sábado, 11 de agosto de 2018

La armonía en la pareja Femdom







   En todo el mundo occidental, las mujeres estamos viviendo hoy un tiempo de cambios y reconocimientos que quizás vaya a ser recordado en el futuro como hoy nosotras recordamos a las legendarias sufraggettes que le pusieron el cuerpo a la lucha por los derechos cívicos femeninos. En este tiempo de cambios, puede pasar como contraproducente o inoportuno expresar que la intimidad de un matrimonio heterosexual con hijos se rige de acuerdo a reglas sexistas. Pero justamente de eso se trata la pareja Femdom. En la pareja Femdom, ambos son felices porque la mujer es quien domina y la mujer domina porque es la mujer. Esa dominación de raíz sexista, por más contradictoria que suene frente a los discursos del nuevo feminismo,  es intensamente deseada por la parte masculina sumisa y es la base de la armonía de la pareja.

    A mí no me gusta el color gris en la ropa y tampoco me gusta ir de gris en las decisiones de vida. O el hombre está sometido a la mujer o no lo está. Y si lo está, algo de su sometimiento debe permanecer cuando el sexo ha terminado. No me interesa un estricto protocolo Ama – esclavo que se deforma en igualdad cuando termina la sesión o cuando nos levantamos al día siguiente. 

   A medida que la pareja Femdom crece en experiencias y se fortifica en el amor, la dominación se expande más allá del lecho conyugal o de los momentos de placer sexual. Colorea todas las experiencias vitales. Una vez que las mujeres le tomamos el gusto a calzarnos las botas y a empuñar el cetro y los hombres aprenden a disfrutar de su lugar sumiso al pie del trono de su Venus, la dominación empieza a tener gusto a poco si se limita nada más que a los momentos de sexo.

  Yo pertenezco a la raza de mujeres dominantes que buscan establecer jerarquías sustentadas en su femenino poder de seducción. Con los años, aprendí a no aceptar vivir en situaciones en donde dicha jerarquía no es reconocida. Llevo casi veinte años junto a mi esclavo marido porque él sabe cortejarme y no ofrece reparos para intentar cumplir con todo lo que yo requiero y exijo de acuerdo a mis deseos del momento.

   Los cromosomas no tienen privilegios. Con esta frase lamentable, pasó a la historia uno de los más patéticos charlatanes del ambiente BDSM local. No es ninguna novedad que muchos autodenominados masters se molestan con los privilegios que las Dóminas sabemos obtener para gozarlos en nuestro favor. También ocurre con muchas mujeres, generalmente sumisas. Una vez, hace años, una de ellas pretendió agredirme tratándome de puta mimada y de muñeca en cuero y tacos altos. Contrariamente a lo que ella supuso, no me ofendí. Lo tomé como un elogio.   

   Por más que se pretenda dictaminar lo contrario, la existencia de jerarquías es inherente a toda sociedad. Para muchas de Nosotras, el modo perfecto de vivir es aquel en donde cada uno está en su lugar: ellos atendiéndonos y Nosotras siendo atendidas. Así es como sentimos que la pequeña parte del mundo en donde vivimos ha encontrado su orden natural. Su armonía.  
  


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