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miércoles, 9 de marzo de 2022

Soy sissy, soy linda

 



   La apariencia y los modales de la femineidad clásica son el basamento desde donde una sissy construye su experiencia de placer. La sissy sabe que nunca se verá tan bella como sus idealizados modelos femeninos pero también sabe que puede aproximarse a su manera. Sentirse linda es su Nirvana, es el Big Bang que explota frente al espejo debajo de la peluca rubia, de los maquillajes excesivos, del perfume y de los tacos altísimos. Cuanto más te parezcas a esa mucama francesa o a esa putita que llevas adentro, más cerca estarás del máximo placer. Me imagino lo desalentador que debe ser para una feminista tener que compartir un ladies toilet con una sissy maquillándose a su lado y contándole sus fantasías.

   Una sissy se parece en algo a una drag queen: siempre está en transición. Cada noche en que se monta de mina, pugna por mejorar su producción persiguiendo un ideal femenino estereotipado hasta el detalle. Como todo arte, el arte de sissificarse es factible de ser perfeccionado en cada sesión. Pero a diferencia de la queen, que puede montarse para una actuación o para interpretar a un personaje, la femineidad sissy es siempre fetichista. Es una experiencia sexual que tiene todas las características del deseo masculino de querer pasar al otro lado porque sabe que allá se goza más y mejor.

   La sissy busca el placer sexual a través de su apariencia porque cuanto más linda se sienta, más excitada estará. Esa búsqueda ansiosa de la apariencia frente al espejo es casi o más importante que el sexo mismo. La sissificación se parece muchísimo a la forma en que los hombres adinerados eligen a un robot sexual. Quienes compran las muñecas sexuales tipo Harmony, pueden seleccionarlas entre diversas estructuras corporales, facciones y hasta pautas de comportamiento diseñadas cibernéticamente. En forma fría y detallista, lejos de toda norma moral, ellos diseñan a su prostituta ideal. En el caso de la sissy, la muñeca y el hombre están en el mismo envase. 

   Cuando un hombre desea diseñar a una sissy sobre sí mismo cuenta con un margen muy acotado debido a las características de su cuerpo y de su rostro de origen pero no por eso va a dejar de intentar parecerse lo más posible a un ideal de mujer que casi siempre es verse lo más sexy posible y comportarse lo más puta que pueda. Cuando una sissy practica feminizarse y se juzga a sí misma frente al espejo, caminando o haciendo gestos, no se diferencia demasiado del macho que le pone puntaje a la mina por su belleza, sólo que acá el macho y la mina son la misma persona. No nos puede extrañar entonces que hasta la palabra sissy sea rechazada por el mundo de la diversidad sexual y abominada por el feminismo.

   La ruptura con las nociones tradicionales de género han dejado totalmente demodé y anticuado al modelo femenino original que inspira al sissismo. La corrección política predica que sentirse linda puede ser importante para una mujer pero ser mujer es mucho más que sentirse linda. Al igual que las crossdressers y las mujeres trans, las sissies también aspiran a ser tratadas como mujeres pero sus deseos fetichistas las llevan inevitablemente a convertirse en estereotipos de mujeres artificiales y frívolas. Afeminadas hasta el exceso, se pavonean orgullosas de su condición de putas fiesteras y felatrices golosas, ideales para complacer fantasías masculinas. Son consideradas apenas una caricatura de mujer. Ese es su pecado original y por eso una pecadora irredenta como yo las encuentra tan, tan atractivas.













jueves, 7 de mayo de 2020

Las mujeres usamos cartera






Una no nace mujer, se llega a serlo.

   La frase es de Simone de Beauvoir, tiene décadas de historia y ha movido ríos de tinta en el feminismo. Apunta a que ser mujer es algo mucho más complejo que un destino de haber nacido hembra humana. Ser mujer implica asumir la construcción de un yo femenino a través de la educación en modales y conductas.

   Quizás sin haber sabido nunca de dicha frase, las travestis, crossdressers y sissies son las mejores y más aplicadas alumnas en aplicar ese concepto. Quienes no nacieron mujeres y aspiran a ser reconocidas como tales, suelen ser las más dedicadas constructoras de autofemineidad.

   Entre todos los elementos que hacen a esa construcción femenina, un accesorio del que poco se habla pero que yo juzgo fundamental, es la cartera. Porque somos las mujeres quienes usamos carteras. Las mujeres podemos definirnos como los seres humanos que usamos cartera.



Kate Moss by Versace


   Las mujeres, cuando nos preparamos con cierto cuidado para salir, nos preocupamos por elegir la cartera. A lo largo de nuestro aprendizaje de niñas a mujeres, debimos aprender a elegir la cartera correcta para cada situación. Nuestra presentación en sociedad tiene mucho que ver con la cartera que llevamos.

   La cartera es un accesorio que marca el nivel de la mujer que lo usa. Es mucho más un símbolo de status que un accesorio utilitario. La cartera habla de estilo, gustos, posición social y poder. Cuando una mujer llega a una fiesta en sociedad y no se quita la cartera por un largo rato, es de mal gusto invitarla a que la deje en el guardarropa. Esa mujer le está mostrando el mundo quien es y qué lugar ocupa en esa fiesta mediante la exhibición de su cartera.

   Los nacidos varones y decididos a convertirse total o parcialmente en mujeres pueden aprender a lookearse con sus modelos de rol ideales, imitando el estereotipo universal de la mujer bella y sensual. Con dominio y práctica, he visto con admiración como se mueven sobre tacones altos con la elegancia de las mejores topmodels y como han aprendido hasta la excelencia el arte del maquillaje. Pero yo siento que recién cuando agregan una cartera y saben llevarla como si fuera una parte de ellas mismas, es que ellas y yo estamos en la misma sintonía femenina. Quizás lo mío sea un resabio de aquella educación femenina que recibí desde chica y de la observación y la imitación que hice de las grandes damas que tuve el honor de contemplar.



