miércoles, 7 de septiembre de 2016

Adulterio Femdom (parte II)

  



Es una cosa maravillosa encontrar en la propia y honesta mujer las delicias sensuales que generalmente se encuentran sólo con libertinas o con prostitutas.

Leopoldo Sacher-Masoch

 


Renuncia a esa estúpida pequeño burguesa idea, poco valiosa en ti, que es malo traicionar a tu esposo y tener otros amantes cuando tengas ese deseo.

Leopoldo Sacher-Masoch


   En el Adulterio Femdom, todas las definiciones nos hablan de una naturaleza salvaje en donde la hembra busca el macho más potente y mejor dotado para aparearse con él. Los amantes se llaman studs (padrillos, potros sementales) o bulls (toros) mientras que el marido cornudo es el cuckold, la denominación inglesa para una especie de ave que suele criar en su nido a hijos que no son propios. Las definiciones no son para nada técnicas: nos golpean de lleno en lo animalesco, en lo primitivo y nos remontan al milenario temor del macho humano a ser engañado por la hembra que encuentra el placer sexual en un competidor.


   En la alternativa opuesta al cuckolding, el adulterio del hombre es consentido por una esposa sumisa que se llama cuckquean. Su escasa relevancia pone en evidencia que la raíz del juego del adulterio reside en un tabú que en el caso de las cuckqueans no existe. No hay tabú y no puede haberlo cuando las esposas han consentido a las amantes de sus maridos durante siglos y cuando solamente las mujeres podemos asegurar que el hijo que parimos es nuestro.


   El cuckolding se caracteriza por la actitud sumisa del marido ante los deseos de su esposa antes, durante y después del acto sexual adúltero. Cuckolding no es poliamor, swinging o pareja abierta, todas formas de sexo no monogámico en donde los integrantes de la pareja coordinan su vida sexual desde un plano de igualdad. Hay un componente de humillación en el cuckolding: debe existir un carácter sometedor por parte de la mujer casada y en ese sometimiento viven y prosperan las sensaciones de placer. Esa humillación no suele ser tal en la realidad; es más bien una sensación vista desde el afuera porque todos los maridos cuckolds que conocí (empezando por el mío) están orgullosos y felices de su condición. Ellos aman a sus tigresas, las acompañan en sus correrías y están siempre listos a brindarle todo lo necesario para que ella disfrute libremente de todos los amantes que desee tener.


   A nivel fantasioso, el cuckolding suele emparentarse con la sissificación. Para un marido cornudo, el ser obligado a presenciar el coito del stud con su esposa mientras está vestido de mujer, refuerza la humillación y la destrucción de su imagen viril. De la misma forma, el uso de dispositivos de castidad masculinos que extienden el celibato del marido, explotan al máximo el desprecio por su aptitud para el coito.


    En mi caso, disfruto con mi marido sumiso de la sissificación pero solamente en la intimidad. No mezclo cuckolding con sissificación. En mis prioridades de esposa cuckoldress, él debe cumplir una función práctica como custodio, sirviente y chofer porque para eso lo necesito. Tampoco me interesa ponerlo en castidad pues jamás me privaría del sexo amoroso que él me brinda. El único ritual que exijo luego de un encuentro es una larga sesión de sexo oral para que él sienta con su lengua el aroma del condón que usó el stud.








   Estas son mis definiciones de lo que es y no es el adulterio Femdom. No son definiciones redactadas desde un punto de vista moral, al estilo de los clásicos decálogos del BDSM (El Amo debe velar por la integridad de la sumisa y blah, blah, blah) sino que son consideraciones prácticas, basadas en años de experiencia, que entiendo que deben cumplirse para que el cuckolding conserve el sabor de lo transgresor, su conciencia de tabú milenario y su esencia sexista. 

 

  • Cuckoldress y cuckold deben tener una relación estable y sólida ante la sociedad. Si incluye matrimonio formalizado e hijos en común, mejor.
  • La cuckoldress debe alardear frente al cuckold de sus encuentros con los studs y debe hacerlo partícipe de cómo se viste y se maquilla lo más sexy posible para atraer studs.
  • El stud debe ser más atractivo sexualmente que el cuckold, tanto por su físico como por el tamaño de su pene.
  • La cuckoldress debe dominar al cuckold mediante el adulterio. El adulterio Femdom es una técnica de sometimiento del hombre porque resalta el poder sexual de la mujer. El cuckold debe ser sumiso y sostener la actitud inherente a ese rol. No es un wifewatcher o un swinger.
  • No es recomendable que la cuckoldress tenga un stud fijo. Los roles pueden llegar a confundirse.
  • La cuckoldress puede o no humillar verbal o físicamente al cuckold durante el coito con el stud. 
  • El cuckold puede o no estar sissificado por la cuckoldress como mecanismo de humillación o para reforzar el rol masculino del stud.
  • El cuckold puede o no estar sometido a períodos de celibato y castidad como parte de los mecanismos de humillación.
  • Esté o no sissificado, el cuckold puede o no darle sexo oral al stud para facilitarle la erección. Pero la penetración es privilegio de la cuckoldress por más que el cuckold también desee ser cogido por el stud. El stud sólo sirve a la cuckoldress.



