Mostrando entradas con la etiqueta Femineidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Femineidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2026

Bukkake (parte II)






   De cualquier forma en que se la presente, una escena de bukkake siempre ha sido uno de los actos sexuales más controvertidos. Feministas de renombre lo han catalogado como lo más grosero y degradante que puede filmarse o fotografiarse para someter a una mujer como objeto de placer para la excitación masculina. Seguramente desconocen que el bukkake proviene de una tradición milenaria de misticismo y sensualidad, es una de las más bellas expresiones artísticas de la sexualidad oriental y posee un misterioso poder sugestivo que excede al fetichismo sexual.

   Mis primeros accesos a los placeres del bukkake y la eyaculación facial provienen de mi curiosidad adolescente. El sexo oral me parecía un juego divertido y excitante; me atraía la pornografía menos convencional, la que no mostraba solamente penetraciones de mujeres desnudas. Después llegaron las primeras experiencias sexuales con varones; ellos siempre bien dispuestos a dejar su ofrenda sobre mí. La videocassetera a escondidas también aportó lo suyo: nunca olvido la fascinación con que contemplaba a aquellas viejas reinas del porno de los ochenta y noventa que solían exhibirse golosas y triunfantes con dos o tres de sus bien dotados amantes eyaculando al mismo tiempo sobre sus bellos rostros maquillados.

   El bukkake es una práctica sexual cuyas raíces se remontan a antiguas tradiciones sexuales japonesas y casi siempre se lo relaciona, para mi disgusto, con la humillación sexual de la mujer que lo protagoniza. La multimillonaria industria sexual y fetichista del Japón está inundada de semen chorreando en las caras de mujeres sumisas, casi dolientes, en una especie de degradante tortura facial provocado por la eyaculación continua de varios hombres sobre ellas. Me gusta más la otra versión, totalmente opuesta, que viene de China y que está relacionada con las antiguas prácticas taoístas de las Tigresas Blancas. La belleza, la estética en el sexo taoísta, es esa mujer cubierta de semen pero de ningún modo humillada sino sonriente, energizada como una renovada flor de loto dado que a través del semen, la mujer absorbe la energía sexual masculina y así rejuvenece.


El Dragón, al agazaparse la Tigresa ante él

se siente arrastrado hacia su boca

El Loto Rojo de la Tigresa se apodera

de la preciosa perla del Dragón

y ella se escapa de un brinco

llevándose su presa



   En las prácticas de las Tigresas Blancas, la única función de los hombres denominados dragones es aportarle a la Tigresa su semen y con él, su energía sexual, su chi. El Loto Rojo es la lengua de la Tigresa, que ella usa para lamerlo y chuparlo, excitándolo hasta la eyaculación.

   Fellatios y bukkakes son parte inseparable de la sexualidad de travestis y sissies. Ellas disfrutan sintiendose putas felatrices; para ellos es más fácil disfrutar así que mediante una penetración anal que puede llegar a ser dificultosa. Las palabras habitualmente despectivas petera, chupapija, etc..son música para sus oídos.

   Otras habitués a gozar de los derrames faciales de semen son las chicas, biológicas o trans, que cumplen con el estereotipo de la bimbo: siempre sonrientes y muy divertidas, como tontas Barbies prostituidas con sus bocas llenas y sus mejillas embadurnadas. La perversión máxima convertida en un juego erótico casi infantil, casi inocente…

   La visión colectiva no suele vincular a las dominatrices con el bukkake, quizás por el viejo prejuicio, casi imposible de desterrar, que las mujeres dominantes restringen el orgasmo de los hombres. La diferencia está, creo yo, en la suma de actitudes de la mujer que protagoniza la acción. Por ejemplo, cuando planeo una relación sexual que finalizará en un bukkake, no permito que ninguno de los varones participantes me tome de la nuca o de la cabeza durante el sexo oral. Me gusta estar sentada cruzando las piernas calzando botas y tenerlos a ellos parados y desnudos a mi alrededor. Ademas, dirijo la conversacion erótica para excitarlos. 

   La ropa fetichista, el clothed female naked male, la palabra obscena y excitante, la postura y los gestos...todos son mensajes verbales y gestuales que dicen que la dominacion fluye desde Mí hacia los hombres. En general, ellos lo entienden y se someten sin temores. Son ellos quienes deben complacerme. Quienes no lo hacen, mejor perderlos que encontrarlos.

Entradas relacionadas:




lunes, 8 de diciembre de 2025

Adelina Tattilo, la Sra Playmen

 

   Sra Playmen es una miniserie italiana inspirada en la vida real de Adelina Tattilo, la editora que desafió la censura y el conservadurismo de la Italia de los años setenta con la revista erótica Playmen. La producción combina hechos verídicos con elementos de ficción y busca reconstruir el recorrido de una mujer que transformó el erotismo en una forma de expresión cultural y política.


Carolina Crescentini                                Adelina Tattilo



   La serie, dirigida por Riccardo Donna y protagonizada por Carolina Crescentini, cuenta con siete episodios y presenta una mirada íntima sobre el ascenso y las batallas personales de Tattilo, quien, según la revista Time, fue la Hugh Hefner con faldas. Crescentini interpreta a una mujer compleja que debió elegir entre la libertad personal y la condena social.

   La historia se inicia en una fiesta de lanzamiento de un número icónico de la revista, con la cantante francesa Brigitte Bardot en portada, y muestra el punto de inflexión que llevó a Tattilo a asumir el control de Playmen tras la desaparición de su marido, el productor Saro Balsamo. Desde ese momento, la serie retrata su lucha contra la censura, los prejuicios y el poder masculino en un país donde el erotismo era casi un delito. Más allá de la ficción, Sra. Playmen expone el retrato de una Italia en plena transformación, donde la revolución sexual comenzaba a enfrentarse al peso de la religión, la moral y la política.

   Adelina Tattilo nació el 13 de noviembre de 1928 en Manfredonia, en el sur de Italia, dentro de una familia católica conservadora. Fue educada por monjas y creció bajo una moral rígida, pero a contracorriente de su tiempo se convirtió en una de las figuras más transgresoras y revolucionarias de su país.  A comienzos de los años sesenta, junto a su esposo Saro Balsamo, fundó revistas pioneras como Menelik (1960), dedicada al cómic erótico, y Big (1965), orientada al público adolescente masculino. Sin embargo, su gran salto llegó en 1967, cuando, inspirada en Playboy, por entonces prohibida en Italia, creó Playmen, una revista erótica mensual con una estética sofisticada y contenido cultural.

