lunes, 25 de abril de 2016

Bukkake






   Sé que la imagen que voy a describir es agresiva pero no pienso hacer nada para suavizarla. Ella puede tener entre cuarenta y cincuenta años y lleva una larga melena que le llega hasta el culo sin que le importen las críticas de sus congéneres. Viste de brillante negro fetish siguiendo el estereotipo de las clásicas dominatrices que tanto admira: minifalda de cuero, cinturón metálico de argollas, nylons y botas negras bucaneras de tacón y plataforma. Largos mitones por encima de los codos dejan lucir fálicas uñas pintadas de un rojo furioso. La bijouterie de cuero y acero tintinea por sus muñecas y su cuello. La blusa es transparente y no pretende disimular las tetas sino exhibirlas en su justa medida

   Las medias de nylon también son negras, con el detalle de estar abiertas en la entrepierna para facilitar los accesos sexuales que las dóminas, se supone, deben rechazar. Pero ella se ríe de esos prejuicios. Una dómina puede (debe?) ser una puta porque dominar es darse los gustos y el libre puterío es un placer divino que no  puede faltar. Otra desilusión para los ortodoxos cultores del BDSM: a ella no le importa perder tiempo en técnicas ni en castigos porque sólo quiere divertirse con el sexo sin responsabilidades, compromisos ni aftercares. Finalizada la acción, ella sonríe gloriosamente mientras camina contoneándose hacia el baño de mujeres como si fuera una gata que acaba de beberse un cuenco entero de leche. La imagen felina es real, no es metafórica y no sólo por su sinuoso andar sino porque es leche humana la que gotea de sus pechos y corre por sus medias rotas. 

    A Mí me satisface la humana y masculina leche.

  El bukkake es una práctica sexual que se remonta al antiguo Japón y siempre se lo relaciona con la más cruda humillación sexual. El porno de Internet está inundado de sumisas con rostros humillados, casi dolientes, bañadas en semen en una especie de degradante tortura facial. Otra corriente, más vinculada al mundo occidental de las sissies y las chicas bimbo, las exhibe sonrientes, muy divertidas, con sus bocas llenas y sus mejillas embadurnadas y goteando. Sea de la forma en que se lo presente, el bukkake siempre ha sido uno de los actos sexuales más condenados en la industria del porno. Feministas de renombre lo han catalogado como lo más grosero y degradante que puede filmarse o fotografiarse para objetivar a la mujer. Aún las que aceptan ser enculadas o prestarse a una mamada en la oscuridad de un reservado swinger, suelen sentirse agredidas si el semen es eyaculado a propósito sobre ellas. 

   Roxy, estás llena de leche, me dijo en el baño de mujeres de Class una de mis amigas, testigo y compañera en fiestas y orgías de sábados por la noche. Me relamí mirándola y con una sonrisa le respondí; ya sabés, soy bukkakera. Mientras me limpiaba con papel antes de retocar mi maquillaje de putón, podría haber agregado Es que no hay nada en el sexo heterosexual que me haga sentir tan poderosa y dominante como un jugoso bukkake.  

   El divino Marqués ya lo sospechaba, si bien su personaje en los 120 días de Sodoma se sentaba en el lado opuesto de la mesa del BDSM en donde yo me siento ("I show them my prick, then what do you suppose I do? I squirt the fuck in their face . . . That's my passion my child, I have no other . . . and you're about to behold it."). A veces creo que en lugar de tanta intelectual feminista, lo que las mujeres necesitamos es la voz sádica de una Marquesa que sepa restituir el perdido equilibrio de los placeres. Tengo siempre presente la filosofía de las Tigresas Blancas, un oculto y mitológico grupo de mujeres taoístas, cuyo objetivo es conservar la juventud rechazando el coito tradicional y utilizando refinadas técnicas de felaciones para que sus amantes, que ellas denominan dragones verdes, eyaculen semen blanco y espeso sobre su cara y sus pechos donándoles el chi, la energía sexual masculina que contiene el poder de mantenerlas jóvenes.


