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viernes, 14 de agosto de 2026

La Fantasía Femdom (parte IV)

 





   Si un grupo de extraterrestres apareciera de pronto y nos preguntara de qué forma obtenemos el máximo placer sexual posible, le responderíamos sin dudar Con la Dominación Femenina. Si nos miraran con expresión de incógnita, podríamos profundizar el concepto diciendo que somos mujeres y hombres iguales y libres pero que gozamos en la intimidad jugando a simulacros de esclavitud…y creo que entonces sí podríamos hacernos entender.

   Para un observador que desconoce este mundo tan particular, los rituales a menudo complejos de la dominación femenina son actos de abuso y violencia pero si se mira con atención, descubrirá que sus condiciones son controladas y casi siempre se desarrollan en el plano simbólico. Las Dóminas y nuestros esclavos adoradores construimos con palabras y actos una mascarada ficticia de sometedoras y sometidos cuyo goce nace de negar la realidad en la que vivimos aunque no está totalmente desvinculada de la misma. El sado Femdom siempre implica una evasión de la realidad. Dejamos de ser sujetos de derechos del siglo XXI para correr tras un espejismo de ficciones esclavistas.

   La Venus sádica y dominante y los seres de todos los sexos que gozan sometiéndose a ella no sólo conformamos un conjunto de sibaritas sexuales acostumbrados a degustar exquisiteces eróticas. El sadismo controlado y ritualizado de las sesiones nos ayuda a acomodar en los cajones de nuestra personalidad a ciertos fantasmas surgidos de lo más profundo de nuestro ser, que de ser liberados sin controles, nos complicarían la vida con sus apetitos destructores y el fuego de las pasiones. Las sesiones Femdom donde esos fantasmas cobran vida actúan a veces como una purga benéfica. Todos aquellos instintos sexuales que en la vida real deben ser reprimidos de acuerdo a la moral, las leyes y a nuestra propia conciencia, encuentran su derecho a la existencia en nuestras privadas mazmorras donde nos convertimos a piacere en azotadoras crueles, proxenetas de mucamas travestidas, sodomizadoras sádicas de colegialas….y la lista sigue. La sesión sado es libertad en cadenas; nos permite construir un refugio privado, preservado de miradas extrañas, donde la imaginación nos permite ser individuos soberanos de nuestros propios destinos sin correr riesgos.

   Por esa misma razón, la dominación femenina no es ni podrá ser jamás una mera variante dentro de la diversidad, un ingrediente más en un coctel de sexualidades que busca el reconocimiento público y la visibilización, como lo proponen muchos teóricos del género y la sexualidad. Porque la experiencia del placer en el sado Femdom se obtiene gracias a la inteligencia de quienes lo viven, a la riqueza con que dialogan, la imaginación con que fabulan y a la sabiduría con que se autocontrolan pero nunca por como se incluyen en el mundo real, que por otra parte no les excita en lo más mínimo. A nadie le importa como vive la Dómina cuando no calza las botas ni empuña el látigo porque no es su vida personal sino su poder de persuasión y su capacidad de provocar la magia de la ficción lo que determina su valor ante los ojos y oídos de sus esclavos adoradores. Dominar es un arte y cuando se evalúa una obra de arte, es muy poco relevante la vida personal de quien firma el cuadro.

   La dominación femenina actúa en nuestra conciencia como un llamado de las sirenas que nos tienta a escapar de la realidad. Los rituales, los contratos de esclavitud, las vestimentas fetichistas, todo ese travestirse de lo que no somos pero querríamos ser, sucede en una región que no es el de la sexualidad convencional pero tampoco es pura fantasía. Ama y esclavos saben que lo que están viviendo no es estrictamente verdad pero el truco funciona porque esa ficción erótica complementa la experiencia sexual humana con aquello que es imposible de encontrar en la vida real, que nos emancipa de ella y nos permite por momentos gozar en un mundo creado por la imaginación, que sabemos que no existe y que por esa misma razón deseamos y soñamos.








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sábado, 13 de septiembre de 2025

Miel de injusticia

 



Lo que muchos llaman amor, es elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, les he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.


Julio Cortázar. Rayuela


   Me lo han dicho de diversas formas y con diversas palabras: los hombres con tendencias sumisas en presencia de una Dómina en rol (o sea en imagen y actitud), sienten una especie de terremoto mental. Un rayo que les parte los huesos. La necesidad romántica de entregarse a nosotras los obnubila. Sin más armamento que sus propios misiles de testosterona, sueñan, fantasean y se pajean con Nosotras como objetivo. Aclaremos que a diferencia de otro tipo de pajeros, ellos no agotan su búsqueda en el clásico coito: el suyo es un deseo mucho más profundo de ser sometidos por la mujer de sus fantasías, un deseo que los atraviesa, a veces a pesar de sí mismos y de sus propios intereses.

   Para una Dómina exhibicionista como Yo, ese deseo, ese brillito de ojos, ese morderse del labio inferior al verme, esa vulnerabilidad masculina imposible de ocultar, conserva toda la inocente perversidad del sexo, en la relación pura entre estímulo y respuesta. Estímulos de imagen, de tacto, de oídos atentos a la orden suave o estricta, a los aromas que exhalo, en fin... la respuesta a los sentidos, a lo sensual, la respuesta natural de un macho al estímulo de la hembra, la respuesta que no se enturbia con dialécticas ni academicismos. No sólo les pasa a los varones: a muchas mujeres y travestis también las atraemos por la misma razón…y cómo he gozado gracias a ellas! No ocurre al revés, ellos no nos atraen con esa pasión, porque la atracción sexual es una conexión directa con el instinto, con la emoción, con resortes que conectan con lo más profundo de la sexualidad humana y no puede ser diseñada desde un escritorio donde se diseñan igualdades ni postulada desde un código moral. El deseo Femdom es real, auténtico, puro y honesto porque nace libre de toda clase de condicionamiento social. Y al ser así, es tan injusto como delicioso. Una miel de injusticia.

   Contrariamente a lo que a menudo se propone, la dominación femenina no es una forma de sexualidad vanguardista, subida a la ola del feminismo contemporáneo y los reclamos de visibilidades y derechos. Sus fundamentos están en otra época. No es un impulso revolucionario sino conservador. Escondida detrás de las jaulas y los látigos e invisible para el ojo que sólo se encandila detrás de las botas de taco alto, se esconde una permanente vuelta al pasado, una revalorización de la femineidad libre de toda la amargura con que el feminismo la ha contaminado y endulzada en su núcleo genuino y eterno: la mujer atractiva despierta en personas de naturaleza sumisa el deseo de adorarla y complacerla. Es un volver a las fuentes, al manantial primordial en donde nos espera la bella Wanda de Sacher-Masoch vistiendo sus famosas pieles.

