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jueves, 8 de septiembre de 2022

Gia Erótica. La iniciación de Mara

 


   Una vez más traigo a mi blog una hermosa historia de lesbianas, escrita con el singular estilo de Gia Van Roolenoof. Si te gusta leer sobre el sexo entre mujeres, hayas tenido o no experiencias reales, no te la pierdas. Es la cuarta entrada en donde publico textos de esta escritora italiana que enciende las redes con su erotismo de alto nivel. Te recomiendo las historias anteriores que repuse en mi blog en estos enlaces.




   La historia de hoy tiene pocos condimentos BDSM pero mucha fogosidad sexual. Resumiendo la situación: Gia y Verónica son una pareja de Amas bisexuales que han iniciado en los juegos amatorios BDSM a la joven Francesca. Una tarde en Venecia, Francesca se encuentra con Mara una estudiante amiga, a quien presenta a Gia y Verónica. En medio de la conversación y de una cena en donde beben vino y comen ostras, con toda la simbología sexual lésbica que las ostras sugieren, las tres encuentran a Mara muy bella y deseable. Cuando Mara sale de la escena, Gia y Verónica estimulan a Francesca a iniciarla en los placeres de Lesbos. Francesca promete intentarlo. Al día siguiente, cuando vuelven a encontrarse, Gia y Verónica le dejan claro a la joven Mara que son una pareja lesbiana pero Francesca conserva cierto misterio, como parte del plan. Cuando Gia y Verónica se retiran a vivir su fiesta privada, las dos chicas quedan solas y la cacería comienza. Ahí vamos...

La iniciación de Mara
 

  ...y dado que ella no había reaccionado mal en el tema de la homosexualidad, animada y sin dejar de mirarla un momento en sus ojos, Francesca comenzó a mover lentamente la mano, desde la rodilla, subiendo por el muslo, hasta el borde de la falda de Mara. La piel de la joven estaba muy caliente, y de ella emanaba un perfume sensual; en un susurro rebosante de lujuria y tranquilizadora, ella le habló: Mara, entiéndeme bien; yo estoy hablando de sexo, y solo de eso. Te expliqué que ya tengo familia, así que no habría complicaciones innecesarias. Conmigo puedes estar tranquila, porque sería como si a veces fuéramos a hacer gimnasia juntas, con la serenidad y la alegría que se tiene cuando tomas un té con una querida amiga. Con una diferencia: en este caso sería una amistad de cama; me entiendes?

- Una follamiga?

- Exactamente; sería solo para divertirnos, sentirnos bien y eso es todo y la cosa quedaría entre nosotras dos, especialmente en la Universidad el próximo otoño, donde sabes que corren los rumores. Créeme: puedes confiar en mí. Siempre que yo te guste; tú a mí sí, y mucho, te encuentro guapa, muy atractiva, y sensual.

   Además de la excitación, en sus ojos, Mara leyó la sinceridad. Debe haber sido por el calentamiento que la había poseído viendo a Gia y Verónica besándose a un metro de ella, o por esa cálida mano femenina que ya acariciaba suavemente su muslo pero ella también se estaba excitando. Manteniendo firmes los ojos en los de Francesca, sonriéndole cautivante, le respondió: Si las cosas son así, no veo por qué no debería intentarlo; ciertamente no me hará resfriar, bromeó. Luego, más seria: Ya sabes, Francesca, siempre me ha atraído lo que es nuevo para mí; sólo las personas ignorantes, enterradas en la mierda de sus prejuicios se niegan a probar. Y, por lo tanto, Francesca, he sido bastante clara, supongo; siento que puedo confiar en ti y no te oculto que siempre he sido atraída por la belleza en todas sus expresiones, que en tu caso sólo puede ser femenina... muy.

   Francesca entendió que ese habría sido el momento adecuado para ser más atrevida: acercó la boca a su oreja y con tono sensual le susurró: Me atraes mucho, ¿sabes? El otro invierno, en la Universidad, me habías impresionado pero entonces, antes de conocer a Gia y a Verónica, aún reprimida por estúpidas inhibiciones, me faltaba el coraje para decírtelo. El otro día tuve mucha suerte de verte.

   Ya no era tiempo de palabras: la boca de Francesca corrió hacia la de ella y la besó. Su lengua respondió y sus bocas permanecieron fundidas durante mucho tiempo. Las manos de Mara pasaron por debajo de su falda, hasta los muslos de Francesca y luego sin atreverse más, salieron a subir por las caderas hasta los senos. En ese contacto con un cuerpo femenino, Mara se sorprendió de estar más excitada de lo que pensaba, y le susurró: Qué suave y perfumada eres Francesca. Después de que las dos siguieron acariciándose durante bastante tiempo, esta última le dijo: Me encanta tu aroma, Mara; ven, vamos para allá, quieres? Estaremos más cómodas. Ella no opuso objeción alguna. Francesca se levantó de allí, la tomó de la mano, y la condujo hacia el dormitorio.

   Para un voyeur ocasional que hubiera visto la escena desde la cerradura, Mara habría parecido extraordinariamente atractiva. Con sus tetas prósperas con pezones oscuros, ciertamente considerablemente más grandes que las de Francesca, su tez bronceada, cabello negro y ojos color avellana, ella se veía aún más sexy cuando descubría sus largas piernas adornadas con medias ligeramente veladas y una liga oscura: espléndido marco para sus nalgas redondas y la vagina llena, parcialmente ocultada por un vellón negro, corto y rizado, que no ocultaba los labios externos.

   Francesca se arrodilló y con la cabeza a la altura de su regazo, sus manos vagaron desde sus muslos hasta las redondas nalgas para apretarlas y acariciarlas; comenzó a besar a Mara cerca del ombligo, luego se movió para cubrirla con otros besitos en los bucles de la ingle, para respirar el olor íntimo que emanaba del carnoso monte de Venus. Esa fruta pulposa era una atracción irresistible y no pudo abstenerse de besarla: comenzó a estimular su clítoris con rápidos movimientos de la lengua, mientras sus manos continuaban recorriendo sus largas piernas, para luego regresar inexorablemente a las prominentes nalgas desnudas. Con los ojos cerrados, como para disfrutar más plenamente de esos masajes licenciosos y efectivos, Mara se inclinó hacia atrás estremeciéndose por el placer debido a esas audaces estimulaciones; sus manos iban al rostro de Francesca, acariciándolo, como a agradecerle la dedicación que ella ponía en regocijar su carne.

   Francesca se acostó de costado, parcialmente sobre el cuerpo de Mara; las dos jóvenes volvieron a besarse y acariciarse con pasión. La boca de Francesca volvió a un seno de su amante, chupándole y mordisqueándole el pezón. Luego le levantó la falda del vestido, dejando al descubierto su vientre desnudo y una mano comenzó a acariciar el interior de su muslo, terminando el recorrido cerca de la vagina, acariciándola suavemente mientras la besaba en la boca; la estimuló durante mucho tiempo, cíclicamente. Finalmente, sus labios alcanzaron otra vez la meta deseada y su lengua, hábil e indecente, comenzó a lamer su clítoris con método y lascivia, recogiendo frecuentemente, con avidez, la secreción que se acumulaba en la unión inferior de los labios internos.