  Siempre que salí del baño después de limpiarme el semen derramado por mis ocasionales amantes, me sentí libre y energizada además de erotizada. Y si las enseñanzas de las Tigresas Blancas fueran más reales que mitológicas? Y si las feministas que condenan el bukkake están, como tantas veces estuvieron, muy equivocadas?

    












domingo, 17 de abril de 2016

Anna Mercury by Facundo Percio





   En diciembre pasado, las 10 Sensuales y Femeninas Star Wars Fetish homenajearon a algunas de las heroínas más hermosas y fetichistas que protagonizaron películas y series de ciencia ficción. Hoy llega otra belleza del espacio pero en formato historieta. Ella es Anna Mercury. Con guión del célebre Warren Ellis, un autor consagrado en la escudería Marvel, la historieta nos cuenta las aventuras de esta pelirroja superheroína de acción que recorre los rascacielos y la calles de ciudades futuristas a puro armamento y fetish. Anna es en realidad una espía británica, su nombre es Anna Louise Britton y trabaja para el MI6 británico. La historia entronca con un hecho verídico; la desaparición de un buque de guerra norteamericano en 1943. La ficción nace cuando se descubre que esa desaparición está relacionada con la existencia de nueve mundos aparentemente invisibles, interconectados con la Tierra creando nueve realidades paralelas entre sí. El Proyecto Constelación, del que Anna forma parte, es un equipo de investigadores y espías que controla la seguridad de la Tierra en su relación con los otros mundos, en donde se desarrollan las aventuras de nuestra Gatúbela interplanetaria. Y lo de nuestra no lo digo sólo por el deleite que me causa recorrer su curvilíneo cuerpo fetish dibujado bajo un catsuit negro brillante y guantes largos operagloves o por su fabulosa melena rojo fuego que aumenta el poder Femdom que despliega en sus aventuras. Anna es nuestra porque nació de la pluma de un excelente dibujante argentino, Facundo Percio. Por su belleza fetichista, por su carácter dominante y también por ser la brillante obra de Facundo, Anna Mercury es  nuestra heroína.










































domingo, 10 de abril de 2016

Corsettes. Una historia ajustada






   A principios del siglo veinte, Paul Poiret era considerado el rey de la moda parisina y sus diseños marcaban los gustos y las tendencias. Poiret, nacido en 1879 y fallecido en 1944, es hoy considerado el responsable de la eliminación del corsette tras siglos de tiránico reinado oprimiendo cinturas femeninas. Nunca se sabrá si Poiret quiso realmente liberar a las mujeres de aquella ancestral opresión o simplemente las formas afinadas en el talle interferían con la línea de sus novedosos diseños enfatizados en los hombros que serían los predominantes durante los años veinte.

    La cintura ajustada volvió a ponerse de moda para finales de la década del treinta cuando contra los pronósticos de Poiret, los corsettes y los soutiens con ballenas y tiras volvieron a ponerse de moda como parte de un renacimiento victoriano popularizado por el cine a través de películas como Gone with the wind (la escena en donde Vivien Leigh exige que le ajusten las tiras del corsette hasta alcanzar la cintura deseada es hoy un ícono del fetichismo).
El triunfo final de la mujer con figura de reloj de arena llegaría en 1947 con el New Look de Christian Dior y el ejemplo arquetípico es el famoso Bar, la chaqueta de estrecha cintura diseñada por Dior. Por entonces, el corsette había regresado transformado en bustier y comenzó a utilizarse en la mayoría de los vestidos de noche de los años cuarenta y cincuenta.