   Tattilo explicaba que su objetivo era distinto al del imperio de Hugh Hefner: En nuestro concepto de erotismo, la mujer es sujeto tanto como el hombre. No queremos reducirla a un objeto; queremos que sea libre de decidir sobre su cuerpo, afirmaba en una entrevista a Time en 1971.

   En sus primeros años, Playmen alcanzó 450.000 ejemplares de tirada mensual. Pero el éxito llegó acompañado de conflictos. La policía incautaba los números apenas salían a la venta, y la brigada antivicio perseguía a Tattilo con denuncias por obscenidad. Aun así, la editora no se detuvo: publicó las fotos de Jacqueline Kennedy desnuda en su piscina, retratos de Brigitte Bardot vestida de monja con sujetador de malla, y hasta un reportaje a John Paul Getty III, de 16 años, poco antes de su secuestro.

    En medio de la polémica, Tattilo defendía causas progresistas como el divorcio, el derecho al aborto y la emancipación femenina, y se enfrentaba tanto a sectores conservadores como a feministas que la acusaban de cosificar el cuerpo femenino. Los italianos tenemos un problema con el sexo. En vez de relajarnos, nos enfada, decía en una de sus frases más recordadas.


Del éxito al escándalo: la batalla de Playmen y el legado de Tattilo

   En los años setenta, Adelina Tattilo expandió su imperio editorial con nuevos proyectos. En 1974 lanzó Libera, una revista femenina con desnudos masculinos, y en 1976 coprodujo la película Stato interessante, sobre el aborto. Décadas después, creó Adam, una revista dirigida al público gay, adelantándose una vez más a su tiempo.

   Pero su enfrentamiento más mediático fue con Playboy. Hugh Hefner la demandó en Estados Unidos por el nombre de su publicación, alegando que Playmen imitaba su marca. Aunque Tattilo perdió en territorio norteamericano, los tribunales italianos fallaron a su favor y reconocieron la identidad propia de su revista. Años después, cuando le preguntaron si se arrepentía de haber publicado las fotos de Jacqueline Kennedy, dio una respuesta polémica: Si no quería ser fotografiada, no debería haberse exhibido.

   En la década de 1990, la irrupción de la pornografía en video y en Internet marcó el declive de Playmen. Las ventas cayeron, y la revista cerró definitivamente en 2001. Adelina Tattilo murió en Roma el 1 de febrero de 2007, a los 78 años, dejando tres hijos y un legado en la industria editorial y erótica.

   Su figura trascendió más allá del escándalo. Fue pionera en mezclar erotismo, cultura y libertad, en un contexto donde hablar de sexo era casi un acto político. La serie de Netflix reconstruye ese espíritu con glamour, ironía y rebeldía, mostrando a Tattilo como una editora que convirtió la provocación en una forma de emancipación.



Las tapas de Playmen



Nadia Cassini y Gloria Guida en la tapa de Playmen





Fuente


sábado, 5 de octubre de 2024

El bello sexo (parte IV). Brukwine

 



   Fetichismo y fitness pueden ir perfectamente juntos. Así parecen ser las clases en las neoyorquinas escuelas de Brukwine, una forma alternativa de gimnasia femenina en donde las chicas, además de buscar quemar calorías, disfrutan libremente con los movimientos del cuerpo buscando sentirse desinhibidas y sexies. Parte de los ejercicios implican rutinas de poledance y twerking, una forma de mover las caderas al ritmo del hiphop que fue en su momento despectivamente denominada gimnasia para putas. En lugar de la clásica y asexuada ropa de entrenamiento, las clases de brukwine proponen un provocativo y divertido desfile de lurex, maquillajes, lentejuelas, spandex y para las que más se atreven, zapatos de taco alto. 

   Como una prueba más de que los tacos altos son el símbolo más perfecto del poder sexual de la femineidad, Miley Cyrus le ha declarado hace unos meses a la revista norteamericana W que ella también entrena en tacos altos. Confieso que me gustaría verla entrenar a ver como lo hace (hay algunos videos en TikTok a respecto) Lo más interesante de la entrevista es cuando dice: Entreno con tacones también porque estoy interesada en feminizar el espacio de entrenamiento: gran parte de las máquinas de entrenar son feas…por eso, entreno en tacones. El gimnasio parece muy duro, pero me pongo mis zapatos de tacón de Gucci que me recuerdan a Marilyn Monroe.

   Primera reflexión: Ser femenina para una cantante pop de hoy es ponerse tacos altos para emular a una actriz que falleció hace sesenta años. Convivir con la eterna vigencia de Marilyn como sex symbol, como con la de Bettie Page, Diana Rigg o Julie Newmar, no deja de ser sorprendente. 

    Segunda reflexión, y relacionada con la primera: pese a la proclamación de mil y una revoluciones que pretenden dictar lo contrario, la femineidad clásica parece gozar de excelente salud y sigue marcando el paso del placer. La frase de Miley … estoy interesada en feminizar el espacio de entrenamiento: gran parte de las máquinas de entrenar son feas…por eso, entreno en tacones… puede sonar como una declaración de frivolidad pero esconde un concepto muy profundo. 

   Feminizar un espacio es embellecerlo y volverlo agradable. Cuando participaba en fiestas BDSM en Buenos Aires, buscaba instintivamente feminizar los espacios en donde sesionaba: lugares plagados de instrumentos de tortura construidos con hierro que me parecían feos y asexuados, alejados de todo erotismo y de toda sensualidad y carentes de la aterciopelada suavidad propia de nuestro femenino poder. 

