miércoles, 7 de diciembre de 2016

El placer de lo prohibido







  •    La masturbación se descubre en la intimidad, como una forma de reconocer el propio cuerpo mientras la mente vuela por fantasías placenteras e individuales. Si la masturbación fuera pública y se la enseñara en las escuelas como método sano y seguro de obtener placer, quizás toda la sexualidad humana se volvería más natural y saludable pero a la vez perdería erotismo y transgresión para tender a la animalidad en donde el sexo es una función biológica más. Destruir los tabúes y exponer el sexo sin velos es quitarle una dimensión mítica y prohibida que lo enriquece y que es la base de todos los libertinajes.
  •    La televisión de los últimos años se ha poblado de novelas turcas que resultan ser bodrios casi insoportables. Una sucesión de malos actores, sobreactuaciones ridículas y producciones descuidadas no podría alcanzar jamás el éxito a menos que sepa tocar una cuerda sensible en millones de personas. La explicación del suceso es apenas visible y tiene que ver con la libertad sexual. Mientras que en toda la historia de Occidente jamás las personas han sido tan libres para el sexo como lo son ahora y la combinación de derechos sexuales con tests genéticos y redes sociales ha barrido con todo misterio sexual, los turcos sitúan la acción en una sociedad conservadora y patriarcal en donde todavía es posible que existan impedimentos morales o de clase que separen a los amantes. El impedimento es la base de la novela y la razón del éxito.
  •    Alfred Hitchcock dirigió a Grace Kelly en El crimer perfecto, en La ventana indiscreta y en Para atrapar a un ladrón. Hitchcock estaba fascinado por el carácter y la belleza de Grace, esa belleza fría y glacial, de esfinge perfecta, detrás de la cual intuía toda clase de ardores eróticos. Hitchcock sabía que si lograba transmitir esa doble personalidad a la pantalla del cine, las chicas de los reprimidos cincuenta podían llegar a identificarse con Grace. Ella les insinuaba que una mujer podía entregarse a todos los placeres del sexo sin perder la aceptación de ser una dama de la alta sociedad.

   Que tienen en común estos tres párrafos? 

  Que en los tres se presenta a la prohibición, a lo prohibido, como el gran motor del deseo sexual. No hay placer sin transgresión, no hay goce sin desafiar el tabú prohibitivo.

  Si transgredir lo prohibido es un delicioso condimento que le da un insustituible sabor al sexo, tengamos mucho cuidado con visibilizar demasiado explícitamente nuestro estilo de vida basado en la dominación femenina. Quizás sin proponerlo, estemos privando a nuestras hijas y nietas de algo precioso que a nosotras nos costó mucho aprender a disfrutar. 




Madonna en Like a prayer



1 comentario :

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