   Vivimos en una época en donde el pensamiento está dominado por el principio ético de alcanzar la igualdad en todos los terrenos, incluidos los sexuales. Enfrentada a esa vanguardia cultural que todo lo invade, incluidos los dormitorios, la dominación femenina nos interpela…alcanzaremos el éxtasis orgásmico a medida que nos volvemos más iguales, los estímulos naturales son cada vez más domesticados por convencionalismos sociales y nuestras relaciones se vuelven cada vez más justas?




jueves, 7 de agosto de 2025

La importancia de las ficciones (parte III)

 




   Es verdad, señora Roxy que su marido es su esclavo y Ud tiene un calabozo? Así y de similares maneras me han preguntado reiteradas veces si lo que hacemos es verdad. Mis respuestas suelen satisfacer la comprensible curiosidad de quienes me rodean pero cada vez que he contestado ese tipo de preguntas me ha quedado un regusto amargo: una incómoda sensación de que he dejado claro que la dominación femenina es un conjunto de juegos íntimos que nos provoca placer y refuerza los lazos amorosos pero por otro lado siento que he decolorado con lavandina mis negros hábitos de sacerdotisa del Marqués, los que me siento tan orgullosa de vestir.

   No hay duda que nadie es esclavo de nadie y mi esclavo no es tal: así es como es feliz y además lo ha fantaseado toda su vida. Pero esa verdad es sólo una parte de la historia, la más visible y palatable. La otra parte, la oculta, dice que las mentiras y los cuentos que protagonizamos durante la intimidad del sexo son formas de expresión de una verdad escondida: muchas personas no estamos del todo satisfechas con la vida que llevamos en sociedad. Nuestras experiencias eróticas pueden ser satisfactorias pero sentimos que algo nos falta, aunque no siempre sabemos exactamente qué. Para aplacar ese sentimiento de frustración, construimos ficciones donde toda extravagancia es bienvenida. Por ejemplo: en la ficción del sado, somos Amas y esclavos. O en la ficción del travestismo, ellos son ellas.

   Toda esa fantasía de diosas paganas y despóticas junto a sumisos humillados que vemos y leemos en la pornografía sádica, hunde sus raíces en la experiencia humana, en sus vivencias, sus sueños, sus anhelos, sin que por ello tenga chances de materializarse. Cuando escucho a un sumiso decir que su Ama es real o que busca un Ama real, siento deseos de explicarle que no es la vida de ella la que determina si es una dominante real o no sino su poder de persuasión y su capacidad para crear la fantasía que nutre la experiencia sadofemenina. Tomar esa fantasía al pie de la letra, creérsela literalmente, sólo conduce a la frustración. Dian Hanson, editora y columnista de muchas de las revistas fetichistas más importantes de la historia del BDSM, dijo una vez que la vida real nunca será como la fantasía pornográfica y que es justamente por esa limitación que la fantasía pornográfica tiene sentido.

   Se comprende fácilmente porqué tanto los esclavos como Nosotras somos tan aficionados a la extravagancia de la ropa y los accesorios fetichistas. No solamente existe el innegable efecto visual de vernos más bellas. El fetiche nos transforma en alguien muy diferente a como nos vemos en la otra vida, la vida real de la que queremos huir. Por eso una dominatriz jamás se presenta en transición, como sí lo hacen las dragqueens de los reality shows, cuyo morbo reside en exhibir paso a paso su transformación: un muchacho convencional entra a un camarín y las cámaras van mostrando como paso a paso se va convirtiendo en una diva que corta el aliento. En cambio Nosotras aparecemos en escena frente al esclavo perfectamente montadas y en rol, porque ese es nuestro truco de prestidigitadoras que nos permite escapar de la manera más rápida posible hacia la irrealidad del sado. Cuando empieza la sesión y las jaulas del dungeon se abren, las puertas de la realidad se cierran porque salimos a ser la Otra.

   Como la ficción del sado es un estado transitorio donde satisfacemos el apetito por una vida que no tenemos, el regreso a la realidad suele ser un golpe, a veces brutal, en donde comprobamos que los sueños sólo sueños son. Somos Cenicientas que nos tocan el reloj de las doce. Una travesti me lo confesó una vez en un baño de una discoteca swinger, Ustedes se desmaquillan y se van a dormir, a nosotras con el maquillaje, se nos van nuestras ilusiones. Porque vivir de a ratos la vida que queremos nos recuerda que la realidad siempre es más pobre y más opaca que los brillos con los que soñamos.

   Mario Vargas Llosa afirmó una vez, hablando de las novelas de ficción: La fantasía de la que estamos dotados es un don demoníaco. Está continuamente abriendo un abismo entre lo que somos y lo que quisiéramos ser, entre lo que tenemos y lo que deseamos. Porque la vida real, la vida verdadera, nunca ha sido ni será bastante para colmar los deseos humanos. La ficción enriquece la existencia humana, la completa y, transitoriamente, compensa esa trágica condición que es la nuestra, la de desear y soñar siempre más de lo que podemos alcanzar.


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miércoles, 9 de abril de 2025

El perenne universo masoquiano (parte II)

 



   El océano infinito de tiempo y espacio en donde las mujeres dominantes gozamos de la sensación de sentirnos poderosas y sensuales, fusta o carterita en mano, es cambiante en su flujo y reflujo a lo largo de los siglos. Pero la esencia jamás cambiará: el juego se juega de un lado con la seducción del poder de la hembra femme y por el otro, con la respuesta deseante de los galantes adoradores, seducidos ante su presencia y comprometidos a brindarle todo lo que ella desee.

   Las edades cambian, las costumbres se modifican pero la esencia de la dominación femenina es siempre la misma. Desde la literatura, fue definida por un maestro del romanticismo extremo, Leopold Sacher-Masoch, quien esculpió una obra maestra de lujuria fetichista llegando hasta extremos que jamás ningún otro pudo alcanzar, y por un filósofo? pornógrafo? dramaturgo loco?; el legendario Marqués, cuando estableció una Filosofía desde un femenino Tocador en donde la satisfacción del deseo es el único punto fijo e inmutable en un sistema de muchas variables.

   Gilles Deleuze, en un escrito en donde analiza la novela La Venus de las Pieles de Leopold Sacher-Masoch, sostiene que jamás un masoquista soportará a una mujer verdaderamente sádica. Los varones sumisos gozan sensualmente con cierta naturaleza sádica en la mujer pero siempre la mayoría pretenderá regular esta naturaleza con arreglo a un proyecto secreto que fracasaría por completo con una verdadera sádica. No funcionará así o funcionará parcialmente. La armonía en nuestras relaciones de vida mujer dominante - varón sumiso está tejida por ese juego entre lo que ellos proponen desde su fantasía y lo que nosotras realmente somos, un juego que refleja nuestras esencias, tanto la masculina como la femenina. En esa dualidad fantasía masculina y deseo - seducción femenina y dominación descansa la estructura vertebral del universo masoquiano.

