A principios del siglo veinte, Paul Poiret era considerado el rey de la moda parisina y sus diseños marcaban los gustos y las tendencias. Poiret, nacido en 1879 y fallecido
en 1944, es hoy considerado el responsable de la eliminación del corsette trassiglos de tiránico reinado oprimiendo cinturas femeninas. Nunca se sabrá si Poiret quiso
realmente liberar a las mujeres de aquella ancestral opresión o simplemente las formas afinadas en el talle interferían con la línea de sus novedosos diseños enfatizados en los hombros que serían los predominantes durante los años veinte.
La cintura ajustada volvió a ponerse de moda para finales de la década del treinta cuando contra los pronósticos de Poiret, los corsettes y los soutiens con ballenas y tiras volvieron a ponerse de moda como parte de un renacimiento victoriano
popularizado por el cine a través de películas como Gone with the wind (la escena en donde Vivien Leigh exige que le ajusten las tiras del corsette hasta alcanzar la cintura deseadaes hoy un ícono del fetichismo).El triunfo final de la mujer con figura de reloj de arena llegaría en 1947 con el New Look de Christian Dior y el ejemploarquetípico es el famoso Bar, la chaqueta de estrecha cintura
diseñada por Dior. Por entonces, el corsette
había regresado transformado en bustier y comenzó a utilizarse en la mayoría de los
vestidos de noche de los años cuarenta y cincuenta.
Pero fue recién en la década del setenta cuando la madrina del punk, Vivienne Westwood, se convirtió en la primera diseñadora del siglo veinte en
utilizar el corsette en su forma original desde los tiempos en que Poiret lo había rechazado. Su singular enfoque, tanto artístico como teatral, estableció una nueva tendencia en la moda
contemporánea. La genial percepción de Vivienne sobre la corsetería se convirtió en el centro de sus trabajos y diseños logrando que en lugar de ser un símbolo de opresión, el corsette le devolviera a las mujeres una sensación de glamour y distinción imposible de obtener mediante otras prendas. Para 1980, otros diseñadores ya seguían su camino; genios
contemporáneos como JeanPaul Gaultier y Thierry Mugler hicieron del
corsette la armadura sensual de una mujer
fetiche que parecía salida de una historieta de
ciencia ficción. Ellos frotaron la lámpara y liberaron algenio que nunca más pudo volver a su encierro.
Nadja Auermann by Mugler
Al igual que las botas altas o los guantes largos,
el corsette lleva implícito un significado social que oscila entre lo artístico y lo teatraly que nos habla de la sexualidad de una mujer erotizada que pone el placer de la seducción en el primer sitio de sus prioridades. Paul Poiret se asombraría si supiera que las mujeres hemos sabido transformar al corsette en un arma dedominación. Si hubiera visto a Madonna masturbándose en escena con el famoso bustier de Gaultier durante su
gira Blond Ambition, quizás se hubiesetomado la cabeza entre las manos ante semejante exhibición de encorsetado poder femenino.Desde
entonces, el corsette ha sido la prenda fetiche de Gaultier y hasta sus
perfumes se venden en una encantadora botellita con forma de reloj de arena.
Madonna by Gaultier
A lo largo de todo el siglo veinte y en lo
que va del ventiuno, el corsette ha podido mutar en bustiers, soutiens o bodies
pero ha mantenido siempre indeleble la fantasíade una halagadora silueta
femeninadesde la estética visual pero mucho más desde lo simbólico. El corsette expresa
mensajes contradictorios: es la constricción y la libertad, es la dominación y la
sumisión. Al igual que cuando se suben a sus altos tacones, las chicas
crossdressersquieren sentir ese sacudón erótico de vivirse como mujeresajustando sus tiras y abrochando sus cierres, comprimiendo con ansiedad sus cuerpos de origen masculino que desean ganar esa curva sensual que las lleva de viaje al mundo soñado de la femineidad. Cuanto más aprieta el corsette, más libera toda clase defantasías eróticas porque celebra la eterna e imperecedera sensualidad de los pechos, las cinturas y las caderas de sus poseedoras. En medio de un constante vértigo de novedades y cambios que propone una cultura en donde sólo parece prevalecer lo efímero, el corsette sigue siendo un elemento intemporal deseducción.Es el recordatorio de que nuestro sexo sigue siendo dueño de un pasado glorioso de cortesanas y cabareteras, de bellas putas refinadas en todas las gracias y todos los placeres; un pasado que está grabado en nuestro inconsciente desde los montmartreanos años de oro del Moulin Rouge y las pinturas de
Toulouse-Lautrec.