   Las dominatrices somos buscadas y deseadas por múltiples razones y cada candidato a sumisa o sumiso seguramente tendrá la suya propia pero por experiencia sé que no me equivoco al afirmar que nosotras embellecemos la experiencia sexual mediante las formas que utilizamos, la manera en que nos movemos y los rituales que practicamos. Existe una belleza inherente a la dominación femenina que es difícil de definir pero muy fácil de reconocer y que por eso mismo se la llama femenina. Las chicas que practican rutinas fitness y buscan sentirse sexies para disfrutar su actividad, las crossdressers que ansían feminizarse para alcanzar las mayores alturas del placer y las dominatrices que nos montamos con nuestras brillantes ropas negras y nuestras botas altas, estamos en perfecta sintonía. Todas queremos sentirnos bellas.




Miley Cyrus y los tacones con que entrena



jueves, 16 de noviembre de 2023

Transgresoras

 




   La masturbación se descubre en la intimidad, como una forma de reconocer el propio cuerpo mientras la mente vuela por las placenteras fantasías individuales. Si la masturbación fuera pública y se la enseñara en las escuelas como método sano y seguro de obtener placer, quizás toda la sexualidad humana se volvería más natural y saludable pero a la vez perdería erotismo y transgresión para tender a la animalidad en donde el sexo es una función biológica más. Destruir los tabúes y exponer el sexo sin velos es quitarle la dimensión mítica y prohibida que lo enriquece y que es la base de todos los deliciosos libertinajes.

   Siempre recurro a este ejemplo tan masturbatorio, tan pajero, cuando quiero expresar la forma en que he vivido los placeres relacionados con la dominación sádica femenina, el BDSM, la bisexualidad, el fetichismo y el adulterio. Porque así como la telaraña de mis deseos y sensaciones se ha ido tejiendo día a día a partir de múltiples y diversas experiencias eróticas, he sido y soy muy prudente a la hora de mantenerlas semiocultas. Mistress Roxy, la dominatriz, la adúltera, la bisexual; es conocida en ciertos círculos, pero no se visibiliza demasiado.

   Sé que la humanidad contemporánea con la cual me toca compartir la calle, el trabajo y la escolar reunión de padres me lapidaría si hiciera pública mi vida sexual. Entonces la guardo en silencio, con prudencia, consciente de ese destino. Sólo podemos conversar libremente sobre sexualidad si nos rodeamos de un círculo de personas que entiendan nuestro idioma. Del resto, mejor mantenerse oculta.

   Quienes hemos participado en fiestas del ambiente BDSM sabemos muy bien que muchas de las prácticas más comunes con las que nos divertimos y gozamos pueden ser utilizadas como elementos de prueba en juicios penales y debemos estar muy atentos con quien jugamos. También sabemos que muchas de nuestras reuniones deben ser semiclandestinas porque hay personas que van a ser atadas (privación de la libertad), golpeadas o castigadas (maltratos físicos), subastadas para servicios sexuales (proxenetismo) o consideradas por otros como esclavos (tráfico de personas). El BDSM, al igual que las diversas formas de swinger, ha ganado mucha visibilidad en el siglo XXI pero continúan siendo vistas como conductas sexuales perversas a menos que dejen muy claro que todo se juega bajo condiciones de consenso preestablecido.

   Alfred Hitchcock dirigió a Grace Kelly en El crimer perfecto, en La ventana indiscreta y en Para atrapar a un ladrón. Hitchcock estaba fascinado por el carácter y la belleza de Grace, esa belleza fría y glacial, de esfinge perfecta, detrás de la cual se podía adivinar toda clase de ardores eróticos. Hitchcock sabía que si lograba transmitir esa doble personalidad a la pantalla del cine, las chicas de los reprimidos años cincuenta podían llegar a identificarse con Grace a través de esa transgresión latente. Y así lo hizo.

   Si transgredir lo prohibido es un delicioso condimento que le da un insustituible sabor al sexo, tengamos mucho cuidado con visibilizar demasiado explícitamente nuestro estilo de vida basado en la dominación femenina. Quizás sin proponerlo, estemos privando a nuestras hijas y nietas de algo precioso que a nosotras nos costó mucho aprender a disfrutar.






lunes, 9 de octubre de 2023

La revancha de las bimbos


    Ser feminizados es una fantasía erótica favorita para muchos hombres pero en realidad no conoce restricciones de género. También una mujer biológica puede ser feminizada, aunque suene como un oxímoron o directamente como una provocación para el feminismo, siempre tan susceptible a encontrar resabios patriarcales en cualquier conducta.

   La bimbo es un tipo de feminización que lleva a una mujer al nivel de una caricatura sexy. Casi siempre rubia, de tetas grandes diseñadas mediante implantes de siliconas, siempre divertida y fiestera, hipersexualizada en sus modales, maquillaje y vestimenta, la bimbo es el estereotipo perfecto de muchas fantasías masculinas que provoca escozor y críticas feroces en las feministas porque la bimbo es deliberada y escandalosamente superficial y tonta (lo que contribuye fuertemente a su sex appeal).

   La bimboficación de una mujer es el equivalente a la sissificación de un varón porque se basa en la construcción artificial de conductas y apariencias que responden a un estereotipo socialmente condenado. De hecho, muchas travestis se inician buscando imitar el estereotipo bimbo, tan atractivo para ellas desde lo sensual - fetichista como desde lo psicológico. Las bimbos suelen autoproducirse como tales para su propia diversión, para prostituirse o simplemente como parte de una personalidad.


Las bimbos no siempre nacieron mujeres



   El rastro de la bimbo originaria nos lleva a las legendarias starlets del cine de los años cincuenta: a las sirenas como Marilyn Monroe y Jayne Mansfield que fueron construidas por la maquinaria de Hollywood para vender una imagen sexy de las rubias divertidas. Pero fue en los años noventa cuando el prototipo de la bimbo se impuso a fuerza de una combinación de bustos siliconados y sexualidad desenfadada, con Pamela Anderson y Anna Nicole Smith como rutilantes modelos bombas a nivel mundial.


Anna Nicole Smith


Pamela Anderson


   Muchas chicas que deseaban consagrarse en el porno, la fotografía erótica, la prostitución de alto nivel o simplemente buscaban sus cinco minutos de fama, imitaron el modelo de la bimbo, en alguna o en todas de sus formas. Programas televisivos las exhibían como llamativos fenómenos de circo mientras ellas contaban con lujo de detalles sus tratamientos estéticos, sus romances con actores o futbolistas y exhibían sin tapujos una inocente frivolidad que contradecía la sexualización de sus cuerpos. Algunas pagaron (y siguen pagando) un alto precio en su salud por el abuso de sustancias o la irresponsabilidad de los médicos y cirujanos que las trataron: incluso perdieron sus propias vidas. Así fue como la imagen de la bimbo y el propio uso del término se fue cimentando en la conciencia social contemporánea como un factor negativo más que una fantasía sexual. Bimbo era una palabra peyorativa. Casi un insulto.