   Con los ojos cerrados y un dedo en la boca para chuparlo, mientras disfrutaba  de ese cunnilingus, gimiendo y jadeando, Mara nadaba en un mar de voluptuosidad. Mientras sentía latir locamente el bajo vientre, territorio sobre el que su amante estaba ejercitando su derecho de conquista, una mano se dirigió a una de sus propias mamas, para acariciar y atormentar ferozmente el pezón. Francesca lo notó; en su mente, aunque nublada por la lujuria, apareció una consideración sádica.


Excelente! Por lo que puedo ver, a ella también le gusta combinar placer con dolor; esto es un buen augurio para el futuro. No veo la hora de ser libre para calentarlo con un látigo... este lindo culito que, por ahora, estoy disfrutando solo con mis manos y boca.

 

   Cachonda más allá de todos los límites, ella acompañó  con dos dedos a la lengua: ni siquiera tuvo que mojarlos con la boca, porque empapada como estaba, la vagina de Mara aceptó que se deslizaran suavemente; y luego sin demora, la penetró. Sin dejar de lamerle el clítoris, empezó a entrar y salir de ella durante algún tiempo, para después no hacerlo más, estimulándola, en cambio, cerca del punto G con sus dedos ligeramente arqueados. Sobre esa cama, que ya había acogido los cuerpos desnudos de Gia y Verónica, Francesca la llevó a arrodillarse a lo perrito, le levantó la falda por detrás del vestido, desnudando sus firmes glúteos para disfrutarlos, tocándolos, acariciándolos, y a menudo apretándolos. Mientras, sin detenerse, comenzaba a lamer su vagina desde atrás, a menudo deteniéndose también sobre el orificio anal, una mano reanudaba la estimulación de su clítoris.

- Dios mío, qué me estás haciendo, Francesca! Nadie ha podido nunca hacerme gozar de esta manera, murmuró Mara en un suspiro, mientras seguía gimiendo: con la cara en la almohada, la mordió para no gritar. Después de todo, ella era sólo una invitada y estaba preocupada de que Gia y Verónica la escucharan, ya que estaban en la habitación contigua. Sin embargo estuvo indefensa: cuando la onda orgásmica se volvió abrumadora, comenzó a gritar como un animal salvaje. No te preocupes, y grita fuerte cuanto quieras, tesoro mío; no te reprimas, la exhortó Francesca, sin detenerse.

   Cuando su conquista se recuperó de ese primer orgasmo, después de volver a besarla, radiante, Francesca la instó: Salgámonos un momento de la cama, vamos, que ni siquiera he podido ver lo guapa que eres sin tu ropa.

- Yo también, quiero mirarte; y también corresponderte. Has sabido hacerme disfrutar como una diosa, Francesca; creo que nunca me he corrido así. Desnúdate, vamos, mientras lo hago a ti: quiero verte completamente desnuda.

   Una a una, las ropas volaron y las dos jóvenes se encontraron completamente desnudas; abrazadas en un estrecho contacto de las bellezas de la otra, entrelazadas, las dos muchachas comenzaron a besarse de nuevo. Para Mara era la primera vez y le gustó mucho sentir el contacto de un suave y joven cuerpo femenino. Interrumpiéndose de besarla para volver a mirarla, le dijo: Tienes un cuerpo muy bonito, Francesca; me gustas. Con al chochito tan afeitado, te veo hermosa; yo también debería hacerlo, creo.

- Aunque tengo tetas pequeñas, dices que te gusto?, le preguntó Francesca algo insegura.

- Serán pequeñas, claro, pero he podido sentir lo firmes que son! Tampoco menciono tus pezones, que son realmente grandes, carnosos; en resumen, hermosos para morirse. Ya sabes, quizás es también por eso que tú me gustas: a diferencia de mí, que tengo las tetas bastante grandes, las tuyas te dan un aire andrógino que me atrapa mucho. Tienes un aire muy intrigante, lo que hace que la nueva situación que estoy viviendo sea aún más especial; de hecho, hasta ahora solo había estada poseída por hombres. Volviendo la mirada para detenerse en su monte de Venus, añadió: Según tú, tus tetas son pequeñas; a cambio, sin embargo, el buen Dios te dio un coño que es una maravilla, Francesca. Yo no tengo labios interiores grandes como los tuyos: parecen las alas de una mariposa que está a punto de despegar. Yo, en cambio, los tengo asimétricos, en forma de corazoncito y se ven pequeños también cuando estoy cachonda.

- Teniendo en cuenta que las gemas preciosas suelen ser pequeñas, será como dices, ¡pero lo tienes tan gordo, que es una verdadera belleza! ¿Sabes que eres la primera hembra con un chochito “nature” con quien tengo sexo, Mara? Tu eres un misterio que me intriga mucho. De hecho, Verónica y Gia siempre me lo sirven afeitados..

   Estimulada, con una sonrisa Mara le preguntó: Pensé bien? Lo haces entre las tres?.

- Se dice que es el número perfecto, no? 


En su mente, mientras tanto Francesca soñaba...Y ni siquiera te imaginas cómo serían cuatro, cariño, lo que espero que suceda pronto. 

 

   En voz alta siguió: Has pensado bien, cariño; excepto cuando tenemos ganas de mimos, algo que creo que es amor, comúnmente lo hacemos todas juntas.

- Además de tener sexo, también os queréis?, replicó Mara, sorprendida.

- Puedes decir con seguridad que nos amamos, Mara; se trata de poliamor. 

- Pero mira! Estaba convencida de que solo podía pasar entre dos personas; te confieso que estoy muy sorprendida, Francesca... y también intrigada. No exagero al decir que me estás abriendo la mente. Dime: te sientes cómoda? En resumen, todo va bien? No hay problemas entre vosotras? Tú sabes bien lo que somos las mujeres a veces: intrigas, envidias, celos, subterfugios, peleas y más.

- Por el contrario; en mi opinión, es precisamente porque no somos exclusivistas, que las cosas van muy bien; y también tienes la demostración: ellas dos están en la otra habitación y ciertamente no piensan que estamos jugando a peinar a Barbie. Luego, prosiguió: Bueno, ahora que nos hemos mirado y sabemos lo que tenemos en nuestras manos, disfrutemos de la mercancía; te parece? 

   Haber frecuentado a Gia y Verónica había sido muy útil a Francesca para hacerla desenvuelta y lanzada, muy distinta de la tímida chica de antaño. Las dos volvieron a apretarse y las manos volaban; en un grito de sorpresa, mientras le acariciaba sus firmes nalgas, Mara le preguntó: Qué tienes aquí?

   Traviesa, ella se separó del abrazo, se volvió y agachándose, exhibió el trasero: Te gusta?

