miércoles, 28 de agosto de 2013

Las chicas de Bill Ward te llaman por teléfono



   Bill Ward nació en 1919, en Brooklyn, Nueva York y murió en 1998. Fue uno de los más célebres dibujantes de comics eróticos durante las décadas medias del siglo XX. En 1944, durante su estadía en el ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, Bill creó a Torchy, una chica de físico deslumbrante y deliciosa ingenuidad que lo lanzaría a la fama y sería una de las promotoras del estereotipo de la rubia bimbo que tanto se difundiría en los Estados Unidos en los años siguientes.

   Hacia 1950, la industria del comic convencional estaba declinando y fue entonces que Ward comenzó a trabajar en sus pretty girl gag cartoons.  
Las telephone girls que ilustran esta entrada de mi Magazine corresponden a sus trabajos de esa época, posteriores a Torchy. Para muchos esta época es la cumbre de Ward como artista de trazo fino; posteriormente, trabajaría en la naciente industria pornográfica y sus diseños de mujeres sádicas se volverían mucho más violentos pero a la vez menos sensuales, menos sofisticados y chispeantes. Pero no son sus crueles flageladoras las que más me excitaron sino las telephone girls. Elegantes putas amuñecadas, de largas pestañas, transparente lencería y altos tacones recostadas en chaise longues y divanes, derrochando lujo y sensualidad, envueltas en estolas de visón, con largos guantes de satén y finas boquillasdesparramando la más estereotipada e insolente seducción junto a un cínico sentido del humor en sus frases que hoy, en estos tiempos tan correctos y progresistas, sería ferozmente condenado por sexista.

   A  más de cincuenta años de distancia, todavía Bill Ward y sus girls siguen atrayendo a legiones de nuevos admiradores, entre los cuales me incluyo. No creo que la única razón sea la belleza fetish de sus trazos. Me inclino a sostener que la verdadera causa de su vigencia es más sutil y a la vez más perturbadora. Pareciera que a 
estas burbujeantes chicas que hablan por teléfono con sus amantes,  sólo les interesa divertirse utilizando las armas de su femenina seducción, exhibiendo explícitamente su pertenencia a un mundo erótico de placeres y goces. Un mundo en donde la protagonista actúa siguiendo únicamente sus deseos, sin culpas ni justificaciones. Un mundo en donde no hay rastros de éticas ajenas. Un mundo sado, sensual y femenino.
   
   Gracias por todo lo que nos diste, Bill. Por la belleza de tu obra y también por ayudarnos a encontrar un camino.





































jueves, 22 de agosto de 2013

Cuando la crossdressina sube y sube sin culpas



   La interpretación más común que suele darse frente al placer que muchos hombres sienten al vestirse con prendas femeninas eróticas es la necesidad de desarrollar de una personalidad oculta, que está latente en su interior. El famoso closet del que hay que salir. El valor necesario para reconocerse. El adoptar una identidad. Una forma de rebelarse contra la sociedad. La vía de escape frente a un estado de angustia. No niego la existencia de tales causas ni la nobleza de muchas consignas. Pero al mismo tiempo reclamo mi derecho a decir que no me interesan demasiado, que no me excitan y que suelen aburrirme.

   Adoro a las chicas cross que van montadas a la fiesta llevando en su carterita el labial rojo, el teléfono celular, el gel anal y algo de dinero pero no demasiado porque los gastos de la salida los debe aportar el hombre que acepte el juego de seducción de la señorita. Pero no me gustan tanto las que deciden cargar con una mochila de causas sociales y/o conflictos de personalidad mediante los cuales creen que deben justificar el placer que sienten al peinarse sus melenas rubias recién compradas. No me interesan las razones antropológicas o psicológicas por las que te gusta verte linda porque soy mujer y las conozco desde que era adolescente. No debe haber mayor sacudón de adrenalina que mirarse al espejo y sentirse atractiva.