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Adulterio Femdom






jueves, 1 de septiembre de 2016

Violet Chachki, primavera drag


   A los 19 años, un muchacho norteamericano llamado Jason Bardo decidió ser Violet Chachki. Según Wikipedia, eligió el nombre Violet en homenaje al personaje de Jennifer Tilly en el film Bound, donde interpreta a una elegante morocha, amante de un millonario, que tiene una fogosa relación lésbica con una mujer trabajadora (Gina Gershon) mientras que Chachki es una deformación de la palabra yiddish tchochke que representa un objeto que es decorativo por lo bello y no por lo funcional. Toda una declaración de principios para quien fuera la ganadora de la séptima temporada de RuPaul Drag Race en el 2014. Para septiembre, el mes de nuestra primavera, llega a mi blog Violet, una belleza drag.




Enero



Febrero



Marzo



Abril



Mayo




Junio




Julio



Agosto



Septiembre




Octubre



Noviembre



Diciembre



miércoles, 24 de agosto de 2016

La importancia de las ficciones (parte II)






   Una impostura es un engaño con apariencia de verdad. Toda ficción impostora escrita o actuada promueve una suspensión del juicio; el espejismo es creer que lo que está pasando es cierto pero sabiendo que no lo es. Sabemos que Amas y esclavos no son otra cosa que fantasías porque nadie es Ama de nadie. Pero también sabemos que las mujeres somos dueñas de un poder sexual que nos permite someter desde la seducción. Nuestra dominación es una impostura como todas las demás pero se codea con la verdad. Una ficción con ansias de ser real.

   Las sesiones Femdom, siempre recargadas de fetiches y protocolos jerárquicos de adoración, nos recuerdan en algunos aspectos a los antiguos teatros del terror de las ejecuciones públicas que representaban puestas en escena además de patíbulos de sentencia. Había una impostura detrás de la condena del reo porque lo que se buscaba en realidad era grabar en la memoria del público la reafirmación de una autoridad. Así también los ceremoniales clásicos en la dominación femenina buscan tocar desde lo sensorial las fibras más íntimas de quienes participan para alimentar el deseo de someter y de ser sometidos. Ya lo decía Hemingway: no se puede escribir un sentimiento pero podemos recrear aquella escena que lo detona.

   Una vez, un muchacho de unos veinticinco años, me confesó después de un encuentro espontáneo en un reservado de una disco swinger: Yo sólo vine a coger pero desde que la ví, sólo pensé en tener algo, lo que sea, con usted y me quedé con la mente en blanco. Es que para entrar a ese mundo de maravillas de la dominación desde la posición sumisa, se requiere de un ejercicio de suspenso temporario de la realidad para poner la mente en blanco y olvidarse del estado de derecho, de la igualdad de las personas y del consenso en las relaciones.

   Cómo es que las Dóminas, con una combinación de ropas negras y actitudes entre señoriales y autoritarias, nos llenamos de placer y acrecentamos nuestras ansias de someter? Porqué las chicas sumisas y la mayoría de los varones se sienten invadidos por deseos irrefrenables de ser conquistados por Nosotras? Cómo pueden tocarnos estas fantasías de una manera tan profunda? Sólo porque quienes participamos las creemos reales. 

   Una película protagonizada por una heroína de acción busca que el espectador se divierta y disfrute la ficción. Pero a veces se olvida que cuando se quiere explicar o racionalizar un personaje, éste termina siendo poco creíble. El sexo Femdom es una fantasía que provoca placer y diversión a todos los que participan pero si nos ponemos a analizar los costados psicológicos de porqué hacemos lo que hacemos o si pretendemos justificar racionalmente el goce que sentimos, la diversión se termina. Si una dómina se pasa explicando todo el tiempo que en realidad es una mujer como cualquier otra o se empeña en visibilizar sus aspectos menos glamorosos, después no resulta creíble verla montada en toda la parafernalia fetish y exigiendo ser obedecida y adorada. 