- Es una joya, me parece.

- No cariño; es sólo la parte terminal de un dildo anal.

- Por qué lo llevas? Es bonito.

- Porque tengo que ensancharme en vista de mi próxima desfloración anal.

- Entonces, todavía eres virgen allí. Pero dime, no te molesta tenerlo todo el tiempo?

- Molestia? Placer, quieres decir. Es muy agradable sentirlo moverse dentro de mí cuando camino, hago jogging o me siento; ni te imaginas el placer que devuelve mientras tengo sexo. Deberías intentarlo.

   Dándose cuenta de cuanto apasionadamente Mara acariciaba sus nalgas y extendiéndose con coquetería para ofrecer mejor sus lindos glúteos, Francesca la invitó: Dijiste que querías corresponderme; bueno, primero, te gustaría nalguearme? Me encanta correrme cuando mi culito está muy caliente.

- De verdad quieres que lo haga?, respondió Mara con una carcajada, atraída por esas redondeces suaves: si al instante la chica se sorprendió, al momento siguiente se sintió aún más intrigada. De hecho, agregó: Es algo que nunca he hecho… a los hombres, por supuesto; sin embargo, tú, diablillo, me estás tentando. Francesca ni siquiera le respondió; pero, mirándola con una expresión llena de lujuria, le susurró: Siéntate en la orilla de la cama, que yo me acostaré sobre ti en una posición cómoda. Colocada boca abajo sobre sus muslos, Francesca extendió, altos, sus firmes glúteos desnudos. Divertida por esa situación inusual para ella, Mara comenzó a azotarla tímidamente; pero, a medida que avanzaba, su energía crecía. Después de algún tiempo, le preguntó: Demasiado fuerte, creo; te estoy lastimando?

- Esto es exactamente lo que quiero de ti, Mara: más, por favor; me gusta mucho. Y a ti, te gusta azotar mi desvergonzado culito?

- Como dije, nunca me había pasado antes; sin embargo, debo decir... que sí. No solo me gusta; tengo que admitir que me excita mucho. Tienes un culo precioso, Francesca y por mis caricias, de claro, se está poniendo rojo como un tomate maduro, respondió Mara con la voz ronca por la considerable excitación que se había apoderada de ella.

   Después de darle una docena de nalgueadas, Mara exclamó: Vaya, cómo me estas mojando el muslo! No hay duda de que te gusta, entonces.

- Sabes, para mí, es algo automático: el coño está muy conectado al culo, respondió ella en voz baja, mientras se disfrutaba los golpes.

   Después de un tiempo, pensando que era prematuro exagerar, Francesca salió de allí, y la volcó en la cama; acariciando su pecho, puso la otra mano sobre el bosque de su pubis y le preguntó: Te gusta si todavía te toco aquí? Solo te has corrido una vez.

- Sí, por favor, fue la respuesta que recibió en medio de un suspiro. Empezando a acariciar el interior de sus muslos, Francesca volvió a preguntarle: Y aquí, puedes sentirme? Fue un suspiro el que respondió por Mara.

   Como si fuera una especie de terapia de choque, Francesca la hizo disfrutar por segunda vez con un cunnilingus rápido. Aunque lo deseara, no tenía la intención de apresurar las cosas: la sola idea de ofrecer su sexo a la boca de su nueva amante la hacía temblar de emoción. Sin embargo, para alcanzar ese codiciado objetivo, primero ella tendría que llevarla a una mayor intimidad con su cuerpo. Decidida, la indujo a levantar su torso y luego una frente a la otra, sentadas, llevando un muslo a horcajadas sobre el suyo, para hacerle sentir el cálido contacto de su propia carne, se llevó los dedos a la boca para humedecerlos, luego los llevó a la vagina de Mara y suavemente reanudó a estimularla allí. Cuando ella comenzó a jadear en voz baja, Francesca le preguntó: Te gusta de esa manera también sin mi boca?

- Es diferente de cuando el dedeo me lo regalo sola. Quieres que te lo haga mientras tanto? le preguntó, tímidamente. Aunque Mara fuera una chica brillante y desinhibida, esta nueva situación la avergonzaba un poco. Francesca le tomó la mano y se la llevó a la boca para mojar dos dedos. El mensaje de asentimiento llegó explícitamente y la mano de su nueva amante corrió a prestarle el mismo servicio.

- Nunca he tocado el coño de otra mujer, confesó Mara.

- Qué efecto tiene en ti?

- Eres agradablemente suave Francesca y muy húmeda. Te mojas mucho más que yo.  Gimiendo levemente, continuó: Lo encuentro agradable; muy. Nosotras las mujeres amamos mucho la humedad: flores, plantas; y ahora también una chichi que no sea la mía, bromeó. En ese punto dejando cualquier vergüenza, agregó otro cumplido: Entre mis dedos siento unos labios tan grandes e hinchados que parecen querer darte la bienvenida. Y si es así, sería de mala educación no entrar en la casa; no es así? Y, de todos modos, no importa de qué boca se hable, ya que, en tema de labios, yo creo que el destino de todos ellos es de ser besados. 

   Francesca no lo demostró pero estaba convencida de que la suerte estaba echada. Sin embargo, conocedora del alma femenina, no se apresuró. Poco a poco el ritmo con el que las dos chicas se acariciaban aumentó; se acercaron con el busto y la boca y perseverando en acariciarse los genitales, las dos jóvenes se besaron durante mucho tiempo. 

- Mmm… me gusta mucho sentir mis tetas tocadas por las tuyas; no pensé que entre mujeres pudiera ser tan serenamente satisfactorio y al mismo tiempo, intenso, dulce, le susurró Mara, mostrando una expresión alegre. Francesca pensó para sí misma ...


si nuestra historia tendrá un seguimiento, algo que espero, verás, cariño, qué serena estarás cuando agreguemos un látigo o un spanker a los besos y a las cogidas.

 

   Moviéndose con estudiada lentitud, la mano de Mara siguió dando un ligero pero continuo placer a la vagina de Francesca; esta última agarró su mano mojada y la llevó a su boca. Mientras ella se chupaba los dedos con avidez, Francesca le preguntó: Te gusta mi sabor, Mara?

- Eres sabrosa, Francesca. Tienes un bouquet muy pleno e intenso, diferente al mío y es precisamente esta diversidad lo que hace que las cosas sean más intrigantes. Mira, no soy una ingenua: en la cena, hablando del sabor del mar y del delicado sabor de las ostras, comprendí a qué te referías; en cualquier caso, gracias a ti me doy cuenta de que también me gustan las ostras de las demás.

