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sábado, 15 de junio de 2024

Videoteca. Cine Femdom. Sado XXX III

 

   Hoy traigo a mi blog la tercera parte de videos Sado XXX protagonizados por estrellas vintage del porno desde los años setenta hasta casi fines de los noventa, en escenas Femdom, o por lo menos fetichistas. Quienes hoy disponen de una vasta colección de dominación femenina por Internet quizás no pueden imaginarse lo que significaba encontrarse en una película porno convencional, en la era del videocasette, una escena BDSM protagonizada por una dominatriz. Era comenzar a descubrir un nuevo planeta sexual y una insinuación de lo que la dominación proponía; un nuevo mundo de placeres para explorar y descubrir. 


   Las protagonistas de los diez primeros videos son Anita Blond, Dita Von Teese, Gudrun Landgrebe, Shayla LaVeaux, Jenna Jameson, Nina Hartley, Laura Angel, Michelle Wild, Taylor St Claire y Sharon Mitchell.


   Las protagonistas de la segunda parte son Misty Rain, Anita Blond, Lea Martini, Traci Lords, Taylor St Claire, Jeanna Fine, Malisa Longo, Sharon Kane, Jill Kelly, Taylor Wane, Silvia Saint y Shayla LaVeaux.


   Esta nueva colección nos regala a las legendarias Gloria Leonard, Christy Canyon, Seka, Elodie Cherie junto a Lea Martini, Sharon Mitchell, Olinka, Nina Hartley, Taylor Wane, Silvia Saint y Taylor St Claire. 


A seguir disfrutando sin culpas en Sado Sensual y Femenino del más exquisito porno fetichista



Taylor St Claire




Olinka 



Cine Femdom. Sado XXX III


Puesto 10.  Gloria Leonard.

Una escena de dominación encadenada. En sus últimos años de estrella porno, Gloria Leonard se dedicó a actuar como dominatriz. Fusta en mano, le ordena a su sumisa que someta a un esclavo muy bie dispuesto a complacer a ambas. Me produce una cierta ternura ver el momento de adoración de las botas de Gloria, propias de los años setenta, si las comparamos con las imponentes botas de las dominatrices de hoy.





Puesto 9.  Christy Canyon.

No hay demasiado BDSM en esta escena en donde un afortunado muchacho es sometido por Christy Canyon a hacerle un cunnilingus, pero el look sado ochentoso de ella, incluyendo flogger y el uso de esposas,  es toda una invitación a adorarla. 





Puesto 8.  Seka.

Otra escena de dominación mediante cunnilingus, de un esclavo encadenado al suelo, por parte de la rubia platino por excelencia de la primera época del porno, Seka. Al 1:25 min, las dos sumisas que rodean la escena se suman a la fiesta y Seka las dirige y ordena.




Puesto 7.  Elodie Cherie y Lea Martini.

Esta escena es una joya sado lésbica con la que me siento especialmente identificada porque muchas veces hice cosas parecidas en orgías con mujeres sumisas. Elodie Cherie es una carcelera sádica que somete con los dedos a su víctima, la rubia Lea Martini, y luego de mojarlos en los jugos de ella, obliga a lamerlos a una tercera. Si habremos gozado así junto con amigas/novias/esclavas en los reservados de las discotecas swingers de Buenos Aires!


 



Puesto 6.  Sharon Mitchell.

Me pregunto como pudo filmarse una escena como ésta en una película porno convencional de los años ochenta. Una escena que es ideal para Sharon Mitchell, con su belleza andrógina pero que no deja de ser muy transgresora para una época en donde los hombres del porno siempre posaban de supermachos. Randy West duerme en la cama y Sharon aparece como de la nada, armada con un strapon y lo sodomiza sin oposición ni piedad. 






Puesto 5.  Olinka.
 
El porno francés siempre tuvo un toque glamoroso especial que lo diferenciaba del americano standard. Una de sus hermosas estrellas de la primer época fue Olinka (su nombre completo es Olinka Hardiman), rebautizada la Marilyn Monroe francesa. Con el flogger en la mano, Olinka entrega a su esclava como prostituta para el goce de su cliente. La esclava es penetrada arrodillada en el suelo mientras adora las botas de su Ama. Después que él acaba, Olinka se guarda el dinero en el escote y besa dulcemente a su prosti. Este es el sueño dorado de toda sissy, ya lo sé. 




Puesto 4.  Nina Hartley.

Nina Hartley es un caso especial. Una gran estrella del porno convencional que se dedicó en la madurez de su carrera casi exclusivamente al porno entre mujeres, especialmente BDSM, privilegiando su propio placer. Dominante y bisexual en su vida personal, las escenas BDSM de Nina son una delicatesse para los fans del sado lésbico. 





Puesto 3.  Taylor Wane.

El perfecto estereotipo porno de la dominatriz en botas altas, ropa de latex y grandes tetas no va a encontrar mejor ejemplo que  esta escena de la deliciosa Taylor Wane. Hasta en el detalle de la larga boquilla, Taylor exhibe a la sádica fetichista llevada al extremo de la fantasía. Lo mejor de la escena viene al final, cuando se hace adorar las botas por Summer Cummings, su esclava. 






Puesto 2.  Silvia Saint.

Un deleite fetichista - lésbico que se insinúa con sólo ver a Silvia Saint bajando una escalera con el flogger en la mano y calzando altísimos tacones de plataformas acrílicas. Su hermosa esclava la espera atada y se entrega a las caricias de la viciosa Silvia. Dos chicas afortunadas.






Puesto 1.  Taylor St Claire.

Taylor St Claire es una de mis pornstar favoritas de todos los tiempos: por su estilo fetichista, por su actitud dominante y por su predilección por las bellas sumisas a someter. No sólo actuaba así frente a las cámaras: en su vida personal también era Femdom bisexual. Mientras ella se acaricia en su trono, las dos esclavas se arrojan al suelo para adorar sus botas y luego se dedican a lamerla por todos lados, extasiadas como sacerdotisas ante su Diosa. 




   Espero que esta selección sobre escenas de dominación te guste y se sume a las otras que ya están en al videoteca del blog. Espero con gusto tus comentarios.