La modelo erótica Sarenna Lee imitando a Marilyn



   Me sorprendí mucho cuando me enteré que a través de las redes sociales, chicas jóvenes de hoy se reivindican a sí mismas como bimbos, revalidando el término como una opción tanto desde lo estético como desde lo sexual. De acuerdo a los nuevos tiempos, las chicas bimbos son ferozmente independientes y exhiben un estilo de vida en donde reina una hiperfeminidad que recuerda vagamente a una pinup modernizada, con acceso a toda clase de maquillajes y rellenos de colágeno.

   Este es un ejemplo del fenómeno que ocurre cuando un término históricamente despectivo con el que se pretendía avergonzar a un grupo de personas se reforma culturalmente y cambia su significado. Las chicas ya no abordan la palabra bimbo desde la perspectiva negativa de ser juguetes sexuales para fantasías masculinas. Ser bimbo, como ser sissy, marica, queer, puto y tantas otras más, son distintas caras aceptadas dentro del amplio mundo de la diversidad sexual. La apropiación del término transmite poder y seguridad en lugar de vergüenza y rechazo.

   Chrissy Chlapecka es una chica norteamericana que creó su cuenta de TikTok en el 2019 y ha acumulado más de cuatro millones de seguidores. Para Chrissy, una bimbo es una chica que quiere celebrar y apreciar su propia hiperfemineidad. Chrissy se presenta como una Barbie real y toda su apariencia es bimborosa, mágica. Pero detrás del maquillaje, las largas pestañas y las uñas imposibles, Chrissy se muestra ingeniosa e inteligente. Para empezar, ella y muchas otras como ella han montado su propio negocio online a partir de su condición de bimbos estereotipadas al extremo. Y les va muy bien. Parece que de tontas, estas chicas no tienen nada. Muchas feministas que viven teorizando sobre el lugar de poder que les debería corresponder a las mujeres en la sociedad actual deberían prestar atención a lo que una jovencita bimbo es capaz de lograr hoy gracias a una webcam.

   En el cine erótico, también la bimbo dio una vuelta de tuerca a su propio estereotipo. Las bimbos ya no son tontas tetonas decorativas, son heroínas con trajes fetichistas que protagonizan fuertes escenas de acción. No son las chicas estilizadas y atléticas según el modelo de Wonderwoman o Catwoman sino escuadrones de rubias con licencia para matar y un indisimulado aire a dominatrices sádicas con escotes a punto de explotar. Estas escenas de Blonde Squad, del 2014, sirven como ejemplo de todo un género.





   La bimbo del siglo XXI es una mujer con alta autoconfianza en sí misma, que ama su propia versión de la femineidad y la sexualidad y que está dispuesta a utilizarlas para su propio provecho sin rendirle cuentas a nadie y sin responder a ningún llamado moral que no sea el suyo propio. Una verdadera revancha bimbo.




martes, 15 de noviembre de 2022

El bello sexo (parte III). El poder de la belleza

 



Belleza es poder

Helena Rubinstein


   Desde nuestra más tierna infancia, sabemos que las niñas bonitas y graciosas ocupan el centro de atención y se llevan todas las miradas. La vivencias de la adolescencia refuerzan esa sensación: las chicas lindas parecen ser las únicas estrellas en el jodido universo y todo parece girar a su alrededor. Los chicos no sólo las miran con deseante atención: también las observan cuando conversan entre ellas y lo que escuchan confirma sus presunciones: a ellas les importa mucho verse lindas, ellas admiran, imitan o envidian a las más lindas. No hace falta explicar que apenas tengan la oportunidad, ellos siempre van a ir primero tras las odiosas lindas, que van a recibir de parte de ellos toda clase de halagos y atenciones sin hacer otro mérito que exhibirse.

   Pareciera que la belleza femenina es el bien más deseado, el poder que condiciona todo lo demás salvo al factor dinero que tampoco es una variable a tener en cuenta porque a esa edad tener dinero propio es una utopía: no es de ellos ni de ellas sino de sus padres. Si la belleza femenina viene además sobrecargada con los inmensos recursos que el mercado de la femineidad ofrece (maquillajes, peinados, zapatos altos, ropa provocativa), las mujeres aprendemos desde muy jóvenes que ahí late un manantial inagotable de poder que le permite a su poseedora hacer lo que quiere con quien quiere.

   El poder de la femineidad se expresa y fluye cada vez que una mujer atractiva se viste, se maquilla, se mueve, conversa, camina, se sienta. Es una forma de arte en movimiento. El arte de ser femenina es un comportamiento que puede aprenderse y que siempre será factible de ser mejorado. Ser bella y femenina es una carrera. Mientras que en la vereda de enfrente, los muchachos son masculinos con la misma facilidad y espontaneidad con que les cuelgan las pelotas, las chicas pueden entrenarse desde jóvenes para llegar a ser mujeres adultas capaces de ejercer sobre su entorno el poder de la femineidad. Aquella famosa frase de Simone de Beauvoir, que no se nace mujer sino que se aprende a serlo, que hizo correr tanta tinta en el feminismo, tiene más vigencia que nunca. Lo que las feministas no entendieron y evidentemente siguen sin querer entender es que lo que perciben como una situación de opresión no es otra cosa que una búsqueda de poder.

   Toda la artificialidad comercial orientada a la estética femenina, ese inmenso negocio que mueve millones, fue creado y es sostenido por el deseo de las mujeres de verse bellas pero la devoción hacia ese artificio alcanza niveles estratosféricos entre las sissies, crossdressers y travestis. Aun en las minas como yo, acostumbradas desde chicas a andar montadas y criadas en discotecas donde la seducción era la norma, nuestro deseo por vernos atractivas es apenas una sombra frente a la obsesión con que las travestis se maquillan y el nivel de detalle que invierten en seleccionar el look. No conozco ninguna clase de mujeres genéticas a excepción de las artistas de la seducción como las prostitutas de alto nivel, las dominatrices fetichistas profesionales o las strippers, que inviertan tanto tiempo y esfuerzo en lograr el aspecto deseado y sean además tan felices cuando lo consiguen.