- Sabes, Mara, pensando en ti... en nosotras, es que desde esta mañana, mi ostra se está preparando para darte mis mejores perfumes, respondió Francesca sin dar más explicaciones. De hecho, estaba segura de que sus fuertes aromas íntimos tendrían un efecto afrodisíaco sobre la novata Mara en las prácticas sáficas. Las dos jóvenes se mostraban encantadas por ese incesante fluir de voluptuosidad que se infundían mutuamente sin tener alguna prisa. Se miraban constantemente a los ojos, divertidas en estudiar las reacciones de cada una a los muchos tocamientos y estimulaciones siempre diferentes y continuaron hasta que, sin poder retrasar más la inevitable explosión, casi sincrónicas y con las bocas fusionadas, se vieron abrumadas por un impetuoso orgasmo mutuo. Después de besarse durante mucho tiempo, ya segura de sí misma, Francesca se sentó en las sábanas frente a ella y le dijo: Vamos, ahora llevemos a nuestras dos niñitas al altar.

- Te lo dije, Francesca: no quiero atarme a una boda!, exclamó Mara riendo. 

- Eres sensual, Mara y para morirse. Vamos, lindo coño, acércate, y pon tu muslo debajo del mío, que ahora vamos a cogernos en serio. Colocada en la posición adecuada, con la vagina en estrecho contacto con la de Mara, Francesca se metió tres dedos en la boca para mojarlos con saliva; luego, se mojó cerca del clítoris para facilitar el frotamiento, y le dijo: Tú te quedas abajo, cómodamente estirada, que yo me encargo de todo. Dicho esto, sin apartar la mirada de sus ojos, Francesca empezó a frotarse con un ritmo cada vez más frenético, cuidando de adherirse a ella lo más posible. Después de que por algún tiempo el colchón tuvo que soportar sus saltos, Francesca recordó las enseñanzas de Gia y le dijo, Además de los labios del chochito, conectémonos bien con los clítoris, vamos.

- A mí me gustan mucho tus tetas, Francesca; aunque no tan grandes como las mías, están muy bien conformadas. Los pezones, en particular, son realmente de ensueño, como ya te dije. 

- En serio dices? Ahora dejemos las tetas a un lado y pensemos en nosotras, en la alegría que siento en mi chocho al sentir tu contacto, respondió Francesca, desde siempre afligida por sus pechos pequeños.

- Y por qué dejarlas de lado, cuando es preferible disfrutarlas? bromeó Mara.

- Entiendo, quieres que apriete a una de las tuyas durante la cabalgata.

   Excepto al principio, la saliva no fue necesaria: incluso si sus vaginas se despegaban rítmicamente para luego volver a besarse, su carne permanecía resbaladiza por efecto de las secreciones vaginales que emergían copiosas e incesantes. Con una mano agarrando uno de sus pechos, y la otra apoyándose en las sábanas, la joven romana no le dio un momento a Mara ni para respirar.

- Dios, que rico! Nunca me había sentido follada de esta manera tan salvaje! Mucho mejor que con los hombres, fue una de las muchas cosas que salieron de una Mara que parecía haberse vuelto loca. No tardó mucho en aparecer un coro de gemidos, jadeos, y suspiros de las dos mujeres, a veces intercalados con chillidos agudos de placer. Cuando alcanzaron otro orgasmo, las dos jóvenes amantes finalmente se conocieron aún más íntimamente. En posición invertida la una con respecto a otra, Francesca encima y Mara abajo, las dos chicas se deleitaron durante mucho tiempo con sus respectivos sabores y aromas vaginales, llegando a otros orgasmos varias veces. Francesca no desaprovechó la oportunidad de dejar a Mara experimentar también la dulzura de un anilingus moderado que, después de una fugaz incertidumbre, su amante le correspondió entusiasmada.

   Finalmente, visiblemente emocionada por esa experiencia, Mara exclamó: Vaya, Francesca! Lo repito: antes de estar contigo, nunca había disfrutado así y durante tanto tiempo. Además, me sorprendí en amar tus olores: todos. 

   Siguiendo el estilo directo de Gia, su mentora, Francesca la avanzó: Incluso los de mi culito? le preguntó descaradamente. Era una pregunta que Mara no se había esperado: Tú hueles bien allí también; de hecho no especifiqué antes por pudor pero dije todos, verdad?, le respondió en un susurro, un poco avergonzada.

- Las cosas siguen yendo bien, entonces; mira que solo estamos al comienzo de los juegos, cariño. ¡Ay de ti si levantas la bandera blanca! Cuando hayamos terminado le serviré un ponche de huevo a tu hermosa “passerina”, para que se recupere, la amenazó, sonriéndole, y luego volvió a besarla....

(Continuará)




La historia completa, aquí. 

https://erosartmalie.blogspot.com/2022/06/la-primera-conquista.html


lunes, 21 de junio de 2021

Andrew Tarusov. Femdom Lésbico

  

Más y más seducida, en un tono en el que explotaba la libido, Gia suplicó: -  Escucha... porqué no me nalgueas un rato? Antes de la caña, me gustaría sentir tu mano cálida en mi nalgas. Ya sabes, aunque me gusten las cañas y los látigos varios, con la nalgueada hay contacto carnal, que lo hace todo más bello... e íntimo.

- De verdad lo deseas? Y entonces, salta sobre mis rodillas, cariño; ¿Cuántos nalgadas quieres?

- Lo más posible.

- Puesto que después tu culito tendrá que tomarse otros treinta y nueve golpes de caña, creo que veinte pueden estar bien. 

Extraido de Gia Erótica. (Libro 2) Gia Van Rollenoof.


   La cita de mi admirada Gia Van Rollenoof es el marco ideal para presentar estas adorables imágenes de dominación femenina lésbica. Su autor es Andrew Tarusov, un dibujante ruso nacido en 1986 que vive hace años en Los Angeles y se caraceriza por su versatilidad. Chicas pinups, cartoon infantiles, arte erótico: su pincel hace maravillas sobre cualquier tema. Ha trabajado para Disney, para Fox, para la Cosmopolitan, para Playboy. 

   Estas son sus Amas y sumisas. Me gusta resaltar el espíritu lúdico y feliz que emanan, lejos de toda opresión y de todo temor. Para las chicas de Andrew, la dominación femenina parece ser una fiesta de la femineidad. Aplausos.

https://www.tarusov.com/aboutme



















































































miércoles, 7 de abril de 2021

Gia Erótica. Atrevidas diversiones

 




…en el fin de semana que siguió, con Mara y Francesca como espectadoras, las dos se pusieron de acuerdo; Francesca le propuso: «¿Te gustaría que pondríamos en escena una especie de drama muy cachondo contigo como intérprete principal?».

   «¿Y en qué consistiría?», preguntó Roberta.

   Descarada, en términos inequívocos, ella respondió: «Yo apoyaría el papel de una torturadora que, además de azotarte, te jode a fuego, y tú el de la torturada». Después de una pausa, mirándola a los ojos para estudiar su reacción, añadió: y también te follaría por detrás».

    Ella preguntó: «¿A lo estilo perrito, dices? Porque no me gusta mucho».

    «No, en el culito».