Taylor Wane, adorada en sus botas de tacón



viernes, 16 de junio de 2023

Historias lesbianas. The Gateways

 

   El hermoso barrio de Chelsea en Londres esconde muchos secretos. Uno de los más fascinantes tiene que ver con un club legendario para mujeres homosexuales que ya no existe pero que es parte de la historia de la ciudad cuando gays y lesbianas debían crear sus propios lugares de fraternidad y encuentro en espacios que por lo general se camuflaban bajo los nombres de clubs privados. Para ellas, el más célebre de todos fue el Gateways, situado en el cruce de King's Road con con Bramerton Street. Apodado The Gates, fue uno de los pocos lugares donde las lesbianas podían reunirse abiertamente durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta.


La puerta verde de The Gates sobre Bramerton St



   Para muchas inglesas, una visita a The Gateways representaba la única posibilidad de experimentar por primera vez la intimidad entre mujeres. No se admitían acompañantes masculinos y el local funcionaba de una forma sumamente prolija y ordenada. Era un club semiexclusivo cuya atmósfera permitía a las mujeres homosexuales o bisexuales sentirse seguras y confiadas en una época en que se les prohibía expresarse libremente y eran frecuentemente expulsadas de bares y restaurantes.

   La fama del club como foco de una naciente comunidad lesbiana se expandió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un gran número de mujeres inglesas y norteamericanas vinieron a Londres a participar del esfuerzo bélico y necesitaban un lugar en donde encontrarse. Aquellos años tuvieron un impacto enorme en la subcultura homosexual. Las chicas jóvenes estaban fuera de casa por primera vez, ya sea trabajando en las fuerzas armadas como personal femenino o en empleos relacionados con la guerra. Distanciadas de la opresión de sus familias pudieron experimentar por primera vez una sensación de independencia. Muchas de ellas provenían de pequeños pueblos en donde debían esconder su verdadera sexualidad y se veían obligadas a intimar con varones a los que no deseaban. El ambiente íntimo del Gateways resultaba ideal para ellas.

   El club era propiedad de un matrimonio, Ted Ware y Gina Cerrato. Era Gina quien estaba a cargo noche tras noche y tomaba las decisiones. Su principal colaboradora era un mujer norteamericana lesbiana que se hacía llamar Smithy, que originalmente vino al Reino Unido durante la guerra como personal militar y decidió quedarse en Londres. Para poder legalmente vivir allí, consensuó un típico matrimonio pantalla, algo bastante común en aquellos tiempos. Muchos sospechaban que en la realidad, Smithy y Gina eran algo más que amigas cercanas y socias en la dirección del club.

   Durante los sesenta, los célebres años del Swinging London, The Gateways vivió su apogeo y era muy popular entre artistas y celebridades; hasta fue visitado por actrices famosas como Joan Collins y Diana Dors. Pero se equivoca quien imagina un ambiente liberal parecido a los clubes gays de hoy. Los testimonios de las asistentes al club afirman que los roles estereotipados se respetaban a rajatabla. Por un lado estaban las butch masculinas y por el otro las femme femeninas y así es como solían bailar y emparejarse. Esa situación tan conservadora se comenzó a modificar durante los años setenta cuando los participantes en el Frente de Liberación Gay (GLF) comenzaron a manifestarse en todo Londres. Frente a esta nueva tendencia, Gina fue tajante: estaba decidida a mantener la lucha por los derechos gay - lésbicos fuera de su bar. Aunque apoyaba la aceptación social de las lesbianas y deseaba crear un lugar animado donde pudieran divertirse, Gina Ware desaprobaba los disturbios y la excesiva visualización. Es leyenda que una noche, cuando algunas mujeres del Front organizaron una protesta repartiendo panfletos en la puerta del bar, Gina llamó a la policía e hizo expulsar a los manifestantes, entre ellos, a varios hombres gay. La controversia fue reportada por Elizabeth Wilson en la publicación Come Together del GLF. Tampoco es sorprendente que las mujeres habitués del Gateways no fueran nada populares entre muchas feministas que veían al modelo de pareja lesbiana que se promovía en el Gateways como totalmente alejado de las causas políticas por las que luchaban.

   Con las libertades que llegaron en los ochentas, las lesbianas ya no pretendían tanto vincularse entre ellas cumpliendo los roles tradicionales de la masculina de novia con la femenina. Las modernas discotecas para gays se ponían de moda en todo el mundo, y Londres no fue la excepción. El modelo de pareja lesbiana promovido desde el Gateways quedó rápidamente demodé. Por otra parte, el vecindario alrededor de Chelsea, alguna vez bohemio y alternativo, se volvió cada vez más lujoso y residencial. Un club con la fama y el ambiente del Gateways ya no era bienvenido. El cierre estaba cantado. La famosa puerta verde sobre Bramerton St. se canceló para siempre el sábado 21 de septiembre de 1985. Ted Ware ya había muerto en 1979. Gina fallecería en el 2001.

 






   En algunos blogs circulan fotos como las anteriores, que dicen ser de las mujeres que visitaban The Gateways. El propio club apareció en la película de 1968 The Killing of Sister George, protagonizada por Beryl Reid, Susannah York y Coral Browne, una de las primeras películas en presentar relaciones amorosas entre lesbianas. El rodaje en el club se llevó a cabo durante siete días, del 9 al 16 de junio de 1968. En la filmación no sólo se incluyó al club en sí, sino también a Gina, a Smithy y a muchas de las chicas socias del club como extras. Actuaron algo rígidas frente a la cámara pero cuando se estrenó la película, para muchas personas fue el primer vistazo de una subcultura lésbica oculta que jamás habían percibido. Desgraciadamente, algunas escenas de sexo fueron consideradas demasiado explícitas y eso impidió que el film pudiera difundirse masivamente. The Gateways y su ambiente también fueron centrales en la novela lésbica The Microcosm (1966) de Maureen Duffy, que también tuvo su adaptación cinematográfica. 

   Con tantas series de época dando vueltas por Netflix y tanto revival por los ya lejanos sesentas y setentas, porqué no soñar con una producción al estilo de hoy que nos recuerde como eran las noches queer de The Gateways?


jueves, 8 de septiembre de 2022

Gia Erótica. La iniciación de Mara

 


   Una vez más traigo a mi blog una hermosa historia de lesbianas, escrita con el singular estilo de Gia Van Roolenoof. Si te gusta leer sobre el sexo entre mujeres, hayas tenido o no experiencias reales, no te la pierdas. Es la cuarta entrada en donde publico textos de esta escritora italiana que enciende las redes con su erotismo de alto nivel. Te recomiendo las historias anteriores que repuse en mi blog en estos enlaces.