   Yo sospecho que entre las nenus, como les decimos en Buenos Aires, ese deseo tan fuerte no es sólo un fetiche o un juego. Ellas disfrutan de la sensación de sentirse lindas porque desde que eran chicos y miraban de reojo a las chicas, aprendieron que en las mujeres la belleza está asociada con el poder de atraer, un poder del que carecen la mayoría de los varones. Las que se atreven a hacerlo por dinero, saben que les lloverán clientes; las que sólo lo hacen para divertirse en los boliches, saben que tendrán más chances de disfrutar del mundo mágico de la seducción con los hombres. Las que lo hacen en soledad y frente al espejo, saben que se sentirán plenamente realizadas al verse cercanas a sus admirados modelos femeninos.

   Cuando interpreto que detrás del placer del travestismo hay una búsqueda del goce del poder a través de la construcción de atractivo femenino en donde por biología no lo hay,  puedo estar especulando ya que al provenir del BDSM, tiendo a ver relaciones de poder en todas las interacciones entre seres humanos. Pero que tire la primera piedra quien me discuta que la belleza es poder. Helena Rubinstein siempre tuvo razón.









jueves, 23 de junio de 2022

La mujer fáunica

 


 

   El fauno, también llamado sátiro, es una figura mitológica, mezcla de hombre y cabra, poseedor de una inagotable potencia sexual, que participaba en el séquito de Dionisos, dios del vino y las orgías. Al dios lo acompañaban también algunas mujeres que eran llamadas ménades. En el fauno y en las ménades habitaba una naturaleza sin control que los empujaba al goce de los placeres pero representaban mucho más que eso. Estaban presentes en la mitología como un recordatorio de que el puro deseo sexual es una poderosa fuerza dadora de vida que debe ser canalizada por la sociedad para evitar excesos pero que no puede ni debe ser reprimida por completo.

   En la tradición cultural de Occidente, el paradigma fáunico puede ser definido en contraposición al paradigma amoroso monogámico que es sostenido y promovido desde la Iglesia y el Estado como la única forma de validar el sexo. En cambio, para el paradigma fáunico, el apetito sexual es la razón del eros, del deseo en el encuentro íntimo entre personas. Operando desde la clandestinidad durante siglos hasta salir a la luz con la modernidad del siglo XX, el paradigma fáunico ha sido y es una expresión fiel de la naturaleza sexual humana en estado puro.

   Desde su propio nombre, el paradigma fáunico invoca la tradición pagana y orgiástica de las antiguas Grecia y Roma. Es obvio que el cristianismo triunfante en la Edad Media va a enmudecer casi por completo al paradigma fáunico durante siglos enteros. Su representación más común es el Satanás con cuernos que susurra al oído toda clase de tentaciones que nos apartan del camino correcto. No en vano se le otorgaba al Maligno una figura similar al sátiro griego.    

   El fauno es un carácter casi siempre masculino y se lo identifica con un constante deseo por la hembra, con erecciones infatigables y cópulas violentas. Es muy raro que se nos recuerde a las ménades como contrapartes femeninas. Si todo el paradigma fáunico ha sido combatido por inmoral durante siglos, es lógico que su costado femenino haya sido invisibilizado casi por completo.

   El paradigma fáunico en la mujer ha sido descripto como ninfomanía, un término más propio de la ciencia médica y psicoanalítica que una descripción de la realidad sexual femenina. La literatura apenas si la ha rozado salvo contadas excepciones; quizás Mme. de Saint Ange, en La filosofía del Tocador, una obra maestra de Sade, sea el más perfecto y conocido ejemplo de mujer sádica y fáunica a la vez. Otro ejemplo al que me quiero referir, menos conocido pero muy interesante, es el de Alfred Jarry. 

   Alfred Jarry fue un escritor francés de fines del siglo XIX y principio del XX. Dramaturgo, poeta y novelista, fue uno de los constructores del teatro del absurdo y junto a otros de su generación incubó lo que después serían las corrientes revolucionarias del surrealismo y el dadaísmo. En su novela erótica El Supermacho, Jarry utiliza el término en forma muy diferente del concepto filosófico del superhombre nietzcheano. El supermacho de Jarry es un fauno clásico llamado André, que se camufla bajo el aspecto de un ciudadano de su tiempo, marcado por el capitalismo y la revolución industrial y se revela como una máquina cuasihumana que debe cumplir con un rendimiento preestablecido. Como parte de una serie de competiciones en donde su capacidad atlética va a ser puesta a prueba, André se propone copular setenta veces consecutivas en veinticuatro horas para lo que requiere los servicios de siete prostitutas. 

   Jarry exhibe el paradigma fáunico sin velos y con absoluta impudicia: lo que se propone es un torneo del acto sexual en donde se pone a prueba el poder sexual del fauno sin que medie ninguna justificación amorosa. El desafío inicial se trastoca al presentarse Ellen, una chica norteamericana que exige ser ella sola quien asista al supermacho en sus setenta cópulas. Lo interesante es que Ellen asegura El supermacho debe existir puesto que una mujer lo desea. El fauno es el Amante Absoluto con el que ella siempre ha fantaseado. En este punto de la novela, el fauno deja de ser el supermacho capaz de atender sexualmente a toda mujer existente para convertirse en el ejecutor ideal de un insaciable deseo femenino que nadie puede controlar. La superhembra se hace realidad. La puesta a prueba de la potencia del fauno se convierte en un desafío mucho más complejo porque ahora debe enfrentarse a una ménade que quiere, que exige, ser cogida setenta veces seguidas. 

   Al finalizar aquella especie de gangbang con una única pareja participante, André cree que Ellen ha muerto. Las mujeres jamás mueren por demasiado sexo es una de las frases burlonas que Jarry pone en boca de un espectador. En realidad, no sólo Ellen se repone perfectamente sino que se enamora de su galán de setenta polvos. Pero al estilo de Romeo y Julieta, él la cree muerta y se somete a la voluntad del padre de ella que lo odia y termina matándolo haciéndolo participar en otro retorcido experimento. Como en Sade, también en Alfred Jarry no hay compatibilidad posible entre el paradigma fáunico y el amor.