Angelina Jolie


   Una dama siempre está atenta a su cartera, tanto si sale con amigas como si tiene una cita con un caballero. No sólo es una cuestión social, también existe una razón de movimiento. A veces las travestis están tan fijadas en feminizar al detalle el movimiento de sus piernas y de su cola que olvidan prestarle atención a la parte superior de su cuerpo. Y así como los tacos altos formatean tus piernas y te llevan irresistiblemente a ganar un andar más femenino, llevar cartera feminiza instantáneamente tus brazos porque obliga a tus manos a moverse con cierta cadencia y te impide los movimientos bruscos. La cartera, como los tacos altos, son restrictivos. En esa restricción de movimiento de las manos y los brazos, como en la restricción que provoca la pretensión de andar en alturas, reside uno de los secretos del enorme placer que provoca la femineidad. 

   Entonces, querida nena sissy o cross, además de hacer todo eso que tanto le gusta a tu corazoncito de viciosa como acomodarte la peluca, llenarte los brazos y las manos de bijouterie, mover la cola caminando en tacos y maquillarte bien exagerada, no olvides el consejito de esta Mistress que sabe más por madura que por Mistress.


Nunca pero nunca te olvides de llevar cartera.







lunes, 28 de octubre de 2019

London sissies. Petticoat discipline





   En el siglo XIX, Inglaterra era una potencia imperial que creía haber heredado el grandioso destino de la antigua Roma; dominar y civilizar el mundo. Su sociedad evolucionaba rápidamente hacia la modernidad pero al mismo tiempo conservaba un rígido sistema de clases basado en títulos hereditarios de ancestral nobleza. La educación que recibían los jóvenes hijos de la clase dominante abarcaba los conocimientos técnicos más avanzados de la época en el marco de un riguroso sistema disciplinario imprescindible para que aquellos muchachos destinados a gobernar un imperio aprendieran en primer lugar a dominarse a sí mismos soportando toda clase de castigos y restricciones.

   Cuando un master tenía problemas de disciplina en el aula, solía recurrir a alumnos de grados superiores, elevados al cargo de celadores, para aplicar castigos corporales a los rebeldes. Una vasta bibliografía, que fue posteriormente usada como evidencia para abolir ese sistema punitivo, relata muchos episodios en donde colegiales casi niños eran sometidos a castigos cargados de crudo sadismo y brutal rigor. Pero en aquella disciplina no todo eran azotes y varas. Algunos celadores comprendían que los golpes podían templar los ánimos de los castigados, endurecerlos y convertirlos en héroes para el resto del alumnado. Un método de castigo mucho más sádico (y efectivo) era vestirlos con ropa de mujer y obligarlos a realizar tareas que por entonces eran únicamente femeninas, y por consiguiente muy humillantes para aquellos hombrecitos. Así fue como nació la petticoat discipline, la disciplina en enaguas, también llamada pinaforing.

   La sexualización de todo ese sistema de castigo y represión terminó haciendo de la Londres victoriana la cuna del Femdom moderno. A escondidas del puritanismo imperante en sus hogares y en los ámbitos sociales propios de la upper class, aquellos chicos ya convertidos en hombres visitaban a las flageladoras victorianas del Soho y el East End para ofrecer sus nalgas y revivir la excitación de aquellos azotes que habían significado su iniciación sexual. De igual manera que los castigos corporales en los colegios plantaron la semilla del arte del spanking, la humillante petticoat discipline degeneró rápidamente en el placer perverso del sissismo. 

   El nombre Sissy es un diminutivo de de Elizabeth pero sissy con su connotación sexual deriva de sister. La sissy era la hermanita menor y por eso le correspondía vestirse y comportarse como una niña. Muy pronto, relatos y dibujos con fantasías de petticoat discipline y forced feminization comenzaron a ocupar grandes espacios en las publicaciones pornográficas británicas de aquellos tiempos. Las dominatrices comenzaron a ampliar sus guardarropas femeninos para satisfacer la demanda de aquellos gentlemen que buscaban ansiosos un ámbito discreto para satisfacer sus fantasías de vestirse como colegialas para recibir regaños y burlas de parte de una mujer adulta. Una variante particularmente perversa de la fantasía sissy que sigue muy vigente es que la dominante sissificadora es una hermana mayor, una tía o hasta la misma madre.






   Los antecedentes de la petticoat discipline como cultura sexual se hallaban escondidas en las mollyhouses del bajo Londres, a las que me he referido en esta columna. Las mollyhouses no eran otra cosa que prostíbulos en donde los clientes practicaban asiduamente lo que hoy llamaríamos cambio de roles. Las sesiones de travestismo no ocurrían sólo entre prostituta y cliente sino que abarcaban toda una subcomunidad homosexual en donde las mollies imitaban las vestimentas y modales de las mujeres de la época. 

   Aquella sissy petticoated es muy diferente de la fantasía sissy actual. La sissy de hoy suele ser una princesa mariquita que goza comportándose como una puta por decisión propia sin que haya forzamiento alguno. Tampoco guarda relación, ni hace falta decirlo, con la crossdresser que busca mimetizarse con las mujeres en ámbitos públicos, alejada de cualquier situación sexual. 

   La petticoat discipline vive hoy en el hombre sumiso que necesita travestirse para sufrir - gozar de una situación de humillación ante una mujer dominante que lo obliga a convertirse una mímica de lo femenino, a una sobreactuación. No pretende sentirse una mujer sexy porque lo que resalta en la petticoated sissy es lo exageradamente afeminado hasta el ridículo de los vestiditos y manerismos que no son propios de mujeres sexuadas adultas. Para reproducir las conductas de aquella sissy victoriana del siglo XIX, resulta fundamental:
 

  • El uso de uniformes que resalten sumisión o infantilismo (colegiala, mucama, vestidos rosados de niña). 
  • La ritualización de comportamientos femeninos que hoy son anticuados. 
  • Vivir el carácter forzado del afeminamiento como un castigo, una humillación que es imprescindible para el goce sexual. 






