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martes, 2 de febrero de 2021

Divas desnudas


   El desnudo...es un fetiche? La clásica simbología Femdom suele mostrar al hombre desnudo o semidesnudo mientras ella se luce rutilante en todo su esplendor del cuero o el látex. La misma universal simbología asocia el desnudo femenino con su vulnerabilidad. Una mujer desnuda es una mujer vulnerable; su sexualidad está al alcance de la penetración masculina, penetración que puede ser tanto placentera y deseada como agresiva y violenta. 

   Yo jamás estoy completamente desnuda en el sexo. La desnudez me hace sentir sumisa. Pero no por eso rechazo que otras mujeres se desnuden. Algunas en especial, me excitan mucho cuando las veo sin ropa, en la cama o saliendo de un baño. Como por ejemplo, las doce de este calendario.  

 

Enero. Sofía Loren



Febrero. Romy Schneider




Marzo. Mireille D'Arc




Abril. Marilyn Monroe




Mayo. Jane Fonda




Junio. Jane Birkin




Julio. Elizabeth Taylor




Agosto. Isabel Sarli




Septiembre. Brigitte Bardot




Octubre. Bettie Page




Noviembre. Claudia Cardinale


Diciembre. Ursula Andress


sábado, 29 de junio de 2019

Isabel Sarli (1935 - 2019)




   Isabel en la ducha. Isabel tirada en el pasto. Isabel bajándose el escote. Isabel acariciándose los pechos. Isabel violada por una docena de hombres. Isabel golpeada por su marido… Isabel Sarli entregada a la mirada astuta del director de cine Armando Bo, para quien protagonizó veintiocho películas en las que aparece maravillosa y definitivamente desnuda.

   Su primer film, Un trueno entre las hojas, resultó un viaje iniciático para las fantasías de los jóvenes, y no tanto, de fines de los cincuenta. No nos dejemos emborrachar por ella, una mujer como ésa es peor que la muerte, advierte uno de los personajes. Isabel deslizándose por el lago, Isabel da vueltas y brazadas, Isabel deja asomar sus pechos sobre la superficie del agua… Sarli fue la primera mujer en mostrarse de frente y sin ropas en la pantalla argentina. Me habían bautizado la higiénica porque siempre aparecía bañándome, confesaba ella, risueña.

   A principios de los sesenta, la edición norteamericana de la revista Playboy dedicó, hecho inédito hasta entonces, cuatro páginas a una figura no europea ni estadounidense. La bella salvaje de las pampas se titulaba la producción fotográfica en la que la Coca aparecía con el vestido desgarrado de Sabaleros, su segunda película. Ya se delineaba entonces lo que fue una constante en la filmografía Sarli-Bo: las funciones a sala llena, las críticas demoledoras de los especialistas y la censura.





   Prácticamente todas las películas de la dupla sufrieron algún tipo de prohibición por atentar contra la moral y las buenas costumbres. O los perseguía el Ente de Calificación Cinematográfica, o les iniciaban juicios penales, o el director pasaba el fin de semana encarcelado. Y todo era por los desnudos de Isabel. ¿Se puede creer? Ni que yo hubiera sido un degenerado, argumentaba Bo. Siempre he dicho que desde la época de los griegos se exaltó la belleza del desnudo a través de la pintura, a través de la escultura. Si fuera por los acusadores argentinos, el David de Miguel Angel no podría estar en la plaza de Florencia.

   Las películas, los radioteatros y las novelas populares eran, por entonces, los tres pilares culturales de un sector femenino numéricamente importante en la Argentina. Un universo paralelo, todavía difuso y ajeno a la crítica de los especialistas, que se volvió un fenómeno masivo incluso mientras era ignorado por la cultura consagrada y oficial. Ese subterfugio llamado literatura popular era también el lugar de pertenencia de las películas de la dupla Bo - Sarli. La matriz sobre la que se edifica la narrativa clásica del cine latinoamericano es el melodrama, explica Ricardo Manetti en Cien años de cine. En la Argentina, el modelo, en los años iniciales de la industrialización cinematográfica, deriva de la fórmula de la letra de tango. El guión despliega los tópicos románticos de la canción en la que generalmente se habla de un bien perdido: la mujer, a quien se representa como causante de todos los males (la devoradora) o como la muchachita buena capaz de simbolizar en el futuro el espacio seguro significado por la madre. Estos modelos son parte del imaginario que cruza los filmes de la pareja.