   La historia de hoy tiene pocos condimentos BDSM pero mucha fogosidad sexual. Resumiendo la situación: Gia y Verónica son una pareja de Amas bisexuales que han iniciado en los juegos amatorios BDSM a la joven Francesca. Una tarde en Venecia, Francesca se encuentra con Mara una estudiante amiga, a quien presenta a Gia y Verónica. En medio de la conversación y de una cena en donde beben vino y comen ostras, con toda la simbología sexual lésbica que las ostras sugieren, las tres encuentran a Mara muy bella y deseable. Cuando Mara sale de la escena, Gia y Verónica estimulan a Francesca a iniciarla en los placeres de Lesbos. Francesca promete intentarlo. Al día siguiente, cuando vuelven a encontrarse, Gia y Verónica le dejan claro a la joven Mara que son una pareja lesbiana pero Francesca conserva cierto misterio, como parte del plan. Cuando Gia y Verónica se retiran a vivir su fiesta privada, las dos chicas quedan solas y la cacería comienza. Ahí vamos...

 

  ...y dado que ella no había reaccionado mal en el tema de la homosexualidad, animada y sin dejar de mirarla un momento en sus ojos, Francesca comenzó a mover lentamente la mano, desde la rodilla, subiendo por el muslo, hasta el borde de la falda de Mara. La piel de la joven estaba muy caliente, y de ella emanaba un perfume sensual; en un susurro rebosante de lujuria y tranquilizadora, ella le habló: Mara, entiéndeme bien; yo estoy hablando de sexo, y solo de eso. Te expliqué que ya tengo familia, así que no habría complicaciones innecesarias. Conmigo puedes estar tranquila, porque sería como si a veces fuéramos a hacer gimnasia juntas, con la serenidad y la alegría que se tiene cuando tomas un té con una querida amiga. Con una diferencia: en este caso sería una amistad de cama; me entiendes?

- Una follamiga?

- Exactamente; sería solo para divertirnos, sentirnos bien y eso es todo y la cosa quedaría entre nosotras dos, especialmente en la Universidad el próximo otoño, donde sabes que corren los rumores. Créeme: puedes confiar en mí. Siempre que yo te guste; tú a mí sí, y mucho, te encuentro guapa, muy atractiva, y sensual.

   Además de la excitación, en sus ojos, Mara leyó la sinceridad. Debe haber sido por el calentamiento que la había poseído viendo a Gia y Verónica besándose a un metro de ella, o por esa cálida mano femenina que ya acariciaba suavemente su muslo pero ella también se estaba excitando. Manteniendo firmes los ojos en los de Francesca, sonriéndole cautivante, le respondió: Si las cosas son así, no veo por qué no debería intentarlo; ciertamente no me hará resfriar, bromeó. Luego, más seria: Ya sabes, Francesca, siempre me ha atraído lo que es nuevo para mí; sólo las personas ignorantes, enterradas en la mierda de sus prejuicios se niegan a probar. Y, por lo tanto, Francesca, he sido bastante clara, supongo; siento que puedo confiar en ti y no te oculto que siempre he sido atraída por la belleza en todas sus expresiones, que en tu caso sólo puede ser femenina... muy.

   Francesca entendió que ese habría sido el momento adecuado para ser más atrevida: acercó la boca a su oreja y con tono sensual le susurró: Me atraes mucho, ¿sabes? El otro invierno, en la Universidad, me habías impresionado pero entonces, antes de conocer a Gia y a Verónica, aún reprimida por estúpidas inhibiciones, me faltaba el coraje para decírtelo. El otro día tuve mucha suerte de verte.

   Ya no era tiempo de palabras: la boca de Francesca corrió hacia la de ella y la besó. Su lengua respondió y sus bocas permanecieron fundidas durante mucho tiempo. Las manos de Mara pasaron por debajo de su falda, hasta los muslos de Francesca y luego sin atreverse más, salieron a subir por las caderas hasta los senos. En ese contacto con un cuerpo femenino, Mara se sorprendió de estar más excitada de lo que pensaba, y le susurró: Qué suave y perfumada eres Francesca. Después de que las dos siguieron acariciándose durante bastante tiempo, esta última le dijo: Me encanta tu aroma, Mara; ven, vamos para allá, quieres? Estaremos más cómodas. Ella no opuso objeción alguna. Francesca se levantó de allí, la tomó de la mano, y la condujo hacia el dormitorio.

   Para un voyeur ocasional que hubiera visto la escena desde la cerradura, Mara habría parecido extraordinariamente atractiva. Con sus tetas prósperas con pezones oscuros, ciertamente considerablemente más grandes que las de Francesca, su tez bronceada, cabello negro y ojos color avellana, ella se veía aún más sexy cuando descubría sus largas piernas adornadas con medias ligeramente veladas y una liga oscura: espléndido marco para sus nalgas redondas y la vagina llena, parcialmente ocultada por un vellón negro, corto y rizado, que no ocultaba los labios externos.

   Francesca se arrodilló y con la cabeza a la altura de su regazo, sus manos vagaron desde sus muslos hasta las redondas nalgas para apretarlas y acariciarlas; comenzó a besar a Mara cerca del ombligo, luego se movió para cubrirla con otros besitos en los bucles de la ingle, para respirar el olor íntimo que emanaba del carnoso monte de Venus. Esa fruta pulposa era una atracción irresistible y no pudo abstenerse de besarla: comenzó a estimular su clítoris con rápidos movimientos de la lengua, mientras sus manos continuaban recorriendo sus largas piernas, para luego regresar inexorablemente a las prominentes nalgas desnudas. Con los ojos cerrados, como para disfrutar más plenamente de esos masajes licenciosos y efectivos, Mara se inclinó hacia atrás estremeciéndose por el placer debido a esas audaces estimulaciones; sus manos iban al rostro de Francesca, acariciándolo, como a agradecerle la dedicación que ella ponía en regocijar su carne.

   Francesca se acostó de costado, parcialmente sobre el cuerpo de Mara; las dos jóvenes volvieron a besarse y acariciarse con pasión. La boca de Francesca volvió a un seno de su amante, chupándole y mordisqueándole el pezón. Luego le levantó la falda del vestido, dejando al descubierto su vientre desnudo y una mano comenzó a acariciar el interior de su muslo, terminando el recorrido cerca de la vagina, acariciándola suavemente mientras la besaba en la boca; la estimuló durante mucho tiempo, cíclicamente. Finalmente, sus labios alcanzaron otra vez la meta deseada y su lengua, hábil e indecente, comenzó a lamer su clítoris con método y lascivia, recogiendo frecuentemente, con avidez, la secreción que se acumulaba en la unión inferior de los labios internos.