Tempest
Storm, nacida Annie Blanche Bancos en 1928, fue mucho más que una bella stripper o una bailarina de burlesque. Junto a Bettie Page, Gypsy Rose Lee y Blaze Starr, compuso un poker de ases irrepetible que contribuyó a sacudir la sexualidad estadounidense desde el underground en la década del cincuenta, los años movidos del rock and roll y el despertar sexual. Tempest tomó su apodo en 1950 y enseguida se volvió famosa por su gracia inimitable sobre las tablas y por la vistosidad de su melena pelirroja. Apareció en numerosas revistas para hombres y en películas
y documentales de temática burlesque comoParís, después de la medianoche (1951), Striptease
Girl (1952) y Teaserama (1955) junto a Bettie Page, en la que sería la primera y última vez que filmaron juntas y ocupó planas en las noticias del espectáculo cuando se supo que había asegurado sus pechos en la compañía
Lloyds de Londres por un millón de dólares. Tempest tuvo como amantes a celebridades como Elvis y Kennedy que sucumbieron a sus encantos y se arriesgaron a todo con tal de saborear la miel de la pelirroja fatal.
El nacimiento de un fetiche en nuestra cultura es siempre tema de dicusión; cómo y cuando nace y qué factores sociales influyen en su origen. En el caso del corsette voy a ser tajante; a diferencia de otros fetiches, cuyos orígenes se pierden en una nebulosa imprecisa en donde nadie puede definir cuando dejaron de ser una prenda de vestir y pasaron a ser un excitante accesorio sexual, el fetiche del corsette tiene un momento único y fundacional que se ubica en la pantalla grande. En una inolvidable escena de Gone with the wind, uno de los más grandes clásicos de todos los tiempos y ambientada en el sur esclavista de los Estados Unidos de mediados del siglo diecinueve, Vivien Leigh en su consagratorio papel de Scarlett O'Hara le ordena a su esclava negra que le ajuste las tiras de su corsette hasta que su cintura alcance la medida que ella desea. A esta escena inolvidable se le suman otras nueve para conformar Corsettes. Corsetería de época, que está dedicada a diez grandes actrices que lucen la belleza y la seducción del corsette clásico en films de época, ambientados en siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Una época mitológica en lo que respecta a la moda y a las costumbres. Vamos a revivirla?
Nicole Kidman en Moulin Rouge
Claudia Cardinale en Les Petroleuses
Brigitte Bardot en Les petroleuses
Jayne Mansfield en It happened in Athens
Corsettes. Corsetería de época
Puesto 10. Vivien Leigh. Gone with the wind (1939).
Durante dos largos años, mil cuatrocientas candidatas para el papel de Scarlett O'Hara desfilaron bajo la mirada del productor (David Selznick) y de los directores que filmarían Gone with the wind. La elegida fue la inglesa Vivien Leigh, por entonces esposa de Laurence Olivier. Este es el momento en donde Scarlett le ordena a su esclava Mamie que reduzca su cintura; una escena que combina en forma indefinible el poder, la seducción y el deseo y que no pasaría desapercibida a los fetichistas de los años treinta y cuarenta ni tampoco a los que vinieron después.
Puesto 9. Jayne Mansfield. The blonde and the sheriff (1958).
Un film western que nos trae a Jayne Mansfield en su rol de clásica rubia bombshell. Miss Kate comanda en 1880 un hotel que además es un honky tonk en un perdido pueblo del Oeste americano bautizado Fractured Jaw. Atención chicas sissies!, el atuendo y los manerismos de Miss Kate y sus bailarinas es toda una inspiración!
Puesto 8. María Felix.Frenchcancán. (1954).
París, 1888. En el barrio de Montmartre, un empresario de espectáculos está por inaugurar un nuevo cabaret, el Moulin Rouge. La imponente Lola de ojos ardientes y negra melena es la estrella y necesita un sumiso (el mismo empresario) para que la ayude a ajustarse el corsette. Una escena inolvidable para recordar por siempre a María Felix, una gloria de nuestra América latina.
Puesto 7. Jane Russell. Son of Paleface (1952).