   Si el hechizo se rompe una vez, ya no puede ser reconstruido. No rompas el hechizo. No arruines la ficción. No arruines el placer de hacer realidad lo ficticio.



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domingo, 14 de agosto de 2016

Videoteca. Felinas en Catsuits. El nacimiento del fetiche


   Segùn Wikipedia, la historia del catsuit en el cine tiene un remoto antepasado en un film mudo del año 1915 llamado Les Vampires. Pero el mundo los reconoce como una prenda femenina fetish por excelencia en forma masiva a partir de la década del '60 y principios de los '70. Entonces viajemos hacia allá, de vuelta a los tiempos en donde el fetiche del catsuit recién nacía. 

   Estos diez videos son protagonizados por inolvidables divas que representan a todas aquellas que supieron construir una imborrable arma de poder y seducción vistiendo los trajes de gata sensual. Mis elegidas son Mamie Van Doren, Ursula Andress, Brigitte Bardot, Rosanna Podestá, Ann Margret, Jane Fonda, Mónica Vitti, Diana Rigg, Marianne Faithfull y Julie Newmar.


Felinas en Catsuits. El nacimiento del fetiche.



Marianne Faithfull











Jane Fonda




Mamie Van Doren




Felina 10. Mamie Van Doren. Guns, girls and gangsters.


El afiche del film de 1959 la promocionaba como Blonde dynamite! Una rubia platinada cantante de cabaret de Las Vegas, envuelta en un triángulo amoroso entre gangsters. Mamie luce un catsuit en strapless y brazos descubiertos en este número de music hall, Cualquier cosa que tu corazón desee, rodeada de bailarines  que la miman y la adoran.






Felina 9. Ursula Andress. What's new, Pussycat?


El primer guión que escribió Woody Allen en su vida, para una comedia poco recordada que simboliza el cine de los swinging sixties. Peter O'Toole es el director de una famosa revista de moda parisina y se ve constamente asediado por tres bellas de la época: Romy Schneider, Capucine y Ursula Andress, que ya era famosa por su actuación como la primera chica Bond en The Satanic Dr No. En la escena, Ursula intenta seducir a Peter estirándose en la cama y jugando con sus pies, una rubia pantera ajustada en su catsuit con estampado de serpiente.







Felina 8. Brigitte Bardot. Comic strip.


Un video raro para una rara Brigitte con una hermosa peluca negra en lugar de su clásica melena rubia y transfigurada en una heroína de comic vistiendo un catsuit lila, la capa y las infaltables botas altas, en medio de coloridos globos al mejor estilo camp de la serie Batman. La canción es de Serge Gainsbourg, su pareja de entonces, que aparece con ella en el video y está incluida en su álbum de 1968 titulado Bonnie & Clyde.







Felina 7. Rossana Podestá. Seven golden men strike again.

Rosanna Podestá fue una de las más bellas actrices italianas de los años cincuenta, consagrada en films mitológicos como Ulises (1955) y Helena de Troya (1956). En esta comedia de 1966, se calza el catsuit negro para formar parte de una banda un tanto atolondrada de supuestos gangsters que se ven mezclados en un turbio asunto con un dictador sudamericano.





Felina 6. Ann Margret. Tommy.


Un film clave en la contracultura de los primeros setenta, dirigida por Ken Russell y con un casting rockero de lujo que incluía a Tina Turner, Eric Clapton y Elton John además de los cuatro The Who originales. Esta es la célebre TV scene, una de las escenas más fuertes de toda la película en donde la sexy pelirroja, en pleno trip de alucinaciones, toma champagne envuelta en una lujuriosa capa de pieles que dejan entrever su sexy catsuit blanco mientras intenta inútilmente huir de la imagen de Tommy que la persigue desde la pantalla de su televisor.






Felina 5. Jane Fonda. Barbarella. 


Uno de los tantos looks futuristas que Paco Rabanne diseñó para Barbarella. Un catsuit blanco con accesorios plateados y rojos muy propio de la época. El traje que exhibía las curvas de Jane al detalle preanunciaba la llegada de las heroínas espaciales en catsuits que protagonizarían tantos éxitos de ciencia ficción en los años setenta y ochenta como Jane Badler, Ornella Muti o Dorothy Stratten. 







Felina 4. Mónica Vitti. Qui commincia l'aventura (Blonde in black leather).