    El lugar para quien desea revivir hoy a la sissy victoriana está escondido entre los rituales más ocultos de algunas comunidades BDSM cuyas dominatrices entienden muy bien de qué se trata este viejo asunto escolar y saben manejarlo a la perfección, a través de un diálogo humillante y cruel, divirtiéndose a expensas de una pobre sissy sometida y ridiculizada. 

   Las modernas corrientes feministas detestan este tipo de fantasías sissies sosteniendo que refuerzan estereotipos femeninos de sumisión mientras que las actuales comunidades LGTB alrededor del mundo que se presumen a sí mismas como muy abiertas y amplias, suelen rechazar las fantasías de la petticoat discipline y hasta prohiben el uso de la palabra sissy por considerarla un insulto discriminatorio. Los viejos masters anglosajones les estarían muy agradecidos. 







lunes, 10 de diciembre de 2018

Placeres femeninos. Crossdressing




 



   Soy una mujer que desde muy chica se sintió atraída por todo aquello que hoy, teorías de género mediante, podemos llamar la construcción normativa de la femineidad occidental. Para mí, el pasaje de niña a mujer fue extremadamente placentero y divertido porque no sólo implicaba volverme dueña de una sexualidad multiorgásmica. También me daba la posibilidad de explorar todos los poderes femeninos que se me presentaban desde la seducción. No era solamente reconocerme bella desde mi cara o desde las curvas de las tetas y las caderas; la condición de mujer me daba el boleto de entrada al mundo de la moda sexy, la lencería, los maquillajes, los zapatos altos y las actitudes seductoras que tanto me habían atraído en las mujeres que admiraba cuando era chica, cuando empezaba a descubrir la existencia de una conexión indestructible entre la femineidad y la belleza y de ambas con el poder.

   En aquellos años, yo no era consciente de que a muchos varones les eran negadas las mismas atracciones hacia lo femenino que yo sentía. Hoy, habiendo pasado muchos años y experiencias de vida, con familias felices formadas o cargando divorcios conflictivos, me los encuentro en fiestas alternativas pero sorpresa!, ahora ellos también se vienen vestidas de mina. Maquilladas a full, con pelucas vistosas y lookeadas como reinas de la noche, gozan la clandestina libertad condicional de sentirse por un rato mujeres deseadas para después volver como varones a su mundo laboral y familiar cuidando de no dejar rastros de la noche divertida.

   En el juego de ellas, no hay cuestionamiento de mandatos ni de normas de género. Tampoco les he encontrado algún interés en las muchas variantes de la diversidad sexual. No pertenecen al ambiente gay ni tampoco desearían ser transexuales. Son muy respetuosas del concepto binario clásico hombre – mujer y el placer reside justamente en saltar de uno a otro, sin mezclarlos jamás. Para ellas, ser mujer es cumplir al detalle con un estereotipo femenino que para la mayoría de las mujeres biológicas ya está pasado de moda. Un estereotipo que define a la mujer desde la artificialidad y que es abominado por muchas feministas. Ese es su pasaporte a un mundo secreto de delicias prohibidas.

   Siempre están las que necesitan ponerse encima toda la parafernalia femenina para poder dejar fluir con libertad a sus deseos homosexuales. Pero me inclino a pensar que para muchas de ellas, levantarse un chongo no es el objetivo de la noche sino apenas un complemento a esa imagen de seducción que se autogestionan desde la fantasía. Como muchas de nosotras cuando nos descubrimos mujeres en la adolescencia, las crossdressers están enamoradas de su propia construcción, de su rol, de su espejo. Lo viven como una experiencia erótica y fetichista o como unas vacaciones divertidas después de tantos años de cumplir con un aburrido y asexuado rol masculino. Sus acompañantes varoniles sólo vienen a completar la foto. El sexo puede estar o no, pero no importa tanto.

   La pasión con que millones de chicas cross en todo el mundo llenan las redes sociales con sus fotos es la mejor prueba que la femineidad está llena de actitudes, colores, poses y texturas que son capaces de generar placer. Hay una sensualidad fetichista propia del mundo femenino que excede el terreno de lo simbólico. Es algo real, que se toca y se siente. Es placer físico.

   Ponerte uniformes, caminar sobre tacos altos moviendo el culo, jugar por un rato a ser una dama, una puta, una secretaria....cuando te ves arreglada frente al espejo de acuerdo a tu fantasía femme, te sentís linda y sentirte linda, además de darte placer, te da regala un morbo adicional. Te sentís deseada como mujer por vos misma.

   A través de la ropa de mujer, de las pelucas y del maquillaje, algunos hombres consiguen acceder al goce de un poder erótico que la biología les ha negado. El poder sensual de la femineidad. Ojalá muchas mujeres que conozco se inspiraran en ellos como ellos se inspiran en las más bellas de nosotras.




Being female is a matter of birth. Being a woman is a matter of age. But being a lady...that's a matter of choice.  




domingo, 28 de octubre de 2018

Simbología y rituales en el sissismo





   El morbo de la sexualidad Femdom está lleno de simbolismos y rituales que parodian la masculinidad. Como las dominantes somos sádicas y nos gusta divertirnos con los hombres, ritualizar en forma humillante las conductas masculinas suele ser uno de nuestros deportes favoritos.

   Históricamente, el hombre ha sido definido por las acciones que se esperan de él. El hombre avanza sobre la mujer, el hombre la penetra, el hombre la cuida como su propiedad privada frente a otros hombres. También el hombre rechaza tajantemente la homosexualidad y se burla de los que no son tan hombres como él. Las conversaciones masculinas llenas de burlas y chistes misóginos y homófobos contribuyen a la creación de una identidad masculina. El hombre es el que debe llevar los pantalones.

   Las mujeres sádicas jugamos con esa identidad y nos divertimos parodiándola y deformándola mediante diversas acciones de humillación. Al hombre sometido se le impide la penetración, se lo somete a la castidad, se lo viste como mujer. También es posible que la sádica goce metiéndole los cuernos o lo obligue a tener sexo con otros hombres. El juego puede llegar a un nivel psicológico extremadamente profundo pues es posible que el sumiso experimente un goce sensual tan fuerte que lo lleve a cuestionarse si no dejó definitivamente de ser ese hombre que la sociedad y sus pares le dijeron que debía ser.