    «Noto que vas rápido! Aunque me has parecido una hija de puta, la idea me gusta. Quiero, sin embargo, que lo sepas: yo también, lo seré de la misma manera contigo; y, por lo tanto, está bien. Sin embargo, no te pongas ideas extrañas en tu cabeza, como someterme a ti, porque, tarde o temprano, ten por seguro que te devolveré la misma moneda». Después de lo cual, con una sonrisa que revelaba la lujuria de la que era presa: «Si se trata sólo de ficción, ¿por qué no jugar? Al final, estamos entre mujeres, ¿no te parece?».

    Al escuchar la frase habitual, que no era más que una coartada para la conciencia, mientras las tres explotaron en una risa, entendiendo, Roberta también se unió; Francesca le respondió: «Pues bien, desnudas, nosotras ya lo estamos, y, por eso, ahora te hago desvestir por mis concubinas... que, mientras tanto, mirándoos me voy a acariciar el coño para calentar mis motores. ¡Dios! No puedo esperar a jugar con tu hermoso culito».

   Para las mujeres fue un verdadero triunfo de los sentidos: ver ese cuerpo espléndido sacudirse y retorcerse bajo los rítmicos latigazos de Francesca, las envió directamente al éxtasis. Moviéndose detrás de Gia, Mara se adhirió a ella con su cuerpo desnudo; una mano para apretar una de sus mamas, la otra fue a su vagina, comenzando a acariciarla. Ni siquiera Francesca fue inmune a la lujuria que emanaba de la escena, pues, haciendo largas paradas entre un golpe y el siguiente, empezó a masturbarse. De repente, ya que masturbarse no era suficiente para ella, todavía blandiendo el látigo con una mano, se acercó a Roberta y deslizó un muslo entre los suyos: «Ahora, besando nuestro coño con los muslos, nos frotamos hasta corrernos, amorcito, que luego continuamos; me excité tanto, que no pude esperar más de correrme. Creo que a ti te pasa lo mismo».

    «¡Oh, sí, Francesca! A pesar del intenso dolor, estoy muy cachonda y no quiero nada más que volver a correrme… contigo», respondió ella, en un susurro.

    Al final de esa flagelación preliminar, útil para excitarse más, interpretando magistralmente el papel ficticio de la abusadora, Francesca la liberó de las ataduras y la poseyó por detrás con un strapon, en la posición del estilo perrito. Luego, para prepararla para el siguiente paso, después de haberle lamido el orificio anal durante mucho tiempo, la sodomizó sin muchos cumplidos.

    Durante el transcurso de esa “violación” anal, cachondas más que nunca, Mara y Gia no permanecieron inertes; al principio las bocas se unieron y las lenguas se entrelazaron codiciosas; luego, ellas también se acostaron, uniendo sus carnes en un turbulento tribbing que las llevó a otro gritado orgasmo.

    Cuando salieron de eso, más calmadas, sus ojos volvieron a Roberta y Francesca; Había pasado algún tiempo, y el strapon había dado paso a la mano de este última. A los ojos de las dos espectadoras, la escena se volvía cada vez más emocionante: las dos estaban acostadas lascivamente en la península del gran sofá, donde, poco a poco, Francesca se estaba insinuando en la carne de Roberta con su mano en forma de cuña. Fiel a su personaje, le preguntó: «¿Sientes molestias o dolor, sucia putita rubia?».

    «Un poquito de dolor; pero el placer lo supera... me está gustando, y mucho».

   En ese momento Francesca sintió que su esfínter se contraía, aspirando su mano, abundantemente lubricada con aceite de almendras, hasta la muñeca; comentó: «¡Guau! Me lo chupaste de un solo golpe; muy bien, es exactamente por eso que antes te he roto el trasero con el strapon. Con el servicio que te presté, tu culo se ha convertido en una cueva; ahora, entre tú y las perras más sucias de todos los puertos marítimos, no hay diferencia. Por otro lado, de una guarra como tú, yo lo esperaba que te gustara que te rompiera el culo». Y agregó, aun fingiendo: «¿Qué dirías si entraría dentro de tu cueva con todo el brazo, hasta que mi mano saliera de tu garganta?».

    Sabiendo que era sólo ficción, Roberta no se ofendió, y fue buena en interpretar su papel, porque le respondió: «Como la gran puta que soy, no espero menos».

   Cuando la mano de Francesca desapareció por completo en la parte terminal de las entrañas de la joven, su “violadora” cerró su mano en un puño, y luego comenzó a dispensarle ese placer agradablemente exasperante debido a la estimulación prolongada de las terminaciones nerviosas y a el estrés del esfínter. Asistiendo, Mara y Gia se sintieron un poco envidiosas; de hecho, les habría gustado mucho estar en el lugar de Roberta. Nada habría impedido que las dos mujeres las imitaran, pero, esa sesión estaba dedicada a ella, entonces se abstuvieron de comunicar su deseo, incluso entre ellas. Fascinadas, se acercaron, no solo para disfrutar más de cerca los detalles de ese emocionante pasaje, sino también para asistir a Francesca; de hecho, para Roberta, esa debería haber sido una oportunidad para vivir un goce total, que, partiendo de la cabeza, involucrara todos sus sentidos, para incluir ante todo la boca, y cada parte de su cuerpo. La expresión pintada en el rostro de la joven decía mucho sobre el éxtasis que estaba experimentando. A la muchacha le parecía que ese placer nunca habría terminado; mientras disfrutaba de la “violación”, en los pensamientos de la encantadora rubia... 

(Continúa en la novela).

Extraído de https://erosartmalie.blogspot.com/2021/04/atrevidas-diversiones.html



jueves, 7 de enero de 2021

Gia Erotica. La iniciación de Francesca

 



   Fue con ocasión de una de esas inesperadas y agradables sorpresas reservadas para ellas, que Francesca perdió su última virginidad y sucedió justo en la rústica mesa del comedor. Desde hace dos semanas en compañía de las dos experimentadas mujeres, siempre presente y bien dispuesta a ayudarlas, en varias ocasiones la joven había asistido a los profundos fisting anales que les encantaba intercambiar.

   Aparte del placer sexual, también con el propósito de agrandar progresivamente su esfínter, además de usar tapones anales, ella había recibido sus dedos varias veces también en su lado B. La cosa siempre había sido, como se suele decirse, a la vainilla, y nunca, salvo en la vagina, la habían penetrado con toda una mano. Sus dos mamás, por lo demás, ni siquiera habían insistido, ya que preferían que fuera ella quien lo pidiera, cosa que por otra parte, ella había hecho insistentemente.

   Desnuda, pero con medias oscuras ligeramente veladas y ligas, con las nalgas vueltas hacia atrás, provocadora hasta la muerte en esa posición indecente y lujuriosa en la que estaba sobre la enorme mesa del comedor, bromeando, ella usó términos venecianos: 

   - Bueno, dadas las bonitas sorpresas que a menudo encuentras en esta mesa, creo que me merece el título de Miss cul - inaria. Hoy me gustaría que usaras aceite; y no el que se usa para aderezar la ensalada, añadió seria, aludiendo claramente a su deseo de ser finalmente desflorada en el lado B también.