   Con los ojos cerrados y un dedo en la boca para chuparlo, mientras disfrutaba  de ese cunnilingus, gimiendo y jadeando, Mara nadaba en un mar de voluptuosidad. Mientras sentía latir locamente el bajo vientre, territorio sobre el que su amante estaba ejercitando su derecho de conquista, una mano se dirigió a una de sus propias mamas, para acariciar y atormentar ferozmente el pezón. Francesca lo notó; en su mente, aunque nublada por la lujuria, apareció una consideración sádica.


Excelente! Por lo que puedo ver, a ella también le gusta combinar placer con dolor; esto es un buen augurio para el futuro. No veo la hora de ser libre para calentarlo con un látigo... este lindo culito que, por ahora, estoy disfrutando solo con mis manos y boca.

 

   Cachonda más allá de todos los límites, ella acompañó  con dos dedos a la lengua: ni siquiera tuvo que mojarlos con la boca, porque empapada como estaba, la vagina de Mara aceptó que se deslizaran suavemente; y luego sin demora, la penetró. Sin dejar de lamerle el clítoris, empezó a entrar y salir de ella durante algún tiempo, para después no hacerlo más, estimulándola, en cambio, cerca del punto G con sus dedos ligeramente arqueados. Sobre esa cama, que ya había acogido los cuerpos desnudos de Gia y Verónica, Francesca la llevó a arrodillarse a lo perrito, le levantó la falda por detrás del vestido, desnudando sus firmes glúteos para disfrutarlos, tocándolos, acariciándolos, y a menudo apretándolos. Mientras, sin detenerse, comenzaba a lamer su vagina desde atrás, a menudo deteniéndose también sobre el orificio anal, una mano reanudaba la estimulación de su clítoris.

- Dios mío, qué me estás haciendo, Francesca! Nadie ha podido nunca hacerme gozar de esta manera, murmuró Mara en un suspiro, mientras seguía gimiendo: con la cara en la almohada, la mordió para no gritar. Después de todo, ella era sólo una invitada y estaba preocupada de que Gia y Verónica la escucharan, ya que estaban en la habitación contigua. Sin embargo estuvo indefensa: cuando la onda orgásmica se volvió abrumadora, comenzó a gritar como un animal salvaje. No te preocupes, y grita fuerte cuanto quieras, tesoro mío; no te reprimas, la exhortó Francesca, sin detenerse.

   Cuando su conquista se recuperó de ese primer orgasmo, después de volver a besarla, radiante, Francesca la instó: Salgámonos un momento de la cama, vamos, que ni siquiera he podido ver lo guapa que eres sin tu ropa.

- Yo también, quiero mirarte; y también corresponderte. Has sabido hacerme disfrutar como una diosa, Francesca; creo que nunca me he corrido así. Desnúdate, vamos, mientras lo hago a ti: quiero verte completamente desnuda.

   Una a una, las ropas volaron y las dos jóvenes se encontraron completamente desnudas; abrazadas en un estrecho contacto de las bellezas de la otra, entrelazadas, las dos muchachas comenzaron a besarse de nuevo. Para Mara era la primera vez y le gustó mucho sentir el contacto de un suave y joven cuerpo femenino. Interrumpiéndose de besarla para volver a mirarla, le dijo: Tienes un cuerpo muy bonito, Francesca; me gustas. Con al chochito tan afeitado, te veo hermosa; yo también debería hacerlo, creo.

- Aunque tengo tetas pequeñas, dices que te gusto?, le preguntó Francesca algo insegura.

- Serán pequeñas, claro, pero he podido sentir lo firmes que son! Tampoco menciono tus pezones, que son realmente grandes, carnosos; en resumen, hermosos para morirse. Ya sabes, quizás es también por eso que tú me gustas: a diferencia de mí, que tengo las tetas bastante grandes, las tuyas te dan un aire andrógino que me atrapa mucho. Tienes un aire muy intrigante, lo que hace que la nueva situación que estoy viviendo sea aún más especial; de hecho, hasta ahora solo había estada poseída por hombres. Volviendo la mirada para detenerse en su monte de Venus, añadió: Según tú, tus tetas son pequeñas; a cambio, sin embargo, el buen Dios te dio un coño que es una maravilla, Francesca. Yo no tengo labios interiores grandes como los tuyos: parecen las alas de una mariposa que está a punto de despegar. Yo, en cambio, los tengo asimétricos, en forma de corazoncito y se ven pequeños también cuando estoy cachonda.

- Teniendo en cuenta que las gemas preciosas suelen ser pequeñas, será como dices, ¡pero lo tienes tan gordo, que es una verdadera belleza! ¿Sabes que eres la primera hembra con un chochito “nature” con quien tengo sexo, Mara? Tu eres un misterio que me intriga mucho. De hecho, Verónica y Gia siempre me lo sirven afeitados..

   Estimulada, con una sonrisa Mara le preguntó: Pensé bien? Lo haces entre las tres?.

- Se dice que es el número perfecto, no? 


En su mente, mientras tanto Francesca soñaba...Y ni siquiera te imaginas cómo serían cuatro, cariño, lo que espero que suceda pronto. 

 

   En voz alta siguió: Has pensado bien, cariño; excepto cuando tenemos ganas de mimos, algo que creo que es amor, comúnmente lo hacemos todas juntas.

- Además de tener sexo, también os queréis?, replicó Mara, sorprendida.

- Puedes decir con seguridad que nos amamos, Mara; se trata de poliamor. 

- Pero mira! Estaba convencida de que solo podía pasar entre dos personas; te confieso que estoy muy sorprendida, Francesca... y también intrigada. No exagero al decir que me estás abriendo la mente. Dime: te sientes cómoda? En resumen, todo va bien? No hay problemas entre vosotras? Tú sabes bien lo que somos las mujeres a veces: intrigas, envidias, celos, subterfugios, peleas y más.

- Por el contrario; en mi opinión, es precisamente porque no somos exclusivistas, que las cosas van muy bien; y también tienes la demostración: ellas dos están en la otra habitación y ciertamente no piensan que estamos jugando a peinar a Barbie. Luego, prosiguió: Bueno, ahora que nos hemos mirado y sabemos lo que tenemos en nuestras manos, disfrutemos de la mercancía; te parece? 