   Apuesto a que el maremoto cambiante de fetiches, rituales y deleites de los años y siglos por venir no afectará las bases sobre la que se sustenta el poder femenino ni modificará una construcción sólida y duradera a prueba de modas y estilos. La moderna tecnología textil puesta al servicio del fetichismo construye belleza y excitación como nunca antes y a veces me pregunto cual será el límite, pero ni la modelo fetish más estilizada y subyugante en su rol de superheroína nos debe hacer confundir: la dominación femenina no es ni será vanguardista.

   Las formas se modernizan pero la esencia es profundamente conservadora. Las mujeres dominantes sembramos nuestro futuro remontándonos a lo más ancestral de Dalila, Isis, Helena y Afrodita. El porvenir de la dominación femenina se alimenta en las firmes raíces del perenne tronco masoquiano. Nosotras somos la seducción; ellos son el deseo.


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viernes, 8 de marzo de 2024

El perenne universo masoquiano

 





   Es difícil para una mujer definirse como masoquiana. No deja de ser una burla del lenguaje y del destino que los hombres sumisos, siempre tan autorreferenciales y narcisistas, hayan terminado apropiándose del término masoquista, en referencia al hombre que goza con un supuesto dolor mientras que su contraparte, las mujeres dominantes, las que gozamos con someterlos, debemos contentarnos con ser llamadas sádicas, una palabra más lejana y con mucha mala prensa, que no es capaz de condensar toda la lujuria fetichista femenina que emana de la obra de Sacher-Masoch. Pero es así, colegas dóminas; los sumisos no sólo son los protagonistas que nos definen y nos ponen límites para que seamos lo que ellos quieren sino que hasta se han apropiado de la definición misma.

   Leopold Sacher-Masoch no sólo escribió novelas de fantasía sobre la dominación femenina: sabemos que persiguió esos deseos en su vida real. Por eso es uno de los pocos autores de los que es muy difícil separar lo ficticio de lo autobiográfico. De creer en sus propios escritos, la esposa de Sacher Masoch se vestía con pieles para azotarlo y él firmó un contrato rindiéndole su vida.

   Las mujeres ya no usan pieles como símbolos de poder pero la esencia de los juegos de poder masoquianos no ha cambiado, no ha envejecido un sólo día. A diferencia de Sade, que requiere una permanente traducción sobre lo que significa hoy ser sádica para poder encajar con forceps dentro de la sexualidad del siglo XXI, la fantasía masoquiana es impermeable al paso del tiempo. Es perenne. Su literatura tiene la carga mítica de haber puesto en letras el lugar de poder que las mujeres pueden obtener si se proponen someter a los hombres combinando belleza con elegancia y actitud al mismo tiempo que denuncia al pasar el carácter vanidoso y manipulador del hombre que aspira a ser sometido. Porque se nota que siempre son ellos los diestros artesanos que le van dando forma al látigo con el que finalmente esperan ser azotados por la cruel bella dueña de sus fantasías.

   Pero antes del delicioso sufrimiento tan deseado, en las novelas de Sacher- Masoch sus héroes sumisos sufren de verdad en una tensa e interminable espera hasta que finalmente la diosa se decide a empuñar la fusta. Se consumen en una espera ansiosa por algo que desean y temen por igual. Los tiempos se alargan alimentando cada vez más el deseo masculino de entregarse en cuerpo y alma a la devoción a una mujer.  Al igual que en la dominación femenina actual, cuesta a veces encontrar los límites entre fantasía y realidad porque se vuelven difusos. Mucho más que en La Venus de las Pieles, es en La Madre de Dios, con sus fascinantes referencias a una religión femenina pagana en conflicto con el estado de derecho del siglo XIX, donde Sacher-Masoch va mezclando con mano diestra la realidad y la fantasía, endiosando al extremo a una mujer, que por otra parte es una castigadora mucho más gélida y sádica que la Wanda de La Venus.

   El trasfondo del juego de poder entre Ama y esclavo en Sacher-Masoch es poético y romántico pero también es claramente sexual y por eso mismo su universalidad y atemporalidad está garantizada. El hombre solicita y la mujer es lo solicitado es una de las frases emblemáticas de La Venus de las Pieles. Su vigencia es eterna. Defensores de la igualdad, hagan el favor de abstenerse. La validez del injusto y delicioso universo masoquiano es perenne.









jueves, 21 de diciembre de 2023

Cruel naturaleza femenina

 



No me conocéis aún? Sí, soy cruel, ya que tanto te gusta esa palabra. Pero acaso no tengo derecho para serlo? El hombre es el que solicita, la mujer es lo solicitado. Esta es su ventaja única, pero decisiva. La naturaleza la entrega al hombre por la pasión que le inspira y la mujer que no hace del hombre su súbdito, su esclavo, que digo, su juguete y que no le traiciona riendo, es una loca. 
Leopold Sacher-Masoch. La Venus de las Pieles.

   Considero a esta famosa frase como una una de las mejores a la hora de definir desde lo conceptual a la dominacion femenina erótica. Digo erótica porque hay diversas formas de dominar pero está clarísimo que el autor pone en labios de su protagonista la idea que la piedra fundamental del poder de la mujer es la atracción erótica que ejerce sobre los hombres. Ellos solicitan, nosotras somos las solicitadas. Entonces hacemos con ellos lo que queremos. Jugamos con ellos. La fruta especial de nuestra mejor cosecha es dejar fluir cierta dosis de crueldad en nuestras relaciones.

   Aquí es donde conviene detenerse para no despistarse. Expresiones como soy cruel, lo traiciona riendo o su esclavo pueden ser muy excitantes en la fantasía sexual pero traen consigo una carga negativa codificada en historias de abusos, maltratos y dolores del alma. El sadismo femenino no es un dócil perro faldero: es un felino cuyo encanto reside en la belleza de su andar pero también en su condición de fiera semisalvaje que debe ser tratada con sumo cuidado para no herir ni salir herido. Traducir la fantasía en acciones concretas requiere un alto compromiso por ambas partes y un pleno conocimiento del juego que se está jugando.

   Las mujeres de hoy al estilo de las heroínas de Sacher-Masoch, bellas criaturas promiscuas, libertinas y eventualmente castigadoras, representan al más temido poder erótico femenino porque manejan la balanza de la justicia a su entero placer y antojo. Una dómina siempre conserva una cuota de arrogancia con la dosis justa de despotismo y crueldad que son los ingredientes necesarios en la escalada erótica hacia el punto sublime en donde ella y el hombre sumiso arriban a la cumbre del placer. Esa combinación justa de altanería, sadismo y sensibilidad constituyen la esencia de una personalidad. Las garras de la tigresa que nunca será domada, que por su naturaleza no acepta ser domesticada y que siempre busca someter para satisfacer su egoísta sed de placeres.

