Pasaron ya algunos meses desde que 50
Sombras de Grey y su condición de bestseller fuera
tema de discusión en todos los foros BDSM. Aclaro entonces: no leí el libro, no
pienso leerlo, no me interesa su enfoque y desde el vamos me molesta el
remanido argumento de que un libro es parte de una trilogía. Pero
dado su incuestionable éxito editorial, quiero compartir esta inteligente
reflexión de Vicente Battista, publicada el 17 de agosto de 2012 en
el Suplemento de Cultura del diario La Nación.
La relación sadomasoquista entre amo y esclava es uno de los temas recurrentes en la literatura erótica. Los franceses (Marqués de Sade mediante), se muestran como pioneros del género. Pero serán las francesas quienes lleguen a la cota más alta. En 1954 Dominique Aury, bajo el seudónimo de Pauline Réage, publica su célebre Historia de O, y, treinta años más tarde, Marguerite Duras da a conocer otra novela ejemplar, El amante. El esquema, con ligeras diferencias, es similar: joven mujer que no vacila en llevar a cabo todo lo que le exige su macho dominante. E. L. James no se aparta ni un centímetro de ese esquema: Anastasia es una joven universitaria de 21 años que entrevista a Christian Grey, un empresario que no llega a los 30. A James no le inquietan los arquetipos, acude a ellos con alarmante puntualidad. Christian es un perfecto adonis y, según proclama Anastasia, resulta bello por donde se lo mire. Diestro jugador de golf, cuenta con un jet lujosísimo y un sofisticado helicóptero, viste ropa carísima y come en los mejores restaurantes. Anastasia, en cambio, poco tiene para ofrecer, salvo su pulcra virginidad. Niña inocente a merced de varón poderoso: nada nuevo bajo el sol? ni sobre la cama. Aquí, precisamente, es donde se marca la diferencia.
The New York Times proclama que Cincuenta sombras de Grey es la novela erótica que ha revolucionado a las mujeres de Estados Unidos, y el Daily News dice: La exitosa combinación de historias románticas y juego erótico de alto voltaje que ha tocado la fibra de muchas mujeres. Juego erótico de alto voltaje? Los entusiastas críticos de The New York Times y del Daily News alguna vez habrán posado sus ojos sobre aquella célebre y anónima princesa rusa? O, en el estricto espacio de la literatura, habrán leído a Sade? La más puritana página del marqués es infinitamente más erótica que la más encendida página de James.
Aquellos que cultivan las relaciones sexuales encuadradas en la sigla BDSM (Bondage, Dominación, Sumisión, Masoquismo) suelen firmar el contrato RACK, acrónimo de Risk Aware Consensual Kink, que para los hispanoparlantes pasaría a ser riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa. Antes de poseerla, el amo Grey le exige a la sumisa Anastasia que firme ese contrato. Ahí se detallan qué acciones sádicas estarán permitidas y cuáles no. Asimismo, se exponen una serie de normas de cumplimiento obligado; por ejemplo: la Sumisa no beberá en exceso, ni fumará, ni tomará sustancias psicotrópicas, ni correrá riesgos innecesarios. El profiláctico es de uso ineludible. Estamos frente a recomendaciones más cercanas a la salud pública que al desenfreno sexual. La inocente Anastasia pierde su virginidad en la página 133, pero habrá que esperar hasta la 510 para ver por fin la escena sadomasoquista. Christian ata a Anastasia a la cama y la castiga con el adecuado látigo de tiras. No alarmarse: hay otras muchísimas escenas de sexo contadas con lujo de detalles que, es de sospechar, no se diferencian mucho de las que habitualmente llevan a cabo las entusiastas lectoras de Cincuenta sombras de Grey. Acaso éste sea el único mérito de la novela: ofrecer más de lo mismo y conseguir que se lea como si fuera algo único y diferente.
Vicente Battista





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