   El éxito del cine de Armando Bo, a fines de los años cincuenta, coincide con la renovación cinematográfica que los franceses exportaron al mundo, con el nombre de nouvelle vague. En Gran Bretaña se llamó Free Cinema, en los Estados Unidos New American Cinema, en Brasil Cinema Novo y en la Argentina Nuevo Cine. Armando Bo no desconocía a esos vanguardistas en el manejo del montaje, las técnicas de rodaje y la libertad creadora, nucleados en torno del mensuario francés Cahiers du Cinéma (Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jean Luc Godard, Eric Rohmery). Pero su universo de pertenencia era otro. No obstante, con gran picardía comercial, tomó como modelo a un precursor de la Nouvelle Vague para hacer un contrapunto nacional.

   En 1956, Roger Vadim filmó Y Dios creó a la mujer, la película que conmocionó a Europa con el desnudo de la jovencísima Brigitte Bardot. Vadim creó un nuevo sex symbol femenino que, según la escritora Simone de Beauvoir, desafía ciertos tabúes aceptados por la generación precedente, particularmente aquellos que niegan a la mujer su autonomía sexual. El film, que provocó escándalos en cada lugar donde fue exhibido, fue estrenado en la Argentina con 18 minutos menos. Y el demonio creó a los hombres, tituló Bo a la versión autóctona, protagonizada, quién si no, por Isabel.





   En 1957, el mismo año que comenzó el rodaje de El trueno entre las hojas, se editó en Barcelona el libro Belleza. Sea atractiva, siempre joven y más feliz, de Rosalía Vander, un compilado de feminidad predigerida, cuyo espíritu no difería de las revistas que pautaban los sueños de las mujeres argentinas cada semana. Por lo menos en el caso de la Coca Sarli, los mandatos bíblicos de Rosalía Vander se hicieron verdad.
El cabello abundante y largo es una de las características de femineidad. De ahí que una mujer poseedora de una hermosa cabellera tenga mucho en su favor para su atractivo femenino, aunque modernamente predomine la moda del cabello corto.

   Efectivamente Isabel tenía el pelo por arriba del cuello cuando empezó su carrera como modelo publicitaria. Ganadora de Miss Argentina y semifinalista en Miss Universo en 1955, fue fotografiada para los anuncios de calefones, cocinas, agencias de turismo, jabones, arroces y soutiens. Pero fue sin dudas su modo de acomodarse y acariciarse esa cabellera morocha y larga en las películas, lo que comenzó a inquietar al imaginario masculino, que ya intuía la proximidad de su soberbio desnudo en la pantalla.





   Isabel se incorporó al universo del cine en la época de las grandes divas, de las mujeres que sacan pecho, que beben champagne para calmar la jaqueca y miran a los hombres desde arriba, al decir del crítico Claudio España. Sus escotes corazón intentaban reanimar una industria que, aunque a poco de andar, estaba ya en crisis. En esos años cincuenta y sesenta, Bo fue el principal exportador de películas argentinas: los desnudos de la actriz llegaron hasta Rusia, llevados de contrabando desde Cuba y hasta inspiraron los versos de un poeta chino en Beijing. Según el director de cine Jorge Polaco, la grandeza de esta estrella reside en vivir cinematográficamente lo cotidiano. Isabel baja por la escalera de su casa con tacos aguja. Isabel deja asomar un par de piernas hermosas. Isabel sostiene a un perro caniche en uno de sus brazos. Isabel mueve su antológica melena…

   Por los años cincuenta, la melenita corta platinada fue travestida en ícono por Marilyn Monroe, esa rubia bella que se volvió el mito erótico más universal y perdurable del siglo XX. Para la misma época, la Argentina exportaba al mundo a una morocha de pelo largo con una sensualidad que ni era blonda, ni glamorosa, ni cantaba Happy Birthday Mister President.




   El trueno entre las hojas está basada en un cuento del reconocido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. Armando Bo también tuvo a su cargo el guión del filme. Entre la versión original de Roa Bastos, el guión que Bo escribió y la historia que finalmente quedó plasmada en el film, hay diferencias sustanciales. El cuento, que denuncia la explotación de trabajadores en la zafra, no tiene la carga erótica que le indicó la intuición comercial de Bo. La historia era, en verdad, un pretexto para aplicar la fórmula del éxito: un poco de sexo, algo de violencia, música, paisajes nacionales o latinoamericanos y ciertos toques kitsch. Siempre el mismo cóctel, un erotismo primario, naif y moralizante. Fue estrenada en 1958 pero ya durante su rodaje, iniciado un año antes, había comenzado a tejerse el mito Sarli. Isabel viajó a filmar a Misiones con su madre, la primera en poner el grito en el cielo cuando Bo sugirió filmar el primer desnudo real del cine argentino. El de Olga Zubarry en La Casa del Angel fue trucado, aclara el periodista Néstor Romano en su libro Isabel Sarli al desnudo.

