La apariencia y los modales de la femineidad clásica son el basamento desde donde una sissy construye su experiencia de placer. La sissy sabe que nunca se verá tan bella como sus idealizados modelos femeninos pero también sabe que puede aproximarse a su manera. Sentirse linda es su Nirvana, es el Big Bang que explota frente al espejo debajo de la peluca rubia, de los maquillajes excesivos, del perfume y de los tacos altísimos. Cuanto más te parezcas a esa mucama francesa o a esa putita que llevas adentro, más cerca estarás del máximo placer. Me imagino lo desalentador que debe ser para una feminista tener que compartir un ladies toilet con una sissy maquillándose a su lado y contándole sus fantasías.
Una sissy se parece en algo a una drag queen: siempre está en transición. Cada noche en que se monta de mina, pugna por mejorar su producción persiguiendo un ideal femenino estereotipado hasta el detalle. Como todo arte, el arte de sissificarse es factible de ser perfeccionado en cada sesión. Pero a diferencia de la queen, que puede montarse para una actuación o para interpretar a un personaje, la femineidad sissy es siempre fetichista. Es una experiencia sexual que tiene todas las características del deseo masculino de querer pasar al otro lado porque sabe que allá se goza más y mejor.
La sissy busca el placer sexual a través de su apariencia porque cuanto más linda se sienta, más excitada estará. Esa búsqueda ansiosa de la apariencia frente al espejo es casi o más importante que el sexo mismo. La sissificación se parece muchísimo a la forma en que los hombres adinerados eligen a un robot sexual. Quienes compran las muñecas sexuales tipo Harmony, pueden seleccionarlas entre diversas estructuras corporales, facciones y hasta pautas de comportamiento diseñadas cibernéticamente. En forma fría y detallista, lejos de toda norma moral, ellos diseñan a su prostituta ideal. En el caso de la sissy, la muñeca y el hombre están en el mismo envase.
Cuando un hombre desea diseñar a una sissy sobre sí mismo cuenta con un margen muy acotado debido a las características de su cuerpo y de su rostro de origen pero no por eso va a dejar de intentar parecerse lo más posible a un ideal de mujer que casi siempre es verse lo más sexy posible y comportarse lo más puta que pueda. Cuando una sissy practica feminizarse y se juzga a sí misma frente al espejo, caminando o haciendo gestos, no se diferencia demasiado del macho que le pone puntaje a la mina por su belleza, sólo que acá el macho y la mina son la misma persona. No nos puede extrañar entonces que hasta la palabra sissy sea rechazada por el mundo de la diversidad sexual y abominada por el feminismo.
La ruptura con las nociones tradicionales de género han dejado totalmente demodé y anticuado al modelo femenino original que inspira al sissismo. La corrección política predica que sentirse linda puede ser importante para una mujer pero ser mujer es mucho más que sentirse linda. Al igual que las crossdressers y las mujeres trans, las sissies también aspiran a ser tratadas como mujeres pero sus deseos fetichistas las llevan inevitablemente a convertirse en estereotipos de mujeres artificiales y frívolas. Afeminadas hasta el exceso, se pavonean orgullosas de su condición de putas fiesteras y felatrices golosas, ideales para complacer fantasías masculinas. Son consideradas apenas una caricatura de mujer. Ese es su pecado original y por eso una pecadora irredenta como yo las encuentra tan, tan atractivas.





