   Las dóminas que gozamos con el ejercicio del sadismo somos pocas, raras y muy buscadas, quizás por nuestro exotismo pero también porque no escondemos nuestras ansias de gozar. La dómina sádica tampoco es la que se presta a servir gratuitamente a hombres amantes de ser castigados, que es la trampa más común en que caen tantas inexpertas, ni tampoco acepta las reglas de un consenso que en los hechos significa una reducción sustancial de su poder dominante para que algunos interesados obtengan la concreción de sus fantasías de una forma fácil y sin riesgos. Por eso muchos nos detestan, aunque me consta que desearían estar un rato bajo nuestras botas de tacón para saber que se siente de verdad cuando una hembra de alto calibre te somete al poder de su femenina sexualidad.

   Sabiamente, Leopoldo Sacher-Masoch pone en boca de Wanda la expresión naturaleza. La presencia de la naturaleza le agrega un toque inquietante a la cuestión. Revela que existe una naturaleza que manda, una naturaleza que empuja, que no toda conducta está condicionada por las construcciones sociales correctas armadas por seres humanos. Venus es cruel porque así lo manda su naturaleza.




miércoles, 31 de mayo de 2023

La Fantasía Femdom (parte III)

 


   

  

   La Nación Sado Femdom no es democrática. Sus soberanas destruyen a golpes de fusta y tacón la igualdad entre mujeres y hombres para instalar de forma elegantemente arbitraria el goce del sadismo. En la Nación Sado Femdom, los roles son claros; nosotras somos las privilegiadas y ellos son nuestros sirvientes. Somos opuestos pero a la vez complementarios. Nuestras acciones siempre apuntan a alimentar esa feliz desigualdad.

   El traje fetichista de las dominatrices es un poderoso constructor de fantasías antigualitarias. Una visión de la clásica sesión BDSM Femdom nos encuentra a Nosotras vestidas con el look sado y a ellos desnudos o casi desnudos, exhibiendo así su vulnerabilidad. Lo que aparentamos en el exterior es un símbolo de lo que vivimos en el interior. Cuanto mayor sea la diferencia en las apariencias, mayor poder exhibiremos Nosotras y más sumisión y vulnerabilidad reflejarán ellos. 

   Pero sería un error atribuirnos el look sado como una obligación a cumplir. En realidad no hace falta empuñar un látigo, embutirse en latex o aprender a dominar tacones superaltos para vivir esa experiencia. Las mujeres dominantes de todos los tiempos siempre supimos usar el glamour de la femineidad clásica para recargarnos de poder erótico, para construirnos como una diosas paganas del sexo. Sacerdotisas de Afrodita. 

   El juego de la Fantasía Femdom funciona en primer lugar porque el glamour siempre nos hace ver más bellas y deseadas. Es un poder basado en la seducción; no en el manejo de una técnica de castigo o en una enseñanza moral. El fin justifica plenamente los medios: en este mundo mágico vale la intensidad del poder sexual que se consigue.

   El glamour le regala al sexo una dimensión artística porque la mujer dominante se presenta ante sus adoradores como una obra de arte estética. La adoración sumisa no es otra cosa que una respuesta perceptiva por parte de quienes son sensibles a esa expresión artística. Poder, placer y arte se entremezclan al mismo tiempo para el goce de todos los participantes.

   Qué ocurriría si tuviéramos que estar explicando todo el tiempo que nuestro glamour es sólo para sesiones? Que pasaría si antes de la fiesta fuera necesario aclarar que sólo estamos protagonizando una ficción armada para la ocasión? Lo más probable sea que la fiesta del sado ni siquiera pueda empezar. Una película de ficción es creíble cuando el director logra que olvidemos que lo que estamos viendo son actores que se mueven en un decorado con cámaras delante. Así es como nos divertimos viendo cine. La Fantasía Femdom se vuelve creíble por las mismas razones: funciona cuando nos olvidamos que las mujeres y los hombres somos iguales y tenemos los mismos derechos. Sólo así podemos entrar a ese mundo excitante donde nosotras dominamos simplemente porque somos Nosotras. El glamour es la puerta de entrada a ese mundo ficticio de maravillas.

   El gran Cristóbal Balenciaga dijo una vez: Una mujer no tiene necesidad de ser perfecta ni hermosa para llevar mis vestidos; el vestido lo hará por ella. El concepto pertenece a la alta costura pero es perfectamente aplicable al BDSM. Las dominatrices tenemos que darnos la libertad de permitir que el glamour trabaje por sí mismo. Sólo hay que agregarle sentido del humor y la predisposición a gozar.



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lunes, 8 de mayo de 2023

El placer como bien supremo (parte II)

 



   El sexo sádico femenino nace desde el deseo puro de la mujer, un deseo de placer incontaminado de éticas colectivas. Es una forma libertina y por definición, refractaria a toda norma. Una búsqueda del placer que mezcla la propia biología femenina con el enriquecimiento ganado en los aprendizajes. Siempre es un hecho de pura cepa individualista. Venus puede ser cruel o puede no serlo pero siempre será Su propia decisión. En todos los casos, Ella es la Ley y ese es el más íntimo acuerdo firmado por los amantes de todos los sexos que han decidido gozar del poder erótico de la sexualidad femenina.

   Me gusta leer historias protagonizadas por mujeres de otros tiempos, a las que podría etiquetar imaginativamente como Sado, Sensuales y Femeninas. Las sigo cuando rompían reglas dentro del pantano de las sombras de la pacatería y el machismo corrosivo, las encuentro tan libidinosas como lo soy yo en este tiempo; todas deseantes y deseosas de hacer destellar las femeninas artes amatorias. Me gusta sentirme en unidad con Ellas: lesbianas, dominatrices, cortesanas, amantes, travestis, putas; todas hembras que ponían a su placer como el bien supremo. 

   Nunca falta quienes proponen que el deseo sexual femenino ha sido prefabricado de acuerdo a una cultura dominante. Esa idea construccionista, que parece engendrada del antirrealismo de los posmodernos, nos visualiza como simples títeres cuyos gustos no son genuinos sino determinados por el contexto en que viven. La rica y personal experiencia sexual humana es desestimada como si fuera un fantasma inmerso en un juego de apariencias detrás del cual no hay ninguna realidad concreta. 

   Yo nunca toleré que alguien me diga que mi deseo no es mío sino que ha sido inculcado por alguien. Mucho menos acepto que pretendan enseñarme que debo desear y que no. Fue el deseo quien me eligió. Mi deseo manda cuando busco el placer, el placer al que considero como el bien supremo. Los mecanismos de control que gobiernan a la sociedad pueden condicionar nuestros actos y nuestra conducta social pero tienen muy poca influencia en los deseos sexuales que nos dominan. Vos y yo vivimos en la misma sociedad pero cuando elegimos masturbarnos en la intimidad, libres de toda influencia externa, las ensoñaciones que me conducen al orgasmo son muy diferentes a las tuyas.