   Haber frecuentado a Gia y Verónica había sido muy útil a Francesca para hacerla desenvuelta y lanzada, muy distinta de la tímida chica de antaño. Las dos volvieron a apretarse y las manos volaban; en un grito de sorpresa, mientras le acariciaba sus firmes nalgas, Mara le preguntó: Qué tienes aquí?

   Traviesa, ella se separó del abrazo, se volvió y agachándose, exhibió el trasero: Te gusta?

- Es una joya, me parece.

- No cariño; es sólo la parte terminal de un dildo anal.

- Por qué lo llevas? Es bonito.

- Porque tengo que ensancharme en vista de mi próxima desfloración anal.

- Entonces, todavía eres virgen allí. Pero dime, no te molesta tenerlo todo el tiempo?

- Molestia? Placer, quieres decir. Es muy agradable sentirlo moverse dentro de mí cuando camino, hago jogging o me siento; ni te imaginas el placer que devuelve mientras tengo sexo. Deberías intentarlo.

   Dándose cuenta de cuanto apasionadamente Mara acariciaba sus nalgas y extendiéndose con coquetería para ofrecer mejor sus lindos glúteos, Francesca la invitó: Dijiste que querías corresponderme; bueno, primero, te gustaría nalguearme? Me encanta correrme cuando mi culito está muy caliente.

- De verdad quieres que lo haga?, respondió Mara con una carcajada, atraída por esas redondeces suaves: si al instante la chica se sorprendió, al momento siguiente se sintió aún más intrigada. De hecho, agregó: Es algo que nunca he hecho… a los hombres, por supuesto; sin embargo, tú, diablillo, me estás tentando. Francesca ni siquiera le respondió; pero, mirándola con una expresión llena de lujuria, le susurró: Siéntate en la orilla de la cama, que yo me acostaré sobre ti en una posición cómoda. Colocada boca abajo sobre sus muslos, Francesca extendió, altos, sus firmes glúteos desnudos. Divertida por esa situación inusual para ella, Mara comenzó a azotarla tímidamente; pero, a medida que avanzaba, su energía crecía. Después de algún tiempo, le preguntó: Demasiado fuerte, creo; te estoy lastimando?

- Esto es exactamente lo que quiero de ti, Mara: más, por favor; me gusta mucho. Y a ti, te gusta azotar mi desvergonzado culito?

- Como dije, nunca me había pasado antes; sin embargo, debo decir... que sí. No solo me gusta; tengo que admitir que me excita mucho. Tienes un culo precioso, Francesca y por mis caricias, de claro, se está poniendo rojo como un tomate maduro, respondió Mara con la voz ronca por la considerable excitación que se había apoderada de ella.

   Después de darle una docena de nalgueadas, Mara exclamó: Vaya, cómo me estas mojando el muslo! No hay duda de que te gusta, entonces.

- Sabes, para mí, es algo automático: el coño está muy conectado al culo, respondió ella en voz baja, mientras se disfrutaba los golpes.

   Después de un tiempo, pensando que era prematuro exagerar, Francesca salió de allí, y la volcó en la cama; acariciando su pecho, puso la otra mano sobre el bosque de su pubis y le preguntó: Te gusta si todavía te toco aquí? Solo te has corrido una vez.

- Sí, por favor, fue la respuesta que recibió en medio de un suspiro. Empezando a acariciar el interior de sus muslos, Francesca volvió a preguntarle: Y aquí, puedes sentirme? Fue un suspiro el que respondió por Mara.

   Como si fuera una especie de terapia de choque, Francesca la hizo disfrutar por segunda vez con un cunnilingus rápido. Aunque lo deseara, no tenía la intención de apresurar las cosas: la sola idea de ofrecer su sexo a la boca de su nueva amante la hacía temblar de emoción. Sin embargo, para alcanzar ese codiciado objetivo, primero ella tendría que llevarla a una mayor intimidad con su cuerpo. Decidida, la indujo a levantar su torso y luego una frente a la otra, sentadas, llevando un muslo a horcajadas sobre el suyo, para hacerle sentir el cálido contacto de su propia carne, se llevó los dedos a la boca para humedecerlos, luego los llevó a la vagina de Mara y suavemente reanudó a estimularla allí. Cuando ella comenzó a jadear en voz baja, Francesca le preguntó: Te gusta de esa manera también sin mi boca?

- Es diferente de cuando el dedeo me lo regalo sola. Quieres que te lo haga mientras tanto? le preguntó, tímidamente. Aunque Mara fuera una chica brillante y desinhibida, esta nueva situación la avergonzaba un poco. Francesca le tomó la mano y se la llevó a la boca para mojar dos dedos. El mensaje de asentimiento llegó explícitamente y la mano de su nueva amante corrió a prestarle el mismo servicio.

- Nunca he tocado el coño de otra mujer, confesó Mara.

- Qué efecto tiene en ti?

- Eres agradablemente suave Francesca y muy húmeda. Te mojas mucho más que yo.  Gimiendo levemente, continuó: Lo encuentro agradable; muy. Nosotras las mujeres amamos mucho la humedad: flores, plantas; y ahora también una chichi que no sea la mía, bromeó. En ese punto dejando cualquier vergüenza, agregó otro cumplido: Entre mis dedos siento unos labios tan grandes e hinchados que parecen querer darte la bienvenida. Y si es así, sería de mala educación no entrar en la casa; no es así? Y, de todos modos, no importa de qué boca se hable, ya que, en tema de labios, yo creo que el destino de todos ellos es de ser besados. 

   Francesca no lo demostró pero estaba convencida de que la suerte estaba echada. Sin embargo, conocedora del alma femenina, no se apresuró. Poco a poco el ritmo con el que las dos chicas se acariciaban aumentó; se acercaron con el busto y la boca y perseverando en acariciarse los genitales, las dos jóvenes se besaron durante mucho tiempo. 

- Mmm… me gusta mucho sentir mis tetas tocadas por las tuyas; no pensé que entre mujeres pudiera ser tan serenamente satisfactorio y al mismo tiempo, intenso, dulce, le susurró Mara, mostrando una expresión alegre. Francesca pensó para sí misma ...


si nuestra historia tendrá un seguimiento, algo que espero, verás, cariño, qué serena estarás cuando agreguemos un látigo o un spanker a los besos y a las cogidas.

 

   Moviéndose con estudiada lentitud, la mano de Mara siguió dando un ligero pero continuo placer a la vagina de Francesca; esta última agarró su mano mojada y la llevó a su boca. Mientras ella se chupaba los dedos con avidez, Francesca le preguntó: Te gusta mi sabor, Mara?