   Durante mucho tiempo, yo pensé que nada representaba mejor a la masculinidad que entregarse para el placer de la mujer. Pero lo que descubrí con la experiencia es que en dominación femenina, el concepto de hombre en intimidad con la mujer es muy poco relevante frente al concepto de hombre como constructo de la sociedad patriarcal y es justamente la ruptura de dicha construcción social lo que genera el morbo, la deliciosa fruta del placer prohibido, tanto para ellos como para nosotras.

  Una esposa que sissifica al marido en privado y que decide exhibirlo frente a sus amigas tan sádicas como ella para que se diviertan a costa de él o que le mete los cuernos delante de otros hombres, le está quitando a ese hombre su identidad masculina, aquello que lo ha caracterizado históricamente frente a sí mismo, frente a cualquier mujer y frente a la sociedad que lo educó. Sissismo y cuckolding ponen en duda su aptitud para el coito, que no en vano fue durante siglos la más humillante forma en que una mujer podía solicitar la anulación de su matrimonio. Nada caracteriza más al hombre – macho que dicha aptitud. Para esto nace, para esto se lo educa y para esto viene predispuesto, tanto biológica como culturalmente. Para poseer a una mujer y para demostrarle a los demás el poder de sus pelotas haciéndole hijos con la seguridad de que dicha prole es efectivamente suya.

   Estos rituales son propios del sadismo femenino y no necesitan de las clásicas técnicas de castigo del BDSM ni de establecer sistemas de control para evitar daños físicos. La principal herramienta femenina de dominación es la humillación, a través de actos y palabras. Esta forma de vivir el BDSM no tiene analogía maledom. No podría tenerla desde el momento en que el placer sádico nace al burlar un complejo entramado social que es propio de una cultura masculina. Una sumisa no podría ser sissificada por su amo, con la connotación humillante y transgresora del término sissy. Tampoco la metida de cuernos tiene relevancia en el maledom dado que las mujeres han sido educadas sumisamente durante siglos para aceptar las infidelidades de los hombres como una parte inevitable de su naturaleza.

   Hay un útimo detalle que quiero compartir. Me consta que los hombres sumisos son los mayores sibaritas sexuales que he conocido. Una sissy presiente que una mujer sádica que goza con este tipo de sexualidad es una mujer que mientras lo somete, le abre como sin querer las puertas de un mundo femenino de placeres distintos, diferentes a los convencionales. El sabe que cuando ella lo feminice, va a poder experimentar en su rol de sissy las delicias de la sexualidad lésbica de la mano de la diosa que adora. Ninguno de sus amigotes especialistas en contar chistes machistas va a poder acceder jamás a ese paraíso.








miércoles, 21 de febrero de 2018

London sissies. Las mollies de Margaret Clap







   Londres, 9 de mayo de 1726. Tres hombres (Gabriel Lawrence, William Griffin y Thomas Wright) mueren ahorcados en el patíbulo de Tyburn, en la actual esquina nordeste de Hyde Park, el lugar en donde hoy se alza el Marble Arch. Qué delito cometieron para merecer tal condena? Sodomía; una práctica sexual que merecía la pena capital de acuerdo a las leyes de la época (Buggery Act, 1533). El juicio comenzó en febrero del mismo año cuando los agentes de la Sociedad para la Reforma de las Costumbres allanaron la casa de Margaret Clap, en donde funcionaba un burdel. Cuarenta personas fueron arrestadas, incluida la propia Margaret, que también moriría ese año.

   Que clase de burdel regenteaba Margaret Clap?

   Muchos de los concurrentes a la casa de Margaret Clap eran mollies, término que en el argot londinense del siglo XVIII significaba effeminates. La casa de Margaret Clap era una mollyhouse. Documentos de la época afirman que las mollyhouses no eran exactamente prostíbulos tal cual los entendemos hoy sino puntos de encuentro clandestinos de una comunidad travesti londinense. Margaret Clap actuaba más como anfitriona y coordinadora de encuentros que como madame y las mollies la llamaban afectuosamente Mother Clap. Un testigo en el juicio que concluyó con la condena y el ahorcamiento afirmó lo siguiente.

   Encontré entre cuarenta o cincuenta hombres haciendo el amor unos con otros. Algunos estaban vestidos de mujer y se sentaban en las faldas de los que estaban vestidos de hombre, besándose de manera lasciva y usando sus manos indecentemente. Luego se levantaban, bailaban e imitaban las voces de las mujeres. . . . Entonces se abrazaban y salían por parejas a otra habitación en el mismo piso para casarse, como ellos lo llamaban.

   Las mollies integraron una subcultura sexual extremadamente ritualizada, llena de códigos y ceremonias. En sus sesiones, se excitaban adoptando una personalidad femenina, llevaban un nombre femenino e imitaban los modales de las damas elegantes de la época. La mollyhouse era un centro clandestino de reunión donde se desarrollaba una intensa vida social y comunitaria que iba mucho más allá del sexo homosexual. Se celebraban matrimonios entre las mollies y sus amantes masculinos, para formalizar su compromiso. Pero el ritual más extraño en las mollyhouses era el simulacro de nacimiento. Rodeadas por mollies amigas que actuaban como damas de compañía entre las cuales una oficiaba de partera, una molly fingía dar a luz frente a su esposo. Una muñeca vestida de bebé era luego presentada ante las asistentes como la hija o el hijo de la pareja y todos los asistentes felicitaban a la flamante madre.