   La fiesta dura poco, apenas unas horas. No voy a perder tiempo en averiguar las razones que te llevaron a querer ser esa Marilyna o esa Barbie, a estar tan deliciosamente feminizada, con todos los tips y estereotipos de la típica chica de la noche. Tampoco me interesa saber si tu look es tu decisión de una única vez, el impulso de una noche de locura, una decisión largamente meditada o una realidad cotidiana en tu vida. No soy una inquisidora del porqué. Sólo te miro, me relamo y me dispongo a cazarte. Estoy deseando y no tengo porqué ocultarlo, que seas una de esas muñecas viciosas, adoradoras de falos viriles pero con una secreta predisposición, desde tu aterciopelada sensualidad, a adorar lésbicamente a una señora que se excita al verte tan putita y complaciente.
 
   Ya sé que vas a decirme que tienes una mujer atrapada en un cuerpo de hombre pero también veo que esa mujer se expresa mediante una femineidad sedosa, estereotipada hasta el más ínfimo detalle en el vestuario, los modales y la personalidad; lo que revela a una persona de aguda inteligencia y equilibrio, emocionalmente sana, que desea disfrutar de su personal fantasía sexual en un ambiente relajado, con la compañía adecuada y con un único objetivo en la mente: obtener el mayor goce sexual posible dentro del mínimo tiempo en que dispones para ingresar a tu mundo de ensueño y salir ilesa para volver a tu vida normal. Aquí no hay traumas, conflictos de personalidad, deseos autodestructivos ni redenciones místicas. Sólo hay lugar para el placer por el placer mismo.

   Yo soy dominante porque así es como me excito y me divierto. Me gusta rodearme de chicas crossdressers porque ellas apuntan a esa misma dirección. Ellas juegan a ser mujeres por el goce perverso que encuentran al pasar del otro lado del espejo. Entran y salen de su personalidad femme según las andanzas de su crossdressina interior y de su disponibilidad de tiempo, horarios y realidades. Quieren sentirse lindas, divertirse y gozar. Saben, yo también lo sé, que esa femineidad tan deseada es una ilusión, un modelo de mujer que quizás no exista en la realidad pero mis valientes divas, mariposas nocturnas, apuestan a construirlo en su noche soñada. No persiguen ningún sueño reivindicatorio ni ideales de justicia: están entregadas por completo al placer que les devuelve el espejo, al clickear de los altos tacones y al tintineo de las pulseras. Ellas y yo somos de la misma raza: estamos enamoradas de nuestra propia condición femenina. No queremos salir de ningun closet, hemos fabricado uno de acuerdo a nuestro gusto y estamos muy bien ahí adentro. Entramos y salimos sin culpas. Ellas mañana volverán a ser varones en su mundo laboral o familiar: yo volveré a ser madre de familia, y hasta la próxima noche, a esperar pacientemente el momento y el lugar para volver a gozarnos, ellas a Mí y Yo a ellas.





viernes, 16 de agosto de 2013

Los idólatras del Femdom



   Los sumisos, los sibaritas sexuales mas exquisitos que yo haya conocido, saben que no pueden conformarse con las migajas que una esposa o amante convencional suele entregar cuando les hace la fiestita en la cama. Lo que realmente ansían es ser forzados a cumplir las fantasías de una mujer perversa, de una señora insaciable con brillo sádico en la mirada que los obligue a ellos a decir  ante sus caprichos y deseos. Una dama con una mente imaginativa que brille por sí misma para excitarse en los sensuales goces que le proporciona su ventajosa condición femenina. En cambio, el goce de él nace al no tener otra opción que dejarse llevar ante ella,  de la adoración misma a esa diosa pagana, del embeleso fetichista que Sacher-Masoch fue capaz de pintar como nadie tanto en lo físico como en lo psicológico, un goce que suele ser tan malinterpretado y distorsionado cuando es asociado simplemente con la fusión entre dolor y placer y se deja de lado todos los exquisitos matices de la poesía, el romance y la sensualidad.
   
   Toda guerrera lleva consigo sus armas favoritas. Las más usadas, con eficacia probada a lo largo de las épocas, son los fetiches clásicos. Tacos altos, botas, pieles, cuero, latex, guantes largos; trucos de magia que le otorgan a la mujer que los viste el aura de ser un animal sexual tan irresistiblemente deseable y atractivo que provoca en el hombre que la acompaña el deseo (consciente o no) de reencarnarse en un ser sumiso que sólo se dedique a satisfacerla. El uso y abuso por parte de las mujeres de toda clase de trucos femeninos de seducción en maquillajes, atuendos y actitudes, toda aquella artificial y deliciosa parafernalia erótica que nos transforma en obras de arte ambulante (así nos definió Esther Vilar desde el corrosivo humor de su célebre obra El varón domado) sirven para quebrar cualquier resistencia del hombre y llevarlo a un estado anhelante en donde sólo desea compartir su tiempo y su espacio con dicha mujer. No se trata sólo de ser atractiva como muchas mujeres lo son sin ser Dóminas sino de la maximización de los caracteres sexuales femeninos y la comprensión de lo que provocan en muchos varones. Porque lo que  deliberadamente buscamos  es someterlos a nuestro femenino poder.
  