   - De verdad, te sientes lista para el gran salto que te convertirá en una mujer completa, amor? Queremos hacer florecer también esta pequeña roserita tuya, para hacerla feliz, y así hacernos estallar de alegría?, Gia le preguntó emocionada, mientras con una mano le acariciaba suavemente la mejilla y con la otra el surco perianal, para relajarla. Se sentía jubilosa: Francesca finalmente había llegado al punto de inflexión que las dos madres consideraban fundamental.

   Fuera de los juegos pseudoincestuosos, un poco tensa por temor de sufrir demasiado, la llamó por su nombre: Sí Gia: estoy cansada de que vosotras dos me consideréis una niñita; y aunque me alegra seguir sintiéndome como vuestra hija, es hora de que yo crezca para estar a vuestro nivel. Como ya he hecho para otros asuntos, como el chocho y el látigo, quiero deshacerme por fin de esta última virginidad, que me incomoda. Y no hay duda de que me sienta preparada: después del largo y agradable entrenamiento al que me habéis sometida, ahora soy capaz de controlar bastante bien el músculo, y no volver a encerrarlo, si lo quiero.

   Gia miró a Verónica y comprendió que era presa de una fuerte emoción; como la amaba tanto, quiso renunciar a tomarse aquella virginidad. Comenzando a acariciar suavemente y metódicamente el borde de la apretada vaina con el fin de relajar el músculo cerrado de su niñita, que según ella estaba a punto de convertirse en mujer, mientras tanto respondió: 

   - Tú sabes, que ya te tenemos en gran estima, tesoro mío; sin embargo, apreciamos mucho, que te entregues a nosotras de una manera tan total. El tuyo es un gesto de amor significativo; Estarías feliz si para follarte también allí por primera vez, fuera Verónica? En cualquier caso, yo me quedaría aquí, y pensaría en prepararte para ella, allanarle el camino, y hacer que todo sea más adorable y solo un poco molesto… para luego poseerte yo también de la misma manera.

   Aunque hubiera preferido que lo hiciera Gia, pero aliviada sabiendo que ella lo habría supervisado, Francesca fue muy cariñosa: - Verónica, mi querida mami número dos, además de la que ya tomaste, puedo darte también esta otra virginidad mía?

   Mientras una lágrima de alegría caía lentamente por su mejilla, la hermosa mujer caribeña pareció estallar de alegría: por detrás, sus manos envolvieron los pechos de Gia y la abrazaron con fuerza. Su vientre adhirió a sus nalgas, y, a través de la fina tela de la falda, Gia pudo sentir la lava húmeda quemando su vientre; se volvió para ofrecerle sus labios, y la besó durante un largo rato. 

   Luego, Verónica le agradeció: - Te quiero mucho, Gia; tú y nuestra tierna criatura me estáis dando un gran regalo y estoy verdaderamente licuada por vosotras y también muy conmovida: nunca, en mi vida, me habían dado semejante gracia.

   Mientras mutua y furiosamente las dos mujeres se despojaban de sus ropas, se acariciaban y se apretaban. Un poco ansiosa, Francesca preguntó: 

   - Me lastimarás mucho, Verónica? No es que haya cambiado de opinión; lo pregunto solo para saber qué esperarme, para estar preparada para soportarlo.

   - Mi florecilla, cálmate; lo que vas a sentir solo será una gran voluptuosidad; ya sabes, yo soy muy buena cuando se trata de culitos, especialmente cuando se trata de uno tan adorable como el tuyo.

   - Entonces, vais a usar el aceite?, preguntó de nuevo, temiendo que no lo quisieran. De hecho, en una ocasión, la joven había visto algo similar con Gia: en medio de un delirio erótico, deseando estar poseída duramente, por su expreso deseo, Verónica había usado solo su propia saliva mezclada con el moco vaginal que había emergido después de una prolongada y eficaz estimulación vaginal preparatoria para la sodomización.

   Fue Gia quien la tranquilizó; recogiendo con dos dedos la secreción vaginal de la muchacha, que había fluido y se detuvo en el asa perineal, con un movimiento circular de los dedos, comenzó a masajear suavemente su orificio anal. 

   - Amor, cómo te das cuenta, como yo, tú que eres muy generosa en tema de líquidos, y, por tanto, cómo decir... eres auto lubricante; no hay necesidad de aceite, ya que seré yo quien se encargará de que tu lindo agujerito esté siempre muy resbaladizo. Y si lo tuyo no es suficiente, también utilizaré mi cum, que, mirándote, seguro que no dejará de emerger abundantemente en mi gnocca. Pon tu corazón en paz: no todo saldrá tan suave como la seda; pero, en cualquier caso, será suficiente para desflorarte.

   - Pero de esta manera sentiré dolor!

   - Cariño, qué desfloración sería si no fuera así? Aquí no hay himen que rasgar y luego debemos encontrar otra manera de hacerte recordarlo, no crees? Hay mujeres que, por diversas razones, ni siquiera recuerdan su desfloración; por esto, creo que se han perdido algo importante. 

   Pero ...no me harás daño? He escuchado que en las prácticas sodomíticas existe el riesgo de incurrir en un prolapso del recto.

   - Deliciosa cachorrita: si, a pesar de los grandes calibres a los que está acostumbrada, a Verónica nunca le ha pasado nada malo, qué riesgo quieres que haya? Has visto su mano: como la mía, es muy pequeña. Además, cuando, poco a poco, Verónica entrará en ti, nos dirás cómo te sientes y así, en consecuencia, ella podrá modular la penetración, parando y luego retomando. Y, de todos modos, ya sabes, te amamos; y, por tanto, ten calma, que todo saldrá por el buen camino, es decir en dirección a tu bonito culito, bromeó, con tono tranquilizador. Luego agregó: 

   - Si nos comportamos de esta manera, no es por una forma de perfidia, sabes? Si por un lado el aceite facilita la penetración, al mismo tiempo es como si adormeciera las terminaciones nerviosas, privándote de parte de ese placer que se vuelve sublime solo mezclado con un poco de dolor; y ten en cuenta que dije poco. En cualquier caso, no tengas miedo, y confía en nosotras; sabes que no nos falta experiencia. Hay que pensar en lo que va a pasar como si fuera tu primera penetración como virgen, con el coño aún obstruido por el himen. Acostumbrada como estás a recibir un látigo incluso en el chochito y en las tetas, qué será un poco de dolor? Te he tranquilizado, amor?

   - Sí mamá.

   Ese cambio de tono se debió al conocido mecanismo de defensa llamado regresión. Sintiendo la necesidad psicológica de confiarse por completo a sus manos, por un momento Francesca volvió a ser la niña necesitada del consuelo materno.