    Cuando una personalidad femenina como la de Ellen responde a lo fáunico, significa que no la conmueven en absoluto los valores y las figuras emblemáticas que caracterizan al paradigma amoroso. Es importante establecer que una persona que se reconoce como fáunica, también suele comportarse de acuerdo al paradigma amoroso si se dan las circunstancias. La contraposición de ambos paradigmas recuerda mucho a la oposición entre el BDSM, con nuestra imaginería fetichista de Amas y esclavos, con el mundo del sexo convencional denominado vainilla. Los códigos y valores de uno son incompatibles con el otro por más que las mismas personas podamos comportarnos de un modo o del otro en diferentes momentos de la vida.

   Existen las mujeres fáunicas en nuestro civilizado mundo de hoy? Podríamos sin saberlo estar conversando con una Ellen en la fila del supermercado? Alguna vez he sido testigo en discotecas swingers de Buenos Aires de noches de gangbang en donde las chicas (mujeres o travestis) devoraban virilidades a diestra y siniestra durante horas, casi sin parar. Alguna vez fui yo una de esas mujeres y me divertí mucho haciéndolo. Para la tranquilidad general de la sociedad, podemos hacer creer, conviene hacer creer, que las mujeres fáunicas no existimos. 

   Pero que las hay, las hay.




Extraído de: 

Alfred Jarry; El Supermacho

Ercole Lissardi; La pasión erótica. Del sátiro griego a la pornografía en Internet

lunes, 20 de diciembre de 2021

Volver a Afrodita

 




   Este blog cumple diez años en pocos meses. Diez años de continuidad mes tras mes y semana tras semana. Antes del 2012 yo participaba activamente en foros y sitios web sobre sexualidad, BDSM y fetichismo pero nunca pensé que iba a pasar tanto tiempo y a dedicar tantas líneas escribiendo sobre mi propia intimidad erótica. Cuando releo el blog, tanto las columnas como los videos y el resto de la gráfica, me sorprendo que mis experiencias, mis deseos, mis fetiches y mis fantasías hayan dado para tanta tela. Mis historias son un flujo en el tiempo; pareciera que fueron vividas para después ser narradas. 

   Hemingway solía decir que no se puede poner en palabras a un sentimiento pero sí se puede describir la escena que lo detona. En algo de eso estuve metida en estos diez años. Describir las escenas me ayuda a rememorarlas para mantenerlas vivas, para planear otras, para conversar conmigo misma y a menudo para masturbarme a pleno placer recordándolas en mi mente. Parece loco pero como diría Lewis Carroll las mejores aventuras las viven los locos. 

   Y si de locos se trata, que mejor que referirnos a ellos, a los locos más románticos, los sumisos de las mujeres. Adoradores de las pasiones eróticas que nosotras les despertamos y trastornados por nuestros efluvios vaginales, nos obsequian con toda clase de atenciones, regalos, dinero, caricias, viajes, perfumes, y hasta ponen su propia vida en servicio en homenaje a las diosas terrenales del amor y de los paraísos sensuales y femeninos. Sin la intervención de Afrodita ningún hombre consigue ser feliz ni tampoco desgraciado, escribía Eurípides hace más de dos mil años. Ellos pueden ser los más felices, si Afrodita los elige, o los más desgraciados si Ella les es indiferente. No hay grises ni términos medios. Quiero tenerlos presentes como una forma de rescatar ese romanticismo tan vapuleado hoy por los falsos feminismos de moda. Si ellos son los fieles feligreses, nosotras debemos calzarnos las botas dominantes para ser las sacerdotisas de Afrodita. 

   Sacerdotisas de Afrodita. Sé de demasiadas parejas que en lugar de apostarle todo a que ella sea una sacerdotisa de Afrodita y él su fiel adorador, pasan hoy noches de soledad después de desperdiciar infinitas oportunidades de cachondeo mutuo y coqueteo recíproco por no animarse a explorar, por entregarse a temores infundados. Me duele en especial por las mujeres que nunca se atrevieron a curiosear para ver, saber o probar que había detrás de aquel espejo del deseo. La consigna QuedateEnCasa que nos obligaba a guardarnos para preservarnos del COVID nos daba a la vez la posibilidad a millones de parejas adultas de reinventarnos desde la intimidad forzada y transformar la rutina anterior en una nueva libertad para amar, para gozar, para sentir. 

   Si ponemos el placer femenino y el poder erótico que nace de nosotras como centro de coordenadas en cada momento de intimidad, los placeres del sexo brotarán por sí solos. Vamos que no es tan difícil, el culto a la diosa griega del amor no es un ritual demasiado rebuscado; te permite ser desde una chiquilla divertida y atrevida si sos de las busconas de braguetas hasta una dómina imponente para aquellas exigentes que sólo se permiten intimar con los que le suplican ser sus esclavos. Afrodita sabe del artificio, del engaño, del escondite, de la hora en que no hay niños deambulando por la casa, de la necesidad de relax de las presiones laborales y económicas. La Señora sabe. En sus dominios, cuando se la honra adecuadamente, el sexo gana una impronta sagrada. Es un sacramento. 

   Hoy arengo a que todas intentemos, sea desde la pareja, desde la masturbación solitaria o desde la orgía, a recuperar el poder de la sensualidad clásica femenina. Quiero más, deseo más y entonces gozo más. Como reza aquella frase de Eurípides, para no ser inerte y pasar por la vida desde el no – goce, las mujeres debemos enfocarnos en la intervención de Afrodita Hogareña. En una mujer, tendrás más placeres que desdichas y en el hombre, te encontrará una razón para vivir y soñar junto al trono de una Reina. 





domingo, 5 de septiembre de 2021

Poledance (parte III).