    La iniciativa es nuestra. Una Dómina es una mujer que exhibe su alta condición sexuada proclamando abiertamente el poder genuino de su sexo sobre todos aquellos que la rodean. Sabe que es adorable y busca ser adorada por gozar del placer que ese sentimiento le genera. Yo sostengo que es la exhibición explícita de la sexualidad de la mujer lo que provoca y excita la sumisión en el varón. Estoy convencida que el hombre no es un ser altruista.  Ellos no te dan nada gratis. Si realmente ven a un hombre en un estado de adoración y sometimiento hacia una mujer, si ven que no desea otra cosa que complacerla, si él vive ante ella en un estado de embeleso y adoración romántica y trovadoresca, pónganle la firma que lo que ella le brinda es algo especial y único que él sabe que no encontrará fácilmente recorriendo otros rumbos. Una Dominatriz se diferencia de  una servidora de fantasías, de un delivery de latigazos justamente porque  es capaz de generar ese sentimiento de adoración y embeleso. El sumiso adorador sólo desea complacer a la Diosa porque no sólo su cuerpo sino también su espíritu está entregado a Ella en un estado maravillado de comunión íntima con su dama fetiche que lo conduce a las más deliciosas experiencias sensoriales. Ese placer único que Ella le hace vivir alimenta a su vez los rituales de adoración de él hacia Ella, que entonces suelen desembocar en estados de enamoramiento imposibles de controlar si Ella sabe tocar adecuadamente las cuerdas sumisas de ese adorador que la idolatra. 
   
   Esto no es una teoría ni una fantasía. Es una realidad. Es la forma en que muchas parejas Ama - sumiso 24/7  hemos elegido para vivir nuestra sexualidad. Así funciona. Por eso, me río en la cara de aquellos que sostienen que el consenso es la base de todas las relaciones de dominación o simplemente del BDSM.  Ese goce inenarrable que el sumiso siente al ser sometido jamás podría ser consensuado. Si lo fuera, sería una puesta en escena, un juego de roles, una ficción. Y esta vez no estoy hablando de sumisos ficticios sino de nuestros galanes reales…de los  que son capaces de dejar la piel y el alma en la pelea cotidiana por endulzarnos la vida.
   
   A ellos, los fieles adoradores y leales escuderos de sus terrenales divas, les dedico esta columna con  mi aplauso y mi reconocimiento.








lunes, 12 de agosto de 2013

La cumbre del orgasmo




  
    Para los alpinistas es muy importante respetar a las montañas y conocerlas tan bien que, en un momento dado, saben que cuando la montaña dice NO, lo mejor es retirarse y no aferrarse a subirla, porque pueden perder la vida. La montaña dice NO cuando el objetivo no se alcanza a ver, cuando el cielo no se despeja y está nublado, cuando no pueden dirigir sus pasos por falta de visibilidad, entonces, lo mejor es regresar e intentarlo en otra ocasión.

   Para subir a la cumbre salen de madrugada porque deben evitar que el sol derrita la nieve y se provoquen avalanchas. Al alcanzarla, únicamente permanecen en ella segundos. El intentar estar más tiempo les puede costar la vida, por lo que disfrutan de su éxito y de sentirse más cerca de Dios a lo sumo uno o dos minutos y, después, deben iniciar el descenso, sin dejarse llevar por la euforia porque, en esas condiciones un resbalón, y la muerte, es muy probable. El descenso lo deben hacer con seguridad, objetividad y precisión, con la meta de llegar a los pies de la montaña vivos y sanos y con ello, el éxito es doble y la satisfacción mayor.