   Cuando mis obligaciones me lo permiten, me gusta concurrir los miércoles a la noche a Class, una disco swinger de Buenos Aires. La noche del miércoles está armada especialmente para crossdressers y travestis. Para ellas, la pista de baile y los reservados se vuelven una pasarela de sensualidad y sexo en versión drag. Me divierte verlas cuando hablan, caminan y bailan intentando imitar al estereotipo glamoroso de lo que ellas asumen que es una mujer seductora. Algunos testimonios que recolecto cada noche que comparto con ellas pueden resumirse en:

  • Lo más excitante es entrar al baño de mujeres, orinar sentada y después pintarme los labios frente al espejo
  • Lo que más me gusta de este lugar es la escalera, para subirla y bajarla con tacos altos varias veces en la noche
  • A mí me gusta salir de casa con la peluca puesta, arreglada y maquillada, tomar un taxi, entrar a la disco y dejar mi abrigo y mi cartera en el guardarropas como hacen las mujeres.

   Tanto en el siglo XVIII como hoy, los hombres que fantasean con convertirse en mujeres necesitan ritualizar el comportamiento femenino de acuerdo al medio en que viven. El placer de ser femenina siempre implica cumplir con una construcción social. A un océano de tiempo y distancia de la Londres de Margaret Clap, cuando las sissies se visten de mucamas y asumen un rol servicial y subalterno frente a Nosotras, las mujeres biológicas, están caminando sin saberlo por la misma ruta que delimitaron aquellas mollies que se excitaban fingiendo un trabajo de parto.

   Hoy no quedan rastros de la mollyhouse de Margaret Clap. Esa manzana de casas fue demolida para construir el viaducto de Holborn, que une la zona de los estudios de abogados de Chancery Lane con el barrio de la catedral de St Paul. Un corto callejón cercano al viaducto se llama Cock Lane. Será casualidad? No lo creo.





 

domingo, 24 de diciembre de 2017

Feminización de una princesa pagana






   Estás hecha toda una princesa pagana. Te amo más que hace un rato (y que hace años). Comenzás el juego muy presumida y se te nota una primavera floreciente en la sonrisa cómplice. Sabés que es un juego, pero ambas sabemos jugarlo. Me gusta verte tan mujer como deberían ser, pienso para mí, tantas de mis grises congéneres. Hasta este momento, ninguna de las dos había pensado en iniciar el sexo. Primero, la femenina seducción. Te ponés las botas y subís las cremalleras, te afirmás arriba de los tacos de quince mientras te acaricias las medias sedosas que te presté y te aprietan pero ya no te importa.

   El mundo? ah, es eso que queda afuera, que ahora queda más lejos. El juego va más allá de un mundo prejuicioso. Me emociona mirarte a los ojos y ver tus pestañotas arrimeladas y movedizas y las líneas de tu lápiz delineador. Están tan recargadas que apenas encuentro tus ojos. Pintarrajeada de puta desde antes de que a Mí se me ocurra venderte al primer chongo que vea por ahí. Para que entres más en juego, te presto mi abanico que agitas lentamente, con gracia. Tenés calor porque estás anhelante de tanta femineidad. Cruzás las piernas y te corrijo la postura de las pantorrillas. Sé que te cuesta, que sos bruta a veces...

   Para las mujeres que gozamos forzando a los varones a ser una de nosotras, la experiencia es tan trabajosa como grata. Se hace un paréntesis, pues se te cae un aro. No te lo habías amarrado bien a tus orejas, es la falta de costumbre. Nos reímos, o mejor dicho, soy yo la que me río, vos estás aun tensa y medio quejosa. Sos muy coqueta y te da pudor desarreglarte algún detalle de tu look tan prostibulario. Ya sé que la construcción estética es fundamental aunque presiento que lo tuyo, sin descuidar la estética, va por otros canales más audaces...

   Si nos quedáramos ahí, atrapadas en esa situación, describiría tus emociones como las de un actor interpretando a una chica con ínfulas de estrella. Una ópera insinuante de lo grandioso. Entonces bato los dados para la primer tirada sobre el tablero amatorio. Feminización.... forzada? dictan los dados. Te hago la pregunta Cómo te llamás, nena? Te fuerzo a llamarte con un nombre de mujer. Por supuesto, sos tan predecible que te autoproclamás con un nombre de damisela francesa. Escondo una carcajada y solamente sonrío ante tu atrevimiento de cabaretera. A esta altura, mi ropa interior ya está algo mojada. Estás tan linda, tan mía, tan suave, tan sumisa, tan sensual....

   Menos mal que tenemos la cama cerca, suavemente iluminada con tonalidades rojas. Reconozco tu perfume como mío. No sólo te llevás mis maquillajes usados sino que a veces te atrevés con mis perfumes, cuando están por terminarse. El burbujeo de tus hormonas femeninas se confunde con las burbujas de champagne con que mojo mis labios. La noche es profunda en silencios externos, o al menos nos parece. Enredás los tacos entre las sábanas, mientras arrojás tus dados apostando a que salga la palabra Sodoma. Te hago más puta que nunca. Te fuerzo a controlar a la ramera siempre apurada y me pedís más. Te fuerzo a pedir. Y me demandás que te fuerce más. Me derrito y te enloquecés. No hay barreras para el juego cuando dos lesbianas se enlazan. Te fornico y me jugás al trencito del Amor. Todas locomotoras y vagones. Al rato, nos vamos frenando de a poco, agotadas.

   Las horas posteriores a las doce campanadas de la vida cotidiana nos apresuran súbitamente. Al día siguiente, no nos acordamos nada del juego de la noche anterior. Ese olvido es también parte del juego; es la parte que permitirá reiniciarlo en otro momento. La princesa pagana que anoche forcé, se sube el cierre de su bragueta masculina y emprende viaje a su trabajo sumiso, con sus aburridas ropas de varón convencional, para cumplir con las obligaciones ante su Reina.

   Y vos, chico malo, aunque sea una vez en este 2018 que se inicia, te animarías a jugar con una Domme al juego de la princesa pagana?






viernes, 24 de noviembre de 2017

La Sissy y la Mujer


   Quienes aspiran a desestructurar el BDSM desde la anulación de las etiquetas y los estereotipos que supuestamente nos restringen, ponen particular atención en los roles femeninos. Hay un especial énfasis en pretender estigmatizar como símbolos de opresión a las modas, el glamour y las tradicionales actitudes que llevamos incorporados como definición de lo femenino. Entonces, dentro de este microclima tan peculiar, quienes desean feminizar o ser feminizados no pueden responder directamente a la pregunta Cómo feminizar a un varón porque antes deben abordar la cuestión de qué cosa es ser femenina.

