jueves, 26 de enero de 2017

La historia de la bota femenina. André Courrèges






   Algunas prendas de vestir se han transformado en fetiches que parecen llevar consigo derechos de autor. Así es como se habla de los guantes negros a la Rita Hayworth o del catsuit como el de Gatúbela. Pero a veces ese copyright intuitivo no corresponde a una diva o a un personaje sino a un diseñador. Si de lo que se habla es de un par de botas blancas de media caña que suelen combinarse con un minivestido o una minifalda, de lo que estamos hablando es de un par de botas Courrèges.





   Nacido en 1923 y piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial, André Courrèges comenzó a trabajar en París después de la guerra en la casa Balenciaga. En 1961 lanzó junto a su esposa su propia maison y en 1965 presentó en París una colección innovadora que rompería con todo lo visto hasta entonces.

   La propuesta de Courrèges incluía botas blancas y grandes gafas de sol como accesorios complementarios de diseños atrevidos, con una fuerte tendencia a las líneas geométricas que jugaban sobre el cuerpo de sus modelos. Nunca antes se había visto algo parecido. El estilo de ropa femenina que Courrèges proponía era vistoso, renovador, otorgaba una gran libertad de movimientos a la mujer y a la vez creaba una nueva y atrevida sensualidad. Su propuesta tuvo un efecto instantáneo: en cuestión de meses, toda la parte femenina y joven del mundo occidental comenzó a vestir y a interesarse cada vez más en esa nueva moda tan atractiva que irrumpía desde las revistas, el cine  y los shows de televisión.









   Contemporáneo de Mary Quant, las colecciones de Courrèges siempre incluían a desinhibidas chicas en minifalda. Quien de los dos fue el primero en subir las faldas bien arriba de la rodilla; esa es una discusión que nunca llegará a zanjarse por completo. André siempre reivindicó la minifalda como una creación suya, denunciando que Quant se había limitado a comercializarla con éxito aprovechándo astutamente el ambiente rockanrolero y revolucionario que rodeaba a su local de  King's Road en Chelsea.

   De las calles, las botas saltaron a la dance floor. Las botas Courrèges fueron rebautizadas go-go boots, porque así se llamaban las discotecas de moda de los sesentas. La primera de ellas fue el legendario Whiskey a Go Go, en el Sunset Strip de Los Angeles. Las chicas bailaban y se divertían en minifalda y botas blancas, luciendo piernas y botas a la vez. Había nacido la bota fashion tal cual la conocemos hoy. Rápidamente comenzaron a aparecer nuevos diseños, nuevos tacones, nuevos colores y nuevas texturas para satisfacer los deseos de las nuevas mujeres. Nancy Sinatra, Diana Rigg y Brigitte Bardot serían sus mejores embajadoras.  

   En las décadas anteriores, la bota era un calzado utilitario con fines militares, para tareas rurales o los días de lluvia. No había diferencia entre las botas de hombres y las de mujeres, las botas parecían no tener sexo. La aparición de la femenina bota de Courrèges lo cambió todo. André no sólo innovó en los diseños sino también en los materiales. Fue un pionero en el trabajo con polímeros, como el vinilo y el spandex. El uso del plástico permitió abaratar los costos de fabricación y volvió a las botas más accesibles a todas las que quisieran usarlas. Las nuevas botas formaron parte de una revolución que promovió una moda mucho más democrática. Subterráneamente, también contribuyeron al quiebre generacional entre las chicas que las calzaban y sus madres, apegadas al zapato conservador de la posguerra. Las botas Courrèges fueron, junto a la minifalda y los discos de los Rolling Stones, un canto a la libertad.  









  Ya pasó un año desde el último enero, que será por siempre recordado como el mes en que perdimos a David Bowie. En ese mismo enero, casi que pasó desapercibida la partida de otro genio de la creación y la vanguardia. André Courrèges murió el siete de enero de 2016 a los noventa y dos años, después de treinta años de lucha contra el cruel mal de Parkinson. Las damas fetichistas que hoy amamos andar de botas por la vida y nos gusta elegir un bello par de nuestra colección para vivir una noche especial, no debemos olvidarnos, al subir el cierre o al pisar firme sobre los tacones, que hoy podemos gozar de nuestro fetiche porque André, hace más de cincuenta años, se atrevió a soñarlo y tuvo el talento para hacerlo realidad. 





jueves, 19 de enero de 2017

Las alumnas de la Escuela Sissy. Verónica






   Supongo que mis fieles seguidoras sissies ya habrán notado que la semana pasada inauguré en la columna derecha de mi blog, donde se concentra toda la información sobre los contenidos, una nueva sección que bauticé La Sala Rouge. La Sala Rouge es un lounge virtual dedicado exclusivamente a la feminización. Un lugar especial de la Sala (los primeros links) está dedicado a mi Escuela Sissy, que hoy presenta a otras de sus alumnas. Verónica.

  A diferencia de Ivanna, que fue educada en la severa petticoat discipline británica, Verónica adora el look y el estilo de las chicas bimbo de California. A Verónica le gustan las melenas rubias, pintarrajearse como una puta callejera y ponerse corsettes con relleno para darle más curvas a su cuerpo. Vive todos los días subida en tacos altos; sólo hay que verla en este video grabado en su habitación, como camina con pasitos cortos luciendo a cada paso su culo y sus torneadas piernas.

   Pero no todas fueron rosas en el camino del aprendizaje. Cuando Verónica llegó a mi Escuela, me ví en la obligación de aplicarle correctivos porque era un volcán de hormonas sissies a punto de erupción, totalmente intoxicada por toda clase de fantasías de nena malcriada. Tuve que trabajar muy duro para educarla y enseñarle los rituales y comportamientos propios de una señorita refinada, al estilo de las egresadas de mi Escuela.