Son of Paleface es la secuencia de The Paleface con los mismos protagonistas: Bob Hope y Jane Russell. No está considerada entre las más célebres performance de Jane si se la compara con The Outlaw (su rol consagratorio como actriz de westerns) o The French Line. Pero basta con verla en el inicio de la escena, cuando desata su liga a sale con un corsette rojo y negro, medias de red y operagloves, desparramando una sexualidad tan exhuberante como su portentoso físico para comprender en pocos segundos porqué Jane desató tantas polémicas y tuvo que enfrentar tantas críticas y censuras. Su nombre de saloon performer es Mike, un nombre masculino, quizás una alusión indirecta a la sexualidad por parte de una de las estrellas femeninas más adoradas por el reprimido y oculto público gay de los años cincuenta.
Puesto 6. Gina Lollobrigida. Beautiful but dangerous (1955).
La historia de Lina Cavalieri, una cantante lírica que además demuestra ser una chica de armas tomar, y de su romance con Sergio, un noble ruso de la familia de los zares, protagonizado por Vittorio Gassman. La escena del duelo a espada entre Lina y su rival Manolita puede resultar un poco larga pero Gina Lollobrigida está absolutamente arrebatadora en su traje de mosquetera. Entre los 1:40 y los 2:15 minutos, la aparición de su figura encorsetada es sublime.
Puesto 5. Claudia Cardinale. Les petroleuses (1971).
Claudia Cardinale en duelo con Brigitte Bardot en el western francés Les petroleuses (1971), una comedia sin demasiadas pretensiones. Claudia es la indiscutida Madame de un pueblo texano hasta que su poder se ve desafiado por la llegada de un antiguo clan encabezado por Brigitte. En la escena, Claudia improvisa un striptease bajo la mirada de su rival quedando, graciosa y sensual, en corsette y medias. Por supuesto que es aclamada y llevada en andas por el pueblo entero aunque el final de la escena no es demasiado glamoroso para ella.
Puesto 4. Salma Hayek. Wild wild west (1999).
Los personajes femeninos en las películas de cowboys no tiene términos medios. O son las señoras recatadas que se visten según las tradiciones del puritanismo
anglosajón o se alinean en el bando de las chicas malas que
apelan al corsette y al portaligas como armas de seducción y poder. En esta remake de un viejo clásico, Wild wild west, Salma Hayek se alinea claramente del lado de las malas.
Puesto 3. Jayne Mansfield. It happened in Athens (1962).
Ambientada en 1896 durante los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en Atenas, Jayne Mansfield luce un precioso corsette negro y rosa con tazas balcón y portaligas. La antigua y sabia lingerie de la belle époque haciendo magia sobre el cuerpo de una de las más sensuales mujeres de todos los tiempos.
Puesto 2. Marilyn Monroe. River of no return (1954).
La principal elegida en el rubro western no podía ser otra que Marilyn Monroe.River of no return es considerada por la crítica como un clásico del género pese a que ella filmó de mala
gana, sólo para cumplir compromisos contractuales y tiempo después aseguró que la consideraba la peor de sus películas. Marilyn juega de Kay, una cantante y bailarina
de music hall en un pueblo remoto del noroeste de Estados Unidos pero
apenas es una excusa para que apreciemos una vez más su perfecta cintura
de reloj de arena en dos corsettes diferentes.
Puesto 1. Nicole Kidman. Moulin Rouge (2001).
Estamos en París en el año 1900 y el Moulin Rouge se rinde noche tras noche a los pies de la más bella y fogosa de las pelirrojas, Satine, protagonizada por Nicole Kidman en su mejor momento. Toda la historia de la lencería femenina, plena de sensualidad y lujuria, puede resumirse en estas dos escenas, encorsetadas entre sexo y burbujas de champagne.
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those of you who visited Russia in the 90's and 2000's, you know a secret. The
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Russian Fetish Queen
La historia de
Alya es como la de tantas chicas que se acercan al modelaje y al mismo tiempo descubren el
placer fetichista y comienzan a involucrarse más y más en el mundo fetish a medida que sienten
crecer el poder femenino que emana de ellas. Las mujeres la admiramos, muchas la deseamos y los hombres enloquecen por ella.El mundo entero se pone a sus pies para satisfacer
todos sus gustos y ambiciones. Así nace una diva, que elige el título de Russian Fetish
Queen y es mi elegida para el mes de febrero. Veremos si alguien se atreve a disputarle el trono.