Soy una mujer que desde muy chica se sintió atraída por todo aquello que hoy, teorías de género mediante, podemos llamar la construcción normativa de la femineidad occidental. Para mí, el pasaje de niña a mujer fue extremadamente placentero y divertido porque no sólo implicaba volverme dueña de una sexualidad multiorgásmica. También me daba la posibilidad de explorar todos los poderes femeninos que se me presentaban desde la seducción. No era solamente reconocerme bella desde mi cara o desde las curvas de las tetas y las caderas; la condición de mujer me daba el boleto de entrada al mundo de la moda sexy, la lencería, los maquillajes, los zapatos altos y las actitudes seductoras que tanto me habían atraído en las mujeres que admiraba cuando era chica, cuando empezaba a descubrir la existencia de una conexión indestructible entre la femineidad y la belleza y de ambas con el poder.
En aquellos años, yo no era consciente de que a muchos varones les eran negadas las mismas atracciones hacia lo femenino que yo sentía. Hoy, habiendo pasado muchos años y experiencias de vida, con familias felices formadas o cargando divorcios conflictivos, me los encuentro en fiestas alternativas pero sorpresa!, ahora ellos también se vienen vestidas de mina. Maquilladas a full, con pelucas vistosas y lookeadas como reinas de la noche, gozan la clandestina libertad condicional de sentirse por un rato mujeres deseadas para después volver como varones a su mundo laboral y familiar cuidando de no dejar rastros de la noche divertida.
En el juego de ellas, no hay cuestionamiento de mandatos ni de normas de género. Tampoco les he encontrado algún interés en las muchas variantes de la diversidad sexual. No pertenecen al ambiente gay ni tampoco desearían ser transexuales. Son muy respetuosas del concepto binario clásico hombre – mujer y el placer reside justamente en saltar de uno a otro, sin mezclarlos jamás. Para ellas, ser mujer es cumplir al detalle con un estereotipo femenino que para la mayoría de las mujeres biológicas ya está pasado de moda. Un estereotipo que define a la mujer desde la artificialidad y que es abominado por muchas feministas. Ese es su pasaporte a un mundo secreto de delicias prohibidas.
Siempre están las que necesitan ponerse encima toda la parafernalia femenina para poder dejar fluir con libertad a sus deseos homosexuales. Pero me inclino a pensar que para muchas de ellas, levantarse un chongo no es el objetivo de la noche sino apenas un complemento a esa imagen de seducción que se autogestionan desde la fantasía. Como muchas de nosotras cuando nos descubrimos mujeres en la adolescencia, las crossdressers están enamoradas de su propia construcción, de su rol, de su espejo. Lo viven como una experiencia erótica y fetichista o como unas vacaciones divertidas después de tantos años de cumplir con un aburrido y asexuado rol masculino. Sus acompañantes varoniles sólo vienen a completar la foto. El sexo puede estar o no, pero no importa tanto.
La pasión con que millones de chicas cross en todo el mundo llenan las redes sociales con sus fotos es la mejor prueba que la femineidad está llena de actitudes, colores, poses y texturas que son capaces de generar placer. Hay una sensualidad fetichista propia del mundo femenino que excede el terreno de lo simbólico. Es algo real, que se toca y se siente. Es placer físico.
Ponerte uniformes, caminar sobre tacos altos moviendo el culo, jugar por un rato a ser una dama, una puta, una secretaria....cuando te ves arreglada frente al espejo de acuerdo a tu fantasía femme, te sentís linda y sentirte linda, además de darte placer, te da regala un morbo adicional. Te sentís deseada como mujer por vos misma.
A través de la ropa de mujer, de las pelucas y del maquillaje, algunos hombres consiguen acceder al goce de un poder erótico que la biología les ha negado. El poder sensual de la femineidad. Ojalá muchas mujeres que conozco se inspiraran en ellos como ellos se inspiran en las más bellas de nosotras.

Being female is a matter of birth. Being a woman is a matter of age. But being a lady...that's a matter of choice.