   El concepto de mujer en la sociedad de hoy sigue perpetuando la idea de ser madre, heterosexual, monógama y estupidizada por toda clase de romanticismos asexuados y cursis. La palabra puta, esa que te provoca deseos de relamerte apenas la pronuncias, sigue siendo en el mundo real una pobre mujer atrapada en esclavitud sexual o condenada a un triste destino de servidora sexual para poder mantener lo que queda de su familia en crisis. Está muy lejos de la diosa erótica con la que los hombres se identifican cuando desean acceder a la feminización. Se va abriendo paso de a poco la idea de lo que es una mujer sexuada, una mujer erótica, una mujer hedonista o una mujer que además de ser naturalmente multiorgásmica, tiene el coraje de hacer culto y abuso de esa rica naturaleza.

   En mi columna previa Una mujer normal, yo desafiaba a mis lectoras sissies a que se identificaran con el estilo de mujer que aspiran ser. Esa mujer es la que habita en las fantasías de la mayoría de las crossdressers que he conocido. Con la salvedad de que dichas crossdresssers fueron observadas y abordadas por quien esto escribe en noches de reservados swingers, donde el sexo latía en cada esquina y las chicas deseaban verse lo más atractivas posibles para lograr la excitación de los machos presentes y servirse de ellos.








   Si deseo abrir más el juego y llegar a coronar una mujer en cada cabecita de varón potencialmente feminizado, sé que me voy a chocar con las más disímiles construcciones: la chica en lencería, la de los tacones rascacielos, la de las pollleras escocesas de tartán al estilo colegiala, la de las tetas postizas con tamaño de siliconas gigantes, las de dildo insertado, las de máscara de látex y hasta las que llevan un almohadón en el vientre simulando un embarazo. No hay un molde conciliador. Hay tantas mujeres idealizadas como el número de varones que intenta parecerse a ellas pero creo que en todas ellas vive un común denominador:

  • las mujeres somos bellas
  • para nosotras toda diversión sexual es accesible. Girls have more fun.

   Querida amiga sissy, tu mujer ideal y el plan con el que pones en marcha su construcción, es tu propia y personal huella digital. Si te pregunto sobre ella, empezarás por contarme la fórmula genérica, esa misma que se moldea en tu cabecita pajera. Sé que en esas primeras descripciones abundarán las diosas fetish, las rubias bimbo y las prostis callejeras. Pero si vos y yo tuviéramos la posibilidad de dibujarlas y describirlas en profundidad, estoy segura que abundaríamos en detalles diversos, muy personalizados y abismalmente discordantes entre todas.

   Tu mujer ideal es una expresión más de lo individual del erotismo humano. Tu mujer ideal es tuya, propia, no compartida. Para lograrla, tu construcción personal necesita de un molde, de un estereotipo original, de una fórmula de la mujer biológica perfecta. Esa mujer diseñada cual muñeca por tu fantasía lleva una etiqueta que te dice esto es el ser humano femenino ideal al que intento representar en la vida real. En qué porcentaje logres alcanzar ese modelo, es otra historia. También lo es la aprobación que consigas de los demás.

   En los debates y las reuniones sobre sexualidades alternativas, entre ellas el BDSM, sería muy útil evitar estériles polémicas entendiendo de una buena vez que no hay ni puede haber feminización o sissismo sin que haya un modelo de mujer original que lleve con orgullo su etiqueta de mujer femenina ideal. Porque de todos modos, pese a lo que proponen los aburridos que cultivan el abolicionismo de las etiquetas, las chicas travestis ya saben muy bien a quien imitar.






 



  



sábado, 11 de marzo de 2017

La mirada femenina frente la fantasía cross







   Estoy en contacto, generalmente via Facebook, con muchas crossdressers y también sissies, con distintos grados de dedicación a su afeminamiento. Desde aquellas ya acostumbradas a la rutina de montarse y desmontarse, de maquillarse y desmaquillarse como lo hace cotidianamente cualquier mujer biológica hasta la que sólo una vez lo hizo a escondidas de la esposa y quedó flasheada por la sensación.

   Esta columna no está dirigida a los que están plenamente seguros de qué es lo que quieren, que disfrutan sin dudas del roce de las prendas femeninas y sólo buscan empatía y no una opinión cuando conversan conmigo o con cualquier otra mujer. En cambio noto en las más inexpertas un deseo de agradarnos, de que alguna vez podamos compartir juntas un momento en femme sin que nos resulten chocantes o agresivas.

   Mis amigas Dóminas y yo estamos coincidiendo en que para empezar deberías bajar tu nivel de ansiedad, expresada en la urgente necesidad de pasar de camionero a dragqueen en menos de una hora. No estoy desmereciendo tus fantasías ni juzgándolas peyorativamente: estoy explicando que si tu deseo no es masturbarte a solas sino poder compartir momentos femeninos entre mujeres, debes tomar en cuenta lo que Nosotras opinamos sobre tu estilo.

   Feminización implica que una Dómina te convierta en la mujer que ella cree que debes ser. Una Dómina no es una mano maquilladora experta que traduce tus deseos sobre tu rostro. Si eso es lo único que deseas, págate una profesional para vivir tu fantasía y listo. En tu perfeccionamiento como hembra, puede que necesites dejar de lado algunas ideas preconcebidas para presentarte como una hoja en blanco en la que una mujer sensual pueda dibujarte.