   Pero fue recién en la década del setenta cuando la madrina del punk, Vivienne Westwood, se convirtió en la primera diseñadora del siglo veinte en utilizar el corsette en su forma original desde los tiempos en que Poiret lo había rechazado. Su singular enfoque, tanto artístico como teatral, estableció una nueva tendencia en la moda contemporánea. La genial percepción de Vivienne sobre la corsetería se convirtió en el centro de sus trabajos y diseños logrando que en lugar de ser un símbolo de opresión, el corsette le devolviera a las mujeres una sensación de glamour y distinción imposible de obtener mediante otras prendas. Para 1980, otros diseñadores ya seguían su camino; genios contemporáneos como Jean Paul Gaultier y Thierry Mugler hicieron del corsette la armadura sensual de una mujer fetiche que parecía salida de una historieta de ciencia ficción. Ellos frotaron la lámpara y liberaron al genio que nunca más pudo volver a su encierro.

    Al igual que las botas altas o los guantes largos, el corsette lleva implícito un significado social que oscila entre lo artístico y lo teatral y que nos habla de la sexualidad de una mujer erotizada que pone el placer de la seducción en el primer sitio de sus prioridades. Paul Poiret se asombraría si supiera que las mujeres hemos sabido transformar al corsette en un arma de dominación. Si hubiera visto a Madonna masturbándose en escena con el famoso bustier de Gaultier durante su gira Blond Ambition, quizás se hubiese tomado la cabeza entre las manos ante semejante exhibición de encorsetado poder femenino. Desde entonces, el corsette ha sido la prenda fetiche de Gaultier y hasta sus perfumes se venden en una encantadora botellita con forma de reloj de arena.

   A lo largo de todo el siglo veinte y en lo que va del ventiuno, el corsette ha podido mutar en bustiers, soutiens o bodies pero ha mantenido siempre indeleble la fantasía de una halagadora silueta femenina desde la estética visual pero mucho más desde lo simbólico. El corsette expresa mensajes contradictorios: es la constricción y la libertad, es la dominación y la sumisión. Al igual que cuando se suben a sus altos tacones, las chicas crossdressers quieren sentir ese sacudón erótico de vivirse como mujeres ajustando sus tiras y abrochando sus cierres, comprimiendo con ansiedad sus cuerpos de origen masculino que desean ganar esa curva sensual que las lleva de viaje al mundo soñado de la femineidad. El corsette permite liberar toda clase de fantasías eróticas porque celebra la eterna e imperecedera sensualidad de los pechos, las cinturas y las caderas de sus poseedoras. En medio de un constante vértigo de novedades y cambios que propone una cultura en donde sólo parece prevalecer lo efímero, el corsette sigue siendo un elemento intemporal de seducción. Es el recordatorio de que nuestro sexo sigue siendo dueño de un pasado glorioso de cortesanas y cabareteras, de bellas putas refinadas en todas las gracias y todos los placeres; un pasado que está grabado en nuestro inconsciente desde los montmartreanos años de oro del Moulin Rouge y las pinturas de Toulouse-Lautrec.






domingo, 3 de abril de 2016

Tempest Storm



   Tempest Storm, nacida Annie Blanche Bancos en 1928, fue mucho más que una bella stripper o una bailarina de burlesque. Junto a Bettie Page, Gypsy Rose Lee y Blaze Starr, compuso un poker de ases irrepetible que contribuyó a sacudir la sexualidad estadounidense desde el underground en la década del cincuenta, los años movidos del rock and roll y el despertar sexual. Tempest tomó su apodo en 1950 y enseguida se volvió famosa por su gracia inimitable sobre las tablas y por la vistosidad de su melena pelirroja. Apareció en numerosas revistas para hombres y en películas y documentales de temática burlesque como París, después de la medianoche (1951), Striptease Girl (1952) y Teaserama (1955) junto a Bettie Page, en la que sería la primera y última vez que filmaron juntas y ocupó planas en las noticias del espectáculo cuando se supo que había asegurado sus pechos en  la compañía  Lloyds de Londres por un millón de dólares. Tempest tuvo como amantes a celebridades como Elvis y Kennedy que sucumbieron a sus encantos y se arriesgaron a todo con tal de saborear la miel de la pelirroja fatal.   

 

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