- Eres sabrosa, Francesca. Tienes un bouquet muy pleno e intenso, diferente al mío y es precisamente esta diversidad lo que hace que las cosas sean más intrigantes. Mira, no soy una ingenua: en la cena, hablando del sabor del mar y del delicado sabor de las ostras, comprendí a qué te referías; en cualquier caso, gracias a ti me doy cuenta de que también me gustan las ostras de las demás.

- Sabes, Mara, pensando en ti... en nosotras, es que desde esta mañana, mi ostra se está preparando para darte mis mejores perfumes, respondió Francesca sin dar más explicaciones. De hecho, estaba segura de que sus fuertes aromas íntimos tendrían un efecto afrodisíaco sobre la novata Mara en las prácticas sáficas. Las dos jóvenes se mostraban encantadas por ese incesante fluir de voluptuosidad que se infundían mutuamente sin tener alguna prisa. Se miraban constantemente a los ojos, divertidas en estudiar las reacciones de cada una a los muchos tocamientos y estimulaciones siempre diferentes y continuaron hasta que, sin poder retrasar más la inevitable explosión, casi sincrónicas y con las bocas fusionadas, se vieron abrumadas por un impetuoso orgasmo mutuo. Después de besarse durante mucho tiempo, ya segura de sí misma, Francesca se sentó en las sábanas frente a ella y le dijo: Vamos, ahora llevemos a nuestras dos niñitas al altar.

- Te lo dije, Francesca: no quiero atarme a una boda!, exclamó Mara riendo. 

- Eres sensual, Mara y para morirse. Vamos, lindo coño, acércate, y pon tu muslo debajo del mío, que ahora vamos a cogernos en serio. Colocada en la posición adecuada, con la vagina en estrecho contacto con la de Mara, Francesca se metió tres dedos en la boca para mojarlos con saliva; luego, se mojó cerca del clítoris para facilitar el frotamiento, y le dijo: Tú te quedas abajo, cómodamente estirada, que yo me encargo de todo. Dicho esto, sin apartar la mirada de sus ojos, Francesca empezó a frotarse con un ritmo cada vez más frenético, cuidando de adherirse a ella lo más posible. Después de que por algún tiempo el colchón tuvo que soportar sus saltos, Francesca recordó las enseñanzas de Gia y le dijo, Además de los labios del chochito, conectémonos bien con los clítoris, vamos.

- A mí me gustan mucho tus tetas, Francesca; aunque no tan grandes como las mías, están muy bien conformadas. Los pezones, en particular, son realmente de ensueño, como ya te dije. 

- En serio dices? Ahora dejemos las tetas a un lado y pensemos en nosotras, en la alegría que siento en mi chocho al sentir tu contacto, respondió Francesca, desde siempre afligida por sus pechos pequeños.

- Y por qué dejarlas de lado, cuando es preferible disfrutarlas? bromeó Mara.

- Entiendo, quieres que apriete a una de las tuyas durante la cabalgata.

   Excepto al principio, la saliva no fue necesaria: incluso si sus vaginas se despegaban rítmicamente para luego volver a besarse, su carne permanecía resbaladiza por efecto de las secreciones vaginales que emergían copiosas e incesantes. Con una mano agarrando uno de sus pechos, y la otra apoyándose en las sábanas, la joven romana no le dio un momento a Mara ni para respirar.

- Dios, que rico! Nunca me había sentido follada de esta manera tan salvaje! Mucho mejor que con los hombres, fue una de las muchas cosas que salieron de una Mara que parecía haberse vuelto loca. No tardó mucho en aparecer un coro de gemidos, jadeos, y suspiros de las dos mujeres, a veces intercalados con chillidos agudos de placer. Cuando alcanzaron otro orgasmo, las dos jóvenes amantes finalmente se conocieron aún más íntimamente. En posición invertida la una con respecto a otra, Francesca encima y Mara abajo, las dos chicas se deleitaron durante mucho tiempo con sus respectivos sabores y aromas vaginales, llegando a otros orgasmos varias veces. Francesca no desaprovechó la oportunidad de dejar a Mara experimentar también la dulzura de un anilingus moderado que, después de una fugaz incertidumbre, su amante le correspondió entusiasmada.

   Finalmente, visiblemente emocionada por esa experiencia, Mara exclamó: Vaya, Francesca! Lo repito: antes de estar contigo, nunca había disfrutado así y durante tanto tiempo. Además, me sorprendí en amar tus olores: todos. 

   Siguiendo el estilo directo de Gia, su mentora, Francesca la avanzó: Incluso los de mi culito? le preguntó descaradamente. Era una pregunta que Mara no se había esperado: Tú hueles bien allí también; de hecho no especifiqué antes por pudor pero dije todos, verdad?, le respondió en un susurro, un poco avergonzada.

- Las cosas siguen yendo bien, entonces; mira que solo estamos al comienzo de los juegos, cariño. ¡Ay de ti si levantas la bandera blanca! Cuando hayamos terminado le serviré un ponche de huevo a tu hermosa “passerina”, para que se recupere, la amenazó, sonriéndole, y luego volvió a besarla....

(Continuará)




La historia completa, aquí. 

https://erosartmalie.blogspot.com/2022/06/la-primera-conquista.html


domingo, 14 de agosto de 2022

Soy Sade y soy Safo




    Lo hago porque me hace muy feliz. Esa es la respuesta directa que doy cuando tantas veces me encuentro frente a un menú de preguntas ajenas que buscan entender cómo es esto de la pasión que me despierta el sexo con mujeres si estoy (y siempre estuve) en pareja con un hombre. O porqué, no importa con quien esté gozando, mi tendencia siempre va a ser dominar.

   Nadie me lo enseñó directamente. No había enseñanzas de este tipo para una chica de Buenos Aires a principios de los ochenta. Lo vivo porque sí, porque esa es mi naturaleza. Desde adolescente, comencé a sospechar la existencia de una maravillosa levedad en mi conexión física con el sexo que no tenía que ver con el tradicional final de la telenovela de la tarde. Mis mariposas no movían las alas cuando la novia escuchaba el remanido Te amaré por toda la vida y después le llegaba el beso del novio. Yo quería más, yo fantaseaba con un jardín tropical de gineceos ardientes. Yo me fabricaba mis propias novelas: eran más sádicas e inmorales que las oficiales, más embarcadas en la femineidad provocadora y más coqueteadas desde la sensualidad de la lencería y los fetiches. Y allí todo parecía encajar a la perfección. Esa era mi fórmula de la felicidad. Mientras muchas de mis congéneres contemporáneas buscaban la felicidad en otros puertos, como esperar el llamado de un novio que te invite a salir, yo ya me percataba que la actitud dominante femenina sería la estrella polar que guiaría mi nave al pleno gozo de la vida.