   Cuando asisto a fiestas mixtas, a veces discuto con supuestas travestis sumisas que llegan con exigencias y autorregulaciones sobre lo que debe ser su conducta y su look. OK, todas tenemos modelos femeninos, yo también los tengo, pero cuando la distancia entre la modelo y tu realidad es un abismo, no esperes contar con mi aprobación. El resultado nunca va a ser positivo. Cuando recién te inicias a jugar en público, y mucho más cuando lo que buscas es la aceptación femenina, es saludable y necesario que le pongas un filtro a la ampulosidad fetichista con la que seguramente fantaseaste durante tanto tiempo. Una sobredosis de femme fatale puede serte fatal y generarte muchas frustraciones.

   Una Dómina puede ser tu mejor asesora, no desde un punto de vista arbitrario - controlador sino erótico - potenciador. Las mujeres sexuadas sabemos como sacar el máximo partido de la potencialidad femenina que habita en nuestro cuerpo biológico. Sabemos qué conviene reforzar y qué conviene esconder en cada caso. Si bien el lipstick y el rimmel son poderosas armas de seducción, también es cierto que debes aprender a usarlas para sacarles el máximo provecho. No todas las faldas ni todos los vestidos te favorecen. Usar tacones muy altos requiere de entrenamiento para poder caminarlos con gracia. No siempre la peluca larga y estridente es la que te va a quedar mejor. Si quieres sentirte mujer entre las mujeres, mi consejo es que al principio dejes un poco de lado a la hembra fabulosa que habita tu mente pero que no guarda ninguna relación con tu propio cuerpo y a la que nunca podrás construir en media hora y con lo poco que conseguiste a mano.

   Cierro esta reflexión que es poco fantasiosa pero muy realista, con una frase de mi amiga sissy sumisa niní, que siempre da en el blanco.

Si bien nadie se trasviste para parecerse a su tía jubilada, también es cierto que es mejor mantener lo verosímil y controlar la audacia de lo que pretende llevarse. Una cosa es una dragqueen que se produce para hacer perfomances y otra un passable crossdresser o sea alguien que intenta pasar por aquello de lo cual se viste.








miércoles, 12 de noviembre de 2014

Crossdressing: el vestirse de mujer (la mujer que me gustaría ser)







I try to dress like a "real" woman. What I don't do is dress like a hooker. No six inch heels, no short miniskirts, no overdone makeup, etc. I think that's the mistake many crossdressers make.

 

Neither crossdressers nor women dress like that by mistake - it's very much on purpose. And aren't hookers real women too?

 

   Cuando tengo un rato libre en Internet, me gusta zambullirme en sitios variados sobre temáticas sexuales o fetichistas. En especial, en los antiguos foros, que permiten un ida y vuelta en ideas que es raro de observar en Facebook. Las dos frases que abren esta columna corresponden al foro Crossdressers.com y al hilo llamado Do you try to dress like a real woman? Como suele ocurrir en los foros, el debate se construye sobre debates anteriores, debates que en los sitios web crossdressers suelen versar sobre 1) consejos sobre moda y belleza, 2) la aceptación o no del crossdressing por parte de las esposas o novias y 3) como salir del closet y pasar como mujer en la calle y la vida real.

   Las dos frases que abren esta columna fueron extraídas de ese hilo de debate y sintetizan dos posiciones opuestas. La primera frase resume la postura predominante, que critica todo aquello que llama excesos en el vestirse o en el maquillarse cuando un hombre se viste de mujer. Conociendo el panorama, no me extraña demasiado: Crossdressers.com es un sitio web norteamericano frecuentado por crossdressers mayores de cincuenta años de ciudades chicas del interior de los Estados Unidos. Un ambiente de estricta moral que tiende a seguir un comportamiento ético hasta cuando se deciden a cambiar de sexo.

   La mayoría de las opiniones resaltaron la importancia del dressing for the ocassion, de acuerdo a la edad y a la situación. De todas las opiniones, me quedo en particular con una, en donde la forista se explaya sobre lo que ella denomina la pubertad trans (Transgender puberty) como un período en el que las crossdressers descubren su lado femenino y en cada oportunidad que tienen se visten y se maquillan exageradamente, recalcando su afeminamiento hasta el detalle buscando ansiosamente sentirse mujeres bellas y deseables. Algo parecido a lo que vivimos muchas chicas biológicas durante nuestra adolescencia, cuando nuestros pechos comienzan a crecer y nos enamoramos de la imagen que devuelve el espejo, mientras acariciamos nuestros erectos pezones. Las chicas cross que viven esta etapa de descubrimiento sensual jamás se bajan de los tacos altos, usan siempre lencería sexy combinada con las faldas más cortas y dedican horas y horas a su arreglo y maquillaje. Muchas quedan fijadas en este período porque su ensueño masturbatorio las colma de satisfacción pero otras evolucionan hacia la passable crossdresser, que desea ser aceptada en público y negocia bajar su nivel de excitación a cambio de pasar desapercibida. Si sueñas con caminar vestida de mujer en la calle o en algún shopping y usar el ladies toilette sin llamar la atención ni tener problemas, éste es sin duda el camino correcto. Su opinión puede resumirse en una sentencia: si tu deseo es vestirte como una mujer real, olvídate de los excesos.

   La otra postura, minoritaria pero combativa, se resume en la segunda frase y enmarca a quienes ponen su fetiche y su placer por encima de cualquier causa. Una de ellas argumentó que los diseñadores de zapatos altos, lencería, maquillajes osados y outfits sexies y fetichistas en general no piensan originalmente en crossdressers cuando desarrollan sus modelos. Lo hacen por y para las mujeres genéticas. Vestirse como una mujer real también es ponerse ropas exageradas y provocativas. Embanderada en esa línea, una segunda voz provocó con un... no sé si mi estilo es el de una trashy hooker, quizás lo sea, pero...quien me asegura que yo no sería una prostituta si hubiera nacido mujer? Acaso las prostitutas no son también mujeres? Lo que desarrolla a continuación es simple pero a la vez muy inteligente: si existen formas correctas y formas equivocadas para el crossdressing, eso significa que para las mujeres también existen formas correctas y equivocadas de vestirse. Si una mujer o una crossdresser elige un look atrevido de esos que son clasificados socialmente como vestirse de puta, pónganle la firma que no lo hace por error, como lo afirma la forista de la primer frase (I think that's the mistake many crossdressers make) Por el contrario, ella lo hace a propósito, sea por interés o por su propio goce. Porqué debería ser considerado incorrecto?