La historia de la chica motoquera vestida de pies a cabeza de radiante cuero negro que levanta a otra en un lavadero (Claudia Cardinale) y juntas buscan su destino en la libertad de las rutas italianas. Esta escena es un monumento al fetichismo: un joven lustrabotas se dedica, con esmero y dedicación propia de buen sumiso, a lustrar el catsuit de Mónica poniendo especial cuidado en las tetas mientras la bella rubia refleja en sus ojos verdes cierta incomodidad que no le impide dejarse llevar por el placer.








Felina 3. Diana Rigg. The Avengers.


De ella se dijo que era más británica que tomar el té de las cinco mirando al Big Ben. Nacida en Yorkshire en 1938, Diana parecía marchar hacia la consagración en la escena teatral shakesperiana de Londres cuando decidió presentarse en 1963 a un casting televisivo. La consagración la alcanzó entonces pero no fue sobre la tablas del Globe sino en las pantallas de la TV donde Diana y su coequiper, el inolvidable Patrick McNee compondrían una pareja de detectives inigualable, plena de glamour y fetichismo ella y un verdadero gentleman él, con el aderezo del sense of humour típicamente inglés que fue la marca registrada de una serie que sigue sumando legiones de fans después de cincuenta años de emitida. Sobre fines de los sesenta y en los años setenta, Diana retomó su carrera teatral y tuvo algunos éxitos en el cine; el más recordado fue ser chica Bond en On Majesty's Secret Service donde encarnó a la condesa Teresa, la única que hasta la fecha fue capaz de llevar a James Bond al matrimonio. 








Felina 2. Marianne Faithfull. The girl on the motorcycle.


Naked under leather (Desnuda bajo el cuero) fue el otro título con que se difundió este film fetichista, un clásico de la vanguardia de mediados de los sesenta. Nunca imaginé que terminaría siendo una película de culto dijo Marianne hace un tiempo al recordar la obra de Jack Cardiff que sellaría para siempre la relación entre el catsuit de cuero, la rubia en la moto y el deseo sexual. It's like skin. I'm like an animal, susurra ella extasiada, en el climax. Su expresión orgásmica al meterse desnuda dentro del catsuit, cerrar la cremallera y tomar el casco para montar su Harley Davidson, definió para siempre a un género entero de bikegirls rebeldes que huyen buscando la libertad. La escena con los oficiales de la frontera y el encuentro con su amante Alain Delon son otros momentos de regodeo fetish para el ojo de la cámara.






Felina 1. Julie Newmar. Batman.


Ella es sexy, rápida, está siempre alerta, es inteligente, sagaz y también una embaucadora sorprendente y vistosa. Tiene un cuerpo que usa inteligentemente y es dominante, exactamente como un felino. Además el show te daba la oportunidad de ser verdaderamente mala e indecente, cosa que sólo las actrices de cine clase "B" podían hacer en esa época y a mí me resultaba muy divertido.


Julie Newmeyer nació en California en 1933 y fue el prototipo de la big beautiful woman con sus ciento ochenta centímetros de altura y una portentosa figura de reloj de arena ganada durante sus años de bailarina y coreógrafa. Tras algunos éxitos menores en el cine, tuvo la fortuna de estar en el lugar y en el momento exactos para ser llamada por los productores de Batman a protagonizar a la villana más hermosa y sexy de todos los tiempos. Desde su aparición como Catwoman, su éxito fue tal que el catsuit y su personaje han pasado a ser sinónimos. Quienes conocen la historia detrás de las cámaras, saben que fue la propia Julie quien hizo modificar el diseño de su traje para que el cinturón cayera sobre sus caderas y no en la cintura para así aumentar el efecto visual de sus prominentes atributos que se aprecian mejor que nunca en los lujuriosos segundos que van de los 1:42 a los 1:55 min.







   Y si hablamos de catsuits y de la vieja serie Batman, no podemos olvidar a la bella y deliciosa Batichica Yvonne Craig, fallecida el año pasado. Montada en su moto y enfundada en su catsuit violeta, llena de colorido e ingenuidad, Batichica es hoy un prototipo de sumisa naive, el alter ego perfecto para la pérfida Julie. Aquí están las dos juntas, componiendo una verdadera sinfonía de gracia y fetiche.







   El catsuit original que Julie vistió en la serie se exhibe desde el año 2008 en el tercer piso del Smithsonian Institute, como parte de las colecciones del National Treasure of Popular Culture. Espero algun día poder visitarlo.




Julie Newmar  presentando su catsuit en el Smithsonian Institute


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