   Cuenta la leyenda que Bo le aseguró a la actriz que iba a filmarla de lejos y que casi no se la vería y que hasta la hizo asomarse por el ojo de la cámara para que lo comprobara por sí misma. Por supuesto que Bo no le contó que era el zoom, las lentes y como se usaban. En una función privada, le mostraron a Isabel una versión cortada. Recién la vio entera en el estreno. La película fue prohibida para menores de 18. Su cuerpo es demasiado insinuante, provocativo, es casi indecente por los sentimientos que provoca, argumentó uno de los censores.




   Según la mitología griega, la belleza está tutelada tanto por Afrodita, la diosa armónica y dulce, como por Pandora, pérfida y fatal. Entre esos dos arquetipos fue construida, históricamente, la feminidad. Isabel supo que para salvar sus desnudos debía darle tranquilidad moral a los espectadores. Ella podía mostrarse sin ropas frente a las cámaras, sí, pero además tenía que ser una mujer de su casa, que cuidara de sus animales, que resultara maternal y fiel de por vida. Por eso el público la amaba.

   Eres una mezcla de angel y demonio, le dice a Isabel la actriz Barbara Mujica en Fuego (1968), mientras la acaricia sin pudor. Y en esa escena de lesbianismo, una de las primeras filmadas en el cine argentino, se explicita el entramado del mito Sarli: desnudarse para quedar oculta, tras esos pechos inabarcables.


A la memoria de Hilda Isabel Gorrindo Sarli (1935 - 2019)


Extraído de
https://www.lavaca.org/notas/isabel-sarli-la-verdadera-historia-de-la-morocha/

sábado, 14 de julio de 2018

Videoteca. Venus in furs


-No puedo dejar de convenir que nada puede excitar más que la imagen de una déspota bella, voluptuosa y cruel, arrogante favorita, despiadada por capricho.
-Y que además lleve pieles, añadió la diosa.
-Por qué recordáis eso?
-Conozco tus gustos.
-Sabe usted que desde que no nos vemos se ha hecho usted una magnífica coqueta?
-Queréis decirme por qué?
-Porque no puede haber más deliciosa locura que la de envolver vuestro delicado cuerpo en una piel tan sombría.

La diosa sonrió.

Leopold Sacher Masoch. La Venus de las pieles.






Joan Collins, The bitch




Isabel Sarli, Fuego




Lesley Anne Down. La espía rusa en Pink Panther



Elizabeth Taylor, la Venus en visón en Butterfield 8







Venus in Furs



Venus in furs 10.  Lesley Anne Down. Pink Panther strikes again (1976).

Una de las fantasías más recurrentes en los sumisos del fur fetish es recibir la visita de una seductora russian spy, con su abrigo y su gorro. Lesley Anne Down es la soviética Olga Bariosova quien lleva la misión de asesinar al inspector Closeau. Omar Sharif primero y Peter Sellers después caen bajo sus encantos. 





Venus in furs 9. Cheryl Ladd. Vows of deception (1986).

Cheryl baja la escalera envuelta en pieles y las abre para mostrarse en lencería ante una audiencia sorprendida y extasiada.





Venus in furs 8. Bárbara Bouchet. La moglie in vacanza, l'amante in cittá (1980).

Bárbara Bouchet nació en 1943 en Checoslovaquia durante la ocupación nazi. Su verdadero nombre es Barbel Goutscherola. Desde chica , trabajó como modelo y actriz en Estados Unidos pero desde fines de los sesenta, filmó casi exclusivamente en Italia donde se consagró como una de las más reconocidas stars de la sexy commedia italiana y de películas policiales al estilo giallo.  En esta escena, el auto que la transporta se descompone y ella debe lograr que otro se detenga a auxiliarla. 






Venus in furs 7. Laure Sainclaire.  L'heritage de Laure (1996).

La bella reina del porno parisino se luce con todo el estilo de la producción de Marc Dorcel; minifalda, medias negras, tacos altos y pieles. Soberbia forma de asistir a un funeral. 