    Carolina Pampita Ardohain es una ex modelo argentina y actual conductora de televisión que ha sido noticia en Argentina porque a pocas semanas de haber sido madre, aceptó la propuesta de sumarse a una exhibición de poledance en un certamen de baile del cual ella suele ser jurado. Cuando se anunció que Pampita sería la encargada de dar por concluido el show de esa noche, ella aclaró que no iba a bailar sino que simplemente se iba a subir al caño a modo de demostración. Como para dejar en evidencia que se trataba de una presentación medianamente improvisada, le pidió a una de las bailarinas que le prestara sus botas y se las puso en vivo. Vestida con short de cuero y body negro, hizo la vertical, giró en el caño, trepó y hasta se animó a hacer un par de figuras nada simples para una mujer que está en pleno puerperio, al ritmo de Need You Tonight, de INXS. 






   Al terminar, quizá adelantándose a las críticas, aclaró que antes de aceptar este desafío, lo había consultado con su médico. Fui a charlar con mi doctor y me dijo: Subí y bajá. Pero todos los trucos invertidos imposible, porque no me reacciona todo esto..., dijo señalando su zona media. No podía hacer muchas cosas porque no tengo abdominales todavía.

   Por realizar ese baile televisivo en pleno puerperio, la modelo recibió varias críticas a través de las redes sociales por parte de mujeres que militan en el feminismo. Porqué no me sorprende que la tan meneada sororidad se vuelva crítica feroz cuando lo que está a la vista es la exhibición erótica de una bella mujer? Porqué no me extraña que las adalides de Mi cuerpo, mi decisión se otorguen a sí mismas la libertad para opinar sobre el uso que otra mujer le da a su cuerpo?  Pampita, a su manera, les respondió. Bailar es un trabajo que me encanta hacer, es mi cuerpo, bailé toda la vida. No hay que compararse con nadie y no hay que comparar las maternidades de una con las de la otra.  







   Cuando se trata de actividades unánimemente consideradas eróticas como el poledance, la sombra del juicio moral sigue estando omnipresente, en especial entre nuestras congéneres femeninas. Las mujeres no hemos podido todavía derribar esa barrera que nos divide entre chicas buenas y chicas malas y que tanto daño le ha provocado a nuestra sexualidad. Sabemos que las chicas malas se divierten más pero el precio que tienen que pagar es sufrir la estigmatización constante y el rechazo social. El poledance está asociado al bando de las malas que bailan exhibiendo el cuerpo sobre monumentales tacos altos de acrílico y mostrando ropa y movimientos provocativos. Su innegable provocación erótica es otro campo de batalla en donde se dirime ese conflicto milenario entre buenas y malas, entre santas y putas. Demás está decir que una reciente madre debe respetar el rol preeestablecido a su condición y ponerse del lado de las santas. Y las santas no deben subirse al poledance. 

   Pero hay un segundo detalle en este breve episodio que no me pasó desapercibido. Pampita le pidió las botas prestadas a una de las coristas del show.  Nada le impedía dar su improvisada exhibición artística – maternal calzada con los zapatos que llevaba puestos. Pero el poledance, como toda danza sexy, requiere de un calzado universalmente reconocido también como sexy para ser apreciado, para que la bailarina esté a tono con lo que se espera de ella. 

   Esta historia demuestra una vez más que el uso de botas altas negras brillantes por parte de una mujer son mucho más importantes que una mera exhibición estética. Cuando te movés con botas de taco, se produce en la mirada de tus observadores algo más que el sacudón que provoca el paso de una mujer eventualmente sexy. Las botas altas de taco alto apelan a resortes imaginativos más profundos en nuestra psiquis que superan un mero efecto visual. Está en juego la innegable conexión con el poder de la dominación femenina a través de las dominatrices y con el trasfondo siempre presente de la puta callejera. Sabemos que el sexo y el calzado femenino están interconectados desde siempre a través de la fantasía y los fetiches pero si el calzado es una bota, esa conexión se vuelve mucho más poderosa. 

   Subiendo al pole a pocas semanas de ser madre, Pampita rompió con un prejuicio que persigue a las mamis, negándolos el disfrute de una baile sensual. Poniéndose las botas de la corista para bailar, confirmó otro prejuicio que juzga a las mujeres que usamos botas altas. Yo aplaudo ambas decisiones. En mi vida personal, me gusta romper el primero de los prejuicios y me excita que se confirme el segundo. 


Entradas relacionadas


 



viernes, 15 de enero de 2021

Fantaseo y me masturbo, luego existo


   Yo existo. Mi sexualidad tiene mucho que ver con una estética particular pero al mismo tiempo soy una mujer real que se corresponde con la imagen fetichista que irradio. Mi colección de botas está en mi vestidor, mi esposo esclavo pagó por ellas, las limpia y las ordena. Mi voz dulce y firme a la vez se oye claramente. Mi perfume se huele. Siento y gozo mis tetas cuando me las toco. Mis manos empuñan la fusta, mis uñas son largas y cuidadas. Mi cabello crece y brilla en la penumbra. Y toda esta realidad propia de una mujer dominante en el sexo, de un Ama BDSM cuya existencia está fuera de toda duda, no me impide confesar que mis fantasías eróticas son casi imposibles de llevar a la práctica pero habitan en mi mente a la hora de gozar.




   La razón misma de mis fantasías es la que impide casi siempre su concreción. En mi caso, fantasía y realidad suelen ser planos paralelos que no se tocan. Aún con una materialización parcial, aunque pudiera pagar toda la parafernalia y utilería posible, prostitutas y travestis incluidas, yo no llegaría en lo fáctico ni al umbral del infinito plano fantasioso cerebro - sexual que se me dispara en mi clímax. Disponiendo en mi calabozo – dormitorio con todos los ornamentos disponibles y de un fiel y amoroso esclavo dispuesto a satisfacer todos mis caprichos, yo igual necesito recurrir a mis imágenes paganas personales para alcanzar la plena satisfacción.

   Mi conclusión es que la realidad excitante de los fetiches, el sexo y los roleplayings sirve para producir tensión sexual y sensaciones agradables pero no alcanza para gatillar mi clítoris cerebral interno que dispara mi orgasmo. Sin algo de masturbación, no hay goce para mí. Quizás esto me pasa por estar sobreestimulada. O quizás simplemente estoy reconociendo lo que las demás niegan.