   Después de haberla tranquilizado y de continuar con ese masaje del orificio por un tiempo, Gia comenzó a penetrarla, primero con un dedo, luego con dos, y finalmente con tres unidos. Ya que estaba acostumbrada en hacérselo ella misma, la joven reaccionó bien: suspiros de placer fueron el feedback que animaron a Gia a continuar. Con los tres dedos juntos, empezó a moverse lentamente con un movimiento radial, para ensanchar el estrecho agujero lo mejor posible. Cuando se dio cuenta de que Francesca estaba completamente relajada y que su esfínter externo habría aceptado sin traumas la dilatación extrema que habría seguido, le pasó el testigo a Verónica, quien empezó a darle un apasionado analingus.

   Mientras tanto, Gia se había movido al lado de la cabeza de la virgen; mientras una mano acariciaba su rostro, a menudo permaneciendo en sus labios hinchados, con la otra comenzó a acariciar sus pechos y vagina. En la estimulación, también estresó implacablemente su clítoris, para asegurar un flujo suficiente de secreción vaginal que hubiera sido útil para que Verónica se deslizara dentro de ella con toda la mano sin causarle un sufrimiento demasiado fuerte.

   Incluso su madre número dos, fue muy suave en penetrarla, y no hubo necesidad de que Gia estimulara su propia vagina para que se volviera más empapada, ya que la secreción de Francesca fue suficiente; de hecho, cachonda como el infierno, junto con los gemidos, su expresión indicaba que, al aceptar un calibre más grande, no estaba sufriendo demasiado. Para templar la molestia con el placer que la habría mitigado, la boca de la mujer veneciana corrió hacia su vagina, donde se demoró bastante tiempo; una vez que el cunnilingus preparatorio fue terminado, Gia a menudo se inclinaba sobre su cabeza para besarla en la boca y esto también ayudó mucho a relajarla.

   Después de un tiempo que estaba moviéndose suavemente dentro de ella con cuatro dedos juntos, cuando se salió, ante un asentimiento de Gia, sin advertirla, Verónica de repente la penetró con toda su mano en forma de cuña, y la desfloró sin piedad. No lo hizo por malicia gratuita; de hecho, las dos mujeres habían acordado comportarse de esa manera con un propósito muy concreto: darle al todo los matices de un acto iniciático, para grabar en su memoria una etapa de la vida que nunca ella habría olvidado.

   Por la deliberada brutalidad de esa violación, Francesca sintió un dolor agudo y amargo; tuvo la sensación de ser violada con extrema violencia, y gritó en voz muy aguda. Mientras Gia la ayudaba a sostenerse las piernas dobladas hacia atrás, como si no hubiera sentido nada, Verónica había cerrado el puño, hundiéndose en ella hasta la muñeca; luego, comenzó a moverse en un movimiento alterno adentro, para estimular con eficacia su esfínter. 

   - Amor; ahora tienes que respirar profundamente; esfuérzate por coordinar el ritmo con los empujes que te da Verónica, para relajarte y aceptar bien esta intrusión tan invasiva, Gia le recomendó, amorosamente.

   Con el paso del tiempo, de los gritos, Francesca pasó paulatinamente a fuertes jadeos, el ritmo de su respiración aumentó, y también debido al efecto conjunto de los dedos de Gia en su clítoris, tuvo un primer orgasmo. Cuando la joven se hubo calmado, Verónica salió de ella y le dejó a Gia el codiciado honor de ser la segunda en penetrarla para renovarle ese nuevo placer.

   Mientras que Verónica había ocupado su lugar estimulando continuamente la vagina de la muchacha, Gia dejó caer un poco de saliva en su rosado orificio inflamado y entonces su pequeño puño pudo deslizarse fácilmente en esa cavidad que, en ese punto, estaba bien lubricada y muy abierta; hundiéndose en ella, sintió su mano ser aspirada profundamente y apretar con fuerza la muñeca debido la contracción del anillo anal. Forzándola más, ella se embarcó en un movimiento rítmico alterno desde el interior hacia el esfínter externo, y sin dejar jamás esa vaina apretada, que estaba dilatada hasta el espasmo. Cuando estaba con el puño bien cerrado cerca de la salida del esfínter, pero todavía bien dentro, rotaba alternativamente la muñeca para hacerla sentir el poderoso estímulo causado por las repisas de los nudillos.

   Debido a la poderosa excitación genital, la vagina de Francesca aparecía dilatada y pulsaba rítmicamente, tanto que, impregnada por un velo de moco opalino, se veía palpitar el cuello del útero y fue una atracción irresistible para Gia; Después de que le hizo entender a Verónica que tenía que apartar los dedos de su clítoris, su mano libre la penetró por completo, para darle, en sincronía, un fisting vaginal combinado con una estimulación del cuello uterino.

   Nunca antes, malhablada o vulgar, gritando por la voluptuosidad, Francesca parecía haberse vuelto loca, y imploraba constantemente bajo las hábiles manipulaciones de la veneciana - Más! Quiero todo tu brazo... sentir tu mano llegar a mi corazón desde allí, y acariciarlo. Rómpeme el culo, Gia, que él está tan feliz de sentirse maltratado; y no me importa si me lo rompes. Antes me habéis hecho un mal bárbaro, pero qué loco placer siento ahora. De nuevo, Gia; sigue: no pares, y continúa sodomizándome, que, si me lo rompes, me compraré uno nuevo.

   En medio del delirio, la joven seguía gritando  - Nunca hubiera pensado que mi culo pudiera darme tanto placer! Ahora tienes que taladrarme más rápido, que todo mi cuerpo se ha elevado a una sola entidad genital; estos golpes también reverberan en mi coño, así como en mi cerebro: Siento que incluso mi alma está empapada. Ahora detente, abre el puño y hunde más profundo con la mano abierta; acaricia mis entrañas, retorcerlas, lastímame, llega a mi garganta, y luego a mi boca, a acariciar mis labios desde adentro... ah! Y tú, Verónica, ¡no dejes de ordeñar las tetas de la guarra que soy! Dios, cómo disfruto! Ah... estoy a punto de correrme, pero no te vayas, Gia, y empieces de nuevo; solo te detienes cuando me desmayo de placer, o si mi culo se rompe! Es demasiado, demasiado rico! Disfrutar del coño es sublime; pero, con el culo, es incluso estratosférico! Es como si la satisfacción que se obtiene al hacer la caca se multiplicara por mil. Hasta hoy, cuando me penetraste solo con los dedos, era agradable, claro; pero no era nada comparado con lo que estoy sintiendo. Si un día tengo que morir, quiero que sea entrando en mi trasero y que lo haga explotar! Y ahora Verónica, sin dejar de ordeñarme las tetas, dame tu boca, que quiero besarte. Ahora sí, que realmente me siento como una puta; y con un título honorífico! Y el honoris causa, está constituido por tu pérfida mano en mi culito, Gia.