Venus in furs 6. Elizabeth Taylor.  BUtterfield 8 (1960).

La impronta fur fetish de esta película fue tan grande en su momento que su versión latinoamericana fue conocida como Una venus en visón. Es la historia de Gloria Wandrous, una prostituta de lujo neoyorquina y sus tortuosos amores con Laurence Harvey, una interpretación que le valdría a Liz  ganar el Oscar de ese año.





Venus in furs 5. Isabel Sarli. Fuego (1969).

A principio de los años sesenta, la revista Playboy, le dedicó cuatro páginas a una mujer que no era ni norteamericana ni europea, un hecho inédito hasta entonces. Ella era la bella salvaje de las pampas. Hilda Isabel Gorrindo Sarli, nacida en 1935, es la responsable de haber puesto a la Argentina en un lugar de honor en todos los foros y páginas web dedicados al fur fetish. Las  películas que filmó entre 1958 y 1980 de la mano de Armando Bo son hoy considerados films de culto en todo el mundo. 





Venus in furs 4. Jerry Hall - Claudia Schiffer. Thierry Mugler (1995).

Primero Jerry Hall y luego Claudia Schiffer desfilan como dos reinas paganas imponentes envueltas en pieles blancas. Todo el glamour y la fantasía de los años de oro de Thierry Mugler.





Venus in furs 3. Ursula Andress. Letti Selvaggi (1979).

Conocida como Letti Selvaggi o Camas calientes o Tigers in Lipstick...los títulos no dejan dudas sobre a qué clase de damas se refiere la película. Está filmada en distintos episodios protagonizados por cuatro sex symbols de la época: Ursula Andress, Laura Antonelli, Mónica Vitti y Sylvia Kristel. En éste, Ursula llega un arreglo con el dueño de un taller de chapa y pintura para provocar un choque masivo de autos abriendo su abrigo de piel en plena calle para exhibirse en lencería y botas. Ursula tenía ya más de cuarenta años cuando filmó esta escena pero en su espléndida madurez todavía era muy capaz de causar estragos. 






Venus in furs 2. Laura Angel. Harcelement du féminin (1999).

Nacida en la antigua Checoslovaquia en 1974 como Lenka GorgesovaLaura Angel se inició en el porno en 1998 y se convirtió inmediatamente en otra de las estrellas principales de Marc Dorcel. En el año 2000, ganaría el Hot d'Or (el Oscar del porno europeo) a la mejor actriz. Sus cejas arqueadas y su melena negra resaltaban una mirada sádica donde parecían brillar todos los placeres posibles. En esta película, se dedica a seducir a un sumiso Steve Holmes arrastrándolo por París para someterlo a toda clase de perversiones, como obligarlo a observarla semidesnuda bajo su abrigo de pieles mientras se masturba en el Bois de Boulogne y atrae a los hombres con los que espera gozar de un gangbang. 






Venus in furs 1. Joan Collins. The Bitch (1979).

En The Bitch,  Joan Collins ya era la sexy madura devorahombres y manipuladora que la haría inolvidable en Dynasty. En este video, el chofer la acompaña desde un casino en Londres hasta su mansión. Majestuosa y sexy a la vez, Joan impuso en aquellos años todo un standard en el fur fetish, modernizando la forma de usarlas y a la vez conservando todo el glamour de las viejas divas de Hollywood. Basta con ver la forma en que deja deslizar la piel para mostrar el hombro desnudo. 






Sí, miradme una vez más, soy más que una hereje, soy una pagana.

(La Venus de las pieles)


Laura Angel, el sexo en pieles


Jerry Hall by Mugler



Joan Collins, The Bitch


miércoles, 7 de marzo de 2018

Qué pretendemos de Isabel Sarli?




   Encerrada en un camión frigorífico, violada en medio de medias reses que cuelgan y luego obligada a prostituirse, Isabel Sarli le pregunta en Carne al siguiente matón que se acerca con la mano en la bragueta qué es lo que pretende. La frase quedó inmortalizada en las retinas de todo el cine argentino y su pretendida autora sigue siendo décadas después el máximo mito erótico de esta tierra y uno de los más grandes de toda América Latina. Hoy la quiero recordar de la mano de la periodista Cecilia Absatz, quien ensaya un estudio titulado Señoras decentes, sobre lo que representaban para el imaginario argentino de aquellos tiempos las películas protagonizadas por Isabel y dirigidas por Armando Bo. 