Karla Wheelock.
Vamos al Everest
http://karla.csxxi.net.mx/datos.htm



    Levanto el rostro frío y a la vez sudoroso, de cara al cielo pero cierro los ojos. Los dedos parecen gélidos e inmóviles. El oxígeno es menos que escaso. Suspiro con mayúscula intensidad. Se me seca la garganta, como en grietas. En gesto majestuoso estampo mi pie derecho contra la superficie. No miro abajo, ni atrás. Se desvanece la agitación y ya no hay más temor a mí misma. Y ahora escucho el latido de mi febril corazón que se se sale del cuerpo, exorcizando las inevitables ganas de volar. Aviso a mi compañero que llegué a la cima. Clavo un instrumento punzante en señal de bandera en la planicie diminuta. Rompo en una oración pagana y perversa, casi grosera. Permanezco unos segundos. No llega a ser un minuto. De ahí en más, sólo queda descender al punto de partida. Pero después de un orgasmo así, las alas de mi sado, sensual y femenina aventura dentro mío tienen envergadura de águila para emprender el regreso.


   Cualquiera puede descargar una masturbación rapidita y descontracturante. El sexo vaginal está siempre disponible para casi todas nosotras. Ambos suelen ser relajantes y placenteras necesidades. Son como caminar por el césped en zapatillas frescas y cómodas con temperatura agradable, escuchando el sonido del viento en los árboles. Admito que el placer a veces está en las simples cosas. Pero ese placer no es ni glorioso ni inolvidable. Yo me refiero a otro placer, a ese placer que sólo se encuentra cuando parece que el tiempo se ha suspendido, cuando gano los últimos metros que me separan de la cumbre.

    Para dominar, lo primero que debo entender es que necesito dominarme a mí misma y a mis impulsos de ascender como sea hasta donde sea. Como dice la autora de los primeros párrafos cuando el objetivo no se alcanza a ver, entonces, lo mejor es regresar e intentarlo en otra ocasión. A veces esa es la decisión más difícil. Entonces la dominación puede transformarse en la grieta de la montaña donde puedo refugiarme cuando me caen encima las avalanchas de discursos éticos que cuestionan mi sexualidad. También es muy importante para tomar envión y continuar con el ascenso, lento y firme A veces la cima no resulta demasiado interesante, el goce mayor fue saber que fui capaz de vencer el obstáculo.

    Soy consciente que los riesgos son altos pero ya no sé no ser alpinista. Ya no puedo dejar de desplegar mis alas de ave de montaña. Ya no me sale correr cual Heidi descalza en la pradera sin aburrirme. Soy montañesa de orgasmos y como los expertos, espero el momento oportuno para ascender y alcanzar la cima. Y como a ellos, descender me lleva un tiempo calculado para poder llegar sana y salva al mundo cotidiano de la llanura.

    La cima, cuando llego, me pertenece. Es mía. Es mi orgasmo. No me interesan los rituales, los monumentos que algunos dejaron antes en donde se supone que hay que dejarse fotografiar. Alcanzar esa meta se volvería entonces un hecho previsible, premeditado. Al descender, contaríamos lo mismo que ya contaron otros. Así no vale la pena subir. Pero en cambio, el tener que vencer los prejuicios y los dictados para llegar por mí misma implica que fui capaz de armar una expedición bien montada con mi propia cuerda de seguridad. y mi propio arsenal de recursos.

    Me haría muy feliz saber que despues de leer esta breve columna, tuviste el impulso de buscar tu propia montaña y proponerte escalarla. En las cumbres, en tu propia cumbre, hay mucha gloria para gozar.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Operagloves en cuero

En las profundidades del invierno aprendí finalmente que había en mí un verano invencible.
Albert Camus.
   

   Con esta idea en mente, busqué para el calendario de este mes a doce pares de guantes largos de cuero para abrigar los brazos de doce preciosas divas contemporáneas. Quiero traer calor a estos días de invierno austral. Y de paso, darle la bienvenida a mi blog a Dita Von Teese.


Enero. Dita Von Teese


Febrero. Victoria Adams


Marzo. Megan Fox


Abril. Kim Kardashian


Mayo. Giselle Bundchen


Junio. Christina Aguilera


Julio. Gwen Stefani


Agosto. Rihanna


Septiembre. Jennifer Lopez


Octubre. Naomi Campbell


Noviembre. Madonna


Diciembre. Lady Gaga

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