   Yo soy mi propio morbo. Lo busco, lo encuentro y lo despliego. No hay censura ni discurso que me pueda frenar. A esta altura de mi vida ya no sé si es una bendición o una maldición, solo sé que es un sentimiento intenso. Es una elección de vida, es buscar siempre arrancar el motor sado que hay en mí, en la búsqueda del placer como bien supremo.


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lunes, 20 de marzo de 2023

La Fantasía Femdom (parte II)

 


   Definir al glamour en la Fantasía Femdom es tan elástico, tan difícil de precisar, como fácil es reconocerlo cuando lo percibimos. Todo el BDSM tiene una fuerte impronta estética y visual pero si hay algo que nos caracteriza a las dominatrices es la autoconciencia con que nos entregamos al glamour, la forma deliberada en que construimos sobre nosotras a esos personajes femeninos narcisistas al extremo, de azotadoras déspotas y crueles, tan lejanas de la experiencia cotidiana femenina como lo están del calzado común las botas de plataforma y tacones casi imposibles de caminar sobre las que nos montamos para las fotos o las sesiones.

   La dominación femenina glamorosa tiene mucho de espectáculo, de performance estética capaz de atraer y excitar la sumisa naturaleza de muchos hombres, que son los que sostienen la ilusión pagando tributos a sus diosas. La sesión Femdom no sólo se ejecuta y se siente sino que se contempla. Es un show fetish diseñado para introducirnos en un mundo mágico; una explosión de imagen y fantasía que excede a la propia sexualidad que queda semioculta, opacada detrás de la artificialidad y la extravagancia.

   Dominar mediante la belleza fetish tiene como punto de partida un carácter totalmente reaccionario: es la resurrección del espíritu de la femme fatale, de la vampiresa sexy, un modelo de mujer casi totalmente demodé en estos tiempos de igualdad y feminismo. Es una restauración del poder femenino que se obtiene a través del viejo arte de la seducción pero disimula su verdadera edad al ser amplificado con una asombrosa parafernalia fetichista. La imagen de la Dómina de hoy es tan impactante desde su apariencia de supermujer artificializada por el fetiche que el hombre sumiso queda reducido a una muda contemplación. Frente al esplendor de Ella, su rol se limita a pagar, obedecer y complacer. Así funciona la Fantasía Femdom, una corriente sexual que habita dentro del BDSM pero que posee reglas propias, que descree de toda moral y que ha sabido reciclar a la clásica seductora comehombres pero modernizada a los tiempos que corren. Para aumentar la sensación de irrealidad, cuando sesionamos o nos comunicamos, salimos al ruedo portando un nombre de fantasía que se remonta a una aristocracia o a un culto pagano (Lady, Mistress, Goddess, Duchess). En la dominación glam, nos envolvemos en una máscara con tantas capas de barniz que casi no se ven rastros de la mujer original que realmente somos, que está escondida detrás del artificio.

   La fantasía Femdom se propone como una fuente de placeres sensuales en una época plagada de contradicciones: por un lado, la exaltación del negocio de la moda, las cirugías estéticas embellecedoras y la cosmética, que alcanzan cifras siderales que crecen año tras año y por el otro, un airado discurso feminista que incita a despojarnos de toda artificialidad y a enfrentar la guerra de los sexos en toda su iracundia. Compañeras, la mujer que se embellece bajo la influencia de los mass media de la moda es cómplice del patriarcado y por lo tanto, corresponsable de nuestra infelicidad y opresión. Me imagino cuanto detestarán desde ese agrio feminismo a las dóminas fetichistas glamorosas cuyo máximo encanto reside en la teatralización de un rol construido a través del glamour y la moda. Frente a la reivindicación de la mujer al natural, de la dignificación de las luchas feministas contra los modelos hegemónicos de belleza y del concepto de rebelarnos contra las modas nos hará libres, la dominatriz propone un culto a la imagen, a la apariencia sexy de la mujer objetivada hasta el extremo y prisionera de una moda incomodísima que apenas le permite moverse. Y, horror de horrores, tiene gran éxito.

   Rompiendo con todo molde de autenticidad, la mujer que se autoconstruye para dominar mediante un personaje glam, borronea los límites entre lo verdadero y lo falso. Cada una en su propio dungeon, ferozmente competidoras e individualistas, las Dóminas glamorosas provocamos a nuestros adoradores promoviendo el goce bajo la forma de un escapismo de la realidad. Renovamos el carácter lúdico de la experiencia sexual a través del disfraz y de la performance. Obligadas a convivir con una realidad que nos oprime con su mediocridad, su monotonía y fundamentalmente, con su fealdad, promover la artificialidad del glamour equivale a una promesa de liberación, a elevarnos hacia un mundo de fantasía en donde reina la belleza, la elegancia y el placer. La fantasía Femdom puede ser vista por los ajenos a la misma como apenas algo más que una ridícula mascarada pero atención!...los orgasmos que provoca a su alrededor son reales. Muy reales. Y a veces, inolvidables.


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domingo, 12 de marzo de 2023

La paradoja de la humillación

 





   Cuando me defino como sádica no es porque goce provocando dolor sino porque postulo que la plena satisfacción de mis impulsos sexuales es el único fin que persigo aunque a veces no los obtenga o los obtenga parcialmente. Como afirmé en la primera entrada de mi blog, hace más de diez años, dominar es darme los gustos. Lo que hago, lo hago para mi placer y para la satisfacción de mi ego. Yo no me preocupo por tutorear adultos ni por escuchar sus penas ni tampoco pongo esfuerzos en regalar azotes a masocas neuróticos. Yo domino a través de un suave sadismo sensual y femenino que me hace feliz. Se supone que quien participa conmigo, es libre de irse si mis formas no le agradan.

   Uno de los gustos de los que nunca me privo para divertirme en el sexo nace de la humillación sádica, que puede fluir desde algo chispeante y divertido hasta la injuria despiadada, pasando por todos los grados intermedios. Confieso que ya no podría prescindir del uso humorístico - humillante de la palabra en cualquier tipo de situación sexual o erótica. La humillación verbal me parece la más exquisita y divertida forma de someter.

   Pero aquí es donde conviene detenerse para analizar si lo que llamamos humillación en BDSM es realmente humillante. Cuando el sexo se tiñe con las prácticas y acciones propias del BDSM, ingresamos a un gran teatro de simulaciones en donde lo que se dice rara vez tiene asidero en una realidad concreta. En este mundo de ficciones y fabulaciones, el esclavo humillado es una de las mentiras más encantadoras. Así como nadie es en realidad Ama o esclavo porque todo el mundo ocupa el lugar que le place, sea dominando o siendo dominado, suele ocurrir que los esclavos fetichistas se excitan al ser humillados por sus Dóminas, por lo que la humillación, en realidad, no es tal.