   Todavía hay gente en nuestra sociedad que considera a la fantasía masturbatoria como apenas un mero pasatiempo adolescente a falta de tener con quien gozar del sexo. Para los varones en especial, la masturbación era un vicio de pajeros imberbes, impotentes a la hora de conquistar mujeres. Pero afortunadamente se habla cada vez más de las ventajas de la masturbación y de la fantasía. Es que acaso no necesitamos de un ser amado para echarnos un polvo? Ah, no? No, señoras. El o los otros pueden ayudar y contribuir con sus acciones y toqueteos que pueden ser condiciones necesarias pero lo son más desde lo afectivo que desde lo físico. Pero en mi caso, doy fe que no alcanzan por sí solos para alcanzar el goce femenino.

   Tu orgasmo es tuyo. Es tu propia responsabilidad alcanzarlo (si es que realmente lo querés alcanzar) porque sólo vos podés saber que es lo que realmente te calienta. 







jueves, 8 de agosto de 2019

Ser lo que deseabas hacer






   Ser lo que deseabas hacer en el sexo es un conjunto de fantasías que suelen acumularse en pensamientos que ocupan los vericuetos de la mente y que te sirven para autocomplacerte en tus momentos de intimidad. Así no más es la cosa. 

  Puede que te ocurra que un día conoces a alguien que en un segundo eclipsa todo lo que habías vivido hasta entonces. Te descubres en una metafórica desnudez y te enfrentas a algo muy parecido a lo que deseabas hacer. A tu deseo fetiche. En ese momento mágico, esa persona te invita a un festín de tus pasiones que se abre ante vos junto al mapa de tu sexualidad. Pienso que a veces desconocemos el límite de nuestro verdadero deseo hasta que alguien o algo los fuerza y nos hace ver con claridad la ruta al tesoro del erotismo, un tesoro que, por supuesto, es individual y único.

   A veces esta vida sado, sensual y femenina que vivo y que no elegí, me ha regalado ser la corredora de límites del anhelo ajeno en términos sexuales. Me lo han dicho muchos hombres y también me lo han reconocido algunas mujeres. Pero sé que ese rol de directora femenina de cumplimiento de deseos prohibidos está tan condenado socialmente que debo ocultarme tras la máscara de una mujer normal, apenas algo más atrevida que el promedio, hasta que se presenta la oportunidad de desembarazarme de la máscara y ponerme la Dómina en la piel.

   Proscrita por las manadas de cultoras de Santa Pacata y réproba por las redes sociales, ese invento tecnológico que supuestamente libera y que en el terreno sexual no es otra cosa que un robótico vigilante detector de putas, más de una vez me había resignado a replegar mis alas y conformarme con el dominio privado de mi sexo hogareño. Había decidido tácitamente dejar de columpiar las noches clandestinas, esas veladas iluminadas de bolas de espejos y música tropiconga. Pero la Gatúbela que habita en mí es áspera para ser enjaulada y siempre fue más vigorosa que la cómoda masturbadora de cama matrimonial.

   Hace unos meses, después de varias y reveladoras conversaciones con mi esclavo marido, decidimos de común acuerdo darle una oportunidad más (y ésa ya era el enésimo match point, a decir verdad) a una fiesta mixta con travestis y crossdressers en el boliche local swinger que queda cerca de nuestro barrio. Así fue como me calcé otra vez los ornamentos acharolados y demás artillería sado, sensual y femenina, para salir oculta debajo de un tapado largo al salir de casa. Soy Generala guerrera y suelo sacar un brío autoprovocador cuando me maquillo de glitter y estoy cerca del campo de combate. Estaba caliente, con encumbradas expectativas, y me divertía ver a mi esclavo marido armando contrarreloj su rutina del día siguiente ya que estas fiestitas son entre semana pero comienzan muy tarde (él debía trasnochar y despertar temprano, o sea no podría dormir todo lo que le gusta).





   Entré a ese pintoresco antro cerca de la medianoche. Poca gente, eso no es lo que era en otras épocas, cuando a las doce la gente ya había intentado lo que podía, consumido algún que otro trago y andaba pidiendo el abrigo para retirarse. Pocos chongos, pocas nenus, casi ninguna pareja. Y el DJ que no sacaba los dedos de un disco monótono de esos de chill-out que más que excitar, te duermen.

   De todas formas comencé a acercarme, vampírica, a algunos personajes de esa fauna. En total, unos veinte, no más. Y sin demasiada autoexigencia, me llevé un par de nenus al baño porque era obvio para mí que necesitaban un inmediato coaching de maquillaje. Las retoqué lo mejor que pude, las manosée sin pudores para calentarlas y al salir, las ofrecí como putas al mejor postor. Mi alma proxeneta me arrastró a mi misma a armar un calabozo de estrellas sissificantes y a su alredededor, comenzaron a orbitar de inmediato los planetas de chicos erectos que no dudaban en ofrecer sus dotaciones a las más sedientas... Lo que ocurrió fue tan gráfico (algunas lo llamarían obsceno) que no me dan las letras del tablero para describirlo, como suele ocurrir con las auténticas anécdotas de sexo entre Dómina, nenus, los chongos solos e, infaltable, mi marido esclavo.

   Mi conclusión de hoy es que no importa edad o estado civil; si la chica sensual vive dentro de una, la bestia femenina saldrá a la luz en algún momento para buscar la oscuridad promiscua. La sexualidad femenina, se haya nacido con vagina o no, es tan potente cuando se desarrolla con espíritu de coraje, que no hay sociedad estropeada o amarga que pueda detenerla. Tampoco sabrán cómo detenerla si sabemos operar en un marco de discreción y sin molestar al prójimo. Quizás algunas nacimos para que el resto de los humanos puedan salir del closet de sus dormitorios aburridos y vainillas para ser, aunque sea una vez en su vida, lo que deseaban hacer.

   Pocas, muy pocas veces, la vida cotidiana urbana te da chances de hacer de tu deseo un hecho. Mi esclavo marido cheshirecat suele decir Una vez que Mistress Roxy pone el tren de la sexualidad en marcha, Ella es la locomotora y te recomiendo subirte a la marcha que Ella te exija y sin poner condiciones. Porque puede ser que esta sea la gran oportunidad, la última de esta travesía, en que en el sexo podés llegar a ser lo que siempre deseaste hacer.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...