   En ese antes, porque hubo un antes, yo no era plenamente consciente de mi condición. No tenía acceso a la literatura correcta, apenas si tenía acceso a algún elemento fetichista, no sabía que cosa era una dómina, ignoraba las enseñanzas de las Tigresas Blancas y desconocía las delicias de las prácticas amatorias aderezadas de sado. Pero ya había en mis escarceos sexuales algo que podría bautizar como comportamiento Femdom. Me gustaba jugar a vestir de mujer a mis novios y amantes, los sodomizaba con mis dedos y utilizaba descaradamente todo el poder de mi seducción y mi juvenil belleza para obtener de ellos todo lo que se me antojaba. Mitad en broma, mitad en serio, era el novio de mis amigas y no dudaba en arrinconarlas en baños y dormitorios para besarlas y manosearlas con total descaro. Casi todas se me entregaban entre risas, como naturalmente, como si eso fuera cosa todos los días….A lo mejor, sólo tuve suerte; en otros círculos, con otras compañías, me hubieran aplastado entre censuras y represión y hoy sería otra clase de persona.

   Al no tener referencias demasiado claras, me empapé instintivamente de los modelos femeninos a los que observaba y admiraba. Hermanas mayores de mis amigovias, algunas docentes de idiomas o simplemente mujeres ya hechas a las que tuve la fortuna de conocer en algunos sitios, por ejemplo, en mis primeras noches de baile y discoteca. Yo pretendía imitar ciertas formas elegantes en que se movían y vestían pero lo que más me seducía era la forma en que imponían sus deseos desde su femineidad y las insinuaciones lésbicas que sobrevolaban los elogios que se dedicaban. Ellas fueron mis maestras, las que conmovieron mi corazón y mi sexo adolescente hasta la masturbación en sus desbordes eróticos y atrevidos. Yo imaginaba que para ellas, la ética sexual no estaba asociada a ninguna ética social, sin límites a sus deseos. A la vez, comenzaba a comprender que para jugar en las ligas mayores de la seducción y poder construir sobre mi cuerpo de mujer una obra maestra del erotismo, necesitaba con urgencia descartar las ideas mediocres de las mojigatas soñadoras de ajuares nupciales, que levantaban la voz crítica con sus despectivos comentarios sobre las trolas fáciles, que eran justamente aquellas que yo admiraba. Y en segundo lugar, que requería disciplinar mi comportamiento para hacerlo corresponder a los elevados goces sensuales que me proponía alcanzar.

   Con el tiempo, fui entendiendo. Una dómina es aún más disciplinada y estructurada en su ADN sensual que las supuestas chicas buenas, esas grises y aburridas pacatas de la antiseducción. De hecho, el comportamiento de las Tigresas Blancas se rige mediante un manual que liga al placer con una elevada procedencia de actos estrictos para obtener sus fines. La dominación del otro implica conocerse a una misma en primer lugar lo para así poder extraer el goce dominante.

   Siempre puse mi goce egoísta adelante de todo. Un psicólogo (o tal vez una feminista) diría que obro guiada por una cabeza que funciona como si yo fuera un macho humano. Primero está el placer; si me gustás, veremos lo demás. La cama no es sólo el coito, que a veces parece ser el único momento sexual definido cuando las mujeres hablan de sexo, sino todo el universo de sensaciones placenteras que se desata cuando mi cuerpo se encuentra con otros cuerpos humanos. Mi innato gusto por el sexo lésbico nació de descubrir que las chicas brillamos porque nuestro cielo está repleto de constelaciones erógenas. No hubo rebeldías ni traumas en ese descubrimiento. Sólo una feliz comprensión de mi naturaleza humana.

   Hoy, décadas después, digo que hay que ser audaz para avanzar y no lo digo con arrogancia sino con la enorme fatiga que conlleva haber hecho mi propio camino hacia la felicidad desde un cuerpo biológico de mujer con una mente jodidamente perversa. Ojalá pudiera llorar al ver el último capítulo cursi de la novela turca de moda o emocionarme con algún baladista latino. Pero no aguanto ni el primer bloque ni la primera estrofa, ambos siempre cargados de lugares comunes. Ojalá pudiera encontrar satisfacción donde la encuentra la mayoría de las mujeres que me rodean. Mis frases son otras; son las clásicas de los cabarets, de los boliches ochentosos, de los levantes y de los piropos callejeros. Por eso las siento auténticamente mías. Desbordadas de groserías y de glamour al mismo tiempo, son mi irresistible canto de sirena. Así es como me pongo las baterías de la aventura, de larga duración y que me producen descargas intensas. Me peino la melena, me pinto las largas uñas del rojo más putón, los labios de gloss rosado y ornamento mis pies con unos pumps de tacón alto o mejor, con botas, que a veces me complican caminar en algunos sitios pero me dan placer. La sonrisa de Bettie me ilumina. El potenciómetro de la felicidad se corre a full. Si me masturbo, lo palpito como el goleador del gol número cien, si lo hago con otra mujer es una experiencia para atesorar en mi galería de arte erótico, si lo hago con una chica cross lo siento religión y si lo experimento con un varón esclavo Femdom, es una clase culinaria propia de un gourmet sexual. 

   Si no lo vivo así, me sabe a aburrimiento. A la vida sexual la sigo respirando a través de Sade y de Safo.








sábado, 21 de agosto de 2021

Videoteca. Cine Femdom. Sado XXX II


Estos diez videos de dominación femenina fetichista están en formato MP4 porque incluyen desnudos y escenas de sexo explícito. Son escenas protagonizadas por algunas de las más famosas actrices XXX, casi todas pertenecientes a los años de oro del porno, las décadas de los ochenta y los noventa. Todas ellas son Diosas inspiradoras del mejor sexo Femdom y hace mucho tiempo que quería dedicarles una entrada porque después de ocho años de blog, no pueden estar ausentes en mi videoteca.