   Un marido esclavo como el mío puede considerarse humillado si me acompaña a alguna fiesta sexual tipo gang bang en donde voy a buscar sexo con hombres más jóvenes y mejor dotados que él o mejor aún, con mujeres, dejando bien en evidencia que gozo más con ellas que con él. Pero la humillación se hace mucho más explícita si le ordeno, delante de todos, que se ubique como mi banquito apoyapies para que yo tenga un sexo más cómodo con alguno de mis amantes y al mismo tiempo sostenga mi bombacha atada al cuello como símbolo de su cornudez. Está evidentemente siendo humillado para la mirada de los demás que participan, que generalmente no entienden nada de las claves en que se desarrolla el lenguaje actitudinal del BDSM. En realidad para él es todo lo contrario; él está viviendo la privilegiada experiencia de ser públicamente el esclavo elegido por una diosa del sexo. Para sus propios parámetros, es un elegido al servicio de su dama fetiche. A la vez, y desde esa posición bottom, también controla muy masculinamente mi seguridad y vigila que nada se salga de los carriles esperados. Y eso es fundamental en mi juego de seducción y poder porque me permite sentirme segura y confiada en su respaldo.

   El poder del spanking radica en la sensación de dolor así como el poder del bondage en la sensación de inmovilización. Dónde radica entonces el poder de la humillación? En que la palabra humillante sea creíble. Cuando le ordeno a un esclavo (sea mi marido u otro cualquiera) un comportamiento o actitud que es evidentemente humillatoria, mis formas deben ser propias de la dominatriz que aspiro a ser. Si así no lo fuera, la situación perdería gracia. Algunas dominatrices noveles cometen ese error en sesiones públicas y creen que demuestran poder utilizando gritos y modales groseros. Más bien todo lo contrario, una palabra sutil a media voz puede llegar a ser mucho más ponzoñosa y efectiva. Y por supuesto, la apariencia fetish de la dómina debe ser cuidada y acorde a la situación. No es el acto humillante en sí lo que excita a los sumisos varones. Es la mujer sádica.

   La humillación Femdom es una demostración explícita del poder de la mujer sobre el hombre. Al humillarlos, ellas se comportan de un modo altanero y sádico que es exactamente lo que ellos desean. La paradoja de la humillación es que la humillación, para el humillado, no existe.








sábado, 7 de enero de 2023

El placer como bien supremo




   Según el filósofo griego Epicuro, autor de la doctrina que lleva su nombre, el epicureísmo, la muerte y la vida, es decir, el devenir de las cosas, está marcado por el movimiento vertiginoso e incesante de átomos que se juntan y se separan según leyes que hasta el momento se desconocían (hoy ya no). La muerte no es nada para nosotros, decía Epicuro, pues cuando ocurre ya no existimos, y por tanto no podemos sentirla. Hay dos sensaciones principales causadas por los átomos que influyen en el comportamiento humano: el placer y el dolor. El hombre busca y debe buscar naturalmente el placer. Pero no cualquier tipo de placer, el vulgarmente concebido placer del vientre, como solía decir, pues éste no es más que un falso placer. Epicuro sostiene que el ser humano debe procurar obtener los placeres del alma. En este sentido, Epicuro es el primero en desarrollar toda una teoría sobre la búsqueda del placer con profundas implicaciones para la ética.

   La cultura que hereda la influencia judeocristiana posee una enorme habilidad para disminuir el valor del placer o directamente, para condenar su búsqueda. Pensamos en el placer como en una frivolidad, como un escapismo o directamente, como algo peligroso a evitar. Tendemos a no conectar la experiencia vital con la voluntad de experimentar placeres a medida que se nos van presentando las oportunidades de vivirlos. Lo cubrimos de una nube de superficialidad, prohibición y mundanidad. Pareciera que el placer siempre debe ser fundamentado para evitar sospechas y para darle un mayor y más profundo significado que el goce por el goce mismo.

   Todos los placeres relacionados con el sexo están directamente vinculados con lo corpóreo, con lo sensorial. El placer que implica el dedicarse a formas sexuales reconocidas como BDSM no son sólo táctiles: la vista, la estética de lo visual, cumple un rol importantísimo disparando sensaciones de placer. A los elementos y las actitudes que visualmente nos provocan placer y nos excitan a buscar más placeres, los llamamos fetiches. La potencia placentera que puede obtenerse a partir de los fetiches es tan grande que es capaz de modelar personajes dentro de las personas. Puede llegar el caso de fundir el personaje con la persona. Las travestis, las sissies y las bimbos son ejemplos diarios de esta clase de búsqueda del placer, siempre temida y casi siempre condenada, porque es capaz de desencadenar respuestas humanas imprevisibles. Sentirse mujeres bellas es una forma de placer supremo, es una forma de celebrar la vida misma.

   Yo afirmo que cuando el placer conseguido en el sexo puede combinarse con otros sentimientos que nos acerquen a una comunión espiritual con otras personas, es cuando se transforma en felicidad. A mi me encanta el sexo y los juegos de dominación pero no recuerdo como particularmente felices a mis experiencias más promiscuas en donde sólo disfruté lo sensorial. Pero si todo ese despliegue sexual fue complementado con algún acercamiento afectivo o emocional con otras personas con las que actué, aunque haya sido una simple conversación posterior al encuentro o un brindis póstumo, entonces seguramente esa noche tendrá un lugar especial en mis memorias. Fue un placer del alma, de acuerdo con Epicuro.

   Siempre cito a Ama Eva cuando dice Conozco qué es lo que de mí excita a los sumisos fetichistas pero..qué me excita a mí? Pues a mí me excita excitar. Podría parafrasearla diciendo A mí me da placer dar placer. Aquella vieja patraña que condena el goce como un sentimiento egoísta se troca en una de las formas más maravillosas y compartidas de la felicidad humana. Vivo para dar y recibir placer. Qué hermosa forma de vivir!

   No sé lo que diría hoy Epicuro si pudiera vernos en acción a las dominatrices y a los esclavos en nuestras sesiones buscando vivir las más placenteras sensaciones. Epicuro podría confirmar que el placer del sexo combinado con las otras vivencias humanas que salen a la luz a través de la dominación femenina no sólo posee el don curativo de amortiguar a las desgracias y los dolores de la vida sino que torna a nuestra sexualidad en un impulso más vital y no destructivo sino positivo y constructivo.

