viernes, 26 de junio de 2015

Las perversas sensaciones íntimas





   La sexualidad BDSM, como todo acto humano erótico, es un hecho de pura cepa individualista. El compartir experiencias y fantasías desde foros de Internet y eventos sociales con el fin de encontrarse y conocerse, conlleva reglas de comportamiento sociales que no afectan la intimidad de la experiencia sexual que por definición es no social y no regulable porque los orgasmos humanos no lo son. Es más, cuanto más nos alejemos de aquello que pretende regularla y socializarla, más perversa y excitante se torna. Perversión deriva del latín pervertere cuya traducción es volcar, invertir, dar vuelta.

   El Sr. o la Sra. BDSM no existen, muy a pesar de algunos que sistemáticamente se autoconvocan para cubrir ese puesto. El sexo sádico nace desde el deseo puro, incontaminado de éticas colectivas; desde el deseo como forma libertina y carente de toda norma, que encuentra en la metáfora del contrato de Séverin con Wanda una liberación de toda firma ajena y extraña. La única firma, la única ley es la que nace de la Dominante y así se desmorona todo contrato, decálogo, oráculo o código que pretenda validar  la relación desde el ámbito público.

   La Venus puede ser cruel o puede no serlo. Siempre será Su decisión. En todos los casos, Ella es la Ley y ese es el más íntimo acuerdo firmado por los amantes que gozan del poder de la sexualidad femenina desde todas las eras antropológicas de la humanidad. No hay códigos ni comunidades en ese Edén incontaminado donde sólo habitan los deseos de dominar y someterse. En la Biblia, fue un Dios entrometido quien legisló un código que pretendía establecer las relaciones pero, de acuerdo a sus seguidores quienes escribieron la historia, ni el mismo Señor o Master fue dueño del poder de regular la intimidad de una pareja que decidió condenarse con la manzana del deseo para así poder empezar a gozar del irresistible placer de la tentación femenina. Desde aquella Eva legendaria, somos sus sucesoras las que nos regimos por la ley del egoísta placer de las sensaciones para vivirlas en alcobas y mazmorras travestidas de la forma más antisocial y primigenia; absolutista y negadora de derechos. Sensual y femenina.

   El BDSM con acento en la S de Sádica es una escultura íntima y perversa, nacida de un molde único y personal. No dejes que te la estropeen con un burdo y mediocre cincel público.

4 comentarios :

  1. Muy estimada señora:
    Nuevamente me voy a tomar el atrevimiento de disentir con usted una vez más al respecto, para ponerme del lado de su fiel compañero. Haya o no contrato, la Dómina llega a ser lo que es gracias al sumiso. La Dómina puede contar con las mejores dotes de artista, pero sin un lienzo, sin pinceles, ni pinturas usted nunca podría desplegar su arte.
    La misma Wanda von Dunajew nos daría la razón cuando dice: “Es usted un corruptor de mujeres, Severin”. Wanda es quien actua, pero Severin von Kusiemski es el gran inventor del personaje.-

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  2. Estimadisimo Mio de Ella.

    Si se te ocurre decir cosas como "Una dómina llega ser lo que es gracias al sumiso" no me metas en el medio de semejante temeridad agregando " voy a ponerme al lado de su fiel compañero".

    Gracias

    cheshirecat.

    (fiel compañero sí, inconsciente no)

    ch

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  3. No puedo dejar de comentar y mucho menos luego de este primer comentario de Mio de Ella.....el sumiso no es ningun "inventor" ni lienzo en donde las Dóminas pintamos...... a lo sumo el nos encuentra pero Nosotras ya SOMOS.

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