   Meses después y con su culo ya muy bien dilatado en largas sesiones conmigo, Verónica se mostraba conmigo mucho más dócil y obediente. La que estaba cada vez más desatada era yo. La nombré mi secreputa personal, hice instalar un poledance en la Dirección sólo para deleitarme con sus contoneos y la llamaba con cualquier excusa para satisfacerme sobre ella. Arrodillada abajo de mi escritorio o acostada por encima abriéndome sus nalgas, la nena se había convertido en mi juguete; yo le regalaba mi lencería usada y le prestaba mi maquillaje y ella los usaba para seducirme cada vez más. Llevada por la pasión, aflojé un poco el control sobre ella y entonces Verónica volvió a las andadas. Empezó a escaparse de la Escuela con cualquier excusa, sólo por el placer de callejear. Para encontrarla, sólo bastaba con salir de la escuela y mirar los autos estacionados alrededor; si alguno estaba sacudiéndose sospechosamente, seguramente en el asiento de atrás estaba mi secreputa, cogida por el culo  y gozando a los gritos.  

   Yo aprendí la lección. Verónica es puta de alma y estaba claro que necesitaba algo más que una mujer, por más dominante que yo fuera. Nunca la sancioné por sus correrías porque la quiero y me divierte pero tuve que aceptar que con chicas tan calientes como ella, es necesario relajar un poco la disciplina porque de lo contrario estallan.

   Me enorgullece decir que hoy Verónica no sólo perfeccionó su roleplaying de rubia muñeca bimbo siempre lista para el sexo sino que ha aprendido muy bien los modales femeninos necesarios para desempeñarse como sexy assistance. Es además una excelente stripper, provocadora y exhibicionista. Pienso ganar mucho dinero con ella, subastándola como prostituta en fiestas privadas. Verónica lleva en la sangre aquello de que las rubias son más divertidas y vive el sissismo como una fiesta que nunca se termina. Esta es mi secreputa, Verónica.







miércoles, 11 de enero de 2017

Erótica del pie






   La vestimenta de la prostituta es una rebelión a la gazmoñería y a las injusticias devenidas de esa deshonestidad antropológica. La moral vigente pretende soterrar a la prostituta en la vergüenza clandestina y en el burdel donde la lascivia realiza hazañas sexuales que la sociedad deja impunes. La sandalia con plataformas eleva a la prostituta del fango moral en que la hunde el uso social. Elevación de la digna belleza y del uso hedónico del cuerpo, que suplementa la estima que jaquea la hipócrita maledicencia. Empoderamiento momentáneo que aspira a consolidarse en la reivindicación del placer como instancia humanizante. Taco infinito que eleva al cielo que promete la emancipación de las condiciones oprobiosas de existencia de vastos sectores de la población. Alta daga que vence batallas seculares donde la invisibilización social ha sido la regla. Viboras de cuero que trepan por la pantorrilla sometiendo el vano orgullo del que busca en el cuerpo mercenario de la prostituta el placer que la señora de la casa, desde la sumersión de la chancleta, es incapaz siquiera de imaginar.






   High heels. Tacones altos. Tacos agujas. Procacidad del calzado que ubica al cuerpo en la paradoja de lo humano: lejanía de la tierra para instalarse en la erótica de la sangre y el semen. Construcción delicada y artística de la hetaira, sagrada e imprescindible. Extraño instrumento de la trascendencia en la ardiente brevedad de la carne. Elevada como una reliquia, hundida en la profana lascivia. Altar y burdel al mismo tiempo. Comunión etérea y cópula bestial. Tecnología de la lujuria montada en el cambrillón libertino que hace del pie una serpiente de la concupiscencia. El tacón desnuda a pesar de los atavíos. Prostituye angelicalmente. Habilita la ciudadanía del país de lo libidinoso. Eterno cancan del deseo en el burdel de la vida, extraña higiene de un sexo impúdico, lascivo, hedónicamente sucio. 




Textos: Abelardo Barra Ruatta

http://eroticadelpie.blogspot.com.ar/

jueves, 5 de enero de 2017

John D Green. Birds of Britain.



   En septiembre de 1967, el fotógrafo John D. Green publicó un libro con fotografías de cincuenta y ocho modelos y actrices emblemáticas del Swinging London. El libro fue bautizado Birds of Britain y fue un gran éxito vendiendo sesenta mil copias en pocos meses e imponiendo un nuevo formato para los libros de fotografía.  La primer foto fue disparada el 29 de abril de 1966 en su estudio del barrio de Kensington y mostraba a Mary-Gaye Curzon cubierta de aceite de auto. 

   El cumpleaños cincuenta de esta obra llega junto a otros aniversarios rockeros históricos de aquellos tiempos como Paint it Black de los Rolling Stones y Revolver de los Beatles. Londres sigue siendo como hace cincuenta años un sitio de gran efervescencia cultural y las Snap Galleries en Piccadilly homenajearon durante todo el año pasado a esta obra fundacional con una exhibición de sus más famosas pictures. Varias de las novias del rock como Jane Asher (McCartney), Pattie Boyd (Harrison) y Marianne Faithfull (Jagger) aparecen junto a actrices consagradas como Jane Birkin, Julie Christie y Martine Beswick. Mi primer calendario del 2017 es también un homenaje a las mas bellas Birds of Britain de los años sesenta.






Enero. Suzanna Leigh




Febrero. Fay Browning




Marzo. Jane Asher




Abril. Jane Birkin




Mayo. Julie Christie




Junio. Marianne Faithfull



Julio. Martine Beswick




Agosto. Mary-Gaye Curzon




Septiembre. Pattie Boyd




Octubre. Sue Cornwallis




Noviembre. Sue Murray




Diciembre. Sybilla Edmostone



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