   El devenir de las cosas está marcado por el movimiento vertiginoso e incesante de átomos que se juntan y se separan. Así, con el mismo concepto atomista de Epicuro, nuestros cuerpos se descubren, se penetran, se atan, se confinan, se besan, se masturban, se spankean, se sissifican. Movimientos vertiginosos e incesantes buscando deleites. La búsqueda del placer como el supremo bien.






martes, 12 de julio de 2022

El arte del sado divertido y feliz



 

   Bettie Page es un ícono universal del fetichismo y del BDSM, quizás el máximo de todos los tiempos, aunque esa definición será siempre discutible, y podemos interrogarnos porqué es ella y no otra persona. Claramente hay motivos históricos que tienen que ver con su condición de pionera en el cine y la fotografía del bondage y se le puede dar muchas vueltas al asunto pero lo que yo creo es que lo fundamental en Bettie radica en la innegable alegría que transmite, a esa sensación de que siempre está disfrutando de lo que hace, gozando de las situaciones que protagoniza frente a la cámara. Lo que nos pasa a quienes la descubrimos, tanto mujeres como hombres, es mucho más que el sacudón erótico que nos provoca la visión de una mujer hermosa en poses seductoras. La visión de Bettie actuando nos interpela a niveles mas profundos de la conciencia. Cuando Bettie es la protagonista, el BDSM es sinónimo de placer, de juego, de fiesta de los sentidos.

   La femenina sonrisa y la coqueta mirada combinadas con el atavío fetichista son las gracias imperecederas que Afrodita nos ha regalado a las mujeres para divertirnos y gozar del sexo, las gracias que nos hacen dueñas del poder de desparramar alegría a nuestro alrededor. En sus escenas, Bettie Page personifica a una moderna Afrodita kinky que siempre parece dispuesta a gozar. Bettie Page es la suprema sacerdotisa del sado divertido y feliz.





   Sos pícara, Roxy, tenés algo mágico en tu sonrisa me dijo una vez una dómina amiga en una sesión, hace varios años ya, en la Casona del Sado de Buenos Aires. Es la sonrisa de Bettie, le respondí, extendiendo mis piernas para disfrutar de la sensación de poder que me embriagaba mientras unos desconocidos a los que había invitado a la sesión me lamían con delicadeza la caña de mis altas botas negras. El mismo espíritu lúdico revolotea conmigo en las noches de fiestas mixtas en Class Swinger Club en Buenos Aires, las noches especiales donde casi todas las mujeres asistentes son sissies o travestis. Nunca les pido que sean bellas, la mayoría jamás lo serán, pero sus fantasías alocadas y sus ganas de vivir el sexo sin temores ni recatos casi siempre consiguen ponerme una sonrisa en la cara.

   Para muchos cultores del BDSM, lo que esté asociado con dar o recibir órdenes, dominar u obedecer, humillar o ser humillado, administrar castigos o ataduras, tiene que estar siempre rodeado de la enumeración aburrida de valores morales y educativos que termina siendo la antítesis de toda forma de alegría. Para esta gente, un dominante debe ser ante todo una persona seria, que se destaque por sus elevados valores éticos. Casi un predicador. Dominar y someterse sólo por pura diversión les parece una cuestión de menor valor.

   Llegado este punto, siempre me resulta útil recordar dos frases. Una es de la actriz italiana Mónica Vitti. El error es considerar a la comicidad menos importante que el drama. Fíjese que fácil es hacer llorar. Basta con poner a una nenita sola que no tiene que comer, y la madre que vaga por las calles cubiertas de nieve buscándole comida y ya está, todo el mundo llora. La otra frase es del cómico inglés Terry Jones, integrante fundador del grupo Monty Python. La comedia es un negocio peligroso. Si la gente te encuentra chistoso, todo bien. Pero si intentas serlo y los demás no lo ven así, aparece el enojo. Nadie sale con rabia de una puesta mediocre de Hamlet que no logró hacer llorar. Pero hay que fijarse en lo que dice el público cuando sale de una comedia que no logró hacer reír. 

   En ese gran teatro de la vida que es el mundo del sado, donde nos liberamos de represiones interpretando personajes sexuales, el subestimar la alegría, la risa, la comedia, el jugar por jugar no sólo es injusto sino también equivocado.

   Cómo imaginar a la Dominación Femenina menospreciando la zona tropical de los placeres sensuales de los fetiches? Para una mujer sádica, la alegría es la expresión de sus ganas, la consecuencia de una vida dedicada a gozar de los placeres. Ganas de tener sexo, ganas de gustar, ganas de reír, ganas de soñar, ganas de vivir. Sacar la Bettie Page de adentro de nosotras mismas para jugar, como niñas con las muñecas o como adolescentes con los maquillajes y la lencería de las adultas y volar como un enjambre de diosas paganas, abejas reinas zumbando en el panal de los orgasmos.





jueves, 28 de abril de 2022

Emocionalidad en la dominación femenina

  



   El negro brillo de la belleza fetichista está indisolublemente unido a todo el BDSM pero muy especialmente a la dominación femenina. Desde las prendas de vestir con que las dominatrices nos adornamos hasta las teatrales ceremonias de castigos y adoración en los dungeons de nuestras sesiones de placer; casi todo lo que nos rodea posee esa estética particular que nos distingue y nos vuelve especiales frente a otras formas sexuales. Hoy encontramos moda fetish en casi todos los ámbitos pero siempre siendo asociada a las prácticas de dominación y sumisión que tanto nos excitan.

   El culto al fetiche es tan fuerte en Femdom que muchos de sus seguidores llegan atraídos nada más que por la estética y no suelen avanzar más allá de los placeres directamente relacionados con lo sensorial. Pero lo que yo puedo atestiguar luego de años de vivencias es que detrás de todo lo que yo llamo la parafernalia del sado femenino, de sus látigos, cueros, botas y maquillajes, habita un mundo espiritual personalísimo y fascinante que sólo la dominación es capaz de despertar y que vale la pena explorar.

   En mi constante búsqueda de experiencias, aún en las más breves y espontáneas, me he regocijado más de una vez encontrando en mis víctimas sumisas una respuesta emotiva inesperada que iba mucho más allá de las sensaciones físicas de placer.

   Cuando digo respuesta emotiva inesperada, no estoy hablando del tan comentado subspace al que suelen referirse los expertos en BDSM y que nunca me quedó claro qué es y cómo se lo encuentra. Me refiero a algo mucho más tangible y humano: a la mirada de gratitud de un sumiso que eyacula en mis botas y después me confiesa que jamás había imaginado llegar a algo así o al llanto de felicidad de una esposa joven que mientras toma de la mano a su marido, me agradece entre lágrimas que yo haya sabido conducirla hacia el primer orgasmo lésbico de su vida. Atesoro en mi memoria muchas escenas y confesiones como éstas.

   Si la dominación femenina es una exaltación del poder sexual de las mujeres, de su belleza y de su sensualidad, no existe ninguna razón para que no esté relacionada con el resto de nuestras emociones y sensibilidades. Considero un error restringir la dominación - sumisión a sesiones predeterminadas y consensuadas hasta el detalle, basadas en la mera aplicación de técnicas BDSM. La experiencia sexual del sado termina así totalmente desconectada del resto de las vivencias humanas.