   Por supuesto, más allá de sus irrazonables exhortaciones, las dos mujeres expertas se comportaron con cautela, y siempre con sabiduría. Al final de todo, cuando Gia estaba completamente fuera de la chica, extasiada, con sus ojos que no dejaban esa contemplación, Verónica comentó: - Vaya, Gia, aunque ya te has salido, ella todavía está tan abierta, que, estas que veo, ya no son aberturas, sino abismos de carne roja pulsante!

   Francesca todavía estaba jadeando por los orgasmos que había disfrutado; para expresar su amor, Verónica también la besó en la boca. Después de eso, retórica y alegre, le preguntó: 

   - Y qué, cariño? Te gustó? Ahora finalmente entraste de pleno derecho en el club de las rotas en el culo: bienvenida!, bromeó.

   - Tienes razón: de hecho, soy realmente bienvenida; o mejor, muy bienvenida!, también ella bromeó, con voz débil, jugando con el doble sentido. Luego, para continuar esa atmósfera de burla bondadosa, agregó: 

   - Nunca me había sentida tan bien; pero ahora hay algo que tengo que reconsiderar. Y aquí está: cuando, por alguna razón, alguien tuviera que dirigirse a mí con un "Ve a tomarlo por el culo", en lugar de mandarlo al infierno, debo agradecerle el buen augurio. En cualquier caso, puesto que "Roto en el culo" se suele decir también para quien es besada por la suerte, no hay duda, que, de esta experiencia, he sacado una doble ventaja …

(Continúa en la novela).


viernes, 20 de noviembre de 2020

Gia Erótica

 



   En este año tan difícil, tuve la enorme suerte de haber encontrado el blog de Gia Van Rollenoof y desde entonces, me he convertido en su fiel seguidora. Gia es una escritora italiana de novelas eróticas cuya visión de la sexualidad femenina me calza como un guante. Los personajes de Gia son mujeres que no se lamentan de su condición sino que la aprovechan para hacer del sexo una alegre fiesta de los sentidos. Las mujeres de Gia son fuertes, poderosas y sensuales. Disfrutan y gozan su femineidad sin culpas. La novela está ambientada principalmente en Venecia en un ambiente sáfico lleno de juegos perturbadores, moderadamente sadomasoquistas y marcadamente fetichistas,

   La novela Gia erótica es un cuento de hadas para adultos donde  el amor y el sexo se exprimen en su dimensión puramente pulsional. Despojados de todas las implicaciones pseudo románticas, los acontecimientos se cuentan explícitamente en su gratificante esencialidad erótica. Aunque la narración a menudo entra en temas más serios, se trata esencialmente de impulsos sexuales de mujeres hacia otras en un ambiente marcado por la alegría y la búsqueda del placer.

   En este primer libro de la serie, se narra la historia de un contrato de sumisión entre una Mistress alemana llamada Camilla y cinco chicas, entre ellas Gia. Las cinco viajan a la mansión de Camilla. El juego consiste en que en el primer mes todas pueden disponer de Brunhilde, la sumisa favorita de Camilla pero en el segundo serán ellas las que deban someterse a  la voluntad de Camilla. 

- Y con tu culito, cómo te va? Nunca he visto una penetración anal tan importante, le preguntó Mara a Camilla.

- Fue fantástico, chicas... incluso si mi trasero todavía me quema un poco a pesar de que me trataste con el bálsamo.

- Te lo mereces: y estás contenta de salirte con poco. Tienes que agradecer a tu santo patrón que tu antojo incontrolado no te causó un prolapso rectal; si tú eres una gran mujer, debo decir que también eres una imprudente, Camilla, le dijo Gia, enviándole una benévola mirada de reprobación.

- Qué podemos hacer esta noche en el Salón de los Suspiros, Camilla?, le preguntó Francesca.

- No cuentes conmigo; ya tuve suficiente por hoy. Pero vosotras pasadlo bien.

- Diría que de quedarse en nuestro apartamento para follar y nada más; desafortunadamente, hoy ni siquiera hemos disfrutado de un solo golpe de látigo o de cualquier otra cosa, propuso Roberta.

- Podéis usar lo que está en vuestro dormitorio, ¿no? Escondido en el falso techo también hay un cabrestante, y en la cómoda encontrarais todo lo que necesitáis, como cuerdas, mosquetones, cañas y más, le recordó Camilla.

 - Y tú, qué harás sola?, le preguntó Gia.

   En ese momento se escuchó el rugido de un motor; sorprendida, Gia preguntó: Quién puede ser a esta hora?

- Hace media hora, Brunhilde me llamó por teléfono, y me dijo que había hecho toda su tarea; como ya habíamos terminado con nuestras cosas, le dije que podía, o más bien, que tenía que volver aquí rápido. Entonces, esto es lo que voy a hacer: Haré feliz a Brunhilde, quien se lo merece, pobrecita, que siempre es tan servicial. Antes de dormirme, le impartiré una buena dosis de látigo, después de lo cual lo poseeré con un strapon dorado; sabes, como es sumisa, no puedo inseminarla en el coño, porque esto reduciría las distancias entre nuestros respectivos estatus, y, por lo tanto, la sodomizaré, llenando su barriga con mi esperma femenino, algo que ella ama, y que ha aprendido a soportar sin, digamos, efectos secundarios, después de un largo ejercicio, por supuesto. Luego, me haré lamer por una hora el coño; finalmente, después de haber vaciado mi vejiga en su dulce boca, empujaré el plug con la cola en su culito, como es apropiado para una perrita fiel, y me dormiré, con ella que estará al pie de mi cama, ansiosa por satisfacer mis posibles necesidades nocturnas. Veréis: después de este día en el papel de sumisa, realmente necesito desahogarme en el papel auténtico y natural que me pertenece, es decir, de Mistress, usando su carne por mi placer, y poseyendo incluso su alma. Por otro lado, si ella es feliz, ¿por qué no? Ya me imagino sus ojos rociar felicidad cuando se lo anunciaré; si se necesita tan poco para hacerla feliz, por qué no hacer una buena obra?

Si por ella está bien, para ti no es un mal programa, comentó irónicamente Francesca.

Bueno, muchachas, paséis un buen rato vosotras también, que yo me retire a mis apartamentos. Feliz noche.

Feliz noche para ti también, querida Camilla... y para Brunhilde, le respondió Gia, en nombre de todas, dándole una sonrisa cómplice.

Cuando Camilla salió del dormitorio...

- Roberta: Escucháis, solo son las diez, y tenemos dos o tres horas antes de dormir; juguémonos bien el tiempo que tenemos. Propongo ser la primera en sufrir la tortura; con una caña, en el culo y los muslos.

- Mara: Y yo después de ti; pero, al golpear, tomemos turnos para disfrutarlo adecuadamente. Dado que siempre decís que mis grandes tetas os dan una buena satisfacción, me ofrezco por ellas; tal vez con ese accesorio para apretarlas en la base para mantenerlas bien elevadas. Estoy hablando del accesorio sencillo y ligero de aluminio, para colgar en el cuello…

(continuará)


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