modelaje fetichista en 1998, cuando tenía dieciocho años. En 2007 fue la chica de tapa de la célebre revista fetish Marquis y a partir de entonces reinó en las sesiones Femdom del club fetichista londinense Torture Garden. En estas doce fotos de Goddess Hiliana, busqué reflejar los distintos looks  y peinados que ella usa y en especial sus deliciosos excesos en el largo de las uñas y en llenar de anillos y pulseras sus manos y brazos. 
   
Les dejo algunos links para encontrarla en Internet y gozar de su seducción.

https://www.youtube.com/user/TheGoddessHiliana/videos

https://www.facebook.com/Goddess-Hiliana-193888500684929/

https://goddesshiliana.wordpress.com/



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