   Las antiguas enseñanzas taoístas de las Tigresas Blancas son muy ilustrativas al respecto; las tigresas no sólo aprenden a convertirse en expertas felatrices sino también a utilizar la energía vital del sexo masculino, el chi, como una fuerza que tiene el poder de enriquecer internamente a la mujer y otorgarle salud y bienestar, tanto físico como espiritual. En las antiguas celebraciones de las diosas paganas (Isis en Egipto y posteriormente en Roma, Ishtar en Babilonia, Afrodita en Grecia, Venus y la Bona Dea en Roma), el sexo estaba investido de un carácter espiritual. Las sacerdotisas de esos cultos solían ser prostitutas sagradas, dedicadas tanto a honrar a las diosas como a regocijarse en el sexo con los iniciados en sus misterios. No existía en estas antiguas religiones ese divorcio entre la carnalidad y la espiritualidad que debe ser la peor herencia de nuestra cultura judeocristiana. Todo lo contrario: cuestiones esenciales a la sexualidad femenina como la menstruación, nuestro carácter multiorgásmico y las caricias lésbicas eran vividas con alegría como fuentes de sanidad de cuerpo y de mente.

   Parte de mi viaje personal de sadonauta tiene que ver con el estudio de esas antiguas y sabias formas de religiosidad, con cerrar esa falsa grieta que separa a lo físico de lo espiritual. Aprendí con los años que a través del sexo soy capaz de abrir muchas más puertas mentales y emocionales que las que yo imaginaba.

   Nuestra cultura occidental adjudica la expresión diosa a mujeres hermosas, a topmodels o a divas del espectáculo como las cantantes pop. Pero cuando nos adentramos en el mundo de la sexualidad femenina, la palabra diosa adquiere connotaciones mucho más profundas. No me sorprendo cuando leo testimonios de damas cortesanas y escorts de lujo que confiesan que sus clientes buscan la compañía de una mujer no sólo hermosa sino también dominante, a la que puedan considerar superior a ellos y que les conceda la inmensa dicha de poder adorarla. El culto a la diosa en los tiempos modernos.

   Para quienes se atreven a abrir sus mentes a la adoración de la mujer dominante y a comulgar con la diosa erótica, el sexo es mucho más que placer y orgasmos. Mucho más que el fogonazo del deslumbramiento que provoca una imagen femenina fetichista. Bajo la luz sado, sensual y femenina, no sólo es posible sino muy recomendable que las dominatrices y nuestros adoradores sepamos combinar el placer físico con el despertar de las emociones y los sentimientos que la dominación nos inspira.





    

domingo, 13 de diciembre de 2020

Coger dominante

 



   Una de las eternas discusiones en el BDSM es el nivel de sexo que una práctica incluye o excluye. Para plantearlo de otro modo: hay BDSM en el sexo? Mejor aún…coger puede ser considerado un acto BDSM? Mucha gente supuestamente experta en BDSM creen que han alcanzado una etapa avanzada en su sexualidad que les permite, vaya paradoja, prescindir del sexo. BDSM no es sexo fácil fue durante un tiempo el caballito de batalla de un grupo de mujeres con participación activa en la comunidad BDSM local. No sé qué habrá sido de ellas y la verdad que nunca me importaron demasiado pero siempre me llamó la atención el fervor con que planteaban su consigna desexualizante.

   Las Dóminas corremos con cierta desventaja en el terreno del sexo porque ciertas construcciones colectivas de pensamiento son muy eficaces y no son fáciles de desarmar. Para un hombre que se precia de dominante, penetrar a su sumisa lo reafirma como su master. Pero para las mujeres Femdom, la historia es diferente. Un dicho común del BDSM, con mucho de humor, dice que es muy difícil ser Dómina con la verga adentro y no morir en el intento. Porque está clavado en nuestro inconsciente colectivo que en el acto sexual alguien coge y alguien es cogido y de allí deriva toda la mitología adjunta que le otorga al cogedor el mando y al cogido el sometimiento.

   Asociadas a esa forma de pensar, muchas gurúes de la dominación femenina proponen la castidad o la restricción del orgasmo masculino como herramienta de educación Femdom para una pareja. Ellas no piensan en que la Dómina puede buscar la dominación satisfaciendo sus impulsos lujuriosos con su sumiso. El mismo principio negacionista está detrás de otras prácticas más morbosas como sodomizar, sissificar y meter los cuernos. Todas están relacionadas directamente o indirectamente con la inversión de los roles sexuales tradicionales.

   Con toda esta institución cultural pendiendo sobre nosotras cuando nos vamos a la cama...podemos las Dóminas en rol gozar siendo penetradas por hombres sin perder la condición de tales frente a ellos y frente a Nosotras mismas?

   Yo sostengo que cojo dominante con mi marido esclavo porque justamente es en el intercambio sexual tradicional en donde puedo desplegar toda la envergadura negra, brillante, femenina y exuberante del erotismo real. La sesión BDSM sin sexo me suena a una mera y aburrida aplicación de técnicas restrictivas o de castigos. En el sexo, cojo y domino la escena erótica y me realizo plenamente como mujer dominante, haciendo realidad la plena satisfacción de mis instintos más vitales.

   Cada vez que reflexiono sobre esta falsa dicotomía entre el sexo húmedo y la sesión técnica del BDSM con roles predeterminados, recuerdo a una de mis tantas experiencias en reservados de discotecas swingers cuando al finalizar una orgía lésbica que nos dejó sin aire, una de mis amigovias le ordenó a su partenaire masculino... ahora, cogeme en forma. Así de guarra. Así somos las minas cuando vamos al frente. Así de dominantes.

   Desde que me descubrí adolescente sexuada, noté que la gente que quería coger conmigo se excitaba visiblemente, tanto a través de las erecciones masculinas como en la calentura sensual femenina. Mi esclavo marido, al que conozco hace más de veinte años de sexo casi diario, suele decirme... es que vos sos el estímulo correcto. Y el lado sub en la dominación femenina, sean los sub del género que sean, suele responder positivamente a ese gran estímulo que es la dominatriz fetichista que los motiva, los excita y de a poco, los lleva al orgasmo. Para mí, esa excitación que provoco es poder. Me siento poderosa, quizás más que nunca.

   En castellano clásico, coger significa agarrar, asir, tomar, atrapar, pillar, alcanzar, prender, recolectar, cosechar, sorprender, recibir, contener, abarcar pero también tiene en su argot fornicar, copular, follar. En mi vida sádica (en toda vida sádica, me atrevo a decir), coger no implica hacerse cargo de esos eufemismos tan deserotizantes que hablan de tener sexo o de hacer el amor. Para una mujer como yo, coger con sadismo es una de las más elegantes y sublimes formas de gozar la vida. Un modus vivendi por sí mismo que a mí me describe en mi vida sado sensual y femenina. 

   No soy una mujer a la que le hacen el amor. Soy una mina dominante cogedora que además, cuando corresponde, también sabe amar profundamente.







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