Un objeto fetiche es un objeto mágico. Su carácter mágico reside en que no se explica racionalmente el placer que se siente al poseerlo, al usarlo o al coleccionarlo. El pagar el precio también es parte del placer. Así piensa un auténtico esposo fetichista de su esposa Ama porque sabe que el objeto va a ser disfrutado por la mujer que él ama, por la mujer que lo domina con su seducción. La mujer a la que él ve como más que a una mujer. La mujer que es su personal Diva.
Ella es la diva de sus fantasías pero nunca hay que olvidar que ella es real. Las Divas no somos comics eróticos, somos mujeres reales.
Ellos disfrutan dedicando su vida a Nosotras que a su vez alimentamos su deseo por complacernos con nuestra altanería y nuestro divismo. El fetiche suele ser la conexión entre los dos extremos y la dominación financiera hogareña es el delicioso licor que mantiene esa conexión lubricada de una forma tan injusta, tan desigual y por esa misma razón, tan placentera para ambos. Para muchas mujeres, el tributo o los regalos que exigimos son parte existencial de la relación de dominación que establecemos con los hombres. Así es como siempre nos mantenemos dentro de un status que disfrutamos; una vida plena de detalles femeninos de auténtico divismo que los hombres sumisos adoran compartir desde su privilegiado rol de mayordomos que vigilan que todo marche como debe ser.
La exhibición explícita de nuestro poder en actitudes y poses de Divas suele ser la gota que rebalsa el vaso de la condena hacia esta clase de dominación sexista. Pero qué puede ser más dulce para una mujer sádica que ser mirada con odio y rechazo por sus congéneres en el nombre de una moral ajena y mediocre, tan mediocre como aquellos y aquellas que la predican?
Nunca falta el testimonio de un marido sumiso como el mío para contar que cargó una mochila llena de zapatos de tacón y sensual lencería durante un viaje larguísimo en avión porque no quería despacharlos en la valija por temor a que se pierdan. Siempre está presente alguna Dominante que, como al pasar, nos recuerda que su marido y su segundo sumiso se dedican a cumplir todas las tareas domésticas y a ocuparse de todos los gastos necesarios para que ella goce de una vida relajada y agradable.
Uno de los tantos charlatanes que suelen pulular en los foros de Internet y las comunidades del BDSM oficial en castellano, escribió una vez una columna criticando lo que él consideraba el divismo de las amas y se refirió despectivamente a las actitudes del estilo diva style ridiculizándolas con la frase soy dómina, uso tacos altos y el mundo es mío. Mi sumiso marido cheshirecat, cuando se decidió a responder en aquel debate, lo sentenció con las siguientes palabras: Para mí y para muchos más, ese divismo es la piedra fundamental de la forma en que vivimos la dominacion femenina. La mujer con actitud y exigencias de diva nos atrae, nos seduce, nos excita y nos brinda las mejores y más placenteras relaciones sexuales.
Es una forma de vivir el sexo y las relaciones humanas tan simple y sencilla que sólo la triste envidia impide comprenderla. A Nosotras, ellos nos gustan sólo si son sumisos. A ellos les gustamos Nosotras y sólo Nosotras. Si no fuéramos Divas, no les gustaríamos.
Le style, c´est moi!
Cocó Chanel
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