Cine Femdom. Sado XXX 


  

Jill Kelly, Jeanna Fine y Sharon Kane, muy fetish las tres



 
   Hoy traigo a mi blog la segunda parte de los videos de dominación femenina porno (cómo me gusta la palabra porno, que deliciosamente prohibida me sigue pareciendo). La primera parte, los diez primeros videos, están en este link y allí seleccioné algunas hazañas bien porno y bien sado de Anita Blond, Dita Von Teese, Gudrun Landgrebe, Shayla LaVeaux, Jenna Jameson, Nina Hartley, Laura Angel, Michelle Wild, Taylor St Claire y Sharon Mitchell. Un seleccionado de estrellas del sexo.   

   Las protagonistas de la segunda parte que presento hoy son Misty Rain, Anita Blond, Lea Martini, Traci Lords, Taylor St Claire, Jeanna Fine, Sharon Kane, Jill Kelly, Taylor Wane, Silvia Saint y Shayla LaVeaux. La única que no pertenece al mundo XXX es la italiana Malisa Longo, que protagoniza una joyita erótica muy vintage, del género nazisploitation, al que me referiré más adelante. Entre las diez, hay escenas de todo tipo pero quienes sean fans del Femdom lésbico de alta calidad, espero que estén a su gusto y las disfruten especialmente. 



Cine Femdom. Sado XXX II



Malisa Longo como dominatriz nazi




Puesto 10.  Misty Rain.

Blue Dahlia (1997) es una película fetish cuasi surrealista que trata sobre las obsesiones sexuales de un fotógrafo con una mujer, una aparición femenina fantasmal, la Blue Dahlia, que es la encarnación de sus fantasías más ocultas. La protagonista es Misty Rain, una morocha lookeada al estilo Bettie Page, pero con todos los accesorios fetichistas: botas por encima de la rodilla, guantes largos y corsette; todo en vinilo negro. Esta es una breve escena en donde ella recibe en sus botas y su culo la adoración de dos esclavos encadenados







Puesto 9.  Malisa Longo.

El nazisploitation es un subgénero cinematográfico que suele ubicarse dentro de las películas clase B de los sesenta y los setenta, que buscaba explotar el costado erótico en los actos sádicos de las crueles carceleras nazis. Un subgénero ya desaparecido por la baja calidad cinematográfica de sus efectistas golpes bajos pero estoy segura que aportó muchísimo al estereotipo de las dominatrices de hoy. Esta escena es del film Fraulein Kitty de 1977, (ver la foto promocional en el encabezado de este post) en donde Malisa Longo es una dominante oficial nazi que regentea un burdel de prostitutas que deben desenmascarar a un traidor al servicio de la resistencia francesa. Malisa, fusta en mano, se hace lamer las botas por quien es, supuestamente, su jefe.






Puesto 8.  Lea Martini y Anita Blond.

Este es el momento del refinamiento y la belleza llevados al extremo, el momento de la exquisitez lésbica francesa. En la primera parte, Anita Blond le recorta el vello púbico a su Ama, Lea Martini, que se acaricia las tetas mientras observa con deleite a su hermosa sumisa. La cámara no pierde detalle del hermoso clítoris de Lea. En la segunda parte, Anita, desnuda y en tacos altos, gatea ansiosamente alredededor de Lea hasta que finalmente ella la pisa delicadamente con sus sandalias de tacón. La película es Paris Chic, de 1997. 







Puesto 7.  Sharon Kane y Jeanna Fine. 

Hollywood Confidential de 1996 (ver la foto en el encabezado de este post) es un video porno exclusivamente sado - lésbico con dos de sus protagonistas que se caracterizaban por cumplir roles Femdom. Jeanna Fine reencaró su carrera a principios de los noventa como una chica morocha de pelo corto, siendo tanto Ama como sumisa. Sharon Kane fue la rubia modelo de revistas de bondage y BDSM, además de actriz. En esta escena, Jeanna está encadenada de pie mientras Sharon la acaricia por detrás, la besa y la goza de todas formas posibles para terminar spankeándola con las manos y con un flogger. 







Puesto 6.  Taylor St Claire. .

Una escena que es casi un homenaje a las hermosas tetas de Taylor St Claire que sobresalen de su corsette de cuero, acariciadas y spankeadas por la fusta de su dominatriz. En los segundos finales, ella se inclina para ofrecer su culo, una ofrenda que su Ama sabe aprovechar. Taylor St Claire fue una de las primeras estrellas del porno que se dedicó casi por completo a escenas fetichistas y BDSM, casi siempre lésbicas. Una Reina para todas nosotras.






Puesto 5.  Jill Kelly.

Otra escena de Hollywood Confidential (1996), ésta vez a cargo de la rubia Jill Kelly. Protagonista de muchos films en aquellos años, Jill tomó su nombre como un homenaje a dos de las protagonistas de Charlie`s Angels de los años setenta; Jill Munroe (Farrah Fawcett) y Kelly Garrett (Jaclyn Smith). En esta escena con fondo de música de jazz, Jill está atada y arrodillada a los pies de su Ama quien juega a hacerle lamer una frutilla escondida en su vagina. Qué mirada de placer y deseo tiene la rubia! 






Puesto 4.  Shayla LaVeaux.

Otra fiesta lésbica de caricias, lamidas de tetas y spanking con flogger  entre una rubia y una morocha; con el morbo adicional de que la escena es al aire libre y que la morocha sumisa es mucho más alta que la rubia Domme Shayla LaVeaux. 







Puesto 3.  Silvia Saint. .

Silvia Saint en botas negras y su amiga Rumika Powers en botas cebra se acercan muy divertidas al pobre Mandingo, atado con ball gag incluido. La escena me fascina porque rompe con aquella idiota convención de que una Dómina no debe ser genital con los hombres. Las chicas primero se hacen adorar y lamer las botas pero luego se dedican a gozar de la dotación imponente del esclavo negro. 







Puesto 2.  Traci Lords.

Traci Lords es una leyenda del porno de la que hay muy pocos videos en Internet  dado que está restringida desde que se supo que había filmado casi toda su carrera siendo menor de edad. Acá aparece vestida de diablita, sometiendo a un "castigado" recién llegado al infierno. Fantasía envidiable para muchos sumisos. 






Puesto 1.  Taylor Wane. 

La Dómina de enormes tetas, largas botas de tacón y guantes es la imponente Taylor Wane. Además de actriz porno, Taylor fue muchos años modelo de revistas y páginas web fetichistas como Bootlovers.  La sumisa es Jessica Jaymes, que aparece arrodillada, torturada en sus tetas y obligada a lamer las botas y el falo de su Mistress. Un gran final para esta selección de diez videos de Femdom erótico que espero te haya gustado y excitado como a Mí me excitó prepararlo.  






Taylor Wane, modelo de Bootlovers


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