   Querida chica cross que a lo mejor compraste el libreto feminista y luchas contra el estereotipo: me atrevo a recordarte que el vestir de mujer con un estilo conservador y convencional no deja de ser tan estereotipado como lo es el estilo opuesto de la prostituta al servicio del placer de los hombres. Creerse una mujer real porque no vistes como una puta o como una drag queen es venderte a vos misma otra ilusión porque en el fondo del asunto todas las chicas crossdressers no dejan de ser hombres que se visten de mujer. Vestir casual en lugar de sexy no te vuelve más real. Sigues estando a la misma distancia de la mujer real que la muñeca amariconada que espera ansiosamente su salida nocturna para poder pintarrajearse. Cada una a su manera, las dos viven su ilusión de afirmarse a través de un estilo en el que creen que se encuentra el rol femenino y con él, el placer de sentirse mujer.

   Si yo hubiera participado en el debate, a continuación de un emoticon de sonrisa, me hubiera preguntado en voz alta si muchas foristas crossdressers quizás ya estén tan avanzadas en su transitioning que sin quererlo han caído en esa trampa tan mujeril de la envidia femenina hacia la chica sexy que consigue robar toda la atención vistiéndose de brillante negro, pavoneándose femeninamente al caminar o al bailar o cruzando sus piernas ennylonadas para lucir orgullosa sus flamantes y altísimos tacones. Las mujeres critican a la slutty girl porque saben que los hombres siempre le irán detrás. Que la slutty en cuestión sea girl o cross, no cambia la cuestión. Tampoco cambia demasiado que las mujeres que la critican sean biológicas o trans.






Modelo transgirl by Suddenly Fem


jueves, 23 de enero de 2014

Una noche y dos mujeres






   Anoche decidí volver a abrir mi cajita musical y darle cuerda a Mi bailarina privada. No me molesta que mi muñeca venga con pene, por el contrario me gusta que se lo tenga que ocultar en esa tanguita atigrada de lycra que alguna vez fue la parte de abajo de mi bikini. Es que esa antigua magia que guardan las cajas francesas con bailarinas pasivas y estáticas que solamente giran sobre sí mismas ya no tiene ningún misterio para una pareja Femdom que ha decidido llevar a fondo su simbiosis de emociones, gustos, risas y lágrimas y darle cuerda a la confianza y al goce de la femineidad


   La atmósfera también parece haberse vuelto de terciopelo rojo carmín, como el fondo de la cajita musical. De ese fondo aterciopelado emerge un toro hecho luna que levanta a su paso una embriagadora tormenta de feromonas y felina testosterona. El ya es ella, es gemido, manitos enguantadas y orejitas entregadas. Hace calor pero se nota que no le interesa o ni siquiera lo siente. Mi Marilyna (aunque por el largo de su melena debería rebautizarla mi Brigitte), se ha perfumado con una profunda fragancia con reminiscencias de violetas y lilas. Lleva puestas las botas de charol blanco barbarellianas, infinitas, las mismas que alguna vez le compré y que me motivara a escribir esta columna que tan buena recepción tuvo entre mis fieles seguidores. 


   Pareciera que ella es la buena, la inocente enamorada. En cambio yo soy la mala, la calculadora y venenosa. Batichica y Poison Ivy, frente a frente. Pese a todo, debo hacer un esfuerzo para calmarla pues la señorita es un volcán de hormonas femeninas en estado de inminente erupción. Sus labios llenos de gloss brillan en la oscuridad anhelantes, deseando vaya a saber qué clase de saciedad oral. Sus nalgas turgentes por su natura male, me tientan a azotarlas a la inglesa para castigarla por tanta lujuria desbordante. Ninguna novedad, esta clase de chicas son casi siempre más putas que Yo pues tienen un macho calentón en sus cuerpotes,  oculto tras los tules y las sedas. Se la toco y se le para, y erecta, se le escapa de la tanga y me río de sus ínfulas de hembra fatal. Por momentos, dejo de ser la mujer adulta y dominante y vuelvo a ser la adolescente calentona que manoseaba compañeras en el baño del colegio, haciendo un esfuerzo para evitar devorar la boca de mi compañera de banco y ser descubierta en falta. Ella me recuerda a mi misma, entre mis 18 y 20 años, allá por las discos ochentosas, contoneando mis caderas sobre los altos tacones de las botas, luciendo la falda corta con insultante impudicia, con la putez precoz emanando de cada poro. Esa Roxanna que sólo quería divertirse, como cantaba el himno lésbico–puteril de la Cindy Louper. Y ahora también sólo quiero divertirme haciendo que él se sienta esa chica de la noche, la más deseada. Porqué yo sé que en esa sissy late una mujer. Esa mujer platónica, adorada, idealizada, el Nirvana que algunos hombres alcanzan cuando se dedican a  mistificar e idolatrar al erotismo femenino. Porque nunca, nunca encontré a nadie que sea capaz de amar y adorar a la mujer como un  esposo  sissy - crossdresser suele hacerlo.


   Mi Brigitte ya está rendida ante mi absoluto poder, le saco mil fotos avasallándola y ella, ya totalmente poseída, posa como Marylin, ríe como Bettie, se acaricia la melena como Farrah. La volteo, la fuerzo desde su esclavitud  anhelante hasta en un beso sodomizador, y la hago mia. No hay escapes de esa prisión ni voluntad de la prisionera por escaparse. Su cuerpo blando es puro éxtasis, supera mi mirada física y ya casi no la veo en el espejo. Ella es más mujer que yo, más puta que yo, y hasta creo que es más sádica. Por un instante, tomo distancia y siento la típica envidia que a veces nace entre féminas pues en este acto sexual, yo sé que ella es insuperablemente feliz y amada al mismo tiempo. 






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