jueves, 14 de noviembre de 2013

Las Señoras y la caja de Pandora








   Potencialmente, la palabra puta es como una caja de Pandora. En lo que hace a su fonética, me encanta escucharla de parte de mis enemigos porque sé que me lo he ganado en buena ley. Pretendo, casi con un ciento por ciento de éxito, que muchos me identifiquen con esa puta que les quedó pendiente en su vida, esa perra inalcanzable, inaccesible.

   Lo divertido del caso es que en mis encuentros con partenaires sexuales en los que realmente soy puta (o por lo menos, me muestro como tal), me gusta que se refieran a mí como dama o señora. Y para aquellos que me ven como una señora casada con familia pero a la vez tejen sospechas sobre mi sexualidad, ahí sí me gusta referirme a mí misma como puta. Para mi cornudo esclavo marido, soy la más puta de las señoras en la sociedad y la más señora de las putas en nuestro dormitorio. Cuando tengo sexo o sesiono a una chica crossdresser o travesti, me gusta tratarla de señorita puta o de putita. Con un sumiso al que reconozco como hetero, me gusta abordarlo por detrás y tratarlo de puta con un claro mensaje humillatorio. A algunas mujeres, suelo encenderlas cuando las trato de putas, las libero de tabúes y les despierto sus reprimidas feromonas. Pero en todos los casos, la palabra puta es un premio, hay que ganárselo, no se lo merece fácilmente.

   Mi habitualmente citada Niní (a.k.a sobrelafalda) expuso una vez en un debate de Círculo BDSM que lo que en nuestro castellano solemos catalogar como malas palabras son en realidad aquellas vinculadas a lo genital, a aquello que por pudor suele mantenerse oculto y sale a la luz de una forma no sexual, deliberadamente chocante y despectiva.  Con el tiempo, el uso común ha ido mutando el significado y hoy decir hijo de puta apunta más a un carácter negativo que a una condición social. Hasta suele verse como un elogio, un sinónimo de picardía e ingenio cuando en realidad; la historia de la palabra tiene que ver con la bastardía, con la condición de hijo ilegítimo, de no pertenecer legalmente a la línea patrilineal con las correspondientes dificultades para heredar y para ser reconocido en sociedad.

   Usamos puta para describir tanto a la mujer que vende su sexo a cambio de dinero o favores como a la mujer cuyo gusto por el sexo  le hace rechazar una relación convencional monogámica. En tiempos no tan lejanos, esta última era una ninfómana o tenía la fiebre uterina: definiciones urticantes para reconocer como enfermedad al deseo sexual femenino que escapaba de lo establecido. En ambos casos, sea prostituta o ninfómana, esa mujer no tenía valor matrimonial porque nunca el hombre que se casara con ella iba a poder estar seguro de que su descendencia iba a ser suya.

   El idioma inglés en cambio tiene un vocabulario sexual mucho mas interesante. Whore o hooker describe a las trabajadoras sexuales mientras que bitch lo hace con aquellas que descaradamente obtienen ventajas a partir de su sexo y slut se refiere ya a la cuestión candente del deseo femenino. Una prostituta lo hace por dinero, porque le conviene, no por el gusto. La moral de la prostituta que piensa así resulta ser la misma que la de las llamadas mujeres decentes. Por eso, la prostituta nunca fue una amenaza para la sociedad mientras estuviera restringida a ciertos barrios y a ciertas zonas porque se sabe lo que es y sobre todo, lo que representa. Ellas lo hacen por la paga, no por el deseo.

   El sexo por amor a la pareja constituida (fundamentalmente reproductivo) o el sexo por conveniencia; he aquí las opciones posibles. El problema insoluble aparece con la slutty girl que lo hace por el placer, indiscriminadamente. El deseo sexual femenino tiene entonces la capacidad de desatar una verdadera catástrofe social porque puede llegar a poner en duda la capacidad del hombre para satisfacer sexualmente a una mujer. Aún en círculos supuestamente más liberales como el swinger, el deseo femenino aparece presentado de una forma correcta y previsible. El protagonismo femenino en el intercambio de parejas suele limitarse a un preludio lésbico para excitar a los hombres que serán los verdaderos protagonistas del  sexo cruzado. Pero una orgía lésbica o un gang bang - bukkake (en donde una mujer goza sexualmente de la ofrenda sexual de varios hombres) le ofrece a ella la oportunidad de gozar del sexo sin límites. El BDSM también refleja ingenuamente esos prejuicios. La conducta libertina es promovida y aplaudida pero sólo en sumisas porque el libertinaje femenino debe depender en última instancia de la voluntad de un hombre.

    A las Dóminas en cambio, nos enseñan que debemos saber conservar cierta dignidad. Me han señalado muchas veces la supuesta contradicción entre mi carácter de Dómina y mi gusto por el sexo al estilo slutty. Se supone que una  dómina no debe ser sinónino de sexo, que una dómina se debe hacer valer, que debe poner cierta distancia entre ella y la carne sexual. Pero resulta que Yo me defino como Dómina no debido a la gracia y entrega de un sumiso sino por mi absoluta libertad para cumplir con mis deseos y ejecutarlos sin rastros de pudores ni éticas ajenas. Por lo tanto, no me siento alcanzada por aquellas sentencias y por supuesto, disfruto violándolas. Mi poder no es fruto de una cesión consensuada; es el poder de la Pompadour y de Wanda, de Marlene y de Mesalina. El temible y omnipotente poder de Isis y Afrodita. El poder que disfrutamos las señoras que elegimos divertirnos con el sexo, las que abrimos la caja de Pandora: señoras  sensuales, femeninas y muy putas.



Joan Collins en The Bitch

8 comentarios :

  1. La columna sufrió algunas ediciones en título y gráfica para que pudiera ser aceptada en redes y portales.

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  2. Creo que la mujer Dominante mantiene su dignidad y su sometido es el que debe emputecerse.

    A sus pies.
    sumiso pe

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  3. Nosotras no somos nada convencionales y ser tratada por ti como tu putita es todo un honor y verdadero placer el poder servirte mi queridísssima Mistress Roxy.
    muaaacsssssss

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  4. Mi mademoiselle putita, estoy segura que no te negarías a nada de lo que te ordenara tu Madame.

    besos, muñeca

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  5. Que gran articulo como siempre. la clave está en el deseo femenino como bien dice usted Mistress Roxy, aún hoy una mujer que piensa en sexo igual que un hombre no debe decirlo ( y casi ni pensarlo) publicamente porque eso "no está bien". El deso femenino crudo y puro todavia sigue siendo visto como algo peligroso. Sin embargo, los sisssies adoramos a esas mujeres porque en el fondo sabemos que son poderosas, superiores y maravillosas y ademas...nos tratan como a putitas dispuestas a servirlas. Besos

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  6. "Sin embargo, los sisssies adoramos a esas mujeres porque en el fondo sabemos que son poderosas, superiores y maravillosas y ademas...nos tratan como a putitas dispuestas a servirlas"

    gerita, lo tuyo es la perfecta síntesis de la felicidad que las Madames gozamos con nuestras "chicas" feminizadas..tan putas como nosotras.

    besos

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  7. Estimada Mistress Roxy he realizado un análisis de este artículo y me gustaría en algún momento usted me dijera si estoy en lo correcto o no en mis conclusiones. Como así también me gustaría saber a quién se refiere cuando menciona a Marlene.
    Le deseo un muy buen fin de semana y acá el acceso al Link de mi comentario:
    http://miodeella.blogspot.com.ar/2013/11/la-palabra-puta-es-como-una-caja-de.html

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