Señoras decentes


   Armando Bo (1914-1981) fue un cineasta argentino muy controvertido, denostado en su momento, perseguido por la censura, despreciado por la Academia, luego reconocido y profusamente estudiado, y por último convertido en un mito generador de leyendas. Su protagonista estable ha sido Isabel Sarli, mujer de gran belleza y voluptuosidad, con quien realizó una filmografía de difícil calificación, que navega entre la crudeza y el humor, con un concepto sin duda original de los presupuestos de producción.

   Si bien los estudiantes de cine comienzan a reírse en la sala antes de tener en claro qué es lo gracioso, hay una clave en el cine de Bo que vale la pena explorar más allá de su peculiar mirada del erotismo, la iteración de sus temas y los abusos múltiples de los que era objeto la pobre Sarli en muchas de sus películas.

   Bo apuntaba sin sutilezas al corazón de las fantasías masculinas más populares y recónditas, las que apenas se pueden expresar en palabras, pero anidan todavía, quizás, en un oscuro rincón del cerebro de los muchachos de la esquina. Así, su idea del ardor de una mujer (Fiebre, Insaciable) rescata un mito que el folklore barrial llamaba entonces fiebre uterina e imagina a una mujer tan estragada por el deseo que se erotiza incluso en el consultorio de un ginecólogo durante la más incómoda de las prácticas médicas. Como extremo de la depravación y en el mejor estilo de Catalina la Grande, en algún caso se llega a involucrar, créase o no, un caballo.

   Con algunas excepciones, como El trueno entre las hojas, sobre un libro de Augusto Roa Bastos, los argumentos de Bo eran de una candorosa sencillez. La provocación consistía en tomar una idea impronunciable y expresarla con brutal literalidad: la carne de una mujer contra las reses de un frigorífico, la pasión desnuda en la nieve, el deseo del varón como un veneno y el de la mujer como pura perfidia.

   Otra idea incrustada en los arrabales de esta filosofía, frecuente también en las letras de tango, indaga en el pasado dudoso de las señoras decentes ubicadas en lugares prominentes de la sociedad. En Intimidades de una cualquiera (escrita en colaboración con Dalmiro Sáenz) es precisamente ese pasado dudoso, encarnado en Jorge Barreiro, quien va a desenmascarar a nuestra heroína y revelará quién fue en realidad la esposa del rico terrateniente que hoy vive amada y respetada por todos en su mansión del sur patagónico.

   Con su propia estética y estilo narrativo, Bo dibujó un perfil que con sutiles cambios prospera en la actualidad, aunque de un modo más abierto, es decir, exhibido con claridad. Hoy muchas señoras decentes, lejos de temer al truhán resentido que revele su pasado, son ellas mismas quienes lo cultivan románticamente en las tapas de las revistas y a través de sus propias cuentas de Twitter. La caída moral que en las películas parecía inexorable ahora a nadie interesa. Está claro que el colectivo popular ya no juzga en estas damas otra cosa más que su actual estilo de vida, sin exigir otra producción que la de figurar.

   Armando Bo fue un creador difícil de digerir, porque expresaba ideas inconfesables sin la protección de luces acarameladas o diálogos ingeniosos. También fue un autor difícil de olvidar, porque se animó a mostrar un costado guarango de la vida que hoy resplandece en horario central.


Cecilia Absatz

http://www.lanacion.com.ar/1598937-senoras-decentes

jueves, 5 de julio de 2012

Morochas Argentinas

   A mitad de semana, no estoy con demasiadas ganas de escribir. Pero sí de compartir mis fetiches de la mano de un segundo calendario fotográfico. El mes pasado presenté el Calendario Leopoldiano, doce bellas divas envueltas en pieles. Hoy les llegó el turno a otra de mis pasiones: las morochas argentinas que desde mi adolescencia siempre fueron las sensuales promotoras de mis perversas fantasías lésbicas. Y no puedo dejar de incluir, aunque haya nacido en el Uruguay,  a nuestra Natalia Oreiro, la más sexy y exquisita pinup de estas latitudes.

   

Enero. Carolina Peleritti.


Febrero. Moria Casán



Marzo. Laura Fidalgo



Abril. Verónica Varano.




Mayo. Isabel Sarli






Junio. Pamela David




Julio. Julieta Ortega



Agosto.  Zulma Faiad




Septiembre. Isabel Macedo


Octubre. Cecilia Milone


Noviembre. Marixa Balli



Diciembre. Natalia Oreiro

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