Seguro que los conocés, y si no los conocés, seguro que los leíste. Son los eruditos del BDSM. Los oráculos del sado.
Son los que han llenado el BDSM en Internet con su florida verba llena de frases elegantes y pensamientos profundos. La gran mayoría son hombres dominantes (o dicen serlo). Hacen gala de su rol responsable, del cuidado que ejercen sobre su sumisa durante las sesiones, del compromiso personal que representa su modo de relación. Para ellos, dominar es dar un ejemplo de vida, ser un mentor que guíe a sus discípulas por el sendero del crecimiento personal. Si hubo un tiempo no muy lejano en que el ambiente BDSM estuvo marcado por el discurso duro de algunas Dóminas y abundaban frases del tipo eres la nada misma, no eres digno ni de limpiar la suela de mis botas, gusano insignificante, ahora la rueda ha girado y estamos en un tiempo de BDSM progresista en donde los derechos del sumiso parecen ser la piedra fundamental de toda relación.
El sumiso es realmente un sumiso cuando se encuentra en una relación sostenida en el tiempo, protegido por su dominante como si fuera un oso panda en una reserva de vida salvaje en extinción. Así es como el Dominante demuestra ser digno de la tan apreciada entrega del sumiso. La entrega es ese intangible misterioso que parece representar el valor supremo. Asimismo, el collar es el símbolo social de esa relación en el mundo BDSM pues representa la entrega de dicho sumiso a su Dominante y la responsabilidad del Dominante sobre dicho sumiso.
Dichos eruditos cuentan, por supuesto, con la inestimable colaboración de muchísimas mujeres que proclaman a los cuatro vientos sus convicciones de que así es como debe ser el verdadero BDSM. Desde la imaginaria esquina en donde se cruzan las calles Afrodita y Sade, yo les contesto que no son otra cosa que una versión remozada y apenas un poco más kinky de aquellas viejas chicas buenas, acarreando la tradicional aversión femenina a gozar del sexo por fuera del marco de una relación, so pena de ser tachada de chica fácil. Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que leí en los foros la bendita frasecita No sé quien dijo que el BDSM es sexo fácil pero yo sigo sin poder entender la razón por la cual el BDSM debería ser sexo difícil, suponiendo que el sexo nos gusta. En fin, ellas sabrán.
Mi definición de dominación exige que alguien se rinda ante Mí durante una relación sexual y de esa forma poseer el poder de llevar adelante las acciones. La entrega que yo quiero, la única que me importa, la única que acepto es ese poder porque lo único que me importa de un sumiso es su capacidad para brindarme placeres sensuales en la forma y el momento que a Mí me plazcan. Justamente por eso es que lo llamo sumiso. No me interesa que me presenten, como si fuera un tesoro invalorable, una pseudovirginidad adolescente de la que debo demostrar ser digna. La entrega que yo exijo no implica necesariamente que deban existir valores de vida compartidos entre las partes. Para relaciones humanas profundas, para amistad, para diálogos sinceros y enriquecedores, habrá otros momentos (y quizás otras personas).
Implica esta postura una despersonalización del sumiso? La cosificación de una persona? La degradación de un ser humano convertido en un juguete para luego ser descartado? Dónde están, si están, los valores humanos?
Los que así juzgan (y son legión en el mundo BDSM, sobre todo en su rama femenina) suelen pasar por alto que quienes sostenemos esta postura, lo hacemos desde la premisa que el sumiso es un ser adulto y sexuado que, en pleno goce de sus facultades y capacidades, ha elegido ocupar ese lugar porque así lo desea. Su experiencia de goce sexual es intransferible y personal así como su placer de sumiso es complementario del Mío. Hipócritamente, los que dicen defenderlo son los que en realidad lo degradan desde el vamos pues le niegan su capacidad de raciocinio y su decisión libre y soberana de vivir una experiencia sexual de sumisión diferente de aquellas pontificadas desde los púlpitos del BDSM.
Cuando allá por los años ‘80, gracias al video hogareño, el porno norteamericano comenzó a transformarse en una gran negocio, se agudizó el ataque de los grupos feministas que promovían distintas formas de censura argumentando que la dignidad de la mujer estaba siendo atacada por la industria del porno. Gloria Leonard, legendaria actriz de aquellos años, en lugar de defenderse de dichas acusaciones, contraatacó inteligentemente respondiendo que prohibirle actuar en el porno o censurar sus películas implicaba un ataque a sus derechos civiles. Lo que Gloria estaba diciendo entre líneas es que ella no tenía porqué aceptar cuestionamientos que estaban basados en una moral que no era la suya y mucho menos permitir que esa moral ajena afectase el derecho de hacer con su cuerpo lo que le viniera en gana.
En la línea de mi ilustre antecesora Gloria, ni Yo ni mi dominado marido ni los sumisos que me complacen aceptamos cuestionamientos ni bajadas de línea basados en una moral BDSM que no es la nuestra. En Afrodita esquina Sade somos todos adultos y nadie obliga a un sumiso a someterse a Mis caprichos ni nada me compromete a Mí a aceptar una relación mas allá de los orgasmos. No exijo otra cosa que su entrega sexual y no pienso aceptar ninguna otra que implique responsabilidades porque afirmo que un sumiso no es un púber que necesite ser guiado ni protegido. En Afrodita esquina Sade, vivimos los paganos que no aceptamos las reglas de la religión oficial del BDSM. Sé que somos pocos ...o lo mejor no tan pocos.